Año 13 - Nº 163
Diciembre 2015
GRACIAS, PROFECÍA, ESPERANZA...
«Ustedes no solamente tienen una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir. Pongan los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu los impulsa, para seguir haciendo grandes cosas» Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal sobre la Vida Consagrada (n. 110).

Me encuentro releyendo la carta apostólica que un año atrás escribiera el Papa Francisco a todos los consagrados con ocasión de dedicar todo un año a la Vida Consagrada, y confieso que parece que el tiempo nos supera, agravado por la sensación psicológica y muchas veces real , que en la Iglesia estamos sobre pasados de “acontecimientos y tiempos especiales” donde pareciera que lo ordinario se nos va esfumando poco a poco.

Quizás sea uno de los signos de los tiempos, que con serenidad tendremos que discernir…

Pero lo cierto es que desde el ISCA no queremos que pase el año de la Vida Consagrada sin pronunciar entre todos tres palabras muy sencillas y sentidas al mismo tiempo: GRACIAS, PROFECIA, ESPERANZA…

GRACIAS: Escribía a los consagrados el Papa Francisco el año pasado en una Carta Apostólica con motivo del año de la Vida Consagrada: ” Cada Instituto viene de una rica historia carismática. En sus orígenes se hace presente la acción de Dios que, en su Espíritu, llama a algunas personas a seguir de cerca a Cristo, para traducir el Evangelio en una particular forma de vida, a leer con los ojos de la fe los signos de los tiempos, a responder creativamente a las necesidades de la Iglesia…”

Gracias por el regalo grande que significa la diversidad de carisma que nuestra Iglesia se ha visto embellecida a lo largo de la historia!

Gracias de un modo especial por el «Aquí estoy» de nuestros hermanos consagrados, que hacen visible la confianza hecha entrega en el Dios amor (cf. 1 Jn 4,8), donde la propia fragilidad es paradójicamente su única seguridad «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12,10).

Gracias grande que los catequistas del norte al sur, del oeste al este de nuestra Patria pronunciamos con plena conciencia de haber sido favorecidos por hermanos y hermanas que supieron hacer de sus cántaros vitales, agua fresca, oído atento, brazos extendidos para promover, renovar y acompañar la catequesis de nuestras comunidades.

Gracias, que también se hace reconocimiento público, de quienes hoy animamos el ISCA porque la lista de quienes nos edificaron y ayudaron en nuestro caminar catequístico es interminable: Padre Oddone, Hna. Siomara, Hno. Genaro, Hna. Beatriz Sixti, Hna Maria Inés del Corral, Hna. Beatriz Casielo, Hna. Angelita BIancardi, Hno. Felipe, Onofre Pighin, Maruca Segura, Hno. Telmo, Hna. Ayerza… y tantos otros que en este mes de Noviembre queremos recordar en nuestro Facebook del ISCA.

PROFECIA: Si algo caracteriza la verdadera vida consagrada es vivir el presente con pasión. Nos recuerda el Papa Francisco: “Desde los comienzos del primer monacato, hasta las actuales «nuevas comunidades», toda forma de vida consagrada ha nacido de la llamada del Espíritu a seguir a Cristo como se enseña en el Evangelio (cf. Perfectae caritatis, 2). Para los fundadores y fundadoras, la regla en absoluto ha sido el Evangelio, cualquier otra norma quería ser únicamente una expresión del Evangelio y un instrumento para vivirlo en plenitud. Su ideal era Cristo, unirse a él totalmente, hasta poder decir con Pablo: «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21); los votos tenían sentido sólo para realizar este amor apasionado” (Carta don ocasión del año de la Vida Consagrada, 21/11/14)

Profecía que necesitamos más que nunca de los consagrados para ayudarnos a vivir como Iglesia esta conversión pastoral que tiene como fuente el dejarnos interpelar por el Evangelio sin glosa, constituyéndose en el vademecum para la vida cotidiana y para las opciones que estamos llamados a tomar.

Profecía que nos permita superar una catequesis racionalista y moralizante, relativista y mundana, para que nuestro ser y hacer, proponer y enseñar tenga la fragancia vital de Aquel que nos robó el corazón y al cual –después de conocerlo- no puedo dejar de ser su discípulo misionero.

Profecía que nos desinstala una y mil veces en la rutina de lo que siempre hemos hecho, para volver una y mil veces a Aquel que hace nuevas todas la cosas.

Profecía que nos permita en esta humanidad huérfana y enferma de muerte, ser tienda de hospital, hospedaje familiar para todo el que esté junto al camino, porque nuestro corazón ha aprendido del Señor lo que es el amor y cómo amar.

¡Como necesitamos en la catequesis de los consagrados , hermanos y hermanas ligeros de equipaje, que nos ayuden a forjar comunidades, donde el compartir se vive como naturalidad porque hay escuela discipular de tener un solo corazón, o mejor dicho “su mismo corazón” .

ESPERANZA: les recordaba a los consagrados el Papa Francisco hace un año: “La esperanza de la que hablamos no se basa en los números o en las obras, sino en aquel en quien hemos puesto nuestra confianza (cf. 2 Tm 1,12) y para quien «nada es imposible» (Lc 1,37). Esta es la esperanza que no defrauda y que permitirá a la vida consagrada seguir escribiendo una gran historia en el futuro, al que debemos seguir mirando, conscientes de que hacia él es donde nos conduce el Espíritu Santo para continuar haciendo cosas grandes con nosotros.” (Carta don ocasión del año de la Vida Consagrada, 21/11/14)

Esperanza… porque a la vida consagrada le pasa algo parecido que a la catequesis. Muchas veces las dificultades que nos toca afrontar son grandes… Hay momento en que parece hasta inútil nuestra tarea ante un mundo de tanto cambio, que parece que se ha acostumbrado a vivir en una era donde Dios está eclipsado, o delegado a ser un astro más en la cosmología existencial de nuestros contemporáneos.

Esperanza… que nos permite transitar en este claro oscuro de nuestra peregrinación con la serena certeza que cada consagrado nos recuerda con su existencia y opción de vida. Porque cada consagrado silenciosamente con su vidas grita: el Señor de la Historia sigue Vivo y camina con nosotros (Cf. Jr 1,8).

Esperanza que no se funda en la tentación de los números y de la eficiencia, y menos aún a la de confiar en las propias fuerzas. En la pedagogía del Maestro los consagrados han aprendido la pedagogía del grano de mostaza, el valor de una oveja perdida, la lógica de Nazareth.

Esperanza que nos permita a todos hacer realidad una Iglesia más alegre, sencilla, pobre , misericordiosa… para que reflejemos en nuestros rostros la alegría de creer en el Resucitado, que en nuestro corazones siga ardiendo aquel Amor que sedujo, nos congregó y nos envió…

Nuestra catequesis necesita –como toda la Iglesia- una conversión pastoral, signada por la misión y la misericordia.

En una sociedad que ostenta el culto a la eficiencia, al estado pletórico de salud, al éxito, y que margina a los pobres y excluye a los «perdedores», nuestras comunidades catequísticas necesitan de aquellos que dejando todo, siguieron al Señor para amar totalmente y ser signo de su presencia cercana.

Queridos consagradas y consagrados: ¡La catequesis los necesita y mucho! Damos gracias por sus vidas, rezamos por sus obras y les pedimos: ¡impregnen con la fragancia de sus carismas el ser y el hacer de la catequesis!

Pbro. Alejandro José Puiggari
LA VIDA CONSAGRADA, SIGNO DE LA ESPERANZA DE LA CRUZ

Terminando el año de la vida consagrada queremos proponerles releer y rumiar un texto siempre actual del querido Cardenal Pironio, escrito en Roma en julio de 1985. Se trata de un texto inédito del cardenal Eduardo Pironio, entregado a los miembros de la vida consagrada, en misa de apertura de la 110ª Asamblea Plenaria, en el marco del Año de la Vida Consagrada (Basílica de Luján, 8 de noviembre de 2015)

Para leer el texto completo hacer click en este enlace:
http://www.isca.org.ar/images/mail/163-pironio.pdf
TESTIMONIOS DE VIDA

Haciéndonos ecos del Editorial compartimos con ustedes algunos testimonios de personas consagradas que se unen a la acción de gracias que el ISCA quiere compartir terminando este año…

El Señor cautivó mi corazón "Yo soy el Buen Pastor, conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí. Tengo otras ovejas que no son de este corral. A ellas también las llamaré y oirán mi voz” Jn, 10, 14-16.

No puedo hablar de mi vida consagrada sin hacer algo de historia. Yo era una de esas "ovejas perdidas” del rebaño del Señor; una adolescente de 16 años con todas las características propias de la edad. Tenía grandes ideales, muchos sueños, incontables búsquedas pero también una gran crisis. En Dios no creía, no lo conocía.

Señor había dispuesto un encuentro para transformar mi vida. Hoy sé que movida por el Espíritu Santo me encaminé hacia mi primera experiencia de oración comunitaria. Pude sentir en mi corazón no solo que Dios existía, sino que ¡estaba vivo!, habitaba en mi interior y me amaba profundamente. Fue un instante de revelación que cambió absolutamente el curso de mi vida.

Fui creciendo espiritual y humanamente junto con el primer grupo de oración del Movimiento de la Palabra de Dios en Córdoba. Y al poco tiempo, una nueva visita del Señor: el llamado a la vida consagrada. El Señor había cautivado mi corazón y yo descubría que solo podía vivir perteneciéndole totalmente.

Fue una oración sencilla, no muy diferente a otras, pero en un momento en que cerré los ojos imaginando a Jesús crucificado sentí en el corazón que me preguntaba si estaba dispuesta a entregar mi vida junto con El por la salvación de los hombres. En ese momento, inundada de amor respondí sí. Tal vez no sabía bien que significaba este sí en lo concreto, pero supe desde ese momento que mi vida pertenecía absolutamente al Señor y sólo quise y quiero vivir para El.

Ofrecí mi vida en alianza con su Cruz para anunciar el Evangelio y servir desde su Amor a los hombres, especialmente a los jóvenes, a los más necesitados, a los que no lo conocen. Hoy, después de haber transitado cuarenta años de vida consagrada, en los que aprendo cotidianamente a dejarme amar por Jesús, a vivir en comunidad, a reconocer que el Espíritu Santo puede donde yo no puedo; luego de haber atravesado muchos tiempos de gozo y también diversas pruebas y momentos de oscuridad, bendigo al Padre porque miró con bondad mi pequeñez, porque no se dejó detener por mi pobreza, porque me rodeó de hermanos que me alientan con su entrega y su testimonio, porque quiso manifestar su gloria en mi debilidad, porque me llamó a participar de su alianza de amor con Jesús en el Espíritu Santo.

Padre Santo, hoy vuelvo a decirte SI. Amén

Lili Guita
Consagrada laica
Movimiento de la Palabra de Dios


Mi Magnificat en las Bodas de Oro de la Vida Consagrada ¡Bendigan y glorifiquen a Dios conmigo, dando gracias! Sí, proclama todo mi ser la grandeza de Dios! Me alegro porque me salvó y me sigue salvando … Por pura Gracia, se fijó en mí tan pequeña … Se apiadó de mí! Sí, Dios PADRE-MADRE, ha hecho tanto por mí!

A pesar de mi pobreza, ha mirado y mira siempre por mí. ¡Me ama! Soy importante para El! Le agradezco la vida, el haberme creado y redimido. La Consagración Bautismal en ”La Trinidad”: Nací a la Fe y a la Salesianidad conjuntamente. Agradezco el llamado a la Vida Religiosa, junto a la Cruz; “Es justo que yo pase el resto de mi vida en servirte fielmente”. (Via Crucis escrito por Don Bosco en “Juventud Instruida”).

Desde mi adolescencia y en la Familia Salesiana, Él me ha conducido, formado e instruido a través de la vida. Se valió de “Mediaciones” increíbles, personas de Él, verdaderos Testigos cuyos nombres Atesoro en mi corazón. Me acompañó siempre en el camino y me condujo con su mano protectora… “Cuidó para que mi pie no tropiece” (Salmo 91, 12). “Mi Señor me sostiene” (Salmo 54, 6). Hizo y hace tanto por mí!. Me ha levantado cuando yo estaba caída y al borde del camino … Me recogió, se hizo cargo, me tomó en sus brazos … ¡Todo por su gran misericordia! (Isaías 41, 8-11).

En la historia de mi vida, no cierro los ojos a los tiempos oscuros. “Su Luz me hizo ver la luz”. Me sacó a la libertad con aire nuevo y nuevas oportunidades… Bajo el Manto de la Auxiliadora y Madre, también desde su Santuario de Luján y Pompeya, me sentí desde pequeña en su regazo al estilo de Juan Diego y el Negrito Manuel. “En tu Casa yo mi historia comencé”.

Siento ahora que es importante que yo viva todavía; que me guste la vida y opte por ella (Apocalipsis 2, 17). Agradezco tener sueños y proyectos; que su propuesta (Lucas 4, 14-21) vaya cobrando concretez, vez por vez, en los nuevos caminos que siempre me abre, misteriosamente.

En su seguimiento, con corazón de Discípula-Misionera, le agradezco poder Anunciar y Proclamar su Palabra. Le agradezco su PAZ y el poder transmitirla, compartir su amor con tantos y sobre todo con los que suman pobreza… Consolar como El me consoló. Atesorar en el corazón tantos hermanos y amigos a lo largo y ancho de la Patria. Todo esto me llena de Alegría y con muchos proclamo su Grandeza.

Me siento unida con lazos profundos a todos aquellos que Dios puso en mi camino y hoy, conmigo, bendicen y glorifican al Señor dando GRACIAS aquí en el tiempo o desde la Luz Plena, donde todos nos reuniremos en el abrazo final. Amén

Hna Angelita Biancardi fma

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