COMUNICANDONOS
Año 12 - Nº 156
Octubre 2014

 

MEMORIA EN OCTUBRE

Estamos cerrando el año y queremos hablar de sorpresas y bendiciones inesperadas. Octubre, ¿es muy temprano para hacer una evaluación del año? En el ISCA tenemos esa costumbre, porque en diciembre todos estamos demasiado cansados (y apremiados con los cierres) como para hacer buenos balances. Por eso, estos días fueron ocasión para repasar lo logrado.

 

Abrimos el año en febrero con la mirada puesta en nuestro Seminario Nacional de Catequesis y nuestros alumnos. En el camino, el horizonte se fue abriendo. Estos fueron meses de intensa actividad editorial. Presentamos el primero de nuestros cursos en tres fascículos, “El catequista habitado por Cristo”, “El catequista compañero de camino” y “El catequista miembro de la comunidad”, un aporte a la formación de Discípulos Misioneros editada por PPC. Además, en estos días llega a la librerías la colección de libros de catequesis para niños “Camino a Betania”,  que contó con la lectura crítica del ISCA y fue llevada a cabo con gracia y docencia por nuestros amigos de Edelvives.

 

A estas ediciones  sumamos la revista del SENAC y uno de sus frutos: el libro que recopila los aportes, llamado “El catequista, la catequesis y el kerigma a la luz de Evangelii Gaudium”.  Ésos son los frutos escritos, pero el SENAC continúa en cada uno de los participantes, en los grupos de pensamiento que se formaron y en la redacción del documento final, en este momento en preparación.

 

Pero no son sólo libros lo que nos sucedió en el año. Continuamos “haciendo cercano lo distante” con nuestros habituales cursos virtuales. En Argentina, el ISCA participó en el Encuentro Nacional de Directores de Catequesis. La presencia del ISCA, en Roma, en el Seminario de Estudio sobre la Catequesis en Estados Unidos, Latinoamérica y Brasil y la invitación del CELAM para pensar la catequesis de nuestro continente con otros catequetas latinoamericanos son recuerdos agradecidos. Éste fue un año en el que nos sentimos más vivos que nunca. Agradecemos a todos ustedes por acompañarnos, desde la colaboración, la escritura y la lectura. Que la Virgen -a quien saludamos especialmente cada 15 de agosto, fecha en la que celebramos el aniversario del ISCA virtual- nos siga acompañando.

 

El equipo del ISCA

comunicandonos@isca.org.ar

EL MISIONERO SIEMPRE REGRESA CON LAS MANOS LLENAS

Todos estamos llamados a esta nueva salida misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirán cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos estamos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.”1

 

Del 2 al 6 de octubre viajé a Chile para participar como expositor en el II Encuentro Arquidiocesano de Catequistas de Santiago, invitado por el Padre Jorge Barros, Director del Departamento de Catequesis. Como suele ocurrir, ante este tipo de invitaciones, me sentí dispuesto a dar, a llevar, a entregar. Preparé la exposición y viajé con las manos y el corazón llenos de propuestas para ofrecer. Un poco como cuando éramos jóvenes y nos preparábamos para salir con el grupo misionero.

 

Me encontré con una Iglesia comprometida y vital que asumió la propuesta de la Misión Continental de los Obispos Latinoamericanos y el llamado misionero de Francisco. Toda la Iglesia de Chile, después de Aparecida, recorrió una etapa de sensibilización y de profundización y en 2011 comenzó la misión joven. Durante 2014 se lanzó la misión territorial, buscando llegar a las periferias de la cultura actual, donde no llega la Palabra de Dios. Se reservaron espacios privilegiados para los catequistas que vivieron su semana durante el mes de mayo, con el lema “El catequista en misión. Escucha, anuncia y sirve”. Octubre es el mes de la familia y se la convocó con este lema “Familia cristiana, misionera en la vida de cada día”.

 

La Junta Arquidiocesana de Catequesis, el Obispo, el Coordinador del Consejo de Pastoral, los sacerdotes, laicos y religiosas que conocí, todos a la escucha del mismo llamado misionero. El día del Encuentro Arquidiocesano más de dos mil catequistas expresaron, con su presencia festiva y su receptividad, su compromiso con la misión en la escucha, el anuncio y el servicio.


Me sentí misionero entre hermanos misioneros que me dieron testimonio de alegría y de confianza. Y no volví con las manos vacías. Me entregaron subsidios, estampas, trípticos elaborados a nivel parroquial, arquidiocesano y nacional, con ocasión de la misión territorial. Pero, sobre todo, me llenaron el corazón de esperanza. Y como siempre nos pasa, cuando volvemos de una misión, esta vez también puedo afirmar que es mucho más lo que recibí que aquello que llevé.

 

“A los que se sienten acobardados y lamentan otros tiempos donde todo parecía mejor, a los que se sienten como abandonados de Dios porque esto está muy cambiado y parece que Dios no tiene sitio en nuestra sociedad, a éstos y a todos los demás, hay que anunciarles: que el Dios de la Biblia está vivo, que el Dios de Jesús sigue vivo, que el Hijo de Dios no ha desaparecido de nuestras ciudades... ”2

 

Pbro. José Luis Quijano

1. Cfr. EG 20
2. Álvaro Ginel , Contra toda esperanza en www.pastoraljesuitas.org,  2006
EDUCAR LA RESPUESTA DE LA FE

Por Luciano Meddi | Pontificia Universidad Urbaniana

 

La catequesis se halla en búsqueda de una identidad propia dentro de la misión de la Iglesia y sobre todo en los contextos de Nueva Evangelización. He llegado a la conclusión de que su tarea prioritaria -aunque no la única- es la de favorecer la acogida de la propuesta cristiana a partir de los dinamismos culturales propios de las personas y de los grupos humanos.

 

La expresión receptio debe ser entendida en esta perspectiva. Aunque es un concepto teológico, es válido para expresar el completo proceso intrapsíquico e intracultural a través del cual la persona se construye a sí misma. Proceso cultural que viene a ser condición o camino pastoral en un contexto de libre apropiación de la experiencia religiosa. Esta debe entenderse como modo de completar la acción evangelizadora de la traditio y, precisamente por ello, es la condición de una auténtica redditio que es la finalidad del proceso catecumenal.

 

Esta reflexión  tiene como objetivo recordar/ profundizar de qué forma la autoconciencia eclesial del siglo XX ha modificado la tarea de la catequesis, desplazando el acento de la transmisión y defensa de la doctrina al de sostener la acogida del mensaje y su traducción en la vida diaria. Y lo ha hecho, desde los años ’30 del siglo XX, por motivos misioneros. Es, por tanto, una reflexión en defensa de esta innovación.

 

Este desplazamiento –que ya es compartido por el Magisterio y por los autores– es de hecho sometido continuamente a discusión. Unas veces a causa de  una preocupación equivocada por la necesidad del anuncio (quizá insistiendo en una vuelta a la primacía de la fuente teológico-magisterial). Un anuncio que privilegia la vuelta, también de la catequesis, a la función de traditio. Pero mucho más por la sensación de “trabajo incompleto”, de falta de operatividad de las intuiciones catequéticas innovadoras; dificultades de realización que llevan a muchos agentes pastorales y teólogos a dejar de investigar cómo acoge la persona la propuesta cristiana y a volver a una más tranquila visión de la catequesis como problema de comunicación.

 

El núcleo de esta reflexión será el desarrollo de la tesis catequética según la cual la finalidad, y, por tanto, la identidad de la catequesis es el sostenimiento de la tarea que debe llevar a cabo el destinatario. La Iglesia es la que anuncia, pero, sin embargo, es la persona  la que está llamada a adherirse al mensaje y a transformarlo en expresión del propio recorrido vital. Como escribió Juan Pablo II, debemos tomar conciencia de que «el hombre…es el primero y fundamental camino de la Iglesia» (Redemptor Hominis, n. 14).

 

Esta reflexión se relaciona con otras que en estos años me han permitido avanzar en mi pensamiento y que han encontrado ya espacio en varias publicaciones a las que haré continuamente referencia.

 

1. Dos premisas de contexto

La siguiente reflexión se refiere a una investigación que tiene ya casi cien años de historia. Reflexión que se sitúa sin embargo en un contexto eclesial muy preciso que se resume en la expresión ya adquirida de Nueva Evangelización. Aunque la expresión, nacida para orientar, parece crear más bien incertidumbres y pluralidad de interpretaciones. Pero, sobre todo: ¿qué pretende la catequesis en una perspectiva de NE?

 

1.1. El malestar de la catequesis. ¿Catequesis bajo investigación?

Han hecho mucho ruido algunas afirmaciones  que fueron pronunciadas a lo largo del Sínodo para la Nueva Evangelización (octubre 2012) con respecto a la catequesis. Ha sido “acusada” de haber contribuido a la deriva formativa de «enteras generaciones [que] se han apartado de los sistemas de sostenimiento que facilitaban la transmisión de la fe». La catequesis de los años ’70 y ’80 que, según el Relator, fue una catequesis verdaderamente escasa o incompleta en muchos niveles de instrucción, fue la época de la catequesis antropológica y/o de la experiencia. También en el reciente Congreso internacional de Roma  la catequesis –o al menos una cierta catequesis- parecía estar sentada en el “banquillo de los acusados”.

Estas afirmaciones cuestionan la reflexión catequética no tanto en el plano de lo vivido –de hecho no se puede ignorar la realidad de prácticas catequéticas demasiado simplistas- cuanto en el plano de la autocomprensión profunda. Se trata, efectivamente, de comprender y valorar si el trend catequético del siglo XX de ser mantenido o abandonado.

 

El recorrido completo de la renovación catequética del siglo XX, al mismo tiempo que de otras renovaciones teológicas, ha caminado en la dirección de un reequilibrio entre el servicio a la fides quae y a la fides qua y, por tanto, de la dimensión personal de la fe. Es un dato de hecho que la misión está reconsiderando el papel de la persona en su práctica. En último análisis, se trata de profundizar en la oportunidad misionera de la expresión de Juan Pablo II antes citada.

 

En verdad, mientras la cultura y la comunicación están ya reconocidas como vías a través de las cuales viaja y se comprende el evangelio, sigue costando trabajo considerar a la persona y sus dinamismos como sujeto principal, y no solo destinatario, tanto del anuncio como de la conversión y del crecimiento en la fe.

 

La expresión receptio fidei ilumina acertadamente la dirección que se pretende proponer. Se refiere no tanto al tema del primer anuncio o evangelización, cuanto al recorrido de acompañamiento que va de  la primera acogida al crecimiento de la experiencia cristiana. Además esta expresión, que nunca deberá disociarse de los términos traditio y redditio, pone en evidencia que se quiere estudiar la finalidad de la fe desde el punto de vista de la libre adhesión de los destinatarios que –debe aclararse- son los verdaderos sujetos de la decisión por la fe. Una libertad de decisión que en la cultura contemporánea está muy viva y que representa el verdadero camino de la evangelización.

 

La catequesis –según nuestra opinión- debe profundizar en lo que ayuda a la persona a ser sujeto de la apropiación e interiorización del mensaje, de tal manera que la catequesis salga definitivamente de los equívocos generados por el catecumenado social o socialización religiosa. Este recorrido, que propiamente es la tarea de la catequesis en cuanto mistagogía, deberá ser repensado dentro del proceso iniciático y formativo.

 

1.2. Las tareas de la Nueva Evangelización

La segunda clarificación se refiere al modo de entender la NE. Ciertamente, la identificación de las tareas de la catequesis deriva de la naturaleza teológica de la misión y de la NE. Pero existen muchas interpretaciones de la NE. El debate sobre la naturaleza de la NE surgió inmediatamente después del lanzamiento programático de Juan Pablo II ya a finales de los años ‘70  entre aquellos que entendían lo nuevo de la expresión en orden a la comunicación de la fe (y, por tanto, una acción hermenéutica) y los que subrayaban los temas del ardor y de los sujetos evangelizadores (y, por tanto, una novedad de método).

 

Dentro de la discusión, deben afrontarse temas decisivos sobre el valor de la cultura, de la secularización/secularismo, de la libertad de investigación, del valor absoluto de la verdad, de la relación entre definiciones de fe y formas culturales. De hecho, todo esto lleva a dos planteamientos de fondo. Uno que desea explorar nuevas formas comunicativas valorando las raíces culturales de nuestro tiempo, y otro que prefiere defender y explicar mejor el patrimonio tradicional de la transmisión de la fe.

 

En esta segunda perspectiva, la catequesis se define como mediación comunicativa de la tradición y se preocupa sobre todo de la comprensión y acogida de la fides quae. La catequesis de NE será una catequesis apologética. 

 

Por el contrario, según nuestra experiencia, la NE como cuestión lleva a pensar antes que nada en la escasa calidad de los procesos formativos dentro de las comunidades cristianas. Un correcto análisis de la situación de la religión  en un contexto de secularización lleva a concluir que el objetivo principal de la NE deberá ser la interiorización del proceso de la fe. Si es cierto que la NE afronta la «crisis del cristianismo occidental» como abandono de la cultura cristiana y crisis de la transmisión de la fe, es también cierto que este no es el escenario más común en los países de antigua y nueva cristiandad. En muchos contextos, el cristianismo está bien arraigado y también quien lo rechaza lo hace después de haberlo conocido y haberse encontrado con él en las prácticas parroquiales. De ahí que la NE deba caracterizarse sobre todo por la renovación interna de las comunidades, para que no se tenga que recuperar después lo que hemos encontrado antes y no nos ha convencido.

 

2. La tarea de educar la fe. Del tradere al recipere

La hipótesis de continuar definiendo la tarea de la catequesis en torno a la receptio está realmente reclamada por la misma evolución del pensamiento catequético del siglo XX. Igual que para otras expresiones de la autocomprensión misionera de la Iglesia, también el término receptio, que puede sonar como una innovación reciente, hunde sus raíces en el camino de renovación de la comprensión de la vida cristiana. Una renovación que no es fruto del capricho, sino de la valoración teológicamente positiva del complejo fenómeno de la modernidad.

 

Los pasos  de esta progresiva evolución pueden describirse así: En primer lugar, se puso la atención en la relación entre el mensaje (en aquel tiempo era la doctrina) y las capacidades de comprensión de la persona; después, la práctica misionera consideró oportuno vincular el mensaje con las experiencias de vida, tanto en la perspectiva de las cuestiones de sentido, como en la de las necesidades de la vida cuotidiana. Después se puso el acento en la relación entre el acto de fe y la psicología de los comportamientos religiosos. Esta investigación evidenció la gradualidad de la progresión en la asimilación de la fe, pero también la naturaleza psíquica de los bloqueos y las dificultades. Se optó, entonces, por una pedagogía de la fe como construcción de aquellas actitudes humanas que permiten la acogida del mensaje.

 

2.1. La contribución de la catequesis a la NE

El paso progresivo de la visión de la catequesis centrada sobre el objetivo de la fides quae entendido como finalidad, contenido y forma pedagógica al del objetivo de la receptio fidei fue dándose progresivamente a lo largo del todo el tiempo de la modernidad. Puede afirmarse que se vuelve a plantear,  en clave pastoral la crisis vivida a nivel teológico y cultural.

En la segunda mitad del siglo XIX se acentuó el enfrentamiento a la cultura moderna (el Sillabo es de 1864), que desembocó en la persecución modernista de comienzos del siglo XX y en las encíclicas de Pío X. La catequesis venía a ser instrumento privilegiado para defender la doctrina de la fe a través de sus instrumentos de transmisión del mensaje. Como testimonio de esta situación debemos recordar el continuado reclamo de un catecismo único, que encontró también un lugar en el Concilio Vaticano I. Su orientación doctrinal fue confirmada e incluso reforzada en la Carta Encíclica Acerbo nimis de Pio X.

 

Pero justamente al finalizar esta laboriosa etapa de contraposición, se dio una revalorización progresiva del proceso innovador de toda la reflexión teológica. En el ámbito catequético, el comienzo del cambio vino con la consideración de la finalidad de la catequesis como soporte del acto de fe. Podría afirmarse que la realización de esta investigación renovadora llevada a cabo por el Magisterio sobre la identidad de la catequesis alcanza su culmen con las reflexiones hechas por Pío XII en algunos de sus radiomensajes  en los que se constata claramente que el papa es consciente de que no es suficiente la exposición de la doctrina, ya que el apostolado catequístico se orienta a la educación del acto de fe o mejor aún a la «unión indisoluble de la religión y la vida». En último término, por tanto, la reflexión eclesial y magisterial acerca de la identidad de la catequesis y su posicionamiento dentro de la acción pastoral en el período que va desde el concilio de Trento hasta el Vaticano II es menos compacta y monolítica de lo que se pretenda afirmar.

 

Esta renovación de la catequesis en la perspectiva del acto de fe y, por tanto, misionera, fue querida por el Movimiento Catequético. El conjunto de la renovación tuvo diversas matrices y dimensiones y llegó bajo la presión de diversos factores. Un empuje vino de las demandas de la teología de la revelación a partir de las perspectivas abiertas por K. Barth. Pero no tuvo menor importancia el factor misionero y finalmente la necesidad y la oportunidad de dialogar con las ciencias humanas: la pedagogía, la psicología y la naciente psicología de la religión. En el ámbito catequético las presiones teológicas y culturales provocaron un progresivo repensamiento de las finalidades y las tareas de la catequesis. Estas reflexiones confluyeron en las «Semanas catequísticas»  nacidas después del primer Congreso Internacional de Roma (1950).

 

La primera parte de la renovación es conocida con el nombre de “giro kerigmático”. En el ámbito catequético, el planteamiento es establecido por J. Jungmann, para el cual se trata de desplazar el acento de la cuestión del dogma a la «predicación de la misma fe, o sea, una exposición clara y eficaz del mensaje que Cristo nos ha confiado». Este planteamiento puede ser definido como avance de la cuestión actual de la inculturación de los contenidos de la catequesis. En segundo lugar debe recordarse la influencia que tuvo la teología renovada del acto de fe y de la experiencia cristiana, sobre todo a través de las investigaciones de Aubert y Mouroux , los cuales insisten en la interpretación de la fe no solo como adhesión intelectual a las verdades reveladas, sino sobre todo como adhesión de la globalidad de la persona a lo divino y como dimensión capaz de unificar la personalidad entera.

 

Una instancia de renovación de la definición de catequesis procede del problema pastoral y misionero. Se buscaba antes que nada una práctica de catequesis que sostuviera adecuadamente la necesidad misionera de las iglesias europeas. Debe recordarse sobre todo la reflexión francesa que culminó en el Directorio de 1964. El contexto es el de la Misión de Francia y la finalidad señalada a la catequesis es la de «hacer crecer la vida de fe a través del conocimiento de la palabra de Dios» (III, 12).

 

La instancia misionera de la renovación de la catequesis vino de la renovación misionera. Ya sea en la Semana Catequística de Anvers, en la que se desarrollaron los temas de la fe como finalidad de la catequesis y del mensaje bíblico y la historia de la salvación como contenido de la catequesis, como en la de Eichstätt (1960. En esta, cuyo animador fue H. Hofinger, se acentuó la idea de catequesis como iniciación progresiva al misterio de Cristo a través de la historia, la liturgia, la doctrina y la vida y también la renovación del catecumenado. A este autor se debe una primera reflexión seria sobre la relación entre mensaje y destinatario.

 

Una tercera perspectiva se sitúa en la superación de la catequesis kerigmática en nombre de las mismas exigencias misioneras. En la Semana de Bangkok  se introdujo la necesidad de una catequesis antropológica y de un momento específico de la pastoral (catequética) llamado “pre-evangelización”. Se pidió ir más allá de la metodología  de la adaptación y caminar hacia una progresiva encarnación del mensaje en las diversas culturas. Estas ideas coincidían en el tiempo con el “giro antropológico” y la catequesis antropológico-experiencial que se afirmó sobre todo con el documento catequético holandés de 1964  (y el famoso catecismo holandés de 1966) que lanzó la definición de catequesis como «iluminación de la existencia humana por medio de la Palabra de Dios».

 

Una cuarta perspectiva se abrió camino varios años después con la acentuación de la dimensión político-liberadora de la catequesis hecha por la Semana de Medellín y después en la Conferencia homónima de los Obispos sudamericanos (1968)  orientada a desarrollar una catequesis plenamente vinculada con las instancias y situaciones históricas y las aspiraciones profundas del hombre contemporáneo (Medellín 8, II. 4 y 8. II. 6). En este contexto se acuñó también la expresión «catequesis evangelizadora» (Medellín 8. I).

 

2.2. Lugares decisivos: CD 14, AG 14 y EN 44

El Vaticano II (1962-1965) vuelve a asumir todo el proceso de renovación de las finalidades del movimiento catequético del siglo XX. El texto más significativo es Christus Dominus 14. Hablando del deber de los obispos hacia la comunidad diocesana se menciona la catequesis. La finalidad de la acción catequética –se dice- supera la simple perspectiva de la doctrina cristiana para definirse mejor como educación de la vida cristiana («hacerla consciente y activa»), y afirmando que la fe puede ser pensada en términos evolutivos y, por tanto, educables («reavivar»). Mantiene además que este objetivo se alcanza garantizando una adecuada instrucción catequética que esté vinculada con las ciencias pedagógicas. Subraya la necesidad de que haya una referencia a las capacidades receptivas de los destinatarios, a su vida, a la cultura y más ampliamente a la vida diaria; invita, además, a seleccionar un método apropiado. Por tanto, una visión dinámica de la respuesta de fe.

 

El texto no ofrece indicaciones claras para llevar a cabo esta relación. Subraya la preocupación por renovar el modo de presentar el mensaje de la Iglesia. Se invita expresamente a conjugar el mensaje evangélico con las situaciones vitales dando así a entender la necesidad de una catequesis capaz de conjugar fe y vida (antropológica). El texto, además, hace suyas las principales adquisiciones del movimiento catequético tendentes a la recuperación de la pluralidad de fuentes así como de las indicaciones de la psicología y la pedagogía.

 

Un segundo texto de indudable valor para la catequesis se encuentra en Ad Gentes 14. El texto afirma la necesidad de recuperar el catecumenado como forma de educación para la iniciación cristiana. Catecumenado que «no es una simple exposición de verdades dogmáticas y de normas morales; constituye, debidamente prolongado en el tiempo, una formación a la vida cristiana integral, en la que precisamente los discípulos quedan vinculados con Cristo, su maestro».

 

Ambos textos son citados a menudo de forma apresurada. Una lectura atenta pone en evidencia la cuestión de fondo. CD 14 desplaza el acento de la doctrina a la fe que es entendida como adhesión y como acción. Más exactamente debería decirse que CD 14 introduce el tema de la catequesis como formación a la vida cristiana. Este planteamiento es, sin duda, de Nueva Evangelización. Los intentos actuales de separar las dos dimensiones para atribuir a la catequesis solamente la adhesión, el encuentro, la comunión con Cristo, sin poner atención en la cuestión de la formación de la respuesta y de la vida cristiana, son simplificaciones inadecuadas para afrontar la NE. Sin embargo, hay que señalar también la aporía fundamental del texto que mantiene que es posible reavivar y hacer activa la fe con un planteamiento de comunicación de verdades o de mensaje. Según mi opinión, aquí está la raíz del «bloqueo epistemológico» de la catequesis misma. En esta perspectiva, Evangelii nuntiandi (Pablo VI, 1975), en el número 44, define a la catequesis como camino de la evangelización, que tiene como finalidad crear hábitos de fe a través de una adecuada instrucción, cuyos «métodos deberán estar adaptados a la edad, a la cultura, a la capacidad de las personas, en un intento permanente de fijar en la memoria, en la inteligencia y en el corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la vida entera». Se hace eco de la contradicción entre finalidad y prevalencia de la transmisión ya mencionada en CD 14, pero es evidente que no se pone el acento en los medios sino en el fin que es la construcción de los elementos estables de la personalidad, elementos que identifica con el término tomista hábitos. El texto continúa afirmando que la evangelización planteada de esta forma será altamente provechosa. No es lícito, por tanto, utilizar estos textos para reforzar la dimensión doctrinal en la catequesis de la NE .

 

2.3. Innovaciones y resistencias

Con esto no ocultamos la dificultad que ha encontrado la Catequética cuando  ha propuesto un reequilibrio entre acción magisterial y aprendizaje del sujeto. Esta situación se ha vivido al menos en tres ocasiones. En la época de la introducción del «método de Munich»  (cuya «apertura decidida al mundo y disponibilidad para interactuar con la psicología y la pedagogía contemporánea deben considerarse méritos permanentes» ) en los comienzos del siglo XX. El «método de Munich» (1905), por obra de los catequetas Ziller, Willmann, Gottler, Stieglitz, se desarrolló como aplicación a la catequesis de los métodos pedagógicos de la intuición, de modo que el mensaje catequético fuera propuesto según los grados formales del aprendizaje del niño. El método, en efecto, tiene sus orígenes en las investigaciones didácticas de E. Pestalozzi (1746-1827), F. Frobel (1782-1852) y de la pedagogía psicológica de J.F. Herbart (1776-1841).

 

Un segundo intento tuvo lugar en el tiempo de la reformulación de la catequesis según los métodos activos de las nuevas escuelas. M. Fargues y E. Derkenne divulgaron en Francia entre  los años 1935-1956 los principios y las aplicaciones prácticas del activismo catequético. En Italia fue divulgado y defendido por G. Nosengo, M. Casotti, R. Agazzi, S. Riva. En esta perspectiva «la investigación metodológica activa se desarrolla en torno a dos polos: el polo de las experiencias típicas que corresponden a las diversas edades del alumno, y el polo de la capacidad de comprensión de conceptos abstractos […] Tales investigaciones permitían imaginar un cuadro de las capacidades intelectuales según los niveles de edad, y, por ello, verificar cuáles eran las nociones religiosas compatibles». El método que se deriva de esto no apunta tanto a la transmisión de información como cuanto a la ayuda que se ofrece al alumno  para que reconstruya él mismo (el término usado por Nosengo es: rehaga) el recorrido de la ciencia. Los «métodos activos» desarrollaron el trabajo de grupo, la manipulación de materiales, el curso por objetivos.

 

El debate fue muy encendido porque se advertía que los nuevos métodos sometían a discusión, cuando eran aplicados a la pedagogía catequética, la primacía del dogma y de la acción magisterial. La cuestión se resolvió brillantemente con la introducción del «cristocentrismo didáctico» junto a la reafirmación de la primacía de la doctrina, a lo que contribuyó no poco el catequeta de la Universidad Urbaniana G. Nosengo.

 

Un tercer intento se tuvo con el tema del catecismo progresivo de J. Colomb . En la sección de su Catequética dedicada  a la fidelidad al hombre, había afirmado que «la catequesis, para ser fiel a uno de sus principios esenciales, debe expresarse de manera que pueda ser acogida por el hombre: es decir, debe respetar las estructuras y los modos de pensar del  hombre y responder a sus expectativas y a sus necesidades espirituales»; define además el programa progresivo como «aquel que presenta el objeto a conocer teniendo en cuenta las “tendencias” o intereses y las estructuras mentales del oyente . Con estas afirmaciones, él intentaba superar el modelo cíclico que repetía para cada edad escolar los elementos esenciales de la fe (los cuatro pilares de Trento repensados en la lógica de la catequesis en forma de verdadera enseñanza escolar). Afirma también que debe ser superado porque este tipo de catequesis se lleva  a cabo «sin atender las necesidades ni los modos de pensar de los oyentes, el acto de aceptación, el acto de conocimiento». Plantea, por lo tanto, un modelo diferente organizado sobre la «progresión de la comprensión de la fe». La motivación de fondo es que esta línea es «una simple aplicación de la ley de la encarnación», que se deriva de la misma historia de la revelación. Nótese, sin embargo, que permanece la primacía de la transmisión y el uso de los dinamismos de la persona para comprender mejor.

 

A estas ocasiones debe añadirse la vicisitud –gestionada de forma más subterránea- vinculada con la publicación del Directorio Catequístico General de 1971. Hay que reconocer al Directorio el mérito de haber introducido algunas expresiones decisivas: la revelación es entendida como vía para comprender el proyecto de Dios en la historia, por lo que la catequesis es un elemento específico de la pastoral profética y tiene como meta la madurez de la fe de las comunidades y de cada persona (n. 21). Esta fórmula no fue recibida plenamente en la catequesis posterior y, a veces, fue incluso retorcida. Ya que la inserción de la expresión «madurez de fe»  conllevaría la plena introducción del lenguaje de la psicopedagogía con consecuencias decisivas para el repensamiento del itinerario catequético.

 

Y, sin embargo, igual que sucede con otros documentos  y autores, no llega a plantear un modelo práctico de catequesis capaz de traducir eficazmente la finalidad indicada. Se limita a ofrecer la vía de la vertiente catequética de las edades evolutivas del aprendizaje, manteniéndose así como una catequesis de conocimiento adaptada a los destinatarios y no como un lugar de formación y aprendizaje de la vida cristiana. La puesta en acto de la fe sigue siendo tarea del destinatario; además, su cultura (es decir, los instrumentos propios de la construcción del yo) no es valorada en el proceso de conversión.

 

Pero debe indicarse que esta opción pos-conciliar –aunque limitada- que tendía a superar una parte del cognitivismo catequético (el reductivismo doctrinal) fue bloqueada por una involución del magisterio. A este respecto, es expresiva la modificación que planteó CT en 1979, para la cual la catequesis conserva la finalidad de la madurez de fe del discípulo, aunque a través de la presentación orgánica de la doctrina. Se reduce, por tanto, la importancia de la renovación de las fuentes y el aspecto psico-social de la formación cristiana. De nuevo es pensada la catequesis como aplicación de la teología dogmática. Estas indicaciones, unidas a las dificultades manifestadas por algunos obispos en el Sínodo de 1977, a las intervenciones de J. Ratzinger en Lyon y París en 1983, a la decisión del Sínodo Extraordinario de solicitar un Catecismo o Compendio de la fe (1985), al largo y dificultoso trabajo de redacción del CEC (1986-1992) han llevado a una reconsideración del camino a seguir en la formación de los bautizados. 

 

Hay que reconocer que esta involución no niega  la validez de la reforma de las finalidades, pero las tiene en cuenta como consecuencias de una ortodoxia comunicativa, pidiendo a la catequesis que vuelva a la primacía de la doctrina.

 

2.4. La aportación del Directorio General para la Catequesis

El DGC 1997  no utiliza nunca la expresión ‘recepción’, pero se detiene largamente sobre el tema de la inculturación de la fe. El DGC 1997 sitúa el tema de la inculturación en dos ámbitos: en el aspecto de la definición de la catequesis y de su papel en la misión de la Iglesia, y en el de la parte más propiamente metodológica. Otros documentos, por ejemplo, CT, se limitaban al aspecto del método. En este contexto, la inculturación es planteada principalmente en términos de interiorización del mensaje y de integración en la estructura de la personalidad para que llegue a ser un factor  dinámico de la persona (“Parte IV”, c. V: Catequesis en el contexto socio-cultural).

 

Considero muy significativa la inserción del número 204 que indica una progresión (escuchar, discernir, purificar, suscitar actitudes) que contiene en sí diversas acciones pedagógicas. Estas afirmaciones se integran con las palabras de la segunda parte del número 205 que retoma el tema de la asimilación profunda, o sea, del gran tema de la metodología catequética contemporánea de la integración fe-vida.

 

Sin embargo, ha de ser considerada como correcta aquella catequesis que no sólo logra la asimilación intelectual del contenido de la fe, sino que alcanza al corazón y transforma la conducta. Si es así, la catequesis genera un modo de vida dinámico y unificado por la fe, establece la unión entre la fe y la vida, entre el mensaje cristiano y el contexto cultural, y produce frutos de santidad.

 

El Directorio 1997 afirma que es necesaria una catequesis que no se preocupe solamente de la comprensión y asimilación intelectual, sino que alcance el corazón, esto es, que guíe la conducta. Esto es lo que afirma el número 207 (Formas y vías privilegiadas). Se entiende aquí la inculturación como proceso que acompaña a la persona y no solo como hecho cultural (de las diferentes expresiones conceptuales). Se recuerda sobre todo que la edad propia para este proceso es la juventud y la edad adulta. Indirectamente se afronta la tarea de la transmisión de la socialización religiosa de los pequeños y se habla de inculturación como del proceso de interiorización de la fe en la persona. Este tema (ya presente en el DCG 1971, 21; CT 18-20) hace referencia a la madurez de fe y al desarrollo de la actitud religiosa propia de la persona.

 

No es de menos importancia el número 208, que se refiere al tema de la relación entre catequesis y lenguaje. Aquí la inculturación es contemplada en el interior de dos grandes ámbitos: la educación de la fe y la comprensión del lenguaje propio de la fe. Esto manifiesta una preocupación educativa, porque la inculturación es entendida como problema que está ligado con la asimilación profunda del mensaje de tal forma que venga a ser el principio inspirador de la conducta humana. Esto sucede a través de la lectura significativa de los lenguajes de la fe y la acogida de la cultura local. Los lenguajes de la fe, sin embargo, deben ser comprendidos para ser acogidos; por ello será necesario volver una vez más sobre la cuestión tan discutida de la necesaria hermenéutica de los textos (fuentes) y de las fórmulas.

 

2.5. Nuevos caminos

La publicación renovada del Directorio no fue solo ocasión para volver a introducir la primacía de la doctrina con respecto a las otras fuentes de la comunicación del mensaje (cf. Parte segunda). Fue también ocasión para una readecuación global del servicio de la catequesis. Este es concebido dentro del proceso misionero y pastoral completo, es identificado como momento formativo (aunque también abierto al servicio del primer anuncio-evangelización, al momento de la iniciación cristiana y a la instrucción religiosa en las escuelas), hace de la cultura un camino formativo, se vincula con las etapas psicosociales del desarrollo humano. El texto tuvo una acogida decidida y positiva, motivada quizás por el malestar que creó la situación que provocó la vuelta de la «dimensión veritativa» del CEC. Una acogida que ha dejado en la sombra los límites estructurales del proyecto.

 

La nueva consideración de la competencia de la catequesis ha liberado un gran florecimiento de propuestas que podemos llamar genéricamente de «catequesis misionera»

 

Particularmente, el momento actual ve a la catequesis ocupada en el desarrollo del modelo pastoral catecumenal reintroducido -aunque olvidado-, por el RICA  (1972). Este documento requiere, para la iniciación cristiana y para toda la pastoral una reorganización según las cuatro dimensiones: evangelización, formación catecumenal, celebración, mistagogía. La catequesis se concibe, por tanto, en la vertiente del «primer anuncio» y de las reformulaciones del proceso de iniciación cristiana. Esta necesidad misionera se ha vinculado con el empuje hacia la NE y ha dado lugar a una serie de interesantes «catequesis del genitivo».

 

La reformulación del catecumenado había nacido antes en ambiente español con la reflexión de C. Floristán y la práctica de algunos movimientos. El habla el catecumenado como equivalente  a un modelo para la reevangelización o segunda evangelización  de los adultos: «la segunda evangelización es, por tanto, acción misionera de la Iglesia en los países de cristiandad, en relación con los bautizados que viven al margen de la vida cristiana, o poseen una fe más o menos vaga, sin fundamento…o con unos fundamentos inadecuados (creencias infantiles o mágicas)».

 

En esta perspectiva se mueven la experiencia de H. Bourgeois y la reflexión del Grupo Europeo del Catecumenado  que añade a la perspectiva catecumenal la iniciática, creando el convencimiento de que ambas cuestiones están vinculadas entre sí. En realidad, la finalidad de la iniciación cristiana (y ahora de la nueva evangelización) puede ser intentada con modalidades diferentes. Describiendo la práctica catecumenal, Bourgeois subraya la relación entre Palabra de Dios y antropología, aunque limitándose al análisis de las situaciones culturales. Describe la dimensión interior de la propuesta de la fe, aunque analizando la fenomenología de la respuesta partiendo de las categorías teológicas. Por tanto, la transformación o adhesión es considerada principalmente como consecuencia de la acción sacramental.

 

La perspectiva comunicativa vinculada a A. Fossion  se propone reconsiderar al destinatario como sujeto libre de la adhesión a la fe y al necesario repensamiento o inculturación del proceso formativo que debe asumir el aprendizaje a partir de la conciencia de las representaciones personales. Él piensa que el catecumenado es un lugar decisivo para la renovación catequética  si se entiende como «maduración libre del deseo de llegar a ser cristiano», que supere el modelo de la catequesis obligatoria  para los sacramentos en una determinada edad, y que deje espacio para la dinámica de maduración del deseo, es decir «que abra un espacio en el que el deseo de llegar a ser cristiano pueda nacer, crecer y afirmarse» (255-256).

En esta perspectiva, el itinerario catequético reclama un replanteamiento  de la acción catequética para que sea «liberada  de los vínculos organizativos de la catequesis tridentina y también de los del DCG 1971 (la catequesis por edades evolutivas). Se pretende una «catequesis como camino»  o, con una fórmula bastante más significativa, «catequesis como generación del acto de fe y de la asunción de estilos de vida cristiana» .

 

2.6. En el corazón del problema: la persona ¿sólo destinataria?

He dado a entender mi punto de vista a lo largo de la exposición de la reflexión histórica. Ahora intento dar una valoración más orgánica; valoración que no quiere en absoluto olvidar cuán deudores somos de la evolución y también de la involución del camino que han hecho las iglesias, los investigadores y los agentes pastorales.

 

2.6.1. La permanencia del tradere en la renovación catequética posconciliar

El cambio de objetivo planteado por la renovación catequética y aceptado por el Vaticano II, centrado en el estudio de las condiciones del acto de fe y del ejercicio de la vida cristiana, no se ha traducido en un repensamiento radical de la práctica catequética. Cuando se lee el conjunto de los textos y de las propuestas, se continúa pensando la catequesis a partir de la tarea de transmitir algo. La catequesis no se hace cargo de sostener la asimilación ni la reformulación de la experiencia de fe (¡receptio!). Los nuevos objetivos no inciden sobre la reformulación pedagógica del acto catequético que continúa siendo un proceso comunicativo.

En CD 14 el límite o la contradicción se manifiesta en el hecho de que el acto de fe y la vida cristiana son confiados a la persona; son pensados como consecuencia del anuncio del evangelio. Tampoco la importante opción del DCG 1971 de introducir como finalidad la madurez de fe de las comunidades y de las personas incide en la parte propositiva del documento. Es verdad que esta asume la opción de organizar la catequesis con vistas a las edades evolutivas de la persona, aunque limitándose a la dimensión cognoscitiva. Se mantiene, por tanto, como una progresión psicológica. Un límite a la relación entre fe y persona puede encontrarse también en las reflexiones catequéticas que se construyen sobre el paradigma comunicativo, bien sea cuando este es entendido en perspectiva semántica y, por tanto, cultural (perspectiva que conduce a la preciosa catequesis inculturada), bien en la perspectiva de la reformulación del acto catequético según las mediaciones del proceso comunicativo. Son planteamientos valiosos, pero insisten en la comunicación del mensaje, que clarifican las condiciones de una auténtica escucha, pero no se preocupan de reflexionar sobre el proceso comunicativo dentro de la persona.

 

Por lo demás, espero que no aparezca excesiva esta crítica al movimiento de renovación catequética centrado en unas nuevas formas de anuncio kerigmático. Tales investigaciones son de gran valor, -a partir de la catequesis evangelizadora, pasando por las diversas experiencias de NE, propias de los movimientos y asociaciones y por autores que se muestran muy atentos a la cuestión de la recuperación de la práctica misionera de la evangelización según la fórmula del Primer Anuncio-; esta línea catequética reflexiona solo sobre la cuestión del acto de fe como adhesión y consentimiento, por tanto, sobre la representación de la catequesis como servicio al anuncio del mensaje. Paradójicamente también puede encontrarse este riesgo  en las traducciones prácticas de propuestas catequéticas muy innovadoras, como la de la pastoral generativa, investigación verdaderamente valiosa, pero preocupada por descubrir nuevos caminos para el asentimiento de la fe.

 

2.6.2. La persona ¿sólo destinataria?

Mi crítica no se refiere a la valía de muchas investigaciones. Estas muestran su valor por sí mismas. Sino sobre el hecho de que una reflexión catequética  debe profundizar también sobre el momento de la respuesta y la capacitación para vivir la vida cristiana. Esta tarea no aparece estudiada, por lo que queda a la espontaneidad de la persona, mientras la catequesis debería hacerse cargo precisamente de esta dimensión de la fides qua (y de la fides ad quem).

 

En muchas investigaciones catequéticas y prácticas pastorales, la persona sigue siendo destinataria de la misión eclesial: no es vista como productora de sentido, casi incapaz de descubrir y elaborar el significado de la propuesta cristiana. Esta es transmitida, comunicada y explicada.

 

Este tema presenta dos niveles de reflexión relacionados entre sí: en primer lugar, la teología misionera se pregunta si la persona a la que se anuncia el evangelio está llamada solo a acoger o también a reinterpretar y a hacer desarrollar la misma comprensión. Este es el tema de la experiencia cristiana como hermenéutica  e inculturación de la fe. En esta investigación, la teología fundamental deberá dar razón del valor antropológico de la revelación y de la aportación innovadora de la persona y de su cultura. En esta perspectiva son importantes las aportaciones de la teología de la cultura.

 

Sin embargo, en una perspectiva de catequesis como acción de receptio, la atención debe centrarse sobre la segunda observación de fondo. Afirmar que las reflexiones catequéticas pos-conciliares, incluso dentro de su valor positivo, se mantienen en la dimensión del servicio al anuncio o traditio, significa subrayar que no se preocupan de estudiar el itinerario que la Palabra hace desde la escucha hasta la interiorización y –sobre todo- al ejercicio de la vida cristiana. Las expresiones receptio  y ejercicio de la vida cristiana deben entenderse como mutuamente inclusivas: tienen una explicación conjunta.

 

Esta investigación padece también la ambigüedad propia de la catequética del siglo XX, ya que esta –también en este aspecto- sigue manteniendo la idea de la persona como destinataria de la práctica pastoral. No es pensada como una realidad que posee ya capacidades salvíficas y que puede ser mediadora de la comunicación de la Gracia, sino sólo como destinataria pasiva de una ayuda divina. En esta investigación será importante profundizar en los dinamismos propios de la vida de la persona.


Si en el pasado la transformación espiritual no era concebida como tarea de la catequesis, ahora hay que colocarla en el corazón de su reflexión. Más exactamente: se trata de repensar la Mistagogía. Esta, entendida como construcción de la personalidad cristiana y ejercicio de la vida cristiana, es la tarea de la catequesis. De aquí mi preocupación por el olvido de tres expresiones prometedoras de los documentos de los años ’70: madurez de fe, integración fe-vida, proyecto de vida cristiana. Estos términos han sido expresamente excluidos de la reflexión del DGC 1997, número 80, donde, por el contrario, se hace un lugar a la reintroducción de fórmulas auto-referenciales: iniciación, catecumenado y lenguaje litúrgico como educación cristiana.

 

La consecuencia que de aquí se está derivando es la progresiva marginación de la relación entre catequética y pedagogía o también un uso selectivo de las ciencias humanas. En esta perspectiva, los lugares más olvidados son: el estudio de las formas de aprendizaje y del desarrollo de la persona; la relación entre naturaleza y cultura, entre socialización y proyecto de sí; la poca atención al proyecto personal y al protagonismo de la persona;  el estudio de las dinámicas que llevan al desarrollo de las competencias propias de la vida cristiana.

NOTICIAS
PADRE JOSÉ GALLINGER

FALLECIÓ EL PADRE JOSÉ GALLINGER S.V.D.

El P. José Gallinger svd fue una de las figuras que impulsaron la renovación catequística vivida a partir del 1º Congreso Nacional de Catequesis de 1962. Fue parte de los misioneros del Verbo Divino y participante de la Subcomisión de Estudio, “…la más importante porque tenía que elaborar los temas y estaba encargada de las conferencias. Estaba bajo la presidencia de Mons. Raspanti, lo que era toda una garantía para una discusión leal y sincera. La mayoría se había alineado en el campo de la renovación de la catequesis y se hallaban, entre otros, el Padre José Gallinger, la Hna. Elvira Liceaga y el Pbro. Juan Carlos Ruta” recuerda el padre Frans de Vos en su Historia de la Catequesis Argentina. También fue secretario en los inicios de la SAT, y desde diversos ámbitos fue un comprometido intérprete del Concilio Vaticano II en la Iglesia argentina. Hacía varios años que recibía los cuidados del Hogar San Javier de la Congregación del Verbo Divino en Rafael Calzada. En marzo cumplió 93 años y también 70 años de sacerdote.
Los catequistas de Argentina lo recordamos y agradecemos a Dios por todo su trabajo.

ENADIR: ECOS, TRABAJOS Y LIBRO

ENADIR: ECOS, TRABAJOS Y LIBRO
En el contexto del Encuentro Nacional de Directores de Catequesis, los directores diocesanos de 56 diócesis del país se reunieron durante el sábado para intercambiar las experiencias que se están realizando en las diferentes diócesis en orden a la aplicación de los ECOS del III Congreso Nacional de Catequesis. Se realizó en San Antonio de Arredondo (Córdoba) entre el 26 y el 28 de septiembre. Es notorio rescatar la riqueza de nuestras comunidades en cuanto a la creatividad sobre como instalar los frutos surgidos como producto de este III Congreso de Catequesis. Taller y cursos de actualización, encuentros diocesanos y decanales, intercambio de experiencias se construyen a lo largo del año 2014 y 2015.

Cabe destacar también el nacimiento de dos nuevos equipos que se unen para enriquecer la animación de la Catequesis Nacional. El equipo de jóvenes cuyo objetivo en esta primera etapa es aunar a los jóvenes catequistas que acompañando diferentes grupos en sus diócesis, buscan también a otros animadores, que esforzados en esta tarea, los acompañen, animando y fortaleciendo sus prácticas catequísticas y su espiritualidad en este tramo de la vida. En cuanto al segundo equipo, se constituye como un equipo de animación musical. Enseñar el uso de la música en la catequesis y fortalecer este recurso no solo como recurso sino como dinámica de evangelización.

En este ENADIR se presentó el libro “ECOS DEL III CONGRESO CATEQUÍSTICO NACIONAL”. El texto de 80 páginas recoge las conclusiones del Congreso realizado en Morón (Prov. de Buenos Aires) en 2012, que tuvo como lema: “Anticipar la Aurora: construir la Esperanza”. En este encuentro, el ISCA fue invitado a coordinar el espacio dedicado a la formación de catequistas. Puede encontrarse más información sobre el libro y el encuentro en http://www.catequesiscea.org.ar/novedades.htm#enadir - Andrea Zannol

 

Enadir - Encuentro Nacional de Directores Diocesanos de Catequesis – Área Formación.

Córdoba, sept./14  -  45 participantes de 32 diócesis se reunieron en el área de formación de catequistas, en un espacio con la modalidad de taller, animado por el ISCA y ante la pregunta sobre las expectativas que tenían del taller de formación, quedó manifiesta la preocupación por la formación, se presentaron y compartieron las siguientes impresiones:

"Tengo expectativas por la formación de los catequistas… Estoy preocupado por la formación… Estoy preocupada por la formación. Hay que dar prioridad a la formación. Hay necesidades, inquietudes y se buscan respuestas... Se debería concientizar a los catequistas de la necesidad y urgencia de su formación para ser efectiva una catequesis en clave misionera. Cómo podemos incentivar en estas personas la necesidad de una constante formación"… Otro participante manifestó que le preocupa la deformación de los catequistas.

También se expresó el deseo de una mayor preocupación por la formación inicial: Formación inicial, y acompañamiento de los catequistas (retiro, charlas) para enriquecerlos. Me gustaría saber cómo continuar el camino para un catequista que recién se inicia… Qué se le puede dar? ¿Qué caminos podemos hacer en la formación de los catequistas? ¿Cómo hacer una formación integral? Ver cómo ir mejorando, formación integral. Estar actualizada para formación integral de los catequistas. Necesidad de los catequistas, tenemos que formar para una catequesis de caritas, carcelaria y también en cuanto al intercambio de experiencia. Cómo poder encontrar nuevos caminos para que los catequistas formadores no queden solamente en la formación académica. Ver cómo podemos seguir en ese camino…. Cómo acompañar a los que terminaron la preparación básica? Mejorar la formación integral programática. ¿Cómo hacer que los catequistas tenga ese estilo catecumenal? Ver el tema de la iniciación cristiana....Un sueño: lograr que se encarne la dimensión social de la fe. ¿Catequistas formados u conformados?..... Catequistas iniciadores y acompañantes.... Buscar caminos de formación para que nuestros catequistas sean acompañantes.”

Varios solicitaron aportes de la JNC: Esperamos los aportes que nos puede dar la Junta de Nacional que podamos llevar del Enadir a nuestras diócesis… Querríamos saber cómo acompañar esas áreas de formación... ¿Cómo? Poder comunicar la sintonía de lo nacional a nuestra comunidad. Deberíamos ir viendo cómo poner en marcha estas certezas. Cómo lograr que los seminarios se conozcan, respetando sus características propias.

Finalmente se solicitó un espacio de la JNC para compartir el enriquecimiento mutuo: Espero un espacio para enriquecernos y poder seguir reuniéndonos... Necesito conocer un poco más y compartir. Compartir experiencias. Enriquecerme para llevar a mi comunidad. Vengo con la expectativa de enriquecernos… (pero es como que quiere otra cosa…) Solicita una mayor cercanía (no la encuentra) el estilo de comunidad, de ser familia... No sabemos cómo llegar… Los que estamos en formación, seguir enriqueciéndonos y seguir siendo catequistas, acompañando. Trabajo con la formación y deseo compartir experiencias… Quisiera actualizar la formación. Mayor espacio de intercambio de formadores en nuestra región. Llevar todo que pueda a mi diócesis para compartir las experiencias. Poder encontrar herramientas para llevar a los matrimonios guías en la formación… Viendo mi realidad vengo a buscar, cómo hacer más allá de la formación, como lograr comunidad… Ver diferentes realidades y llevarnos, para poder plasmarlo en mi realidad. Tengo necesidad de actualizarme constantemente y hacer que lo hagan los catequistas. Seguir enriqueciéndonos y ser multiplicadores. Buscar juntos caminos de formación… Especialmente la cercanía de la acción no sólo palabras. Seguir creciendo como catequistas, llevar y compartir con los catequistas. Poder adquirir experiencias y transmitirlas. Llevar experiencias para compartidas.

Luego conformamos la lista de los participantes, muy completa!! Y continuamos el intercambio con un foro de formadores a través del googlegroups. Ya varios fueron contándonos cuáles son los centros de formación en sus diócesis para hacer un mapa del país. Invitamos a quienes quieran incorporarse.

Cote Quijano
rector@isca.org.ar

EL SENAC SIGUE RESONANDO

EL SENAC SIGUE RESONANDO
Como un eco del Seminario Nacional Argentino de Catequesis que el ISCA realizó en agosto, en el ENADIR se presentó el libro “El catequista, la catequesis y el kerigma a la luz de Evangelii Gaudium”.  Allí se recopilan los textos de las exposiciones centrales y las presentaciones simultáneas, con intervenciones del Pbro. Jorge Eduardo Scheinig, Hno. Enrique García Ahumada, F.S.C., Ospino Hosffman, André Fossion y José Luis Quijano. El libro fue editado por PPC y puede conseguirse en librerías religiosas.
Por otro lado, Juan Manuel Romero -integrante del movimiento Palabra de Vida y animador del seminario- publicó una reseña para el Observatorio Internacional de Prácticas Catecumenales. Puede leerse completo en http://www.oipc.fr/es/america/argentina/isca/105-iii-senac-seminario-nacional-de-catequesis

 

III Senac.  Un equipo de redacción para el documento colaborativo

Después del III SENAC se conformó un pequeño equipo de redacción integrado por Silvia Courreges, Juan Manuel Romero, el P. Andrés Boone y el P. José Luis Quijano. Ellos recogerán y sistematizarán los trabajos realizados durante el Seminario y los aportes que están llegando en la actual etapa de post – SENAC. Con todas estas contribuciones quedará elaborado el texto final del III Seminario Nacional de Catequesis.

CAMINO A BETANIA

“CAMINO A BETANIA”: UNA COLECCIÓN DE LIBROS DE CATEQUESIS CON EL AUSPICIO DEL ISCA
Ya están impresos y prontos a ser distribuidos los libros de la colección “CAMINO A BETANIA”, seis tomos de  catequesis para niños editados por editorial Edelvives. Se trata de textos dinámicos -pensados desde y para Argentina- ilustrados con mucha gracia y actualizados (el papa Francisco aparece en varias de sus páginas). Próximamente podrán encontrarse en las librerías religiosas.

LA SÍNTESIS DESPUÉS DEL SEMINARIO DE ROMA

LA SÍNTESIS DESPUÉS DEL SEMINARIO DE ROMA
Convocados por la propuesta de Mons. Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, se constituyó un foro internacional que realizó una reflexión catequética, haciendo foco en las tendencias y praxis catequísticas de Europa, Estados Unidos y América Latina. A lo largo del Seminario se realizó un amplio recorrido sobre los grandes temas de la catequesis: kerigma, catequesis misionera, segundo primer anuncio, iniciación cristiana, catecumenado y catequesis con estilo catecumenal, catequesis con adultos, la ministerialidad del catequista, la inculturación en la multiculturalidad,  la catequesis intergeneracional, la formación de catequistas, el Catecismo y los textos de catequesis,  y la distinción entre catequesis escolar y enseñanza religiosa escolar.

Una vez finalizado el Seminario, se solicitó a los participantes que enviaran síntesis de las ponencias y otras intervenciones. El ISCA así lo hizo, agregando que, por la riqueza de las presentaciones y la multiplicidad de cuestiones que esperan ser discernidas y estudiadas, se ve conveniente continuar el intercambio, para abordar sistemáticamente la variedad de temáticas que se presentaron en esta ocasión.

Recibimos un cordial saludo del Secretario del Pontificio Consejo, Mons. Octavio Ruiz Arenas, agradeciendo el envío.

Quienes quieran la síntesis del ISCA nos la solicitan.

RIIAL

EL PERÚ ACOGE EL XIII ENCUENTRO CONTINENTAL DE LA RED DE INFORMÁTICA DE AMÉRICA LATINA – RIIAL
La capital peruana está lista para acoger el décimo tercer Encuentro Continental de responsables de la Red Informática de la Iglesia en América Latina - RIIAL. Obispos, religiosas, sacerdotes y laicos profesionales de la informática y la comunicación al servicio de la Iglesia en Latinoamérica se congregarán del 17 al 21 de noviembre para renovar el objetivo para el cual fue constituida esta red: “facilitar la comunicación, el intercambio de experiencias, el diseño de estrategias comunes y la construcción de redes de comunión dentro de la Iglesia entre los agentes de pastoral”.  Atendiendo a la invitación del papa Francisco de construir una cultura del encuentro, esta reunión se plantea definir los servicios digitales que hoy se necesitan para la evangelización en el continente. Así también se busca continuar con la articulación de las numerosas que la Iglesia viene realizando en este ámbito, respetando la diversidad de cada proyecto. http://www.riial.org/component/k2/item/193-el-peru-acoge-el-xiii-encuentro-continental-de-la-red-de-informatica-de-america-latina-riial

Es la primera vez que el país sudamericano se hace anfitrión de esta reunión continental, convocada por la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL), el Pontificio Consejo Para las Comunicaciones Sociales (PCCS) y el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Se estima que serán más de 150 los participantes que llegarán hasta la Casa de Retiro Santa Rosa, en el centro de Lima, lugar donde se desarrollarán los trabajos trazados para estos días. El pbro. José Luis Quijano, director del ISCA, forma parte de sus organizadores. http://reunion.riial.org

MONS. CELSO MORGA IRUZUBIETA

MONS. CELSO MORGA IRUZUBIETA NUEVO ARZOBISPO-COADJUTOR DE MÉRIDA-BADAJOZ
Un amigo del ISCA y actual secretario de la Congregación para el Clero en Roma, Mons. Celso Morga Iruzubieta ha sido nombrado Arzobispo-coadjutor de Mérida-Badajoz. Tuvimos oportunidad de escucharlo en el III Congreso Catequístico Nacional, donde fue enviado del entonces Papa Benedicto y nos exhortó a realizar una catequesis nueva, desde un nuevo paradigma. Le enviamos nuestras felicitaciones.

SOPLA: UNA MEDITACIÓN SOBRE LA LECTURA DEL DÍA

SOPLA: UNA MEDITACIÓN SOBRE LA LECTURA DEL DÍA
Todos los días podemos acceder por la web y en forma gratuita a “SOPLA: EL EVANGELIO DEL DÍA EN VIDEOS”, un emprendimiento que nos permite gozar de una meditación del evangelio del día en formato multimedia de imágen, música y palabra. Destacados catequistas y animadores nos ayudan a meditar diariamente a través de estos cortos. Puede vivitarse en https://www.youtube.com/watch?v=XFzEbgJHed8

LA BIBLIA DE LOS MÁS PEQUEÑOS

LA BIBLIA DE LOS MÁS PEQUEÑOS
Estimados amigos y compañeros:  Con gran alegría, les cuento que acaba de publicarse en Argentina, por Editorial San Pablo y Ed Casals, la edición para el Cono Sur de “LA BIBLIA DE LOS MÁS PEQUEÑOS”, que escribimos junto con Elena Santa Cruz y que fuera publicada en el 2013 en España y ahora se publica aquí en Argentina. “La Biblia de los más pequeños” está destinada a niños de 3 a 7 años, respondiendo a la necesidad de muchos padres de ayudar al despertar en la fe de los más pequeños. Está pensada como un camino didáctico-catequístico, tanto para los chicos como para sus padres, abuelos, catequistas y educadores, que recorrerán –a través de la lectura y de las actividades propuestas- un itinerario de fe.
Es una propuesta novedosa ya que, a diferencia de otras Biblias infantiles tradicionales (con una lectura continuada de los textos), pretende que el niño escuche los pasajes bíblicos esenciales y los interiorice mediante actividades catequísticas atrayentes.  Los textos fueron extraídos de la versión de la Biblia del Pueblo de Dios.
En Argentina la distribuye San Pablo. https://sanpablo.com.ar/comprar/product_info.php?products_id=1930  Incluye un CD con canciones para niños pequeños. Les agradecemos, de corazón, todo lo que puedan hacer para su difusión y esperamos que la disfruten tanto como nosotros al escribirla.  

Un abrazo en Jesús.

Elena Santa Cruz y Luis Benavides

(+54 11) 45 21 39 39

lmbenavides@arnet.com.ar

www.luis-benavides.com

CORREO DE LECTORES
 

Hola padre Cote: un gusto saludarlo.
Quería comentarle que compré los tres libritos del curso de catequistas y están buenísimos.

 

Jorge Miguel Lora Saturnino M. Laspiur, Córdoba, Argentina

 

¡Hola! ¿Puedo hacer una pequeña sugerencia?
Desde el ISCA acostumbraría a escribir “kérygma” con acento sobre la “e”, ya que así aparece repetidamente en el NT, por ejemplo Mt.12,41.
Se trata de una palabra griega de género neutro:
τὸ κήρυγμα

Con un gran abrazo!

Padre Martín Weichs svd
Casa «Verbo Divino»

ARGENTINA
 
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