COMUNICANDONOS  
 
Año 10 • Nº 140
Noviembre 2012
 
 
Carta

Carta a los amigos del ISCA

A esta altura del año, cuando el mismo va deshojando sus últimos días, nos preparamos para celebrar el adviento, primera etapa del año litúrgico, que con él se inicia.

 

Es un tiempo corto, apenas cuatro semanas, no siempre completas, en que los cristianos esperamos la llegada del Señor. En las dos primeras meditamos su llegada escatológica, al fin de los tiempos y las dos siguientes  su venida al mundo, y allí celebramos la Navidad, momento crucial de nuestra fe, en la que Dios se hace hombre para estar con nosotros. Todos nos disponemos para este acontecimiento, que llega con el recién nacido.

 

Momento de plenitud, de recogimiento, de contemplación. Momento de oración.

 

Y nos disponemos a su llegada en la espera y en la esperanza, obedientes a la exhortación de Juan Bautista que nos dice: “Preparen; los caminos del Señor.”

 

En la parábola de los talentos, en el buen samaritano, se ofrece otra forma de esperar a Dios, que tiene más que ver con el movimiento que con la quietud, más con la acción o re-acción que con la evasión, más con la esperanza que con la simple espera. Se trata de una forma  que libera, pues se desea ardientemente su llegada. La experiencia cristiana se descubre a sí misma esperando a Dios en el seguimiento de Jesús. Por este camino se sigue llegando al Dios verdadero, es una forma de esperar liberadora que nos impulsa:

• A derribar las fronteras y deshacer toda discriminación por motivos religiosos.

• A anular toda marginación por motivos raciales y culturales.

• A buscar soluciones para compartir el mundo y sus bienes entre todos para una mejor convivencia de los hijos de Dios.

 

El adviento nos convoca a la liberación de todas las esclavitudes y a la inclusión de toda la humanidad en la espera de la venida de Dios.  Como parte de su pueblo; nos unimos esperando su llegada. Que este tiempo; nos ayude a centrarnos en nuestra fe y en las obras que nos induce su legado, para mayor gloria de Dios y unidad entre nosotros.

 

Desde ya muchas gracias, y que nuestro buen Dios los acompañe.

 

Pbro. José Luis Quijano y Equipo ISCA

Adviento de 2012

En el año de la Fe

 
Año de la Fe

Solemos vivir una pastoral "eventista": dedicada a la organización de eventos. Lo que debería ser un festejo, un mojón, se convierte en un fin en sí mismo: pasamos el año prepa-rando celebraciones y encuentros de las índoles más variadas. Y nos olvidamos de lo más importante: el proceso, el camino.

 

Para no correr el riesgo que este Año de la Fe -que comenzó el 11 de octubre y concluirá el 24 de noviembre de 2013, en la Solemnidad de Cristo Rey del Universo.- se convierta en una actividad más en nuestra lista de celebraciones, sigamos el Papa Benedicto XVI que definió claramente los propósitos: "dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia, para conducir a los hombres lejos del desierto en el cual muy a menudo se encuentran en sus vidas a la amistad con Cristo que nos da su vida plenamente".

 

En el ISCA comenzamos a vivir con intensidad este Año dedicado a la Fe. Vamos a tener momentos de reflexión. Preparación de material para catequistas acerca del tema. La organización de espacios de encuentro.


Al igual que el ISCA, todas nuestras organizaciones eclesiales tenemos la necesidad de proponernos una conversión personal y acciones concretas articuladas para estos meses. No se trata de diluir este tema al punto de hacerlo invisible, ni de concentrarlo toda la acción en una sola fecha. Se trata de aprovechar el Año de la Fe para convertirnos en mejores discípulos, más misioneros. En eso estamos. Vivamos juntos este año.

 

Mariano Nicolás Donadío

marianodon@gmail.com

EN FOCO 2.0

UN NUEVO LUGAR PARA LA CATEQUESIS

 

Un nuevo lugar¿Cuál es el lugar de la catequesis dentro de la estructura de la Iglesia? Hay acontecimientos sucedidos en octubre pasaron que desapercibidos entre tantas otras noticias, pero que nos ayudan a pensar en nuestra función y nuestra ubicación en este sistema. Hay nuevos cambios en el horizonte.

 

Concretamente: El pasado jueves 18 de octubre por la mañana, Benedicto XVI decidió que la competencia sobre la Catequesis pasará de la Congregación para el Clero al Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. “Cambio de Dicasterio”, se lo llama, entendiendo por Dicasterio al nombre genérico para las agencias del gobierno de la Iglesia que componen la Curia Romana. A cada Dicasterio el Papa delega una función en servicio del gobierno de la Iglesia.

 

Los cambios institucionales traen aparejados cambios en la identidad de quienes viven en ellas. En el caso de la catequesis, esto significa que las acciones relativas a ella abandonan la órbita del clero para convertirse en acciones referidas a la transmisión de la fe y la Nueva Evangelización. Se trata de un cambio de competencias. Un nuevo lugar de pertenencia. Una transformación en nuestra identidad. No es poca cosa. Pensémoslo.

 

El equipo de ISCA

isca@isca.org.ar

 
Hermanos en el aprendizaje

Este año cumplimos cincuenta de existencia y diez de vida online. (Ya lo habíamos dicho antes, ¿no? Disculpen la insistencia…). En estas últimas entregas del Comunicándonos venimos agradeciendo a la comunidad virtual que nos acompañó y a las personas que escribieron y pensaron junto con nosotros. Hoy queremos agradecer a los alumnos del ISCA.

 

Son personas que participaron de nuestros cursos online y semipresenciales y en nuestros talleres de capacitación y seminarios. Los que compartieron nuestros encuentros: las cuatro Jornadas de Catequética, los tres Catequesis y Nuevas Tecnologías, el Seminario Nacional de Catequesis… Rostros, voces y miradas que estuvieron presentes en estos momentos.

 

A los que participaron de la propuesta foramativa -nuestros hermanos, nuestros compañeros, con lo que compartimos el pan-: les agradecemos de todo corazón la confianza, la entrega, el pensamiento. La presencia. Son nuestros verdaderos hermanos en el aprendizaje. El contacto con ellos nos hace más sabios. Que Jesús, el Maestro de todos nosotros, los bendiga.

 

Equipo ISCA

comunicandonos@isca.org.ar

 
 
Defensa del lenguaje de acogida y alabanza

Por Ignace Verhack

 

El carácter autorreferencial del Evangelio y de su lenguaje

La fe cristiana nos habla de la eclosión de algo nuevo en la historia: y más aún de algo apenas "creíble”: la aparición "del Señor” en medio de nosotros como el que ha muerto y resucitado por nosotros. El Nuevo Testamento no ve esto como un acontecimiento aislado, sino como el fin y, por esta razón, también el apogeo de la participación misma de Dios en nuestra historia. El Dios activo y actuante de la fe bíblica nos ha dado a su Hijo en el hombre Jesús, a quien llamamos el Cristo. Para nosotros, creyentes, esta encarnación de Dios es la irrupción y la revelación de algo sin precedentes en nuestro mundo y su historia. Esta novedad tiene como cima escatológica provisional la Resurrección del Señor, es algo que no se puede explicar con la ayuda de categorías relacionales. Sólo podemos hablar aquí de la apertura, en la historia, de una realidad que nos supera, que está más allá de la nuestra. Por la fe, dice Pablo, "pertenecemos a otro, el Resucitado de entre los muertos, a fin de que llevemos frutos para Dios” (Rom 7,4). En el seno de nuestra vida finita y mortal, se nos ha dado la posibilidad de elevarnos más allá de nosotros mismos y de vivir una vida fructífera para Dios. La catequesis es la iniciación a esta posibilidad de fecundidad que se da a nosotros también, a pesar del carácter secularizado del tiempo en el que vivimos. Es bueno guardar el espíritu esencial, sobre todo en tiempos difíciles.

 

Esta realidad Nueva no puede deducirse de la nuestra, como si se tratase del final de nuestra espera ‘natural’ a la que nos podríamos anticipar. Esto me lleva a una primera Loma de posición que debe ser tomada en cuenta en toda catequesis contemporánea: el contenido de la fe cristiana no es una cosa que pueda ser extraída -o deducida- de una autoclarificación de nuestra experiencia humana. La significación del Evangelio es AUTORREFERENCIAL; se expresa en las palabras y las acciones del Señor mismo, que se hacen todavía más inteligibles a la luz de los escritos, y sobre todo de las profecías y de las esperanzas de la Primera Alianza -aunque aquí todavía sin ser deducible como tal-. Lo Nuevo guarda intacta su novedad. El carácter autorreferencial del contenido del mensaje es verdadero también para el lenguaje en el que se expresa. Este lenguaje está lleno de referencias al Antiguo Testamento, pero de tal manera que el paradigma apocalíptico de la literatura intertestamentaria ha tenido un papel importante.

 

Este carácter autorreferencial del mensaje cristiano se expresa de una manera inmejorable en Pablo y en el prólogo de Juan. La palabra del Evangelio es la Palabra del Principio. “El que estaba al principio” (Rom 16, 25; Jn 1,1) se manifiesta (epifanía) como un ser humano en medio de nosotros, a fin de ser él mismo el anuncio, el centro, la reunión, la liberación y la terminación de su propia creación. El es el “Señor”. En la traducción griega de la biblia hebrea, este nombre para Dios se aplica al mismo Jesús. Esta confesión de Jesús “como Dios” (o divino) no posee el significado metafísico de concilios posteriores, los cuales dirán que el Hijo es de la misma “naturaleza sustancial” que el Padre. Estas definiciones cristológicas abstractas dejan también caer algo del significado originario de las confesiones crísticas del Nuevo Testamento, a saber, que Jesús es la revelación del Principio en el seno de la historia, y que pertenece con su humanidad entera a la presencia activa y personal de Dios mismo en el mundo y en la historia. Pertenece al Misterio de Dios (en otro tiempo escondido - Rom 16, 25; Ef 3, 9), desde al Principio, y ahora igualmente de manera concreta en la creación y en su historia. Como consecuencia, no hay mejor definición posible, idealmente al menos, del sujeto de la catequesis que el primer capítulo de la carta a los Colosenses:


12 Dad gracias al Padre que os ha hecho capaces de tener parte en la herencia de los santos en la luz.


13 Él nos sacó del dominio de las tinieblas para llevarnos al Reino de su Hijo querido 14 por quien obtenemos la redención, el perdón de los pecados.


15 Él es la imagen del Dios invisible, nacido antes que toda criatura, 16 pues por su medio todo ha sido creado, en los cielos y en la tierra, lo visible y lo invisible, ya sean majestades, señoríos, soberanías o autoridades 17 él es antes que todo y el universo tiene en él su consistencia 18 Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Él es el principio, el primero en nacer de la muerte, para tener en todo la primacía, 19 pues Dios, la plenitud total, quiso habitar en él, 20 para, por su medio, reconciliar consigo el universo, lo terrestre y lo celeste, después de hacer la paz con su sangre derramada en la cruz.


21 También vosotros estabais antes distanciados y erais enemigos jurados por causa de vuestras malas acciones, 22 ahora, en cambio, con la muerte que el Mesías sufrió en su cuerpo mortal, Dios os ha reconciliado para haceros gente consagrada, sin defecto y sin reproche a sus ojos, 23 a condición de que permanezcáis cimentados y estables en la fe e inamovibles en la esperanza que escuchasteis en el evangelio; el que se proclama a toda criatura bajo el cielo, y a cuyo servicio yo, Pablo, fui destinado.


Para comprender la transición del versículo 17 al 18, que es en efecto el pasaje del Hijo en Dios hacia el Hijo en la historia, debemos partir de la idea de que Jesús es la Revelación o la Epifanía del “Principio” en la historia, pero también, y tan importante como lo anterior, que no tendremos otras vías de acceso a este Principio que el acontecimiento “Jesús” tal como es. Esto es muy importante, pues en la tradición nosotros hemos querido definir a menudo la naturaleza o la esencia de este “Principio” por medio de nuestros propios a priori metafísicos (los a priori racionales de la “ontoteología”): hemos hecho la voluntad de “la causa primera” o “de la sustancia más elevada”. Para comprender verdaderamente el mensaje del Evangelio, necesitaremos abandonar estos a priori intelectuales. Volveré más adelante, pues esto no quiere decir que la cuestión sobre la relación entre fe y razón se haya terminado, y/o que fe y aceptación fideísta sean en el fondo lo mismo.

 

Mi posición es que el universo de significado del Nuevo Testamento es autorreferencial, y por consiguiente también su lenguaje. Toda hermeneútica del acontecimiento “Jesús” tendrá deberá dirigirse por esta norma. Esto es verdadero también a nivel de la catequesis. Ciertamente, en catequesis, ya no tenemos que conformarnos con los a priori intelectuales de la metafísica, sino con otros a priori nuevos, sobre todo con los a priori auto-referenciales de la experiencia y de la elucidación moderna de si mismo. Quisiera ilustrar provisionalmente con un ejemplo que todos podrán identificar inmediatamente: seguro que habéis tenido ocasión de preparar una celebración litúrgica; los padres y los catequistas prefieren evitar los textos de la Escritura y los rituales litúrgicos tradicionales y reemplazarlos fácilmente por símbolos naturales (un árbol, una piedra, una mariposa...) y con cuentos modernos, o con textos profanos de tendencia moral. Su razón para hacerlo es porque esos símbolos y esos textos se dirigen mejor a los jóvenes y a los hombres de hoy que los textos y símbolos litúrgicos, ya que son “poco accesibles” para ellos y que están “muy alejados” de nuestro modo de vida contemporáneo.

 

Bajo nuestros propios a priori autoreferenciales, comprendo que, como consecuencia, los a priori que afirman que los textos y los símbolos litúrgicos deban, en adelante, esclarecer nuestra experiencia ‘natural’, si al menos quieren ser contemporáneos, sensatos y útiles. Es más fácil rechazar formalmente este género de reducciones que explicar cómo se puede superar la fosa hermenéutica entre fe y erudición “natural”. La tarea a la cual estamos enfrentados en este tiempo es, precisamente, encontrar la pasarela entre los dos. Para poder hacer la catequesis en el momento actual, es indispensable saber abrir o restablecer el horizonte de espera y de confianza en cuyo interior se pueda percibir de nuevo la epifanía del Señor como una nueva gozosa y como mensaje de liberación. Se trata sobre todo de dar sentido a la vida mundana según la manera “post-moderna”, que no compromete mucho.

 

El Dios que salva es un Dios que nos da su Cristo (que está ya desde el Principio) para cambiar nuestra vida y transfigurarla. En la persona de Jesús, el Dios de Jesús se une de nuevo a nosotros y se identifica con nosotros. Lo que él nos da (nuestra salvación -Jesús [Jeshuoa en arameo] para recordarlo significa “Dios salva”)- afecta a Codas las dimensiones de nuestra humanidad; incluida nuestra debilidad (nuestros fracasos y nuestras equivocaciones, y más especialmente al hecho de no poder “todo” ni “siempre”). No se trata solamente de algo que ha pasado hace dos mil años y de lo que se podrían contar bellas historias; se trata de una realidad que quiere aproximarse a nosotros hoy (“hodie”, como cantamos en Navidad) para vivir entre nosotros.

 

El lenguaje fundamental de la catequesis: proclamar y acoger

El lenguaje es el medio y el soporte de comunicación entre los seres humanos. La revelación de Dios (su manifestación en persona en nuestro mundo) también se produce en gran parte por la palabra. Aquí, nuestra atención no se centra tanto en los símbolos y los conceptos básicos que se deben utilizar y tener en cuenta en la catequesis; teniendo en cuenta el carácter autorreferencial del lenguaje de la revelación, estos conceptos y símbolos no se descubren sino al contar las historias santas y al aprender a entrar en las Escrituras. Por eso dirigimos nuestra atención al ‘juego de lenguaje primario’ de la catequesis.

 

A la luz de lo anterior, podemos avanzar un segundo argumento relativo a la catequesis. El lenguaje básico de la catequesis no es el de la enseñanza escolar, y menos todavía el resumen informativo de los principales contenidos de la fe (el aprendizaje del catecismo), sino el lenguaje de la PROCLAMACIÓN y la NARRACIÓN de la irrupción de la Novedad de Cristo en nuestra vida y en nuestra historia. Es el lenguaje que se refiere a este acontecimiento y que pone de relieve el significado de la liberación. Lo primero que se debe hacer descubrir es cómo lo que se proclama puede ser experimentado por cada persona como fuente de liberación y salvación. Esto no es posible sino a la luz de la idea bíblica de "Dios". Por eso, el catequista debe actuar como el/la "primer creyente”; su papel no debe reducirse al de alguien que, debido a su mandato escolar, añade la catequesis a otras disciplinas del programa -como si la catequesis pudiera darse de la misma manera impersonal que las matemáticas o la lengua materna-. En otras palabras, tenemos que atrevernos a cuestionar si la escuela es el lugar más adecuado para la catequesis.

 

El lenguaje de la proclamación y de la narración quieren provocar una respuesta del oyente. Esta respuesta no puede ser dada por el catequista, ya sea positiva, negativa o indecisa. Por sí mismo sólo puede explicar el carácter liberador de lo que dice, y hacer una llamada a la confianza. Es más, la respuesta sólo podrá darse por el propio receptor, no por su entorno. Y esta respuesta no se puede dar en el momento de los exámenes escolares.

 

Una vez cubierta la brecha entre la oferta y la respuesta, el lenguaje de la proclamación pasará de forma espontánea al de la acogida personal y comunitaria del acontecimiento y de su significado liberador. En este punto, habrá que dar cabida a las formas de expresión, verbal (testimonios, canciones... ) y no verbales (música, imágenes, danza... ) de quienes aceptan el mensaje. Al mismo tiempo, la palabra de la proclamación también es una palabra que llama al arrepentimiento y al cambio de vida para convertirse en discípulo. Por lo tanto, la catequesis debería, ante todo, colocar en el centro las historias que permiten ver cómo el mensaje pone en marcha a alguien y cómo hace cambiar nuestra visión de nosotros mismos y de la realidad. Estas historias dinámicas pueden tomarse de los Evangelios, pero también de los testimonios y cartas de personas que han encontrado al Señor de una manera tan fuerte que ha cambiado su vida desde el fondo en plenitud. En el entorno en el que la fe no es una evidencia social, el lenguaje del testimonio pertenece, más que nunca, a lo que quiero llamar aquí lenguaje de la proclamación y la acogida.

 

Como ya hemos mencionado, el lenguaje de la proclamación no es el aprendizaje de un cuerpo o sistema de verdades objetivas (estado de cosas) y de sus formulaciones adecuadas para expresarlas. Que Jesús es el Hijo de Dios, no se comunica de la misma manera que Jesús es el hijo de María o que él hizo la mayor parte de sus milagros en Galilea. La primera es una aclamación, una confesión, una aceptación de la fe, la otra no lo es. No estamos hablando del Dios de la fe como principio especulativo del universo y de su esencia. Del mismo modo, cuando hablamos del cielo y del infierno, no hablamos de un lugar demostrable que está en un lugar distante del universo; en este caso, estamos ente un modo muy característico de las formas propias del universo bíblico-religioso, cuyo significado no puede ser aclarado sino en la narración de la creación de Dios y de lo que ha hecho con nosotros, y nosotros con él. Sólo entonces se verá cómo, -por ejemplo, en el templo de Jerusalén y la tradición mística que surgió-, la relación entre el cielo y la tierra era mucho más compleja que lo que nos hace sospechar la cosmología simplista, como el significado preciso del infierno no puede ser abordado sino después de leer con mucho cuidado los famosos pasajes de la Carta a los Romanos, donde Pablo habla de la ira de Dios y de su misericordia en Cristo Jesús. Nuestra manera de hablar de Dios, en quien creemos, no puede reducirse a la enumeración de una serie de atributos metafísicos de Dios: uno, infinito e indivisible, omnipotente, infinitamente bueno, espíritu puro... como si se tratara de una información acerca de un estado de cosas en la naturaleza de Dios. Esto pertenece a lo que Francis Jeanson, discípulo de Sartre, llamó una vez, irónicamente, el Dios "concepto o el evangelio según santa Escolástica"1. De este modo ni siquiera la justicia bíblica de Dios y su misericordia cuentan entre los atributos de la divinidad.

 

Es obvio que el lenguaje de la catequesis, que es principalmente el de la proclamación y aclamación, será también más didáctico, donde el sentido de la fe se analizará y se conversará aún más. Todo aprendizaje es una transición de un no-saber al saber, o de la incomprensión a la inteligencia. En la catequesis, todo es aprendizaje de algo que llama a la adhesión y a la respuesta cada vez más profunda. Esta es la razón por la que el lenguje más conceptual del proceso de aprendizaje nunca debería separarse del lenguaje de creer, pues este último es el lenguaje del don de confianza, de la recepción y del asentimiento. Así, por ejemplo, el tema de "la fe y la ley", en Pablo pide bastante conocimiento y comprensión, pero esto fallaría a su objetivo si fuera sólo una cuestión de conocimientos eruditos, sin poner en el centro la alegría del "evangelio de la misericordia de Dios". En este sentido, el lenguaje de la catequesis debe ser un lenguaje en el que se expresa y se transmite el dinamismo de la existencia cristiana e igualmente la actitud existencial del creyente, y todo esto con el amor y la empatia hacia quien se transmite el mensaje. El lenguaje de la transmisión de la fe se mantiene en todos sus aspectos como lenguaje de proclamación, de profundización y de aceptación de un mensaje que se ama y en el que el testimonio vivo de los creyentes debe continuar resonando. En este sentido, es una palabra sensible a cierta emoción y soplo del corazón; la entonación, la manera de hablar, la emoción de voz y la simpatía hacia el oyente, todo pertenece a la inspiración que da la fe para transmitirla a otras personas.

 

Todo esto tiene como consecuencia que hay también aspectos estéticos unidos al lenguaje de la transmisión de la fe: proclamar, recitar, salmodiar, cantar y celebrar. Esta estética del lenguaje pertenece a la naturaleza misma de lo que se expresa, como el lenguaje de alabanza que conduce a la confianza. La persona entera se expresa. La forma de expresión manifiesta a los demás la naturaleza y el significado de lo que se expresa. No se trata solamente de una transmisión de contenidos; la transmisión de la fe no es sólo una manera de hablar, sino de hacer y de vivir. A través de la revelación, el mundo, nuestra humanidad, la historia, el futuro, nuestras esperanzas y temores, incluso nuestros males, se iluminan de una manera completamente nueva. Ver a un catequista "feliz" dice mucho sobre el mensaje y pertenece a los secretos de la transmisión. Sin precisar el tema aún más, me gustaría terminar mi segundo punto con la idea de que la catequesis tiene su morada en el anuncio y el testimonio, en la espiritualidad, y en la forma adecuada de la liturgia.

 

Juan 1, 35-51 como programa básico de la catequesis cristiana
Es la narración de la llamada de los primeros discípulos, según Juan; muestra las sucesivas etapas de la catequesis mistagógica y refleja un profundo sentido mistagógico. Destacamos los pasos importantes, pues se trata cada vez de diferentes enfoques en el descubrimiento de Jesús, desplegando cada vez un lenguaje específico.

 

35 Al día siguiente, Juan estaba otra vez en el mismo lugar con dos de sus discípulos.


36 Fijando la mirada en Jesús, que iba caminando, dijo: "He aquí el Cordero de Dios".


Se nos debe mostrar a Jesús, se debe señalar con el dedo, por medio de hombres y mujeres que dan testimonio de él y transmiten a otros su experiencia y comprensión de la fe. Sólo se ama lo que se conoce. Así, Pablo en Romanos 10, 14b: "¿Cómo creerán en él, sin haberlo oído?" (sin haber oído hablar de él). En la actualidad, y más que nunca, deberíamos ser capaces de decir con Pablo: "No me avergüenzo de anunciar el evangelio, fuerza de Dios para salvar a todo aquel que cree" (Rom 1, 16). Necesitamos audacia y aprender a redescubrir la belleza del Reino de Dios (la Iglesia), para (poder) amarla.


37 Los dos discípulos le oyeron hablar y le siguieron


Ellos se sienten atraídos en lo profundo de lo que buscan y están intrigados; y quieren aprender más acerca de Jesús. Es muy probable que hubieran estado con Juan el Bautista con ciertas expectativas y ahora se preguntaran qué es lo que Jesús podría aportarles. Muchas personas, especialmente jóvenes, están buscando el "sentido de la vida", y con pasión. Tal vez haya entre ellos quien se sienta fascinado por Jesús, cuando hablamos de él con un testimonio gozoso. Con otros, el proceso tropezará aquí. De todos modos, ya no nos encontramos a nivel del primer anuncio, sino en el del deseo íntimo, o tal vez sólo el de la curiosidad intelectual en la búsqueda de sentido. Será necesario respetar la dinámica interna de la persona y ayudarle a comprenderse a sí mismo y, también, animarle a continuar su camino.


38 Jesús se volvió y viendo que le seguían dijo: "¿Qué buscáis?"

 

Jesús no se da a conocer de inmediato. Sus discípulos de la primera hora han debido alcanzar un mínimo de claridad acerca de sí mismos como para para poder definir lo que quieren encontrar con él. Buscar en su alma para comprender mejor por qué quieren ir tras él, por qué se sienten tan fascinados por él. Ellos primero tienen que pasar, por así decirlo, por un momento de clarificación existencial; sin él, no será posibles el verdadero consentimiento ni el cambio real. En la catequesis, muchos deberán en primer lugar aclararse a sí mismos para saber mejor lo que realmente quieren, y/o para tomar una decisión. ¿Qué quiero hacer yo de mi vida? ¿Qué espero alcanzar en la fe? En este nivel, el catequista debe también tener un momento necesario de madurez, sin querer hacer estallar la respuesta. Pasado el primer momento de la atracción espontánea, debe seguir el de tomar una decisión personal. Nos corresonde desarrollar con ellos un lenguaje existencial en el que puedan expresar sus esperanzas, sus dudas y convicciones.

 

Ellos dijeron: "Rabí - que quiere decir Maestro - ¿dónde vives?"


En ese momento reconocen en Jesús a quien enseña, el "maestro" del que quieren aprender. Ellos quieren reunirse con él y unirse a Jesús. Por eso quieren saber el lugar donde vive, es decir, el "mundo" donde tiene su morada: cómo ve la vida, el mundo y Dios; qué es para él la verdad, la autenticidad y la justicia; cuál es la diferencia con el mundo en el que ellos han habitado y vivido hasta ahora; qué pueden aprender de él. En la catequesis, es el momento de entrar en la escuela de Jesús y de ir tras él; los catequistas seremos guías. También significa poner a su disposición los medios para ampliar su conocimiento de la fe.


39 El les dijo: "Venid y lo veréis".

 

Los discípulos no sólo deben venir por sí mismos, también necesitarán tiempo para conocer el mundo en que se mueve Jesús; podemos llamar a este momento el de la iniciación. Ellos deberán dejarse iniciar en su ‘espíritu’, lo que hoy llamamos ‘su espiritualidad’. Y aún hay más: para descubrir a Jesús "allí donde habita", tendrán que ir de viaje con él a donde quiera ir con ellos -porque vieron a Jesús ‘caminando’-. Tendrán que descentrarse de ellos mismos para dejarse guiar e instruir por él con franqueza, y tendrán que aprender de él en la acción. Hoy en día, este "venid y veréis" nos confronta -a nosotros, como comunidad de eclesial- con una pregunta bastante dolorosa: tenemos nuestra doctrina de la fe y hacemos muchas cosas, pero ¿estamos suficientemente imbuidos de su espíritu? ¿Qué es lo que mostramos a las personas que quieren ir en busca de Jesús en nuestra comunidad? ¿Todavía se puede disfrutar del espíritu y la alegría que hay en nosotros? ¿Es nuestra comunidad un "espacio de Jesús" digno de ese nombre? ¿Estamos en situación de "hacer ver" a los hombres algo que sea capaz de abrirles al significado de la comunión de vida con el Señor?


40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.


41 Se va a encontrar, antes que a nadie, a su hermano Simón y le dice: "Hemos encontrado al Mesías», que quiere decir el Cristo.


42 Y lo llevó a Jesús.


Andrés ya está convencido y entusiasmado. Después de dirigirse al Señor para descubrir dónde tiene su morada, va a contar la buena noticia a su hermano. ¡Hemos encontrado al Mesías! Más que nunca, los jóvenes ahora se catequizan mutuamente. Ellos dicen lo que sienten y lo que viven, están conectados en redes de todo tipo y comparten sus descubrimientos y experiencias. Juan Bautista fue necesario para dar el primer empujón, pero después la operación boca a boca toma su vuelo y sigue su propio camino. De acuerdo con el Evangelio de Juan, Simón Pedro llega a Jesús de esa misma manera. Los creyentes deben ir a los otros para hacerles conocer a Jesús y para animarles a al encuentro personal con él. Los jóvenes de hoy entienden esto muy bien.


Fijando sus ojos en él, Jesús dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan: tú te llamarás Cefas» -que quiere decir Pedro-. Jesús pone su mirada en aquellos a quien llevamos hacia él. Él los mira de manera diferente de lo que nosotros somos capaces. Él nos conoce por nuestro nombre y nos penetra. Él ve con claridad nuestro interior, incluso nuestro futuro; conoce el destino oculto de cada uno y, en función de esto, nos llama. Es capaz de cambiar nuestra mirada sobre nosotros mismos y de hacernos cambiar de 'nombre'. Una vez que hemos llevado a alguien a Jesús, hay que despojarse de él/ella porque es el Señor mismo quien sabe cómo se ha unido a nosotros por toda la eternidad. En la catequesis, es el momento de la oración en común y de la intervención de unos con otros ante el Señor, para que él manifieste a cada uno nuestra mirada celestial y nuestra verdadera identidad.


Y, finalmente, el extraño diálogo con Natanael


47 Jesús, mirando a Natanael que venía hacia é, le dijo: "He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez ni engaño"


48 "¿De dónde me conoces?", le dijo Natanael; y Jesús le respondió: "Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi."


49 Natanael replicó: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel."


50 Jesús le respondió: "Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees. Verás cosas mucho más grandes."


51 Y añadió: "En verdad en verdad os digo, veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre."

 

Es posible que la historia de la vocación de ciertas personas tome caminos incomprensibles, extraordinarios e incluso tan francamente admirables, que nos hagan ver la fuerza inusual con que el Señor puede entrar en la vida de los hombres ("Natanael" en realidad significa "don de Dios”). Es raro, pero sucede. Un catequista debe ser alguien consciente de esta posibilidad, y que es capaz de dar un paso atrás con toda humildad cuando se da cuenta de que es el Señor mismo quien hace maravillas en ellos. Es el momento de reconocer que el don de Dios (Natanael) es siempre mayor que nosotros.


(Continúa en el próximo número)

 
 
NOTICIAS
Conferencia Episcopal

EL ISCA EN LA CONFERENCIA EPISCOPAL: NUEVOS ANUNCIOS.
En Claypole el pasado 27 de octubre, en el contexto del ENaDir 2012, el ISCA tuvo su primer encuentro con la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica (CECyPB).


Estuvieron presentes todos los integrantes de la Comisión y su nuevo presidente, Mons. Mario Aurelio Poli, obispo de Santa Rosa, junto con el Obispo delegado para el ISCA Mons. Martín De Elizalde. El ISCA presentó y se autorizó el esquema y el tema del Senac/ISCA, que durante 2013 se va a llevar a cabo en una nueva edición de este Seminario Nacional de Catequesis. El SENAC II, se realizará en esta oportunidad junto con Dpto. de Pastoral Bíblica de la CEA. En este seminario se trabajará el tema del Año de la Fe en perspectiva bíblica.


La fecha de realización es del viernes 5 de julio por la tarde/noche y hasta el lunes 8 hasta el medio día. Nuevamente se realizará en la Residencia Franciscana de San Antonio de Arredondo, cerca de Villa Carlos Paz, en Córdoba. En poco tiempo vamos a compartir más información acerca del Senac II, y todo lo referente al modo de participar. Te recomendamos la visita al sitio de primer Senac en http://www.isca.org.ar/senac/

ENADIR2012

ENCUENTRO NACIONAL DE DIRECTORES DE CATEQUESIS ENADIR 2012
Los directores de catequesis de todas las diócesis se reunieron del viernes 26 al domingo 28 de octubre en el partido bonaerense de Florencio Varela (Claypole) para participar del 46º Encuentro Nacional de Directores de Catequesis (ENaDir), principalmente para trabajar las 50 proposiciones destacadas del Tercer Congreso Catequístico Nacional, que se reunió en Morón en junio de este año. Durante las jornadas, el presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis, monseñor Mario Aurelio Poli, obispo de Santa Rosa, presentó al director, vicedirector y la secretaria nombrados para desempeñarse al frente de la Junta Nacional de Catequesis. Se trata de los presbíteros Fabiín Oscar Esparafita y Carlos Osvaldo Paravizzini, de la diócesis de San Miguel, y la señora Cecilia Bava, respectivamente. Posteriormente presentó el tema central del encuentro. Pueden verlo en: http://www.isca.org.ar/jornadas/enadir2012/enadir.php


El presbítero José Luis Quijano, rector del Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA), presentó los programas de estudio 2013 de la institución e invitó al II Seminario Nacional de Catequesis (SeNac), que, en el Año de la Fe, se enfocará en la “Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Para contar con la presentación ir a: http://www.isca.org.ar/images/mail/carta-directores/carta.pdf


El secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica, presbítero Esparafita, invitó a una participación fraterna y de comunión. "Comprender que fuimos sumergidos en la comunión trinitaria, que fuimos sellados, ungidos, crismados por el fragante amor de Dios, que fuimos hechos uno en la comunión del Cuerpo de Cristo es sin duda el primer paso, pero urge que imploremos como gracia dar el paso de una decidida conversión personal que nos lleve a una sincera conversión pastoral, clave para la nueva evangelización”, recordó el sacerdote.

Historia del ISCA

LA HISTORIA DEL ISCA
Con enorme éxito (más de 3000 visitas en la primera semana) arrancó la historia del ISCA en entregas coleccionables. Esta historia -escrita por la historiadora Andrea Manfredi- cuenta con el aporte de testimonios como los de Frans de Vos y otras figuras de la catequesis y la pastoral, ya va por tercera entrega. Mientras en ella se va recordando el recorrido del ISCA, también se va recapitulando la historia de la catequesis de nuestro país. Pueden leer la primera entrega en nuestro sitio web: http://www.isca.org.ar/isca-historia01.php A partir del número 4 se enviará por email solamente a los lectores suscriptos. Puede solicitarse la suscripción de esta historia a administración@isca.org.ar para verlo y participar.

Año de la Fe

TEXTOS PARA PENSAR Y PLANIFICAR EL AÑO DE LA FE
El Año de la Fe llega acompañado por una enorme cantidad de cartas y mensajes de nuestros obispos. Puede encontrarse una selección de ellos en el sitio del Aica. http://www.aica.org/1503-ano-de-la-fe.html el ISCA pone a consideración el texto completo de las Orientaciones Pastorales para el Año de la Fe: http://www.isca.org.ar/documentos/orientaciones-pastorales2012-2014.pdf para imprimir y leer. .

Sínodo de la nueva evangelización

58 PROPOSICIONES DEL SÍNODO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN
En el blog de nuestro rector se presentó como primicia la traducción al castellano de las 58 Proposiciones del sínodo de la Nueva Evangelización. Pueden leerse, consultarse e imprimirse desde en nuestro sitio web: http://isca.org.ar/blogdelrector.

Seminario Nacional de Catequesis

REALIZARÁ UN NUEVO SEMINARIO NACIONAL DE CATEQUESIS
Buenos Aires (AICA): El rector del Instituto Superior de Catequesis (ISCA), presbítero José Luis Quijano, anunció la realización de la segunda edición del Seminario Nacional de Catequesis (SENAC). La convocatoria de la institución se sucede luego de evaluar los resultados del primer SENAC, realizado en septiembre de 2011, al cual asistieron cientos de catequistas y sirvió como aporte al III Congreso Catequístico Nacional, realizado en junio de este año en la diócesis de Morón. Se realizará entre el viernes 5 y lunes 8 de julio de 2013 en la residencia franciscana de San Antonio de Arredondo (Córdoba).

 

El rector del Instituto Superior de Catequesis (ISCA), presbítero José Luis Quijano, anunció la realización de la segunda edición del Seminario Nacional de Catequesis (SENAC). La convocatoria de la institución sucede luego de evaluar los resultados del primer SENAC, realizado en septiembre de 2011, al cual asistieron cientos de catequistas y sirvió como aporte al III Congreso Catequístico Nacional, realizado en junio de este año en la diócesis de Morón. 

Los delegados de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica de la Confe-rencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Martín de Elizalde SDB, obispo de Nueve de Julio, y monseñor Nicolás Baisi, obispo auxiliar de La Plata, informaron la autorización del encuentro e impulsaron su realización, según consignaron desde el ISCA. 

El SENAC II se realizará entre el viernes 5 y el lunes 8 de julio de 2013 en la Residencia Franciscana de San Antonio de Arredondo, localidad cercana a Villa Carlos Paz, en la provincia de Córdoba. 

En esta oportunidad, el seminario nacional será organizado en forma conjunta por el ISCA y el Departamento de Pastoral Bíblica del Episcopado. Bajo el lema “Biblia y Catequesis”, se propondrá pensar una catequesis focalizada en la Palabra de Dios. “El objetivo es el de dialogar y reflexionar hacia una catequesis animada bíblicamente”, revelaron desde el instituto. 

Del encuentro participarán destacados especialistas de América Latina. Se espera la presencia de biblistas del equipo nacional, liderado por el licenciado Gerardo García Gelder, y se contará con la participación del catequeta brasileño Luiz Alves de Lima, quien fue invitado especialmente a la reciente Asamblea del Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización. También habrá mesas de trabajo y paneles que pro-pondrán una mirada bíblica y otra catequística del mismo tema. 

En el marco del Año de la Fe e inspirados en el mensaje Verbum Domini de Benedicto XVI, se planteará la necesidad de una catequesis con fuerte inspiración y centrada en la Palabra de Dios. 

Quienes estén interesados, pueden solicitar más información en senac@isca.org.ar

 
CORREO DE LECTORES
 

La historia del ISCA y mi historia

Mis padres me contaban que cuando yo tenía 5 años, pregunté ¿porqué dicen que San Martín es inmortal, si también dicen que murió? Y ellos me contestaron: porque lo seguimos recordando. ¿y porqué lo seguimos recordando? Porque hizo cosas importantes....

 

A medida que fui creciendo, cuando mis padres recordaban el diálogo, más crecía mi desesperanza de hacer cosas importantes. ¿Cómo iba a poder, en esa pequeña vida de niña y pre-adolescente, hacer algo para ser inmortal, para que me recuerden?

 

A los doce años, acompañaba a mis dos hermanas menores a Catequesis. Me quedaba en un banco del templo, mirando y escuchando. Un día se me acerca una catequista, muy joven, a la que seguramente le inspiré lástima, y me invitó a la “catequesis de perseverancia”. Los chicos y chicas tendrían mi edad. Fui unas veces, y un día vinieron dos catequistas con cara de importantes a hablar conmigo y me preguntaron: ¿nos querés ayudar con los chicos de catequesis? Dije que sí, sin tener la mínima noción de lo que eso significaba, irresponsable y temeraria como buena ignorante. Y me percaté que justamente era “lo importante” que yo tenía que hacer, no para alcanzar la inmortalidad tipo San Martín, sino porque me lo decía el corazón. Más tarde, en mi tarea docente, supe que uno queda en cada niño, joven, adulto, en quien pone su cariño. Sencillo, ¿no?

 

Por supuesto que a esa edad ya había leído la Biblia que había en casa, de los años 20. Me gustaba la parte histórica y mi madre me explicaba lo que podía y como podía, hasta que un cura se dió cuenta de mis lecturas, y me ayudó a buscar, a leer y a gustar. Gracias, padre Hilario que estás con el Señor.

 

Cuando el ISCA nació, yo era una señora casada. Julio me llevaba como barrilete a todas sus patriadas sociales y políticas, mi párroco me pedía presencia en cursos del ISCA y del IPA y me decía “después me contás”, conocí a Francis, Francisco y Francisquito y sus anécdotas, y recuerdo un seminario sobre Biblia y Catequesis con especial cariño. Guardo todo el material, y de vez en cuando, lo repaso. Y ..¿saben qué?.. Esencialmente, en los papeles, no han cambiado mucho las cosas. O todos aquellos maestros eran unos profetas audaces, o el problema de fondo fue y seguirá siendo la distancia entre lo que sabemos y lo que hacemos. O las dos cosas.

 

Algunos de mis maestros ya están viviendo su Pascua. El ISCA, en lugar de envejecer, como yo, rejuvenece.

 

Cuando recorro mis caminos catequísticos, me doy cuenta que he sido una descarada teologal, siempre dispuesta a empezar de nuevo y a encontrar el modo de decir lo mismo de maneras diferentes, como modo de rejuvenecer, y hoy, más que nunca desprendida de filtros y autocensura, comprendo a ese Dios sorprendente que siempre guarda el buen vino para el final.

 

Cincuenta años: unas Bodas de Oro, metal purificado en fuego fuerte. Un año de Jubileo, con deudas perdonadas, tierra que descansa para producir más, esclavos que son libres, generoso sostén para con los más débiles, Pentecostés ensordecedor y ardiente que empuja desde dentro de la casa, hacia afuera, a la plaza, a la ciudad....y habrá banquete, y estaremos todos. Demos gracias a Dios. ¡Feliz aniversario, ISCA!

 

Beatriz Casiello

¡Felicitaciones por los 50 años!!!

Muchas gracias por mantenerme informada, que es una forma de estar unidos.

Todo lo que me envían es muy interesante para mi formación.

Gracias

Martha Ferreyra Toledo

 
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