COMUNICANDONOS  
 
Año 11 • Nº 144
Mayo 2013
 
PASCUA DE RESURRECCIÓN, AÑO 2013

Llegamos a nuestro número 144 de Comunicándonos. Y a nuestros 12 años de oferta formativa. En Matemáticas nos enseñaron que 144 es la cifra que se obtiene de multiplicar doce por doce. Desde el estudio simbolismo y la teología sabemos que es un número mágico y potente: del doce hablan las Sagradas Escrituras: las doce tribus de Israel, los doce apóstoles, los doce fundamentos futuros de la Nueva Israel. Un número que remite a la totalidad y la plenitud.

 

Aprovechamos este espacio para revisar nuestras provisionales totalidades y la módica plenitud obtenida: no nos agrandemos. Pero se trata de doce años de cursos y ciento cuarenta y cuatro entregas de este Boletín, sostenidas, perseverantes. Que surgen como una novedad (¡la catequesis en la Web!) y se van afianzando y creciendo junto con la progresiva facilidad al acceso a Internet.


comunicandonos@isca.org.ar

EN FOCO 2.0

EL LUGAR DE LOS GESTOS

 

Palabra de DiosEl periódico amigo VIDA NUEVA califica, acertadamente, al ministerio de nuestro Papa Francisco: en su última edición lo llama “la encíclica de los gestos”.

 

Han sido semanas abundantes en gestos: la vestimenta sencilla, el abandono de los protocolos, la cercanía en el trato con las personas, la alegría en el contacto con los más pobres. Los gestos fueron difundidos por los medios de comunicación, (esos mismos que antes criticábamos porque considerábamos que no difundían las cosas buenas de la Iglesia).

 

¿Qué significan esos gestos? ¿Cómo podemos leerlos en nuestra práctica cotidiana? Porque si nos limitamos a mirarlos y aplaudir, serían gestos que caen en el vacío. Pero son interpeladores. ¿Cómo trasladas la predicación del gesto, de la sencillez y del encuentro a nuestra catequesis?

En todos los niveles de la evangelización encontramos una gran avidez de ese tipo de gestos. Nosotros, catequistas, los unimos a la Palabra, a la intención, al proyecto. Los gestos del Papa Francisco son como el dedo que señala al cielo. Sigamos su dirección. No nos quedemos mirándolo.


Mariano Nicolás Donadío

 
UNA CULTURA DEL CUIDADO

El II SENAC, Seminario Nacional de Catequesis “Catequesis y Biblia: Un diálogo hacia la animación bíblica de la Catequesis” no es un curso ni un encuentro. Es un semillero de ideas, de realizaciones y de estudios en común. En este espacio de trabajo y de reflexión compartidos, nos proponemos continuar el proceso iniciado en el Primer SENAC en el 2011 para poder comprender y asumir que la Biblia es sujeto de la Evangelización y elemento fundante y transversal de toda la Pastoral. Y concebir nuestros procesos catequísticos como escuelas de interpretación de la Palabra, que suscita y alimenta la fe.

 

Faltan dos meses para su realización. Para el encuentro en San Antonio de Arredondo, Córdoba, del 5 al 8 de julio de 2013, ya tenemos 185 inscriptos para el II SENAC, nuestro Seminario Nacional de Catequesis. El cupo casi cubierto. 150 son presenciales y 35 están anotados para el SENAC virtual, haciendo cercano lo distante. Vienen de toda la Argentina: aquí pueden verlos en el mapa.

 

Tenemos un nombre para ellos: son los “Senaquenses”. Varios participaron de nuestro primer Seminario, colaboraron en el documento que se produjo y siguen participando (aportando, debatiendo) en nuestro foro y siguieron en el post – Senac. Son senaquenses. Muchos nos han hecho llegar sus trabajos escritos previos al seminario, como el obispo de Morón, Mons. Luis Eichhorn (presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis durante varios años) y la catequeta Beatriz Carriego. También podemos llamar senaquenses a Mons. Nicolás Baisi, obispo auxiliar de La Plata, y el Lic. Gerardo García Helder. Y al catequeta Luiz Alves de Lima (miembro de la Sociedad Latinoamericana de Catequetas - SCALA), quien participó en el reciente Sínodo sobre la Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe.

 

Todos ellos van a estar presentes, trabajando codo a codo con los participantes. Ustedes podrán participar con su opinión y su pensamiento en los foros y en los espacios interactivos que iremos abriendo. Mientras tanto, iremos publicando los trabajos escritos que nos están llegando. En el próximo número podrán leer el que nos envió Mons. Eichhorn. Ustedes también pueden ser senaquenses. Pueden encontrar información en nuestro sitio web: http://www.isca.org.ar/jornadas/senac2/senac.php

 

El equipo del ISCA

 
 
Propuestas de itinerarios formativos
Por Pbro. José Luis Quijano
rector@isca.org.ar
Departamento de Misión y Espiritualidad
CELAM Encuentro de Comisiones Episcopales de Catequesis del Cono Sur
Buenos Aires, 2013

 

El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz. El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí, llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña. (D.A. 277)

 

Animarnos a proponer

En la reunión de Comisiones Episcopales de Catequesis del Cono Sur, durante el año 2010, el Hno. Balbino Juárez nos presentó algunas propuestas de itinerarios formativos según las orientaciones de Aparecida y de las III Semanas Latinoamericanas de Catequesis. Por su parte, y a la luz de los mencionados documentos, el Hno. Enrique García Ahumada nos ofreció una precisa semblanza de los conocimientos, las destrezas y actitudes características del discípulo misionero, con los respectivos indicadores que dan cuenta de este perfil.


En continuidad con estos aportes, en esta presentación nos detendremos en cuatro aspectos:

  • la conceptualización de los itinerarios formativos,
  • algunas “conversiones” que ha de hacer hoy la catequesis,
  • el desarrollo de perspectivas complementarias en la formación de los catequistas.
  • la presentación de modelos formativos que sean respuesta a esta interpelación: nuevos paradigmas - nuevos catequistas.

En el ISCA solemos afirmar esta expresión que sintetiza bastante bien el núcleo de nuestra identidad: “Hay que pensar la catequesis”. En este tiempo signado por tantos cambios, pensamos la catequesis y nos animamos a proponer, motivados sobre todo por el actual contexto eclesial.  En lo que va de su pontificado, Francisco asumió su ministerio como lo que bien podríamos llamar “el servicio de proponer”.


Es tiempo de propuestas, no de recetas ni de mapas seguros. Una vez, en una de las reuniones del ISCA, alguien dijo que tenemos que ser como baqueanos. El baqueano es un gaucho que conoce bien la tierra que recorre y que ayuda a otros para que también puedan recorrerla, pero lo hace con mucho cuidado y con algunas certezas que va verificando paso a paso.


En lo más oscuro de la noche, en medio de los bosques o en las llanuras sin límites, cuando sus compañeros están perdidos, él da una vuelta en círculo alrededor de ellos, observa los árboles; si no los hay, se desmonta, se inclina hacia tierra, examina algunos matorrales y se orienta. Entonces monta en seguida y les dice para asegurarlos: "Vamos bien”; y se dirige hacia el rumbo que les señala. Lo hace serenamente, sin prisa de encontrarlo y sin responder al temor o la fascinación de sus compañeros. Si aún esto no basta, o si se encuentra en la pampa y la oscuridad es impenetrable, entonces arranca pastos de varios puntos, huele la raíz y la tierra, los masca, y, después de repetir este procedimiento varias veces, se cerciora de la proximidad de algún arroyo o de algún río y sale en su búsqueda para orientarse mejor.


Casi como el baqueano, les ofrecemos estas propuestas. Algunas provienen de experiencias que nos acercaron alumnos y amigos del ISCA. Otras provienen de nuestra reflexión abrevada en el Magisterio, en otras fuentes catequéticas y también en algunos aportes de las ciencias humanas.

 

1. Itinerarios formativos

 

El concepto de itinerario está estrechamente ligado al catecumenado en el que reconocemos un carácter gradual y procesual con etapas, que van señalando la progresividad del camino.  Cuando, después del Concilio, el catecumenado reapareció en la pastoral catequística, el término itinerario fue reiteradamente utilizado en el discurso catequético, aunque no siempre con su significación propia. Muchas veces se ha llamado itinerario a una simple lista de contenidos secuenciados según los criterios de algún manual o texto de catequesis.


En la formación de catequistas se habla menos de itinerario y, salvo algunas excepciones, los centros de formación conservan en sus planes de estudio un tono escolar, en el cual las disciplinas se presentan a través de programas. El orden de presentación en el plan suele tener un carácter más ascendente o descendente, según el criterio de relación entre las llamadas materias de fundamento, las ciencias auxiliares y las disciplinas pastorales.


En la carta de convocatoria al II Congreso Catequístico Nacional en la Argentina (1987), los obispos animaron a los catequistas a “promover el itinerario catequístico permanente en las comunidades, como respuesta a las exigencias de la nueva evangelización”. Más de 17.000 catequistas de todo el país asistieron a ese Congreso y se comprometieron en la reflexión y en los trabajos realizados. Pero, a pesar de los muchos esfuerzos realizados y de la gran inspiración que ya venía de la CT, muchas comunidades no lograron implementar el ICP. De hecho en el III CCN el tema volvió a ser estudiado. En la publicación del ISCA “De Congreso a Congreso” nos referimos a la distancia que, en más de una ocasión, hay entre la “Iglesia pensada” y la “Iglesia vivida”, tomando como parte de la “Iglesia pensada”, por ejemplo, lo reflexionado en los Congresos.


En los últimos años la crisis de la iniciación cristiana favoreció la reflexión sobre los itinerarios iniciáticos y la catequesis con inspiración o talante catecumenal y, según creemos, esta reflexión puede progresivamente no sólo contribuir a una mejor comprensión del concepto, sino sobre todo al diseño e implementación de auténticos itinerarios en la pastoral catequística.


Acompañar los procesos de fe del grupo de catequesis no se limita a imponer un programa de contenidos, ni unos tiempos rígidos en los cuales han de desarrollarse. Supone dar el paso del programa al itinerario, tanto en los procesos catequísticos como en la formación de catequistas. La mirada puesta en el sujeto y en su contexto reclama este paso, optando por una permanente reflexión acerca de la propia práctica catequística. El catequista compañero de camino sabe bien por donde tiene que acompañar al catequizando, pero está atento a la novedad y a la sorpresa. No se ata al camino que él conoce y está dispuesto a acompañar por otro camino que lleva a la meta.

 

“Acompañar es asistir al largo proceso de gestación de la vida nueva que el Espíritu está creando en otro y estar junto a él, atento a los signos de un proceso, sin querer controlarlo ni precipitarlo, consciente de que es inútil sustituir un trabajo que sólo puede hacer el otro, pero estando ahí para animar, sostener, tirar con cuidado y a tiempo de una vida frágil que apunta y que lucha por salir a la luz.” 1


La implementación de un verdadero itinerario pide los siguientes requisitos:

  • El conocimiento de la situación de los interlocutores a los cuales está dirigido el mensaje (contexto y maduración psico – ética – espiritual)
  • La gradualidad expresada en los objetivos, contenidos, experiencias, actividades.

A partir de estos requisitos, hay distintos modos de diseñar un itinerario. Proponemos, a continuación, algunos elementos constitutivos para ilustrar su naturaleza y finalidad:

 

a. Definición del ámbito catequístico donde está enmarcado el itinerario que se quiere diseñar e implementar.

b. Descripción de la realidad del grupo (diagnóstico). Pedagógicamente, se debe partir de los desafíos planteados en realidad, descubriendo las “semillas del Verbo” que ya están presentes en ellos.
c. Concepción de catequesis.
d. Perfil del catequista.

 

Dimensiones. No son etapas sucesivas de un proceso, sino que deben estar siempre presentes en los distintos momentos del caminar hacia la fe madura y la vivencia adulta de la fe.

  • Por ejemplo: madurez humana, encuentro con Cristo, pertenencia a la Iglesia, compromiso con el Reino. (Puede ser utilizado en un grupo de catequizandos y también en la formación de catequistas)
  • Otro ejemplo para la formación de catequistas: ser, saber, saber hacer. Son las ya tradicionales dimensiones que ofrece el DGC.
  • Otro ejemplo, según Aparecida: dimensión humana y comunitaria, dimensión espiritual, dimensión intelectual y la dimensión pastoral y misionera. 2

e. Etapas del proceso con su definición, objetivos específicos, disciplinas, contenidos, experiencias y actividades.

f. Modelo formativo (si se trata de un itinerario para la formación de catequistas)
g. Recursos.
h. Evaluación: Al final de cada etapa es bueno tener una instancia de evaluación y celebración para todo el grupo. También es conveniente realizarlo a fin de año. De este modo se puede revisar el proceso, encontrar formas para afianzar los logros, superar  las dificultades, valorar las conquistas alcanzadas y  experimentar la alegría del camino recorrido, hacer consciente  el crecimiento y poner en común las experiencias vividas por el grupo. 

 

 

El itinerario es un instrumento de trabajo. Posee una intención educativa en la fe, que exige un proceso, un tiempo y un sentido, un nuevo modo de comprender la vida que nace del encuentro con Dios. Es evolutivo, continuo o constante, progresivo e integral. Hay un punto de partida o situación previa.  Porque el grupo que recibimos tiene una historia previa y esa historia debe ser tenida en cuenta. 


Algunos elementos provenientes de la pedagogía pueden contribuir a una mejor conceptualización del itinerario. Tomás Sánchez Iniesta (1994) presenta el modelo globalizador a diferencia del interdisciplinario. En este último, en el centro de la propuesta formativa, están los contenidos de las distintas disciplinas que, desde la especificidad de sus objetos formales, aportan sus saberes al sujeto que aprende. En cambio, en el modelo globalizador, en el centro está la persona que va tomando de las distintas disciplinas los contenidos que  ella requiere para crecer en las diversas dimensiones del itinerario y para identificarse cada vez más con Cristo en un proceso en el que se sitúa como protagonista de su propia formación.


Ander Egg (1993), por su parte, señala algunos criterios para la planificación educativa. Nosotros vamos a tomar algunos que son pertinentes según el concepto de itinerario que estamos desarrollando:

  • Adecuación de los nuevos contenidos a los saberes previos de los alumnos, para encontrar puntos de conexión con los nuevos aprendizajes que se van a ofrecer. Si nos referimos a itinerarios de formación de catequistas, aquí es muy importante partir de la propia práctica catequística, favoreciendo la dinámica acción – reflexión – acción.
  • Continuidad y progresión mediante una estrategia de "aproximaciones sucesivas" que en pedagogía llaman, como lo hace  Bruner, "currículum en espiral"; permite dos logros: facilita la construcción progresiva de los conocimientos y permite una atención adecuada a la diversidad del grupo.
  • “Las etapas deben cumplirse en un orden no necesariamente lineal, desarrolladas en forma dinámica y creativa. Para salir de la encrucijada, ha de asumirse la dinamicidad y circularidad del proceso evangelizador como principio de renovación y de cambio” 3
  • Interrelación de los diferentes contenidos, de modo de favorecer que los alumnos comprendan su sentido y favorecer, así, el aprendizaje significativo, dando entrada a posibles planteamientos globalizadores provenientes de las diversas áreas o dimensiones del itinerario.
  • Flexibilidad adaptativa: Aquí debemos distinguir la secuenciación y la temporalización de los contenidos. La secuenciación indica el camino que hay que recorrer; la temporalización hace referencia al tiempo en que se ha de recorrer el camino. Y este "tiempo" ha de ser diferente, según las personas concretas que tenemos en cada grupo.

 

2. Algunas “conversiones” que ha de hacer hoy la catequesis.

 

Desde hace ya bastante tiempo, sobre todo desde la última década del siglo pasado, la literatura catequética y distintos episcopados de América y Europa comenzaron a referirse a la imperiosa necesidad de un cambio de paradigma en la catequesis.4 Ésta es la lógica de esta parte de la exposición:

 

• a un nuevo contexto cultural corresponde un nuevo paradigma de la catequesis;

• a un nuevo paradigma catequético, una nueva identidad del catequista;
• a una nueva identidad del catequista, una nueva formación y un nuevo modelo de formación de los catequistas.

 

Antes de referirnos a la identidad y al modelo formativo para los nuevos catequistas, unas breves líneas acerca de dos de las diversas “conversiones” que ha de asumir hoy la catequesis. Es preciso detenernos en estos cambios, pues ellos inciden en el modelo formativo que luego vamos a presentar:


La perspectiva misionera de la pastoral, en la línea del primer anuncio. El Documento de las III Semanas detalla las razones de esta conversión de la catequesis. “El primer anuncio, teológica y pedagógicamente, es una acción diferente e integrante de la catequesis de iniciación 5 pues sus propósitos, destinatarios, lenguajes y metodologías son diferentes. El primer anuncio y el kerigma, en la etapa de acción misionera, se orientan a despertar el interés por el evangelio y a suscitar la conversión inicial; la catequesis, a estructurar y fundamentar esa conversión y a conducir a la vida comunitaria y de servicio al mundo. Por eso la catequesis es consecuencia del primer anuncio misionero y kerigmático. Pero en la práctica se señala desde Catechesi Tradendae y el Directorio General para la Catequesis de 1997, que es preciso tener en cuenta el hecho que a veces la primera evangelización no ha tenido lugar, tanto en los niños, adolescentes y jóvenes, como en los adultos. Por ello la catequesis no debe preocuparse sólo de alimentar la fe, sino de suscitarla continuamente, de abrir el corazón, de preparar a una adhesión global a Jesucristo, es decir, la catequesis debe desarrollar y cumplir tareas misioneras y previas a su función propiamente iniciatoria; esto es lo que se conoce como catequesis misionera…” 6 La cultura occidental ha salido definitivamente del régimen de cristiandad, donde la fe cristiana coincidía con la pertenencia social. Ser un buen ciudadano significaba ser un  buen cristiano y viceversa. En aquel escenario la catequesis tradicional asumía la misión de hacer crecer una fe inicial,  con la cual las personas llegaban a los procesos catequísticos. Alguien había realizado ya el primer anuncio: la familia, la escuela, otras instituciones y la sociedad misma transmitían la fe a través de una especie de “baño sociológico”. La cuestión hoy es que la fe no podemos suponerla, sino que debemos proponerla.

 

El catequeta italiano, Enzo Biemmi, que participó el año pasado en el Sínodo sobre la transmisión de la fe, habla del “segundo primer anuncio”, puesto que las personas que llegan a nuestros procesos catequísticos se hallan en diversas situaciones, podríamos decir, siguiendo a Francisco Jalics, tienen distintas “edades de la fe”: los no bautizados, los que no han finalizado su iniciación cristiana, los adultos que tienen una fe infantil o casi olvidada,  las personas creyentes que necesitan redescubrir con renovado asombro el corazón profundo del  Evangelio, los que se han alejado de la Iglesia… La expresión de segundo anuncio evita confusiones, responde a una variedad de interlocutores que no completaron su iniciación o que se retiraron de la Iglesia por olvido, descuido, hostilidad y por influencias de otras culturas y religiones. El segundo anuncio se inscribe en lo que nos dice el Documento de las Terceras Semanas: “La catequesis misionera se diferencia y no puede confundirse ni suplir la acción del primer anuncio, porque sus destinatarios tienen ya algún interés por el Evangelio, mientras que en el primer anuncio hay que despertarlo”7 Entender así el segundo anuncio nos ayuda a abordar a las personas de manera adecuada, sabiendo que ellos no son una tábula rasa y que poseen una historia de vida y unas experiencias que hoy debemos dejar salir y considerar y para que nuestros interlocutores puedan reelaborarlas.


La configuración de la catequesis de acuerdo con el modelo de la iniciación cristiana dentro de la perspectiva catecumenal.  Según lo señala con claridad el documento de las III Semanas en su presentación  “hay señales concretas de que la Iniciación Cristiana específica y el proceso que se ofrece a los niños a propósito de los sacramentos es muy incipiente y poco consistente; ordinariamente no parte del encuentro con Jesucristo vivo ni lleva a ser discípulos del Señor, además, la mayoría de católicos jóvenes y adultos nunca ha recibido dicha iniciación. Una laguna pastoral grave. En este contexto palpamos que muchos católicos entran en crisis de fe y llegan a buscar en otras confesiones cristianas y grupos esotéricos, un camino para sus inquietudes. Algunos abandonan su fe”. Este cambio requiere una comunidad que acompaña el proceso y una pedagogía iniciática. Se trata de una pedagogía del acontecimiento, del “vengan y vean”. Está menos centrada en el aprendizaje de contenidos fijos y está más atenta al surgimiento de identidades configuradas con Cristo. Las experiencias vividas en el grupo de catequesis, las celebraciones litúrgicas, los encuentros comunitarios, las expresiones de piedad popular y las instancias de compromiso social pueden ser auténticos lugares de “iniciación” donde la fe puede aprenderse al mismo tiempo que se forjan identidades, se moldean las convicciones y se consolida la caridad.

 

3. Perspectivas complementarias en la formación de catequistas

 

Comenzamos con estas dos: la propuesta de la fe y el cuidado de la fe. En palabras de Aparecida, podríamos expresar esto mismo diciendo “el encuentro con Cristo” y “el discipulado”8 .  Como a veces, la “Iglesia pensada” va más adelante que la “Iglesia vivida”, a pesar de la abundante reflexión catequética, en la mayoría de nuestras comunidades la catequesis está pensada y organizada en el horizonte del “cuidado de la fe”. Por ejemplo, muchos de los padres, que recorren hoy procesos de catequesis familiar, no han sido iniciados en la fe. O, por alguna razón, a pesar de haberlo sido, han hecho otras opciones que los han mantenido alejados de la Iglesia, a veces, con una fe infantil u olvidada.

 

Se acercan a una comunidad eclesial y piden para sus hijos la Primera Comunión. Inmediatamente se desencadena un sistema de atención a su  pedido. La Iglesia pone en marcha, a través de sus agentes catequísticos, un proceso comúnmente diseñado para los que tienen fe. Se produce, entonces, la gran dicotomía entre lo que la familia pide y lo que la Iglesia se dispone a darle.

 

La familia tiene un propósito social y la Iglesia le ofrece la inserción comunitaria.

La familia llega pidiendo un sacramento y la Iglesia quiere ayudarlos a crecer en la fe.
La familia se resigna a hacer, durante un tiempo, aquello que se le pide y la Iglesia se propone frutos de conversión y de incorporación a Cristo y a la comunidad.
La familia no tiene fe o tiene una fe pequeña y adormecida y la Iglesia supone una fe creciente.

 

En estas condiciones se inicia el camino. Así comienza el diálogo entre la familia y la Iglesia. Caminan por el mismo territorio, pero tienen mapas muy distintos y se hace difícil el encuentro. Muchos de nuestros interlocutores no han tenido todavía el encuentro con Cristo que transforma su vida y los catequistas nos disponemos a cuidar una fe inexistente o adormecida. Tal vez se han acostumbrado a vivir sin fe y, casi sin saberlo, están en una búsqueda religiosa.

 

“Quienes serán sus discípulos ya lo buscan (cf. Jn 1, 38), pero es el Señor quien los llama: Sígueme (Mc 1, 14; Mt 9, 9). Se ha de descubrir el sentido más hondo de la búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana.”

 

En la mayoría de los casos, la formación de los catequistas se ha concentrado en su capacidad de educar en la fe a personas ya creyentes, pensada y organizada según la lógica de la educación de una fe ya presente. Aquí está el desfasaje profundo entre la realidad y nuestra formación catequística. Es éste el motivo fundamental de las dificultades de muchos catequistas y de su sensación de incapacidad.

 

Muchas personas siguen pidiendo los sacramentos y manifiestan una parcial pertenencia a la comunidad eclesial y a la vez su vida está orientada según criterios muy secularizados. Nuestros interlocutores reclaman dos atenciones: el segundo primer anuncio9 y la profundización de su fe en un camino de discipulado. “La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús maestro, profundiza en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina.”10

 

Teniendo esto en cuenta, creemos que la formación de los catequistas no debe ser pensada como un paso absoluto y excluyente del catequista educador de la fe al catequista evangelizador, sino que las dos perspectivas deben estar juntas en la formación. El cambio epocal nos pone, en cierta manera, en medio de dos mundos: el cristianismo sociológico y una profunda secularización en los modos de pensar, de creer y de vivir.

 

Durante el I Seminario Nacional de Catequesis de 2011decíamos: “Proponemos que el catequista en formación sea, al mismo tiempo, anfitrión y comensal invitado al banquete del Señor Jesús que celebra la fiesta de la salvación… Será necesario que el catequista, en su proceso de formación y en su posterior itinerario de servicio, cuente con un espacio comunitario que le permita alimentar y compartir su fe.”11


Esto nos lleva a sugerir otras dos perspectivas en los procesos de formación de catequistas: contribuir a promover identidades cristianas adultas y desarrollar una competencia específica al servicio de la comunicación de la fe. Esto implica, al mismo tiempo,  la formación en  la fe adulta del catequista y la formación para la comunicación de la fe.


Un catequista que crece en la fe adulta hace y renueva permanentemente la opción por el Señor Jesús, tiene un sentido de pertenencia responsable a la Iglesia y puede captar el significado de la fe para los problemas del hombre y de la sociedad.


La competencia comunicativa, por su parte, abarca  la capacidad de acceso correcto a las fuentes de la catequesis con una asimilación personal y progresiva de sus contenidos fundamentales; y la capacidad de integrar juntamente los distintos elementos (contenidos, situación de los destinatarios, contexto eclesial, instrumentos didácticos, lenguaje, interacción), con vistas a favorecer el camino de fe de los catequizandos.


Para definir la perspectiva de la promoción de identidades cristianas adultas utilizamos esta expresión: “la catequesis del catequista”. En una reflexión que escribimos el año pasado, con ocasión del día del catequista,  decíamos al respecto: “Para ser entrañablemente él mismo, el catequista necesita hacerse destinatario de la catequesis. Destinatario de itinerarios formativos diseñados para él, en los cuales la educación en la fe sea intencional y sistemáticamente favorecida. En el integral entramado de dimensiones diversas asumidas por la formación de los catequistas, tendrá un lugar privilegiado la educación de la fe,  que ha de ser sostenida, fortalecida, animada, informada y testimoniada a lo largo de toda la vida.” 12

 

“Una formación del catequista sólo funcional o didáctica no tiene sentido, es estéril estrategia. Al mismo tiempo, la sola maduración de fe del catequista, sin hacerlo capaz de su tarea específica, es decir, la dinámica comunicativa como espacio del nacer, crecer y llegar a la madurez de la fe, deja desguarnecido el aspecto principal de su ministerio y puede quedarse en una formación espiritual ineficaz.”13


En el Documento de Aparecida logramos vislumbrar estas dos perspectivas a través de la unidad interna de la dinámica discípulo misionero, que atraviesa todo el documento. El discípulo se hace misionero porque él mismo ha encarnado en su vida los valores del Maestro y su vida digna, plena y feliz en Cristo atrae a otros que encuentran en Jesús el sentido de sus vidas.


 “El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios. La misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa posterior a la formación, aunque se la realice de diversas maneras de acuerdo a la propia vocación y al momento de la maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona.”14

 

4. Modelos formativos como respuesta a esta interpelación: nuevos paradigmas - nuevos catequistas.

 

Durante muchos años y, todavía hoy en algunos casos, la formación de los catequistas se ha inspirado en un modelo de “vulgarización teológica”. Este tipo de formación  tiende a que el catequista reciba una serie de informaciones teológicas simplificadas y resumidas. Se sigue así la lógica del resumen, de más a menos: Profesor → catequista → interlocutores, con la inevitable pérdida de profundidad en cada estamento. Es una formación que logra catequistas repetidores, reproductores de nociones poco profundas.


 “Al catequista le sería muy difícil improvisar, en su acción catequística, un estilo y una sensibilidad en los que no hubiera sido iniciado durante su formación.”15 Resultará estéril, por lo tanto, animarlo a una catequesis de acompañamiento, misionera o de estilo catecumenal si él, por su parte, recibió una formación fundamentalmente expositiva y de cátedra, sin o con escaso protagonismo del catequista en formación.


Para un itinerario de formación que responda a la nueva fisonomía de catequistas, a la vez capaces de proponer la fe (evangelizadores) y de acompañar su desarrollo y profundización (cuidado de la fe), comenzaremos por distinguir la formación inicial, la formación media, la formación permanente (de especialización o profundización) y la formación superior.


La formación inicial puede ser repensada en una triple dimensión: narrativa, kerigmática, catecumenal. Se realiza en las propias comunidades, en los equipos de catequistas o en espacios que organizan algunos catequistas con más experiencia y formación para sus hermanos de comunidad que se sienten llamados a este ministerio. La cercanía y el conocimiento de las personas que reciben esta formación, puesto que pertenecen a una misma comunidad,  dan a los itinerarios que se utilizan un carácter privilegiado. La comunidad puede participar activamente en estos procesos compartiendo celebraciones, experiencias solidarias en el barrio y el acompañamiento en el paso a paso de cada etapa del itinerario.

 

“Ante todo un planteamiento narrativo, que introduce en la formación la experiencia de los catequistas, la narración de sus historias humanas y de fe, el cruce de sus narraciones con las grandes narraciones bíblicas.


Un planteamiento kerigmático, es decir, del anuncio, primero o segundo, para ellos. No hay que suponer que sean creyentes y habrá que ponerlos en contacto con el corazón del Evangelio, con vistas a una adhesión renovada que es al mismo tempo acto, contenido y actitud. Hay que conducirlos a dar su asentimiento a la fe como adhesión a Cristo y a los contenidos esenciales del Símbolo, dentro de la comunidad eclesial. Si son formados en esto, instintivamente darán a su catequesis una connotación kerigmática, de primer o segundo anuncio.


Un planteamiento en cierto sentido catecumenal, iniciático. Se puede pensar en un recorrido en el que los catequistas tienen una experiencia iniciática con  ritos y pasos de conversión que indican una entrada progresiva en la fe y en la capacidad de comunicarla. Un planteamiento catecumenal los acostumbra a un modelo de inspiración catecumenal”16.

 

La formación media se realiza en las escuelas diocesanas. Estos espacios han de configurarse como verdaderos ámbitos eclesiales y los catequistas en formación han de saberse enviados por su comunidad a continuar su proceso formativo en estas escuelas. Algunos centros de formación diocesanos se ven en la coyuntura de tener que optar por los planteamientos que presentamos para la formación inicial y asumen la formación con sentido catecumenal, iniciático. Aquí ocurre claramente una sustitución. El centro de formación realiza lo que no se ha realizado en la comunidad de origen, pero no es éste el modelo formativo que corresponde a la formación media. Se trata, en esta instancia, de avanzar en el itinerario, con una pedagogía claramente catequística, con criterios de continuidad y progresividad, contribuyendo a la ampliación y profundización de contenidos, experiencias y actividades a través de planificaciones espiraladas y de la dinámica acción – reflexión – acción, puesto que, en más de una ocasión, estos catequistas en formación se hallan realizando o realizaron alguna vez el ministerio catequístico. Están en condiciones, por lo tanto, de partir de su práctica catequística, reflexionarla a la luz de la Palabra de Dios, del Magisterio y de la bibliografía catequética, para volver luego a una práctica más fecunda y reflexionada.

 

Para la formación permanente destinada a quienes ya han pasado por los centros de formación diocesanos proponemos alguno de estos modelos: “laboratorio17 ”,  “investigación – acción”,  “seminario”  o simplemente un modelo sistemático presencial o virtual en el cual el itinerario se sigue ampliando y profundizando, a propósito de varios aspectos que corresponden a los retos catequísticos a los que se busca dar una respuesta eficaz y fundamentada. En cualquiera de estos modelos se utilizan dinámicas circulares que favorecen “el intercambio y el diálogo entre los catequistas. Con el trasfondo de una actitud de búsqueda que los ayude a desinstalarse de prácticas catequísticas reiteradas, desajustadas y poco significativas. Proponemos la implementación de itinerarios que provoquen estos efectos:
La apertura que hace experimentar el carácter particular y, por lo tanto, no absoluto de las prácticas del propio contexto de procedencia. Cada uno es llevado a valorar la experiencia de los demás y a enriquecerse con ella, descubriendo que la propia visión es reducida y no es universal ni irreemplazable.


La complejidad del acto catequístico. La apertura a diversas experiencias también lleva a descubrir que el hecho catequístico es más complejo, rico y profundo de lo que uno había percibido en la práctica habitual. Complejidad no es sinónimo de complicación, sino de una realidad que integra diversas dimensiones, variables, modalidades y exigencias.
El aprendizaje de un pensamiento estratégico, ante el desafío de los actuales escenarios cambiantes, define opciones, prioridades, etapas, medios y recursos. Un pensamiento estratégico, que reconoce la imprevisibilidad de este tiempo como oportunidad más que como amenaza y que plantea cauces variados ante la variedad de situaciones.”18


Finalmente, para la formación superior proponemos un modelo sistemático presencial o virtual en el cual la mayor ampliación y profundización de un curriculum espiralado no lo convierte en una propuesta academicista.


Se trata de una formación en la Iglesia, puesto que no puede haber formación de catequistas sin comunidad. Se trata también de un itinerario que busca, sobre todo, la maduración en la fe de los catequistas que lo recorren y es integral, puesto que atiende a todas las dimensiones del itinerario que define el plan de estudios. Señalamos dos aspectos que lo distinguen de los otros niveles de formación.

 

Está claramente orientado a la reflexión y a la investigación catequéticas, fomentándolas y favoreciéndolas a través de las propuestas de trabajo que ofrece. Además admite una estructura abierta en la cual la correlatividad de las disciplinas, sistematizadas a través de módulos, puede hacerse accesible a las opciones del catequista en formación quien, de este modo, diseña su propio itinerario.

 

 


1. Aleixandre, D., “Imágenes para el acompañamiento”,  en Revista de Teología Pastoral, Sal Térrae, 1997.

2. DA Nº 280: a) La Dimensión Humana y Comunitaria. Tiende a acompañar procesos de formación que lleven a asumir la propia historia y a sanarla, en orden a volverse capaces de vivir como cristianos en un mundo plural, con equilibrio, fortaleza, serenidad y libertad interior. Se trata de desarrollar personalidades que maduren en el contacto con la realidad y abiertas al Misterio.
b) La Dimensión Espiritual. Es la dimensión formativa que funda el ser cristiano en la experiencia de Dios, manifestado en Jesús, y que lo conduce por el Espíritu a través de  los senderos de una maduración profunda. Por medio de los diversos carismas, se arraiga la persona en el camino de vida y de servicio propuesto por Cristo, con un estilo personal. Permite adherirse de corazón por la fe, como la Virgen María, a los caminos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su Maestro y Señor.
c) La Dimensión Intelectual. El encuentro con Cristo, Palabra hecha Carne, potencia el dinamismo de la razón que busca el significado de la realidad y se abre al Misterio. Se expresa en una reflexión seria, puesta constantemente al día a través del estudio que abre la inteligencia, con la luz de la fe, a la verdad. También capacita para el discernimiento, el juicio crítico y el diálogo sobre la realidad y la cultura. Asegura de una manera especial el conocimiento bíblico teológico y de las ciencias humanas para adquirir la necesaria competen-cia en vista de los servicios eclesiales que se requieran y para la adecuada presencia en la vida secular.

3. Juárez, B. durante el I SENAC, San Antonio de Arredondo, Córdoba, 19 al 21 de septiembre de 2011.

4. Justamente el documento de las III Semanas Latinoamericanas de Catequesis lleva por título “Hacia un nuevo paradigma de la Catequesis.

5. DGC 61 – 62.

6. Cfr. III Semanas Latinoamericanas de Catequesis, Nº 8 y 9.

7. Cfr. III SLC Nº 9

8. Cfr .DA. Nº 278

9. Cfr. Biemmi, Enzo, “Il secondo annuncio. La grazia di ricominciare”, EDB, Bologna 2011.

10. Cfr. D.A. Nº 278.

11. Cfr. SENAC, “Catequesis en clave misionera: Relación entre Primer Anuncio, Iniciación Cristiana y Catequesis Permanente,” Ed. San Pablo, Buenos Aires, 2012, Nº 62.

13. Así se expresaba el Hno Enzo Biemmi en la Asociación Española de Catequetas (AECA), diciembre de 2011.

14. Cfr. D.A. Nº 278.

15. DGC 237.

16. Biemmi, Enzo durante las Jornadas de la AECA de 2011. (Las III Semanas Latinoamericanas de Catequesis  hacen una clara opción por este planteamiento en la formación de los catequistas. Capítulo III Nº 71, 72 y 73)

17. El laboratorio fomenta a la vez la producción y la formación de sus destinatarios en las diversas especialidades que les son propias en los diversos ámbitos catequísticos. También desarrolla, a través de las experiencias y actividades que propone, el estudio de cuestiones que son verdaderos retos a la catequesis de este tiempo.  Se utiliza convenientemente con catequistas protagonistas de sus procesos de formación. Para llevar a cabo sus propósitos, el laboratorio puede poner a punto diversos dispositivos pedagógicos que se basan en…

  •  la teatralidad,
  •  el ensayo y error,
  •  los proyectos y experiencias compartidos y analizados,
  •  la elaboración y la reelaboración,
  •  el protagonismo de los destinatarios,
  •  la presencia humana sobre una escena que es, a la vez, escena de experimentación y de observación, el estudio de casos.  

18. Cfr. SENAC, “Catequesis en clave misionera: Relación entre Primer Anuncio, Iniciación Cristiana y Catequesis Permanente,” Ed. San Pablo, Buenos Aires, 2012, Nº 66.

 
 
NOTICIAS
Observatorio

“NUEVOS PARADIGMAS CATEQUÉTICOS, NUEVOS CATEQUISTAS” NUEVO DEBATE EN NUESTRO OBSERVATORIO CATEQUÍSTICO

“La Catequesis de la proposición revela las mismas connotaciones de una Catequesis misionera: valora e invita a valorar la novedad de la fe y la experiencia cristiana; expresa la profesión de fe del catequista que, en un lenguaje existencial, interpela la libre y consciente respuesta de fe del catequizando; implica el paso de la fe supuesta a la fe propuesta…” esto dice un nuevo texto que ofrecemos para compartir en nuestro Observatorio Catequístico: “CATEQUESIS MISIONERA Y CATEQUESIS DE LA PROPUESTA”.
La pregunta para el foro del Observatorio: “NUEVOS PARADIGMAS CATEQUÉTICOS, NUEVOS CATEQUISTAS. ¿CÓMO ES EL CATEQUISTA DE UNA CATEQUESIS MISIONERA O DE LA PROPUESTA?” Puede leerse y participar en http://isca.org.ar/obs046.php

 

Nuevo libro

NUEVO LIBRO PARA LOS PADRES DE LA CATEQUESIS FAMILIAR
El pasado 15 de abril se presentó el libro “Permanezcan en mi amor (Jn 15,9). Encuentros de fe para vivificar las nuevas realidades familiares”. El mismo es fruto del trabajo de un grupo de catequistas de la diócesis de San Isidro, coordinado por el padre Carlos Avellaneda. Ellos han querido responder al pedido de muchos agentes pastorales y catequistas de contar con un material actualizado, con metodología clara y abordajes creativos para acompañar a los padres en los grupos de la catequesis familiar. Los vínculos –con Dios, consigo mismo, con el cónyuge, con los hijos y con la comunidad eclesial– ocupan el centro de atención de este nuevo material.
Hemos recibido muchísimas consultas de dónde comprar el libro. Puede conseguirse en librerías religiosas. Es de editorial Guadalupe de Argentina.

Diplomas del ISCA

ENTREGA DE DIPLOMAS DEL ISCA
El 4 de mayo, en la Basílica de Luján y en torno al Encuentro Diocesano de Confirmación, los egresados del ISCA semipresencial recibieron sus certificados del Isca. Un abrazo extenso y cordial para todos estos hermanos del ISCA de Luján.

 

Diplomas del ISCA

Periódicos y revistas

DE PERIÓDICOS Y REVISTAS
Nuestro hermano, el periódico virtual SIGNO COMUNICACIÓN CATÓLICA, de la Diócesis de Posadas hizo una invitación masiva  a enviar información o textos de reflexión y de formación para su último número, cuya temática es: EL ESPÍRITU SANTO QUE LE DA VITALIDAD A LA IGLESIA. Pueden acceder a la información en
http://signo.obposadas.org.ar

 

Y ya que estamos hablando de periódicos, recomendamos calurosamente la lectura del clásico “Diálogos” del equipo de José Luis Pisano, que va por su número… ¡219! Puede bajarse su edición en formato pdf en http://periodicodialogo.blogspot.com.ar. A los que están cerca de la zona, el domingo 12 de mayo a las 19.30 Pisano presenta “Una azucena para Verónica”, en el Centro Cultural El Churqui en el centro de Moreno.

 

“Con los ojos de la fe encontramos a Jesucristo que vive entre nosotros… Que se hace presente para que cada lugar y cada vínculo sea signo de su presencia. Siempre es un desafío, siempre un oportunidad… Te compartimos nuestra Segunda Línea del mes de abril” …nos dice el equipo del IPA, Instituto Pastoral de la Adolescencia. Puede descargarse en http://www.ipa-delasalle.org.ar/revista/2linea_n25_abril.pdf

Jesucristo

JESUCRISTO. MONÓLOGO INSPIRADO EN TEXTOS DEL ANTIGUO Y DEL NUEVO TESTAMENTO
La Compañía “los del verso” presenta JESUCRISTO Monólogo inspirado en textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. En un momento histórico que invita a preguntarse por el sentido de la fe, regresa JESUCRISTO, la obra teatral. Auspicia el Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires en el Teatro La Comedia. Todos los sábados a las 20 horas. Fue nominada como Mejor Obra Para Un Solo Personaje – PREMIOS ACE 2011/2012. Escrita y dirigida por Mariano Moro con la actuación de Mariano Mazzei. Las funciones son los sábados a las 20 horas. El precio de las localidades es de $ 80.- En el Teatro La Comedia - Rodríguez Peña 1062 – 4815-5665

Mons. Mario Aurelio Poli

MONS. MARIO AURELIO POLI ELEGIDO ARZOBISPO DE BUENOS AIRES PRIMADO DE LA ARGENTINA
El presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica, el sábado 20 a las 16 en la Catedral Primada de la Argentina, en la Plaza de Mayo, comenzó su ministerio pastoral Mons. Poli, elegido por el Santo Padre Francisco para ser su sucesor en Buenos Aires.
Los obispos, como sucesores de los apóstoles, junto con el Sumo Pontífice y bajo su autoridad, con fe y esperanza, hemos aceptado la vocación de servir al Pueblo de Dios, conforme al corazón de Cristo Buen Pastor. Junto con todos los fieles y en virtud del bautismo, somos, ante todo, discípulos y miembros del Pueblo de Dios… Es como dice san Agustín: con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo.

CORREO DE LECTORES
 

Estimados ISCA:
Escribo desde México.
Mi esposa y yo hemos desde hace varios años atendido el llamado de Dios y hemos trabajado en un Apostolado, somos Catequistas Prematrimoniales. Actualmente estamos coordinando el primer retiro de Catequesis Prematrimonial en el Movimiento Apostólico de Schoenstatt, acá en México. Me gustaron los textos que el Papa Francisco envío a los catequistas de la arquidiócesis de Buenos Aires cuando era Mons. Jorge Bergoglio, se que tienen los textos completos en un documento y solicito amablemente me sean compartidos. Queremos leerlos con el equipo de Catequistas e inspirarnos con esos mensajes tan claros que el Papa Francisco sabe hacer llegar.
Saludos y Gracias de antemano.

Gerardo Oliver
(**Nota: los que quieran recibir nuestra compilación de textos del Arzobispo Bergoglio a los catequistas, pueden dirigirse a comunicandonos@isca.org.ar  Agradecemos los mensajes de María Verónica Martínez Carballo, Enrique Carlos Vitale y Silvia Verónica Percara)

 
 

Se está trabajando en Tandil, Diócesis de Azul con la publicación  para continuar en esta hermosa tarea de la evangelización. Felices Pascuas a todo nuestro grupo del II Senac.

 

Haydee Fernández

 

¡Hola a todos, Feliz Cincuentena Pascual!!!!!!!
Gracias por todo, bendiciones. 

Cristina

 
suscribir al comunicándonos
 
   
     

 

 

 
 
 
*********************************144

©2017 ISCA Instituto Superior de Catequesis Argentino.
Equipo ISCA | Venezuela 4145 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina
Tel. +54 (011) 4981-5384
Lunes y Miércoles de 10 a 12 hs. | Viernes de 16 a 18 hs.
Brindamos formación a distancia (cursos on line) a catequistas. Ofrecemos recursos catequéticos y espacios para compartir experiencias y continuar el desafío de una formación permanente. Cursos a distancia en línea - Cursos semi presenciales - Talleres en línea - Aula Abierta - Foro - Encuestas - Comunicándonos - Observatorio - Jornadas y Conferencias del ISCA - Javaiá - Publicaciones - Indice Temático - ISCA en Facebook - BLOG: Nosotros Catequistas - Libros ISCA - Documentos - Sitios recomendados - Biblioteca.