{"id":1932,"date":"2022-01-22T13:02:18","date_gmt":"2022-01-22T16:02:18","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=1932"},"modified":"2022-01-22T13:02:23","modified_gmt":"2022-01-22T16:02:23","slug":"el-caminante-de-emaus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/el-caminante-de-emaus\/","title":{"rendered":"EL CAMINANTE DE EMAUS"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>El caminante de Ema\u00fas<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En tiempo pascual es bueno releer un texto \u201cconocido\u201d pero siempre nuevo\u2026 Jos\u00e9 Luis Descalzo nos ayuda a mirar el texto de los disc\u00edpulos de Em\u00e1us desde otra perspectiva:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab<em>Ahora es el desconocido quien habla:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Oh, hombres sin inteligencia y tardos de coraz\u00f3n para creer todo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>lo que vaticinaron los profetas! \u00bfNo era preciso que el Mes\u00edas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>padeciese esto y entrase en la gloria? Y, comenzando por Mois\u00e9s y<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>todos los profetas, les fue declarando cuanto a \u00e9l se refer\u00eda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La voz del caminante era c\u00e1lida y persuasiva. Pon\u00eda toda su alma en lo que dec\u00eda. Incluso cuando les reprend\u00eda,&#8221; <strong>su palabra era suave y no her\u00eda<\/strong>. M\u00e1s tarde reconocer\u00edan que esa voz les iba calentando el coraz\u00f3n. Le o\u00edan y se maravillaban de su sabidur\u00eda y de su amor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n era? Sin duda un \u00abnab\u00ed\u00bb conocedor hasta el fondo de las sagradas Escrituras, pero en todo caso un \u00abnab\u00ed\u00bb ajeno a los c\u00edrculos oficiales que hab\u00edan condenado a su Maestro. Y, seg\u00fan le o\u00edan hablar, las oscuridades iban cayendo de sus ojos. Ellos que cre\u00edan conocer de carrerilla aquellos textos que el caminante citaba, se daban cuenta ahora de que no hab\u00edan entendido nada. La palabra de Dios se iba haciendo <strong>viva, operante, acusadora, desenmascaradora<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, al mismo tiempo, iban sinti\u00e9ndose avergonzados y felices. Avergonzados por su falta de fe, por su corta inteligencia. Y felices porque <strong>su esperanza renac\u00eda<\/strong>, porque un nuevo amor iba brotando dentro de ellos. A\u00fan no se daban cuenta, pero Dios ya estaba con ellos y dentro de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, mientras \u00e9l iba hablando, los dos disc\u00edpulos iban pasando de la tristeza a la alegr\u00eda, de la indiferencia al amor. La palabra de Dios les iba transformando. Y, por eso, aun antes de reconocerle, esa misma palabra hizo que empezasen a obrar como si ya le hubiesen conocido. El amor, la caridad, fue por delante de la fe. Llegaron al pueblecillo a donde iban y el caminante se despidi\u00f3 de ellos, dispuesto a seguir su camino. Era ya casi de noche y ellos sintieron piedad por \u00e9l: \u00bfpor qu\u00e9 no se quedaba a pasar la noche con ellos? Aquel era su pueblo, all\u00ed ten\u00edan casa; pod\u00eda quedarse a dormir entre ellos y a la ma\u00f1ana siguiente seguir\u00eda su camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el amor les conducir\u00eda a la fe. No bastaba el conocimiento. El caminante les hab\u00eda iluminado las Escrituras, pero eso no bastaba para reconocerle a\u00fan. La inteligencia abre la puerta de la fe, pero s\u00f3lo la cruza el coraz\u00f3n. El caminante hab\u00eda obrado hacia ellos con ese respeto soberano del ap\u00f3stol aut\u00e9ntico: sin forzar. Hab\u00eda expuesto la verdad y ahora se dispon\u00eda a seguir su camino, sin imponerse, sin obligar.<\/p>\n\n\n\n<p>Como escribe Evely, especialmente feliz en el comentario de esta escena:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Jes\u00fas no se impone, aunque se proponga siempre a s\u00ed mismo. El<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>nos deja libres. \u00a1Nada resulta tan f\u00e1cil como obrar cual si no le<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>hubi\u00e9ramos encontrado, como si no le hubi\u00e9ramos o\u00eddo, como si<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>no lo hubi\u00e9ramos reconocido! Dios es humilde. Dios est\u00e1 en medio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de nosotros como uno que sirve. Dios se propone. Dios es un<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>compa\u00f1ero fiel, y, en cierto aspecto, silencioso. No hace m\u00e1s que<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>murmurar, y resulta f\u00e1cil tapar su voz. Todos nosotros tenemos el<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>terrible poder de obligar a Dios a callarse.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero estos dos disc\u00edpulos tienen ya el coraz\u00f3n caliente y oyen la palabra de Dios: le obligaron a quedarse. Dios nos acompa\u00f1a de buena gana, pero le gusta ser forzado a ello. Y entr\u00f3 Jes\u00fas en su aldea y en su casa. Y le ofrecieron el honor de presidir la mesa. Le miraban con emoci\u00f3n. A lo largo de todo el camino, aquel hombre les hab\u00eda impresionado por su modo de comentar las Escrituras. Hab\u00edan recibido, sin molestarse, su reprensi\u00f3n y ahora, no sab\u00edan por qu\u00e9, ten\u00edan la impresi\u00f3n de haber vivido ya otra vez esta misma escena.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando el desconocido tom\u00f3 el pan, lo bendijo, lo parti\u00f3. En realidad no hac\u00eda nada que no hubiera hecho cualquier otro israelita piadoso. Pero lo hac\u00eda de un modo que fue para ellos como el descorrimiento de un velo. Le miraron, se miraron. Y, antes de que abrieran los labios, el desconocido desapareci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora volvieron a mirarse m\u00e1s desconcertados a\u00fan, pero, sobre todo, alegres. Recordaron en un solo rel\u00e1mpago las explicaciones del viajero, que les hab\u00eda asegurado que el desenlace de la vida de Jes\u00fas no era la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Que pasar\u00eda por ella para cumplir las Escrituras, pero que \u00e9se no ser\u00eda su final. Ya no dudaron: era \u00e9l y era \u00e9l, resucitado. Ni siquiera sintieron la decepci\u00f3n de haberle perdido de nuevo; la alegr\u00eda de saberle vivo era m\u00e1s importante que la de verle. Se sent\u00edan embargados en el juego de Dios que parec\u00eda burlarse de ellos. Como dice Newman, el Se\u00f1or pas\u00f3 entre ellos desde el escondite de ver sin conocer, al de conocer sin ver. A Dios no le gusta ser conocido por miedo o por inter\u00e9s. Le gusta ser conocido por amor. Y al amor de aquellos dos hombres les bastaba con saberlo vivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso su fe se convirti\u00f3 enseguida en fuego, se hizo apost\u00f3lica. Sin detenerse un minuto, sin comentarlo casi, se levantaron y regresaron corriendo a Jerusal\u00e9n. Los once kil\u00f3metros se les hicieron ahora mucho m\u00e1s cortos. Porque la alegr\u00eda aligera las cosas, as\u00ed como la tristeza las hace pesadas. De pronto se sintieron ap\u00f3stoles, fraternos. No guardaron para s\u00ed su alegr\u00eda. Ten\u00edan que comunicarla y repartirla.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p><em>Jos\u00e9 LuisMart\u00edn Descalzo<a href=\"#_ftn1\"><strong>[1]<\/strong><\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Vida y Misterio de Jes\u00fas de Nazareth III<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pag 296-298<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para seguir pensando:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>nos dice el autor<em> \u00ab El caminante hab\u00eda obrado hacia ellos con ese respeto soberano del ap\u00f3stol aut\u00e9ntico: sin forzar\u00bb <\/em>Leyendo atentamente el texto: \u00bfqu\u00e9 actitudes podemos rescatar para nuestra tarea como catequistas hoy?<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> <em>Publicado por Milagros Rod\u00f3n 20 de abril de 2015 en<\/em><em> Oleada Joven<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>http:\/\/www.oleadajoven.org.ar\/index.php\/Articulos\/print\/10673\/format\/smoothbox<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El caminante de Ema\u00fas En tiempo pascual es bueno releer un texto \u201cconocido\u201d pero siempre nuevo\u2026 Jos\u00e9 Luis Descalzo nos ayuda a mirar el texto de los disc\u00edpulos de Em\u00e1us desde otra perspectiva: \u00abAhora es el desconocido quien habla: \u00a1Oh,&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"footnotes":""},"categories":[12],"tags":[21],"class_list":["post-1932","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-aula-abierta","tag-catequesis"],"gutentor_comment":0,"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1932","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1932"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1932\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1933,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1932\/revisions\/1933"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1932"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1932"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1932"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}