SINITE

2014

LA PERSPECTIVA MISIONERA. UNA CLAVE PARA LA CONVERSIÓN DE LA CATEQUESIS Y DE LA PASTORAL

LA  PERSPECTIVA  MISIONERA.  UNA  CLAVE  PARA  LA  CONVERSIÓN  DE  LA CATEQUESIS Y DE LA PASTORAL

Jornadas de estudio Louvain-La-Neuve (Bélgica) - 2014

 

Hno. Enzo Biemmi, fsf

 

Os agradezco vuestra invitación. En este momento, dos sentimientos cohabitan en mí: la conciencia de mis límites y la alegría de compartir con vuestra Iglesia belga las mismas preocupaciones pastorales y la misma pasión por el Evangelio. Es este segundo sentimiento lo que me ha hecho aceptar vuestra invitación. Os pido que aceptéis mis límites y recibir mis palabras como una contribución fraternal en la búsqueda común de la fe en el Evangelio.

He estructurado mi intervención en tres partes. La primera concierne a la conversión misionera como clave de lectura para revisar la forma de Iglesia (y por consiguiente para su reforma). La segunda se concentra sobre los arranques catequéticos de esta conversión misionera. La tercera toma en consideración la pastoral y señala cuatro desplazamientos para su reorganización en perspectiva misionera.

La secuencia es pues: Iglesia, catequesis, pastoral. La perspectiva misionera es el denominador común para su interpretación. Se trata de una hipótesis que confío a vuestro discernimiento.

Es inevitable que hable a partir de la experiencia de mi contexto de Iglesia italiana. Sin embargo espero que adivinéis también una sensibilidad más amplia, europea, que cultivo en razón de mi servicio de Presidente del Equipo Europeo de Catequesis.

La perspectiva misionera como forma de Iglesia y figura del cristianismo

Comienzo por una afirmación directa, creo que la renovación de la comunidad eclesial depende de la elección de una perspectiva clara, que sirva para orientar de manera unívoca todos los elementos que entran en juego en la fe cristiana, en la vida de las comunidades, en la pastoral y en la catequesis. Sin tal perspectiva todo proyecto pastoral será confuso. Presento esta perspectiva primeramente con una imagen y después con una explicación simple.

El 24 de junio de 2013, en una sesión de formación de sacerdotes de la diócesis de Rovigo, el padre Luigi Spirandelli, párroco de la parroquia de Ramodipalo di Lendinara, me contaba que ese 24 de junio, de hace 20 años, el edificio de la Iglesia de su pueblo había padecido una verdadera catástrofe. Los fieles habían ya abandonado la Iglesia y acababa de cerrar la puerta. De repente oyó un ruido terrible y se sumergió en una nube de polvo. Tuvieron que pasar unos minutos para que el polvo se disipara. El padre Luis se quedó boquiabierto. ¡El campanario de su Iglesia había desaparecido! Un mini-tornado lo había arrancado, levantado como una pluma y dejado caer con estruendo sobre el tejado de la iglesia. Le he preguntado si, después del desastre, habían reconstruido el edificio. Me respondió que sí, que habían reabierto la Iglesia doce años después, pero que no habían reconstruido el campanario, a causa de la falta de recursos financieros. Ese día, he comenzado mi intervención con los sacerdotes de esta diócesis recordando este episodio. La Iglesia ha conocido estos últimos años un verdadero tornado. Este campanario, simbólicamente al centro del pueblo, marcaba la coincidencia  entre lo civil y lo religioso y hacía de la Iglesia el centro de unidad social de la vida de las gentes. Por consiguiente, ese campanario derrumbado es en adelante una realidad para toda la Iglesia, incluso en los contextos marcados todavía por una cierta religiosidad tradicional. Hay muchos campanarios que quedan psiquícamente de pie, pero simbólicamente están todos derrumbados. Quedan como el recuerdo material de un cristianismo que no es más. He terminado mi encuentro invitando a estos sacerdotes a transformar este malestar en una elección, a remodelar sus comunidades sin edificar de nuevo el campanario, y esto no por falta de medios, sino en vista de una nueva presencia de Iglesia en medio de los hombres y las mujeres de hoy. Y por consiguiente, por un nuevo cristianismo.

Abandonemos la imagen y entremos en la reflexión. El paso que la Iglesia está llamada a hacer es en adelante claro. Escuchamos las palabras del papa Francisco en la exhortación “Evangelii Gaudium”

“Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. Como decía Juan Pablo II a los Obispos de Oceanía, «toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial» (EG 27)

Puedo testimoniar que “Evangelii Gaudium” ha sobrepasado ampliamente los resultados del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, al cual he participado como experto, y ha barrido todo equilibrismo eclesiástico, todo compromiso, lo que ocurre bastante a menudo en la redacción de documentos de Iglesia. El Sínodo había dicho que la evangelización pide la conversión. “Evangelii Gaudium” dice que la conversión pide la reforma, es decir que la conversión personal exige la reforma del funcionamiento de Iglesia, para que las palabras de la fe personal sean confirmadas por las palabras de la fe inscritas en las estructuras eclesiales. El papa Francisco habla de hábitos, estilos, horarios, lenguajes  y  estructuras.  Se  trata  de  la  recuperación  directa  de  “Evangelii  Nuntiandi”:  la  Iglesia evangeliza  no  solamente  por  sus  palabras  sino  por  la  forma  en  la  que  se  da  en  la  historia.  Su organización revela su misión. “Evangelii Gaudium” aparece así más que una exhortación postsinodal (término que ha estado omitido voluntariamente en el encabezamiento del documento). Se trata más de una afirmación que da la forma en que la Iglesia es llamada a asumir en todas sus dimensiones, y por consiguiente de una verdadera re-forma. La misión se convierte en la clave de reinterpretación del cristianismo, de la Iglesia, de su pastoral.

¿Cuál es la razón de una vuelta a una tal perspectiva? Estamos a un paso del fin del cristianismo sociológico. De ese cristianismo en el cual el cristiano y el ciudadano coincidían y donde no se podía ser más  que  cristiano:  la  fe  heredada,  debida,  adquirida,  obligada.  El  tiempo  del  “catecumenado sociológico” (Joseph Colomb) está terminado. Vamos a un tiempo donde la gente, inmersos en un pluralismo cultural y religioso eligirá libremente hacerse cristianos o no, pues la cultura actual no transmite más la fe, sino la libertad religiosa. La repuesta inadecuada a esta situación es la nostalgia, que se traduce desde el punto de vista pastoral por hacer el esfuerzo de reconducir la realidad a como estaba antes, cuando todo el mundo se dirigía a la parroquia. Se trata de una generosidad pastoral mal orientada. Si la Iglesia continua fijándose en lo que tiene detrás de ella, se convertirá inmediatamente en una estatua de sal (Gen 19,26). La dirección correcta es una comunidad de la propuesta que, en su conjunto, por todas sus dimensiones y expresiones se convierta en testimonio del Evangelio en y no contra su contexto cultural. Hemos nacido como levadura; nos hemos convertido, al menos durante quince siglos, en masa, y haciéndonos masa (cristianismo sociológico) hemos perdido la fuerza de ser levadura; el Señor reconduce su Iglesia a ser una minoría. La tentación es de replegarnos en una “secta minoritaria”, o peor en una minoría contra. He aquí el desafío. Es en este punto donde nos jugamos el futuro de la Iglesia y más todavía del cristianismo. La llamada, en la cual el Papa Francisco se hace eco cualificado, es a convertirnos en una minoría “por”, en favor de la masa. Nos renovamos en la carta a Diogneto, que se expresaba así: “los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo” (Carta a Diogneto,6).

¿Debemos lamentarnos por este escenario? Para Evangelii Gaudium: debemos alegrarnos, pues lo que nos espera es potencialmente mejor que lo que estamos en camino de perder. Salimos del cristianismo de lo habitual y de la obligación, vamos hacia una adhesión a la fe minoritaria pero marcada por la libertad y gratuidad.

Debemos sin embargo reconocer, en una lectura pastoral correcta, que no estamos todavía en una situación de final de la cristiandad. Para lo mejor y para lo peor, estamos llamados a salvar los reflejos condicionados del cristianismo sociológico, que continúa en ciertos países europeos y que persiste como una capa en muchas personas y que les conduce todavía a dirigirse a la religión como un elemento de tradición. Considerar esta situación de intervalo como negativa sería una falta de juicio. Sería más todavía un dato ambivalente. Esta ambivalencia entre la persistencia de la petición religiosa y la secularización de las mentalidades es a la vez suerte y pena en la pastoral eclesial. Frente a esta situación estamos llamados por una parte a valorar lo que queda de la tradición (no despreciando la petición  de ritos,  por ejemplo,  que “permanecen creíbles y  operantes más tiempo  que todos los discursos teológicos”1) y por otra parte evitar quedar equivocados por el efecto polvo (del campanario caído) o el “efecto espejo”.

Lo que queda de la cristiandad en las costumbres eclesiales debe ser utilizado para el paso de una fe por convención a una fe por convicción. Trabajamos desde el presente por el cristianismo que vendrá. Esta actitud une coraje y sabiduría pastoral.

La catequesis del primer y segundo anuncio

El cambio de perspectiva de la catequesis

Preguntémonos cuáles son las consecuencias para la catequesis de una conversión misionera de la Iglesia. La catequesis es una dimensión de la pastoral que hay que reconocer que, en relación a después del  Concilio,  su  papel  ha  sido  reducido  sensiblemente.  Hemos  cargado  sobre  las  espaldas  de  la catequesis toda la empresa de renovación de la Iglesia; hemos comprendido después que el problema no  era  solamente  y  sobretodo  catequético,  sino  pastoral.  Ahora  hemos  comprendido  que  es  un problema eclesiológico2. Hemos así relegado la catequesis en un pequeño ángulo de preocupaciones eclesiales. Es al menos la experiencia italiana. El cambio misionero de la Iglesia puede poner en luz el aporte específico de la catequesis, hacerla menos confusa y volver a darle su dignidad. La catequesis no es todo en la Iglesia, pero todo en la Iglesia tiene necesidad de catequesis3. Parafraseando la carta a Diogneto se puede decir que “la catequesis es en la pastoral como el alma en el cuerpo”, asegura su interioridad, evita que el obrar pastoral sea sin alma, sin motivación, reflexión, contemplación.

¿Cuál es pues la declinación misionera de la catequesis? La declinación de la misión en el campo de la catequesis es el primer y el segundo anuncio. Estamos llamados a dar a la catequesis una perspectiva de primer y segundo anuncio. Los obispos italianos, en un documento remarcable sobre la renovación misionera de las parroquias utilizan esta expresión luminosa: “Todas las acciones pastorales, dicen, deben estar impregnadas de primer anuncio”4. Esta perspectiva catequética nos ayuda a comprender que la tarea misionera no consiste en poner a cero la pastoral actual (todavía ampliamente marcada por la perspectiva de la “cura fidei”) para edificar sobre sus ruinas una realidad completamente nueva, sino de intervenir en la pastoral ordinaria incluso la más tradicional dando a todas sus actividades una perspectiva nueva. No se trata de comenzar de cero, sino de cambiar de objetivo. Este objetivo no es más que el paso de la conservación a la propuesta, del encuadramiento al engendramiento.

El primer anuncio

Llegamos pues a la cuestión del primer anuncio. ¿Qué entendemos por catequesis de primer anuncio? Con un lenguaje muy simple, el Papa Francisco se expresa así:

Hemos redescubierto que también en la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o «kerygma», que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. El kerygma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre. En la boca del catequista vuelve a resonar siempre el primer anuncio: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte». Cuando a este primer anuncio se le llama «primero», eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos…

No hay que pensar que en la catequesis el kerygma es abandonado en pos de una formación supuestamente más «sólida». Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio. Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma que se va haciendo carne cada vez más y mejor, que nunca deja de iluminar la tarea catequística, y que permite comprender adecuadamente el sentido de cualquier tema que se desarrolle en la catequesis. Es el anuncio que responde al anhelo de infinito que hay en todo corazón humano. (EG 164-165)

Estas  palabras  de   “Evangelii  Gaudium”  interrogan  fuertamente  a  la  catequesis  de  nuestras comunidades. Aquí se retoma una expresión de Juan Pablo II. Cuando en un coloquio sobre el Catecismo de la Iglesia católica utilizaba la expresión “non omnia, sed totum” el problema es menos transmitir todos los conocimientos de la fe que hacer encontrar el corazón del mensaje evangélico, el

kerigma5. El primer anuncio no se refiere a una totalidad extensiva, sino a una totalidad intensiva. Anuncia el corazón del Evangelio en el corazón de la vida humana. Como consecuencia la catequesis del primer anuncio está sometida a estos criterios inspiradores. “que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas” (EG 165).

Esto es el primer anuncio, este es el Evangelio que todas las mujeres y hombres aceptarían escuchar. He  aquí  la  fe  cristiana  que  toma  permiso  de  la  reducción  moral  del  cristianismo  e  inaugura  el cristianismo de la gracia y la libertad.

El segundo anuncio

Por razones inscritas en la fe misma, el primer anuncio debe cumplirse en el segundo anuncio. La expresión “segundo anuncio” ha sido introducida por Juan Pablo II en 1979, en Polonia: “Una nueva evangelización ha comenzado, como si se tratase de un segundo anuncio, aunque en realidad sea siempre el mismo”6. ¿Qué entendemos por segundo anuncio? Retomando la expresión de “Evangelii Gaudium” el segundo anuncio es “convertir en carne” el primero en los pasos fundamentales de la vida, particularmente en los adultos. Se puede definir como el “segundo primer anuncio”. La gran mayoría de los católicos ha recibido el primer anuncio, ha tenido un contacto con la fe cristiana por herencia. El segundo anuncio es una palabra de bendición al corazón de las travesías de la vida humana. Es el devenir verdadero, es el devenir carne de la primera a cada vuelta de la vida. Es segunda porque aparece de nuevo como una gracia que se ofrece y al mismo tiempo como una segunda llamada para que la libertad se cumpla. Esta nueva disposición, se convierte muy a menudo en la primera apertura consciente y libre de la libertad humana. Es análoga a lo que ha pasado en Israel. El primer éxodo se convierte en segundo primer éxodo en todo paso superior de su historia. Esto vale igualmente para el “sí” pronunciado en un matrimonio o en una elección de vida consagrada. Hay siempre un primer sí fundador, pero muy a menudo los sí determinantes son los segundos. El segundo anuncio es el desafío fundamental de la catequesis que se dirige a personas ya sociológicamente cristianas. Pero es igualmente determinante para aquellos y aquellas que vienen a la fe por primera vez, pues el don de Dios y la respuesta humana no se juegan una vez por todas. Se encarnan a lo largo de toda la existencia humana. Ellos y ellas tienen siempre necesidad de un nuevo comienzo, de varios “segundos anuncios”.

El tiempo favorable del segundo anuncio

¿Cuál  es  el  tiempo  favorable  para  el  segundo  anuncio?  El  tiempo  favorable  es  normalmente  las “fisuras” que se abren en las experiencias humanas que todos, hombres y mujeres, vivimos a lo largo de nuestra vida. No son en los períodos de estabilidad (cultural, afectiva, económica, física…) que el segundo anuncio se hace oír entre nosotros, sino cuando los equilibrios esperados son cambiados. El contexto cultural actual es pues un tiempo particularmente favorable al segundo anuncio. Damos a estas rupturas el nombre de “crisis” entendiendo por ella la intervención de una discontinuidad “por exceso” o “por falta”. Por exceso: la llegada de un “algo más gratis” que nos sorprende (como un amor inesperado, el nacimiento de un hijo, una causa que nos apasiona, etc.). Por falta: la llegada de una amenaza de muerte (una pérdida, un etapa de soledad, una herida, un fracaso, una enfermedad, un

Para que todo esto pase, hay pues una condición. Es la palabra que Pablo continúa dirigiéndonos y que resuena particularmente fuerte en nuestro contexto cultural: “¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? (Rom 10,13-14).

Veamos la contraseña del primer al segundo anuncio

Proyectar la catequesis en perspectiva de primer y segundo anuncio

Voy a procurar señalar algunas consecuencias para redibujar la catequesis en una óptica de primer y segundo anuncio. Me limito a señalar, sin profundizarlas, tres desplazamientos misioneros de la catequesis.

a)   Desplazar el centro de gravedad

En coherencia con una perspectiva misionera nos debemos interrogar sobre el tema, activo y pasivo, alrededor del cual unificar el anuncio del Evangelio. Sean los propuestas sean los recursos eclesiales (catequistas) están todavía desequilibrados y centrados sobre la iniciación cristiana de los niños. Una investigación llevada a cabo en Italia en los años 90 revelaba que sobre un contingente de alrededor de 300.000 catequistas 91.2 % se consagraba a la iniciación cristiana de los niños (alrededor de 273.000). Es como si el 92 % de los médicos fueran pediatras. Una encuesta de 2004 confirmaba este desequilibrio8. El nudo unificante de la catequesis actual es todavía el niño (catequesis pedocéntrica). Esta elección está justificada en un contexto de cristianismo sociológico (los adultos eran ya cristianos) de fe heredada y de una pastoral de conservación (“cura fidei”). El cambio de perspectiva misionera pide un desplazamiento del centro de gravedad. Se puede imaginar una elipse para dos focos: la familia, a lo largo de su historia, el adulto en los pasos fundamentales de su experiencia humana (siguiendo un criterio cronológico y un criterio antropológico). No me limito a la familia, pues la experiencia de un hombre y de una mujer va más allá de su vida familiar. Este desplazamiento del eje catequético debe ser llevado progresivamente, pero sin tardar y sin estar equivocado por el efecto espejo (el polvo del campanario derruido)

¿Estáis de acuerdo en elegir estos dos sujetos como claves de la propuesta catequética? Toda la programación de la catequesis depende de la respuesta a esta cuestión. Si se acumula el cambio de perspectiva (primer y segundo anuncio) con el cambio de centro de gravedad obtenemos las dos coordenadas fundamentales para una renovación misionera de la catequesis.

b)  Elegir puertas de entrada y de regreso

Es imposible comprometer un cambio modificando todos los elementos al mismo tiempo. Debemos elegir  prioridades  y  perseverar  durante  largo  tiempo  en  su  realización.  Si  se  adopta  una  postura misionera, si se pone en el centro a la familia y el adulto, se deben elegir puertas de entrada en la fe o puertas de retorno para aquellos y aquellas que eran cristianos y no lo son más. Tomaré dos ejemplos, el primero de una parroquia en medio rural, el segundo de una unidad pastoral. El consejo parroquial de una parroquia, después de haber analizado la situación, decide comprometer sus energías para los próximos diez años para tener abiertas tres puertas de acceso a la fe: los itinerarios para novios; la pastoral del bautismo (puerta de entrada para los neo-natos y puerta de entrada para sus padres); el acompañamiento de padres y de sus hijos (catequesis familiar) en el período de iniciación cristiana. Se trata de una elección a partir de lo que ya está haciendo pero en una perspectiva de segundo anuncio.En la unidad pastoral del centro histórico de Brescia, una ciudad muy poblada del norte de Italia, las 9 parroquias concernidas que he acompañado durante un año en su discernimiento pastoral, han tomado la   decisión   de   concentrarse   en   tres   puertas   de   acceso:   la   pastoral   pre/post   bautismal,   el acompañamiento  de  parejas  en  situación  difícil  (separados,  divorciados,  que  cohabitan  sin  estar casados); la acogida y el anuncio implícito y explícito del Evangelio a los numerosos inmigrantes que habitan en el centro ciudad. Los consejos pastorales de estas 9 parroquias han decidido que estas tres puertas de acceso a la fe constituyen el lugar de entrenamiento misionero para la comunidad eclesial.

¿Qué prioridades decidís elegir? ¿Qué puerta de entrada decidís reabrir y cuidar particularmente? La respuesta a esta cuestión permitirá optimizar los recursos catequéticos, forzosamente limitados.

c)   Hacer resonar el primer y segundo anuncio en cada paso de vida

Nos queda una tercera cuestión fundamental para una catequesis de primer y de segundo anuncio: su capacidad de reformular el kerigma pascual para que resuene como una buena noticia en las travesías de la vida de los adultos. El kerigma es siempre el mismo, según la bella definición del papa Francisco: “«Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (EG 164). Pero no es necesario repetir este anuncio como un refrán, sino como una canción que encuentra cada día una melodía nueva. Así, en el acompañamiento de parejas que se preparan al matrimonio cristiano, este será el kerigma del amor (Dios os ama, es feliz de vuestro amor y lo bendice; os acompaña en vuestro camino; es fiel cual sea vuestro amor el es salvador); con los padres que piden el bautismo para el bebé o que acompaña a sus hijos en la iniciación cristiana esto será el kerigma de la paternidad y la maternidad de Dios (Dios os ama; es feliz por vuestro hijo; es experto en el arte de engendrar y de hacer crecer: el que es padre y madre os acompaña en vuestra tarea de educadores; no estáis solos: El que da y ama la vida os acompañará); en el encuentro con los adolescentes, esto será el kerigma de la llamada, de la vocación (para Dios todo es precioso; tiene un proyecto al cual puedes dar tu consenso libre; tiene necesidad de ti; hay una plaza para ti en la vida). Para los jóvenes esto será el kerigma del viaje de peregrinación (Dios ama viajar, como tú, contigo; ama la investigación, honra tus dudas, respeta tu libertad y tu inteligencia; es el Dios de la novedad, ama el cambio y pide tu colaboración); para los adultos esto será el kerigma de la presencia (He aquí, estoy contigo, te guardaré por todos los sitios donde irás… No te abandonaré jamás” (Gen 28,15).

La perspectiva del segundo anuncio pide a la catequesis una vuelta a lo esencial, una reformulación de su lenguaje, un anuncio de una alegría que unió de manera indisoluble las palabras de Dios y las palabras humanas. Se trata de considerar la vida humana como el alfabeto de Dios. Esto pide salir de lo sagrado y de dar carne a la Palabra que se ha hecho carne. El amor de Dios es el “Cantus firmus” del primer anuncio, las experiencias humanas son sus “contrapuntos”. Entrar en la vida de las personas, habitarlas con pasión, compasión y esperanza es la actividad cristiana más elevada. He aquí la tierra sagrada, en la cual hay que caminar sobre la punta de los pies, y quitarse las sandalias. La Iglesia, demasiado concentrada en el plan objetivo de la fe, debe desplazarse en la historia que Dios escribe en la carne de los hombres y las mujeres de hoy. Entonces comprenderá también diferentemente y más en profundidad el sentido objetivo de la Revelación.

3. Redibujar la pastoral en perspectiva misionera

Miramos del lado de la pastoral.

“Es necesario pasar de una pastoral de simple conservación a una pastoral verdaderamente misionera”

(EG 15) escribe el Papa Francisco citando al Episcopado latinoamericano. Sin querer ser exhaustivo, aquí también señalaría cuatro desplazamientos.

1)  Osar la desorganización pastoral

Hace cinco años me encontraba en el centro de Italia para el coloquio nacional de catequistas italianos. El tema era “Pasajes de vida, pasajes de fe”. Había estado encargado de dar las conclusiones del coloquio y consagré la tarde libre para preparar este trabajo9. Era el verano y nuestra casa bordeaba el mar. A las 17 h había terminado mi trabajo, pero me faltaba una imagen, un símbolo para resumir nuestras tomas de conciencia. Decidí ir al mar. No soy un buen nadador. Llegué a la playa, me quedé sorprendido por un cartel bien visible que decía: “el salvamento se efectúa de 9 h a 17 h.”. Miré instintivamente mi reloj: eran las 17 h 30 m. Este cartel es el símbolo de nuestra pastoral, una pastoral establecida a partir de su lógica interna, que pide a la vida de las personas adaptarse a su organización. La vida encuadrada en la pastoral y no la pastoral encuadrada por la vida. He debido renunciar a bañarme, pero he encontrado la imagen que buscaba.

La perspectiva  misionera  pide  la  disponibilidad  de  desestructurar  nuestros dispositivos pastorales. Tenemos necesidad en ese momento de un poco de desorden. Se podría decir: organizar la desorganización. Paola Bignari, antigua Presidente de la Acción Católica italiana, decía a los obispos: “Me parece que la Iglesia debe estar dispuesta a cambiar su organización pastoral y sus estructuras para hacerlas verdaderamente adecuadas a la conversión misionera de la que habla desde hace años. Se trata de hacer la pastoral menos planificada y más flexible, para que se adapte a las exigencias de la vida de las personas, a las formas de comunicación que privilegian; a los lugares que viven, a los ritmos de una existencia estallada y agitada. Para encontrar a los buscadores de Dios, que hoy como en el pasado no viven los lugares de Iglesia, es necesaria una Iglesia que se organice en la dispersión de la vida de hoy, para entrar en sintonía con una vida dispersada”10. En efecto la organización pastoral bien estructurada y los esquemas operativos bien rodados operan como rejillas de lectura de la existencia: formatean todo lo que ocurre en el ya conocido, ya-visto. Es así que la novedad del Espíritu escapa a la vista de los hombres y las mujeres de Iglesia.

2)  Reorganizar la pastoral: de los “Tria munera” a la unidad de la persona

¿Cómo contemplar la organización de una pastoral no organizada? A partir del Concilio Vaticano II nuestra pastoral se ha estructurado alrededor de los “tria munera”, lo que ha permitido una articulación en adelante consolidada y seguramente práctica: anuncio, celebración y comunión/caridad (catequesis, liturgia, caridad)11. Es sobre la base de esta repartición que estamos organizados en servicios, oficios, equipos, itinerarios, propuestas pastorales. Esta repartición tiene la ventaja de salvaguardar la unidad de la misión alrededor de los elementos que la constituyen como regalo de Dios. Ella salvaguarda el lado objetivo  de  la  gracia  de  Dios,  irreductible  a  toda  antropología.  Sin  embargo,  sus  límites  se  han convertido en evidentes. La tripartición ha llevado a la parcelación del obrar pastoral, a la multiplicación de sus mediaciones (servicios, responsables, itinerarios, medios…) Muestra su debilidad al asegurar la unidad de la propuesta entre los diferentes operadores y servicios, no llega a manifestar la complementariedad profunda entre Palabra, liturgia y caridad. Finalmente, no llega a mostrar que cada elemento del Evangelio es para el hombre y la plenitud de su vida. Un coloquio importante de la Iglesia italiana que ha ocurrido en Verona en 2006 ha dado a las comunidades cristianas un mandato profético. La unidad de la pastoral de Iglesia – ha afirmado- debe encontrarse a partir de la unidad de la persona para mostrar así  más visiblemente la entrada antropológica  de los gestos de la Iglesia. Debemos reformular la organización pastoral centrándola primeramente sobre las experiencias que los hombres y las mujeres viven a lo largo de su existencia y encontrar el medio de colaborar todos juntos para enviar el don de Dios. El coloquio había indicado a título de ejemplo cinco lugares antropológicos en los cuales hacer resonar las “cinco dimensiones concretas del “sí” de Dios al hombre”12. La pastoral misionera redibuja su propuesta articulando el criterio eclesiológico de los “tria munera” con el criterio antropológico de las múltiples facetas de la experiencia humana. Esto le permite anunciar la pascua de Dios en las pascuas humanas. Las consecuencias prácticas son así señaladas por el teólogo y obispo Franco Giulio Brambilla: “Esto representa efectivamente – escribe-un desafío nuevo. Será necesario imaginar lo que esto significa para el estilo pastoral de los ministros del Evangelio… Es necesario hacer más flexibles los diferentes sectores pastorales y su organización práctica (a partir de los servicios centrales hasta cada una de las comunidades pasando por las diócesis y las estructuras intermedias), es preciso liberalizar. Será necesario recibir los programas que tienen un carácter fuertemente autoreferencial. Será necesario sobretodo mostrar con claridad que se trata de imaginar y de poner en su lugar una pastoral por y con los hombres y las mujeres. La pastoral misionera está orientada a dar forma cristiana a la vida humana”13.

Si me permitís un  testimonio personal, os diré que desde hace diez años coordino un equipo nacional llamado “equipo segundo anuncio”, que durante un lapso de  tiempo de 6 años busca, analiza e interpreta prácticas de segundo anuncio que conciernen a cinco experiencias de adultos, que hemos llamado  “periferias  antropológicas”:  engendrar  y  dejar  partir;  errar;  liarse;  dejarse;  ser  dejado; apasionarse y tener compasión; vivir la fragilidad y la muerte14. La catequesis se compromete a no aislarse de la pastoral y ayuda a la pastoral a salir de sus tabiques estancos. Nuestra ambición es llegar a contar en las comunidades cristianas de Italia una cincuentena de buenas prácticas de segundo anuncio en las cuales todos los agentes pastorales se entrenan a servir a la acción del Espíritu en la carne del hombre. Es un desafío a la fe catequética y pastoral.

3)  Alargar la ministerialidad eclesial

Un tercer elemento implicado en la conversión de la pastoral está constituido por la exigencia de ampliación de su ministerialidad misionera. Si se concentra en la vida humana en sus travesías fundamentales, es evidente que el anuncio de la pascua de Dios en las pascuas humanas es una cuestión esencialmente laica. Aquellos y aquellas que han vivido y viven en su piel los pasos de la gracia son los más indicados para testimoniar a sus hermanos y hermanas. Es necesario alargar la ministerialidad eclesial, dar confianza a los bautizados que conocen el itinerario de la afectividad, las pruebas de la fragilidad, del trabajo, del paro, de la enfermedad, de los duelos, de la muerte. Creo que debemos dar en adelante confianza a los laicos bautizados. Cuando Jesús envió a los 72 discípulos, de dos en dos, ¿pensabáis que estaban preparados para la misión? (lc 10,1 ss.). Diremos que no. Si la misión es un asunto del Espíritu Santo, entonces tendremos que tener confianza en la fuerza y en la debilidad de los testimonios.

Creo que la perspectiva misionera permite exceder las inconsecuencias evidentes de la articulación de los ministerios (que se ve por ejemplo en la negación del ministerio del lectorado a las mujeres). ¿Quién es el más adecuado para llevar el segundo anuncio a una pareja de divorciados vueltos a casar? Una pareja de divorciados vueltos a casar que han hecho un camino de fe. La postura misionera no pide solamente cambiar de perspectiva catequética no de liberalizar las tareas pastorales. Pide también reabrir el dossier de los ministerios y de su regulación, alargar el espectro, prever un ministerio de la debilidad.

4)  Dar forma a una ritualidad cristiana que da forma a la vida humana

Como  se  ve,  la  pastoral  en  una  óptica  misionera  pone  en  camino  todos  los  elementos  que  la constituyen. Sin ser exhaustivos señalo una última expresión pastoral fundamental: la que concierne a la dimensión ritual de la fe. La bendición de Dios en la carne del hombre no se da solamente por las palabras del anuncio y los gestos de la caridad: se convierte hoy por cada una de la celebración litúrgica. Es reconfortante ver que los siete sacramentos (con todos los límites del septenario católico) experimenten exactamente esto: la inserción del misterio pascual en la totalidad de la vida humana. Su articulación  horizontal  ritmada  en  las  etapas  de la  existencia  dice  que  la  vida  humana,  desde  su nacimiento hasta su muerte, está salvada, que no hay nada en la experiencia humana que no esté bajo la gracia de Dios. Se trata, se sabe, de un solo sacramento, pero su emergencia septiforme afirma y realiza la salvación de Dios para todas las dimensiones de la vida y a lo largo de su itinerario. Por consiguiente, en un contexto de cristiandad, los ritos nacidos para dar forma a la vida han conocido un vaciamiento antropológico, lo que ha provocado una reducción de los ritos a ceremonias. La perspectiva misionera se convierte en una suerte para la ritualidad cristiana. Pidiendo dar forma a la carne, le restituye su carne. Hemos a veces oscilado en la celebración entre la repetición aburrida, la tentación de volver a viejos formalismos nostálgicos, la búsqueda de formas naifs espectaculares.

La vida humana pide una liturgia simple y bella, que asuma todas las dimensiones humanas y las ponga en contacto con el misterio de Dios. Seguramente, no celebramos nuestras emociones, sino el misterio pascual. Pero si la celebración del misterio pascual no nos emociona (en el sentido etimológico), si no toca la carne del hombre, entonces tenemos un problema, entonces la liturgia no dará jamás forma a la vida. La misión pues nos pide en entrar en los laboratorios de los ritos. Un tal laboratorio no es el asunto de los liturgistas, es el asunto de todos los agentes pastorales, sin que sus propuestas queden en promesas inacabadas. La catequesis de la caridad se une a la liturgia, para celebrar cada situación humana. Toda forma de alegría, de sufrimiento, de falta, de fracaso debe encontrar su celebración. La actitud misionera creada de gestos simbólicos de bendición no solamente con ocasión de los sacramentos, sino en todo momento de la vida humana.

CONCLUSIÓN

En mi intervención he procurado decir que estamos en adelante en el umbral de un nuevo cristianismo. Este acontecimiento, que confirma que el Dios de Jesús es el Dios de las sorpresas no vendrá por si mismo. Pide a la comunidad eclesial recuperar su vocación misionera, de consentir con alegría de ser una minoría, de volver a ser levadura en favor de la masa. Por esta razón las palabras de Pablo (“¿Y como oirán sin nadie que se lo anuncie?”) y las consignas de “Evangelii Gaudium” se convierte en el cuaderno de carga de la Iglesia. La actitud misionera solicita una catequesis del primer y segundo anuncio. Pide revisar todo el obrar pastoral, de organizar una cierta desorganización, de referirse a la liberalización de los sectores y de los servicios pastorales, de alargar la ministerialidad en dirección de la laicidad y de la debilidad, de recuperar la carne de los ritos para los que dan forma a la vida humana.

Estamos seguros que el Espíritu prepara los rasgos de un nuevo cristianismo. Somos como Moisés, no veremos este mundo nuevo sino de lejos. Trabajamos en la esperanza y por la esperanza, en la certeza que el Espíritu hace todas las cosas nuevas. A pesar de nosotros, pero no sin nosotros.

1 TREMBLAY S., Le dialogue pastoral, Lumen Vitae, Novalis, 2005, 40.

2 “El problema de la infecundidad de la evangelización hoy, de la catequesis de los tiempos modernos es un problema  eclesiológico,  que  concierne  a  la  capacidad  o  incapacidad  de  la  Iglesia  de  configurarse  en  una comunidad  real,  en  una  auténtica  fraternidad,  en  un  cuerpo,  y  no  en  una  máquina  o  en  una  empresa” (Lineamenta, Sínodo sobre la nueva evangelización, 2). 

3 CONFERENZA EPISCOPALE ITALIANA, Il rinnovamento della catechesi, nº 6

4 CONFERENZA EPISCOPALE ITALIANA, Il volto missionario delle parrocchie in un mondo che cambia, 30 mayo de 2004, nº 6.

5 El Catecismo de la Iglesia Católica, “Catecismo del Vaticano II”. Discurso de Juan Pablo II en el congreso organizado por dos dicasterios romanos, Ciudad del Vaticano, viernes 11 de octubre de 2002. “Presentando la doctrina católica de manera auténtica y sistemática, y por tanto sintética (non omnia sed totum), el Catecismo reúne todo el contenido de la catequesis a su centro vital, que es la persona de Cristo Señor” (http://www.zenit.org/fr/articles/le-catechisme-de-l-eglise-catholique-catechisme -de-vatican-ii).

6 Juan Pablo II, homilía delante de los obreros de Nowa Uta, Polonia, 9 de junio de 1979 (http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/homilies/1979/documents/hf_jp- ii_hom_19790609_polonia-mogila-nowa-huta_fr.html). duelo). Las sorpresas son aperturas posibles, las heridas son hendiduras potenciales. Las “crisis” interpretadas como la interrupción de lo ordinario son también “posibles umbrales de la fe”7. En el corazón de las experiencias, el misterio humano nos preocupa con sus dos dimensiones: la vida y la muerte.  Esto  vale  para  un  amor,  el  nacimiento  de  un  hijo,  la  enfermedad,  etc.  Para  que  estos “umbrales” se hagan consentimiento, invocación, acción de gracias y profesión de fe es preciso que tenga una “revelación” de un lado y una revelación por el otro, es decir el testimonio de alguien que ayude a reconocer una Presencia que bendice, para que se llegue a decir como lo hizo Jacob: “Dios estaba allá y no lo sabía” (Gen 28,16).

7 Obispos de las diócesis de Lombardia, La sfida della fede: il primo annuncio, EDB 2009, 11-26.

8 GIUSEPPE MORANTE, I catechisti parrocchiali in Italia nei prima anni 90. Ricerca socio-religiosa, Elledici

1996; GIUSEPPE MORANTE, VITO ORLANDO, catechisti e catechesi all’inizio del terzo milenio. Indagine

socio-religiosa nelle diocesi italiani, Elledici, 2004.

9 Passaggi di vita, passaggi di fede, passaggi di Chiesa, Atti del XLI Convegno Nazionale dei Direttori UCD, vasto  Marina (Ch),  18-21  junio  de  2007,  Notiziario  dell’Ufficio  catechistico  nazionale,  anno  XXXVI,  n.3, settembre 2007, 114-118.

10 P.BIGNARDI, La via del dialogo e la pluralità dei cammini, in Primo Annuncio, Notiziario dell’Ufficio

Catechistico Nazionale, anno XXXVI, n.1, abril 2007, 81-84.

11 Retomo aquí las reflexiones de F.G.BRAMBILLA, Partenza da Verona, in “La Rivista del Clero Italiano” 87

(2006)

12 Estos cinco lugares antropológicos eran: la dimensión afectiva, el trabajo y la fiesta, la fragilidad, la educación (transmisión de valores) la responsabilidad y la fraternidad social (CONFERENZA EPISCOPALE ITALIANA, “Rigenerati per una speranza viva” (1 Pt 1,3): testimoni del grande “si” di Dio all’uomo, 29 de enro de 2007

13 BRAMBILLA F.G., Partenza da Verona, in “Rivista del Clero Italiano” 87 [2006] 721-737.

14 Hasta el momento hemos publicado dos libros con nuestro trabajo: BIEMMI E., Il secondo annuncio. La grazia di ricomenciare, EDB, Bologna 2012 ; Il secondo annuncio. La mappa, EDB, Bologna 2013

Enero - Abril 2006

Los desafíos planteados a la Catequesis Francesa

Artículos 
Saludo de Bienvenida al Coloquio Europeo de Catequesis - Eduardo Malvido 
El nuevo paradigma de la catequesis - Emilio Alberich 
El nuevo paradigma de la catequesis desde el Instituto - Internacional de Catequesis «Lumen Vitae» - André Foisson
El nuevo paradigma de la catequesis - Manuel del Campo Guilarte
Los desafíos planteados a la catequesis francesa - Denis Villepet 
El nuevo paradigma de la catequesis desde el Instituto - Superior de Ciencias Religiosas y Catequéticas «San Pío X» - Equipo de profesores San Pío X

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