COMUNICANDONOS
Año 13 - Nº 161
Septiembre 2015
Pensar la catequesis: una tarea “sinfónica”

Comenzamos el mes de la Biblia y los hermanos del Depto. De Pastoral Bíblica  de la CEA nos ayudan a rumiar la riqueza de la Palabra. Recordando lo que nos decía en 2005, el entonces Cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco a los catequistas:

 

«El catequista es un servidor de la Palabra, se deja educar por ella, y en ella tiene la serena confianza de una fecundidad que excede sus fuerzas: “... Ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé” (Is 55, 10-11). El catequista puede hacer propio lo que Juan Pablo II escribe sobre el sacerdote: “... debe ser el primer «creyente» de la Palabra con la plena conciencia de que las palabras de su ministerio no son «suyas», sino de aquél que lo ha enviado. El no es el dueño de esta palabra; es su servidor...”

(Pastores dabo vobis 26).


Para que sea posible esa escucha de la Palabra, el catequista debe ser hombre y mujer que guste del silencio. ¡Sí!, el catequista, porque es el hombre de la Palabra, deberá ser también el hombre del silencio... Silencio contemplativo, que le permitirá liberarse de la inflación de palabras que reducen y empobrecen su ministerio a un palabrerío hueco, como tantos que nos ofrece la sociedad actual. Silencio dialogal, que hará posible la escucha respetuosa del otro y así embellecer a la Iglesia con la diaconía de la palabra que se ofrece como respuesta. Silencio rebosante de projimidad, que complementará la palabra con gestos decidores que facilitan el encuentro y hacen posible la “teofanía del nosotros”. Por eso, me animo a invitarlos, a ustedes, hombres y mujeres de la Palabra: ¡amen al silencio, busquen el silencio, hagan fecundo en su ministerio el silencio!»

(EAC 2005)

 

Palabra y catequesis en la misión

“Soñamos pertenecer a un Pueblo de Dios que viva en permanente actitud de gratitud y fascinación ante la Palabra de Dios, que sienta auténtica pasión por la Palabra y hambre de escuchar a su Señor" (Am 8,11)

 

 

 

 

Estamos celebrando el MES DE LA BIBLIA y no podemos hacerlo sin situarlo en el contexto de la celebración de los 50 años de dos decretos conciliares: DEI VERBUM Y AD GENTES

 

Desde ahí, y con el espíritu de quienes queremos celebrar la vida y reconocer el paso del Señor en nuestra historia, con corazón contemplativo, miramos el caminar de la Iglesia en su anuncio kerigmático reconociendo que todo es parte de la entrañable misericordia de un Dios que hace de nuestras existencias HISTORIA DE SALVACIÓN.


A partir de Pentecostés y con la fuerza del Espíritu, la Iglesia naciente comienza a anunciar, no puede callarse, porque no puede guardarse para sí aquello que vio y toco “Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que palparon nuestras manos…” (1Jn 1,1-4)


Y ahí están Mc, Mt, Lc (y Hechos) y Jn, aquellos que van a escribir para comunidades concretas, en un lugar determinado, con características particulares acordes a sus oyentes, lo que hizo y dijo Jesús …


Y esas son las primeras catequesis… kerigma “direccionado”, para que escuchando, crean y se adhieran…


Y aparecen las cartas…


Y aparecen recogidos, mas tarde los elementos claves de este anuncio para que las comunidades crecieran sabiéndose parte de un mismo cuerpo y un mismo Espíritu… y nos encontramos con la Didajé…


Si nos preguntáramos cuál fue el primer libro de catequesis… aquí está, LA PALABRA…
Y si contempláramos esta catequesis… podríamos decir: es anuncio… es corazón que late… es urgencia dentro… Ay de mí si no evangelizara! (1 Cor 9,16)


La catequesis nace en los primeros años de la Iglesia, dentro de un proceso mucho mayor llamado “Iniciación a la vida cristiana”, conocido también por catecumenado. Además de la instrucción y aprendizaje guiado por catequistas, hacían parte de ese proceso otros elementos ligados a la oración, las celebraciones litúrgicas, los ejercicios de la vida cristiana, el acompañamiento personal… era una catequesis verdaderamente evangelizadora. Una catequesis que partía de la Palabra, de lo que Jesús había dicho y hecho… del testimonio de los discípulos testigos de la Presencia de un Dios que puso su carpa entre nosotros.


Con el andar de los tiempos se perdieron esos elementos y la catequesis se limitó casi exclusivamente a enseñar la doctrina.


Hoy la catequesis tiene que retornar a esa característica evangelizadora… y sólo podemos hacer un camino de retorno si redescubrimos la centralidad de la Palabra y una Palabra que es Buena Noticia… para ser anunciada con alegría.

 

La Iglesia siempre fue misionera,
como a los apóstoles, es Jesús que nos llama a estar con Él y nos envía a predicar (Mc 3,13; Mt 10,1-42) Enviado por el Padre (Jn 20,21) nos envía también a hacer discípulos (Mt 28,19-20), para que todos, “Nacidos de la Palabra de Dios” (1 Pe 1,23) formemos un solo cuerpo, la Iglesia, de la cual El es la cabeza, principio y fin (Ef 4,11-16)

 

Iglesia misionera no es Iglesia establecida sino peregrina, desinstalada, samaritana, misericordiosa, que con el Evangelio en el corazón y en las manos, quiere curar heridas y caminar al lado…

 

Una catequesis misionera

  • da importancia a la dimensión eclesial… La catequesis no será otra cosa que la iniciación a la comunidad de los discípulos de Jesús, a la manera de la primera comunidad, reunida por el Pan y la Palabra y sabiéndose enviada.

¿Qué necesita hacer la catequesis para que la Iglesia sea verdaderamente misionera?

  • El Papa Francisco nos exhorta a vivir irradiando la alegría del Evangelio: un llamado a una catequesis kerigmática y mistagógica. Y para eso, ir a lo esencial, al centro del evangelio. Es una propuesta constructiva, alegre, revolucionaria, donde los jóvenes han entendido que tienen la responsabilidad de encabezar esta revolución.
  • Una catequesis verdaderamente misionera es propuesta simple, profunda y radiante… que va a tener consecuencias morales, porque transforma el corazón en la misericordia
  • Solo una catequesis evangelizadora ayuda a las personas a encontrarse con Jesús. Más tarde, en una catequesis progresiva y por etapas, podemos mostrar el modo de aproximarse más, de ser Iglesia fiel y activa

El Papa Francisco nos ha dicho últimamente que no es lo mismo ser catequista que trabajar de catequistas, porque ser catequista es vocación, requiere amor por Cristo y amor por su pueblo.


La Palabra de Dios es fuente de una catequesis evangelizadora. La evangelización es misión de todos los bautizados, que están invitados a anunciar la alegría del Evangelio que transforma el mundo a la luz de los valores del Reino. Por eso la catequesis es misión y la misión no es apenas un camino, sino el mismo acontecer de Dios en el corazón del mundo.


En nuestra Iglesia, nuestra casa, el discípulo encuentra todo aquello que alimenta su vinculación intima con  Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Y lo primero que la Iglesia ofrece es la proclamación de la Palabra y la posibilidad de encontrar a Jesús en las Sagradas Escrituras leídas en la Iglesia y en el contexto de la vida.


Celebrar los 50 años de Dei Verbum yAd Gentes, nos invita a profundizar en nuestra fe, hace que este momento sea un hito en la historia. Un kairós, que nos plantee a los catequistas la invitación a renovar la alegría cuando nos redescubrimos que nuestra misión de trasmitir la fe. Fe que es mirada de vida, anuncio y transformación de la sociedad desde los valores del Evangelio.


Invoquemos a María, la oyente de la Palabra… que Ella, Madre y compañera de nuestro andar, nos vaya descubriendo el Misterio de engendrar al Verbo en nuestras vidas y la urgencia de anunciarlo, da darnos.

 

Santa María, Madre de Jesús, discípula oyente de la Palabra
Que te pusiste enteramente a disposición de ella
Para acogerla en tu fe, engendrarla en tu seno,
Acompañarla en su camino, entregarla a la comunidad…
Ayúdanos a repetir tu sí generoso
A declararnos también servidores del Señor
A decir también contigo “Hágase en mi según tu Palabra”
Danos una actitud contemplativa
Para dar siempre vueltas a las cosas en nuestro corazón, como Vos
y para merecer, también como Vos, la alabanza de Jesús:
“Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”
Haznos dóciles a su Palabra
Para que hagamos siempre lo que El nos diga
Y fundemos así sobre roca nuestras vidas
Como en Pentecostés, reunida con nosotros,
Atrae sobre nuestra Iglesia el Espíritu de Jesús
Para que iluminados por El lo entreguemos al mundo. Amén

 

 

María Andrea Green

 

Mons. Silva Retamales, Santiago. La animación bíblica de la Pastoral, su identidad y misión. Colombia, Edit San Pablo y CELAM, 2010. Pág. 26-40

 
La alegría, primera evangelizadora

Importancia primordial del testimonio:
Evangelii Nuntiandi N° 21

La Buena Nueva debe ser proclamada en primer lugar, mediante el testimonio.
Supongamos un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiestan su capacidad de comprensión y de aceptación, su comunión de vida y de destino con los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni osarían soñar. A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira? ¿Por qué están con nosotros? Pues bien, este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelización. Son posiblemente las primeras preguntas que se plantearán muchos no cristianos, bien se trate de personas a las que Cristo no había sido nunca anunciado, de bautizados no practicantes, de gentes que viven en una sociedad cristiana pero según principios no cristianos, bien se trate de gentes que buscan, no sin sufrimiento, algo o a Alguien que ellos adivinan pero sin poder darle un nombre. Surgirán otros interrogantes, más profundos y más comprometedores, provocados por este testimonio que comporta presencia, participación, solidaridad y que es un elemento esencial, en general al primero absolutamente en la evangelización.

 


SALMO 126: una alegría “pascual”
Terminada la cautividad (que el poeta sea un ex-exiliado ya pocos autores lo discuten), la salvación y libertad que ello supone, sí o sí necesita festejarse.


Cuando iban al Exilio, sin duda una de las mayores tragedias de la vida de Israel, se caían los muros de las casas y del Templo, pero con ellos, se derrumbaban los pilares fundamentales de las promesas de Dios. La ciudad se llenaba de escombros, la fe de preguntas e incertidumbres. Instancia crítica y difícil, definida por mucho sufrimiento, dudas, contradicciones y hasta muerte no sólo física sino, fundamentalmente, espiritual. Con el Exilio morían todas las seguridades del creyente: tierra, templo, rey, sacerdotes, arca... En una palabra, el destierro fue vivido como una fortísima y paradigmática experiencia del abandono, la infidelidad, la soledad… hasta la muerte de Dios.


Por eso el adiós a tamañas pruebas y sufrimientos -frutos del Exilio- frente a este “cambio de suerte” soñado, se convierte en modelo de cualquier tipo de liberación, consolación, experiencia de salvación o “alegría pascual”. Volver a apostar a la vida que continúa y que aún puede florecer y donarse, allí en el mismo lugar que un día los vio partir, es anticipar la propia resurrección.


Parte de Israel vuelve, pero no es el mismo que se fue. Primero, por el recambio generacional. Pero sobre todo, porque el exilio, «escuela de esencialidad», les enseñó algo más acerca de Dios, de sí mismo y de la comunidad. Si bien es cierto que la identidad de lo divino -como la de lo humano- siempre será un misterio, la no menos enigmática realidad de la muerte vivida tan de cerca, suele revelar más de un secreto. Sin romanticismos, el destierro y su regreso enseñan que la muerte o sus presagios pueden ser grandes educadores como, asimismo, valiosas y privilegiadas fuentes de vida. En ellas y a través de ellas, el Dios de la vida no sólo sale al encuentro del orante para declararse como tal, sino que fundamentalmente se revela como Señor y Soberano de la muerte que, atravesándola con aquel que cree, la vence para salvarlo. Se trata de dejar a Dios ser Dios y, como tal, permitirle pronunciar su última sentencia ante lo imposible y lo arcano, cualquiera haya sido el límite tocado o lo desmedido de la experiencia vivida.


El exilio y el retorno, prototipos de la muerte y de la vida, de la insondable angustia y de una indescriptible alegría testimonian que la tragedia no es la última instancia del camino para el que cree. Esta es la vital experiencia pascual que con plásticas imágenes nos describe maravillosamente este Sal 126.

La alegría a partir de «una alforja de semillas» (vv.5-6)

Con la imagen del sembrador y la cosecha, el poeta del Sal 126, conocedor del mundo agrícola, parece querer regalarnos una nítida fotografía del proceso de la alegría que, como veremos, no es tan distinto al del acto de recoger la siembra. La “alforja de cuero” portadora de mucha sabiduría, podría esconder un sapiente secreto: toda semilla es testigo y protagonista, junto a la madre tierra, de que cada “gavilla” resulta de un encuentro sublime, casi milagroso, entre el llanto y la risa alegre. Cosechar no supone exclusivamente la siembra, sino todo un arriesgado y complejo proceso en el que intervienen una serie de factores que van desde tener a disposición una tierra donde esparcir la semilla hasta el acto de recoger sus frutos.

  • Las primeras lágrimas en aquellos agricultores, se debían al deterioro de la tierra, las inundaciones, los excesos de salinidad y las epidemias o parásitos. Lágrimas por tanto trabajo y cansancio, pero además, por lo que venía después de la siembra. En el instante en que la simiente cae en tierra, el sembrador tiene que morir, como la semilla, a todo control de lo que bajo y arriba de la tierra iría a suceder. Lágrimas porque llegaba el momento de entregar a la tierra y a lo impredecible, las semillas que hubieran podido servir de alimento a su familia. Mientras se van vaciando las alforjas y las simientes van dejando de ser posesión de aquel que siembra, sus manos van quedando vacías. Es el rito del adiós, como en un luto de muerte. El campesino experimenta una verdadera impotencia. Cuando la semilla se entierra, al sembrador le queda esperar algún día ser contado entre los cosechadores.

  • Aunque la segunda instancia esté marcada básicamente por la esperanza y la confianza, no deja de ser un paso difícil y también tiene mucho de angustia y sufrimiento. El sembrador pasa a depender de los factores climáticos y naturales (frío, lluvias, calor, sol, heladas, parásitos, insectos, etc.). Que nada arruine el sembrado. Es un tiempo de silencio y paciencia. Cuando la mies cubra los campos, es decir, cuando la cosecha sea abundante o por lo menos suficiente ¡cómo no exclamar jubilosos que el milagro se ha producido!, que todo el esfuerzo tuvo su recompensa y que, quizás, hasta es mayor la cantidad de gavillas recogidas que las semillas esparcidas. He aquí el momento tan esperado: las lágrimas se cambian en gritos de júbilo y la espera ha llegado a su fin. La confianza no fue defraudada. La vida venció a la muerte y la ilusión y los sueños dan lugar al real festejo.

Éste parece ser el proceso que está profundamente arraigado en la experiencia antropológica de la alegría. Los grandes júbilos parecen imposibles sin algunos llantos. No es posible vivir en un permanente regocijo.


La alegría, hasta alcanzar la plenitud, vive distintas etapas, incluso purificadoras, como lo experimentó Israel a lo largo de su historia de salvación. Israel, como las estaciones del año, conoció etapas de aridez, de sequía y de siembra, seguro acompañadas de lágrimas, arrepentimiento y dolor. Pero gracias a la pedagogía misericordiosa de Dios también supo de consuelos y buenas cosechas. Por el perdón, la conversión y la restauración, todo puede revertirse en gozo y alegría.


Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo. Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias: «Me encuentro lejos de la paz, he olvidado la dicha […] Pero algo traigo a la memoria, algo que me hace esperar. Que el amor del Señor no se ha acabado, no se ha agotado su ternura. Mañana tras mañana se renuevan. ¡Grande es su fidelidad! […] Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor» (Lm 3,17.21-23.26 (E.G. 264)


A modo de conclusión

Como se constata a propósito del término hebreo “grito de alegría”, éste recoge misteriosamente el grito gozoso pero también el del lamento. En el miso sustantivo (como en la metáfora del sembrador o en la historia de cada hombre), “reír” y “llorar” parecen no poder separarse. Sin embargo, el único que hace posible el “cambio de suerte”, es decir, el milagro de engendrar vida aún en medio de la muerte, de fecundar cada sufrimiento y de hacer posible que la epifanía de las gavillas sustituya al escondite de las semillas, es el Señor.


Desde que se comprometió en Alianza eterna a ser el Salvador, Él es el garante confiable de que a Su tiempo y con Sus modos, toda “lágrima” será consolada y transformada en “alegría”. El Señor no queda nunca fuera del proceso.


La transformación se hace en secreto y misteriosamente, pero no por eso es irreal ni ilusoria. Las gavillas testimonian que el milagro ha acaecido, que el tiempo del llanto ha terminado y que el Señor ha obrado grandes maravillas (vv.2b-3a), y ahora sí será posible la verdadera y auténtica alegría.


Alegría que grita para manifestar una real y valedera pascua como aquella de los repatriados. La sana alegría, nos dicen el sembrador, las gavillas, el cosechador y seguro un repatriado, tiene un tiempo de esfuerzo y de trabajo, de espera y de confianza, de angustia y hasta de muerte, pero sobre todo, otro más intenso y prolongado de acogida y de recibimiento. En definitiva, este regocijo tan pleno tendrá más de don que de tarea, más de risas que llenan la boca y gritos que aturden los oídos que de tristeza y de llantos.

 

EG 1. “LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años”


E.G. 3. Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor».


¡No huyamos de la resurrección de Jesús!

 

Dra. María Verónica Talamé

 

Extractos del artículo que se puede leer en forma completa haciendo click en:

 

 

NOTICIAS
ENADIR

ENADIR

Se realizará el ENADIR 2015 (Encuentro Nacional de Directores) para los días 25 al 27 de Setiembre en la ciudad de Córdoba.  El ISCA va a participar y a la vuelta compartiremos los frutos del encuentro.

 

CHARLA DEL RECTOR DEL ISCA

CHARLA DEL RECTOR DEL ISCA: P. ALEJANDRO J. PUIGGARI
“Desafíos del ser y del hacer del catequista en una cultura del instante y del individuo”. Jueves 24 de septiembre a las 19,30 en Obispo Trejo 459. Córdoba

AUDIOS

AUDIOS
Los invitamos a recorrer los materiales de la sección Camino de Emaús en: http://www.isca.org.ar/audios-caminodeemaus.php y Cate en uno en: http://www.isca.org.ar/audios-cateenuno.php
Interesantes materiales para nuestra tarea como catequistas.

PROGRAMA RADIAL CAMINO DE EMAUS EN RADIO MARÍA

PROGRAMA RADIAL CAMINO DE EMAUS EN RADIO MARÍA
Desde octubre todos los jueves de 20 a 21,30. Desarrollará los gestos de Jesús al servicio de una pedagogía rica en Misericordia

ENEC

ENEC
Para todos los que nos han consultado por los materiales del ENEC, nos dice Patricia Bruno que se puede ingresar al Aula Virtual, donde podrán consultar el material de las actividades ofrecidas durante el encuentro.
Para acceder pueden hacer click aquí: Aula Virtual del ENEC y elegir "acceso para invitados" y luego ENEC. 
Por cualquier duda consultar a: 
Comisión Organizadora ENEC2015 Argentina
+54 (011) 4981-5384 Lunes y Miércoles de 10 a 12 hs. Y Viernes de 16 a 18 hs. Sitio web: http://enec2015.catequesiscea.org.ar

CORREO DE LECTORES
 

Ecos de la novena del Día del Catequista

Una gran repercusión ha tenido esta iniciativa. Muchos hermanos nos han compartido sus vivencias y recordado otros rostros que dieron su aporte a la catequesis ¡Seguimos rumiando los ecos!

 

«El Padre Frans: Un hombre lleno del Espíritu de Dios. Nunca ví a alguien llegar con tanta profundidad y claridad a todo el pueblo para fortalecer su formación catequética. Corría el año 1992 e íbamos de todas las comunidades parroquiales y escolares a nutrirnos en la Junta Diocesana de Lomas para "recepcionar" el nuevo CATIC. ¿200 esa noche en pasillos, patios...? Con una teología catequética clara y concreta supo dar marco teológico y pastoral a este don de los 25 años del Concilio. El pueblo de Dios de los diversos centros pastorales de una diócesis profundamente heterogénea escuchó, reflexionó y pensó con esa fuerza, profundidad y sencillez que dinamizaba "el pensar la catequesis" que Frans tenía. Hoy sigo leyendo y releyendo su obrita... y su potencia de provocar al pensar la Fe y la Encarnación en la cultura y el horizonte concreto en el que el Anuncio se vuelca... Hacer pensar, dialogar sin estridencias y sin miedo al disenso dentro de la Iglesia y con las distintas organizaciones que construyen la sociedad civil. Tuve a él como maestro "el gran catequeta argentino" y al Padre Lucio Gera como profesor "el papá de los teólogos argentinos"...Ambos susurraban, en el mismo estilo didáctico del Yahvéh que hablaba en la brisa suave al profeta Elías.Seamos portavoces ("kerygmáticos") de ese susurro del Dios: "Nos ama... nos ama..a todos... para que tengamos Vida en plenitud". Feliz día Padre Frans - y en vos a todos los de "ambas comunidades"- , seguramente haciendo equipos en el Cielo como edificaste Reino entre nosotros.» (Cristian Saint Germain) Nuestra secretaria administrativa nos ha enviado su saludo: «Queridos catequistas, en este día tan especial deseo que el Señor renueve nuestro impulso catequístico, que el Espíritu Santo nos inspire las Palabras justas para llevar el mensaje, Jesús sea nuestro modelo y María nos llene de su alegría y ternura para llegar a los corazones de nuestros catecúmenos. Porque: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído". (Hech 4, 20). ¡Feliz día del catequista!» (Patricia Bruno) «¡Qué linda iniciativa!Recordar “orando” a todos los que con su ejemplo y compromiso y siendo “testigos apasionados” del Evangelio, nos marcaron el camino y nos animan a seguir trabajando por el Reino. ¡Que así sea!» (Tere Ramilo– Bariloche) …«siento que el alma del catequista lo tenemos prendido al corazón. Gracias por tus noticias y por compartir esa fiesta que se merece, y mucho más, el catequista (mujer, joven, niño, adulto)... que misiona por ahí acompaña el crecimiento y maduración de la fe de sus catequizandos. »

 

Saludos y parabienes desde Bolivia. Con mucho cariño.

Pedro Durán - Bolivia

 
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