{"id":1969,"date":"2022-01-22T13:54:19","date_gmt":"2022-01-22T16:54:19","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=1969"},"modified":"2022-01-22T13:54:24","modified_gmt":"2022-01-22T16:54:24","slug":"espiritualidad-de-la-iniciacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/espiritualidad-de-la-iniciacion\/","title":{"rendered":"Espiritualidad de la iniciaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>La persona del catequista de iniciaci\u00f3n: vocaci\u00f3n y ministerio singulares Una de las preocupaciones y prioridades m\u00e1s grandes es la formaci\u00f3n de los catequistas. La renovaci\u00f3n de la catequesis necesita de catequistas renovados desde su misma formaci\u00f3n, dispuestos a la conversi\u00f3n pastoral que nos pide la Iglesia en Latinoam\u00e9rica. \u201cCualquier actividad pastoral que no cuente para su realizaci\u00f3n con personas verdaderamente formadas y preparadas, pone en peligro su calidad. En consecuencia, la pastoral catequ\u00e9tica diocesana debe dar prioridad a la formaci\u00f3n de los catequistas laicos\u201d . La formaci\u00f3n de los catequistas es prioritaria como tarea de la m\u00e1xima importancia . Es imposible pretender un planteo renovado de la iniciaci\u00f3n cristiana si los mismos catequistas y los distintos agentes que participan con ellos en este proceso catecumenal no viven la experiencia de este mismo proceso, renovando el memorial de su iniciaci\u00f3n. Este tema es una de las mayores exigencias y preocupaciones de los obispos; no s\u00f3lo una formaci\u00f3n adecuada de los catequistas, sino tambi\u00e9n la necesaria formaci\u00f3n catequ\u00edstica de los sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas. Al respecto, reafirmamos las caracter\u00edsticas se\u00f1aladas por los obispos argentinos en Juntos para una Evangelizaci\u00f3n Permanente (n\u00ba 97), y las desarrolladas en el Directorio General para la Catequesis (n\u00ba 222-225; 228-229). As\u00ed como la catequesis debe ser coherente con el proyecto eclesial y pastoral de la comunidad (diocesana y parroquial), as\u00ed tambi\u00e9n el perfil propio del catequista deber\u00e1 asumir, para un adecuado ejercicio de su ministerio, ante todo, la pedagog\u00eda de Dios \u2013que sabe tomar la iniciativa y espera pacientemente la respuesta de aquellos a quienes se dirige y acompa\u00f1a-, con el estilo comunional de la Iglesia de Jesucristo \u2013ya que se sabe miembro de una comunidad, que presta su servicio en comuni\u00f3n con otros, que busca integrar a sus catequizando en la comunidad, que vive la espiritualidad de la comuni\u00f3n como principio pedag\u00f3gico -, atento al querer de Dios y a las expectativas m\u00e1s profundas de los catec\u00famenos-catequizandos con quienes transita el camino catecumenal. El catequista, persona experimentada en el trato con Dios, es un facilitador del encuentro del hombre con Dios, de all\u00ed que la metodolog\u00eda catequ\u00edstica, si bien toma elementos de las ciencias humanas (pedagog\u00eda, did\u00e1ctica, sicolog\u00eda\u2026), tiene caracter\u00edsticas especiales que derivan precisamente del contenido y de la \u00edndole de la formaci\u00f3n de la fe, que son distintas a todo otro tipo de educaci\u00f3n. Un catequista con estas cualidades debe ser formado adecuadamente. Uno de los retos que tenemos por delante es la renovaci\u00f3n de nuestros centros de formaci\u00f3n \u2013programas, recursos, criterios pedag\u00f3gicos-. Es un desaf\u00edo que exige un cambio de enfoque y de m\u00e9todo. Queremos formar catequistas que puedan acompa\u00f1ar procesos catecumenales de iniciaci\u00f3n cristiana, tanto de adultos como de ni\u00f1os. Es por eso que proponemos una formaci\u00f3n de catequistas \u201cen estilo catecumenal\u201d: que nuestros candidatos a ser catequistas, siguiendo un proceso evangelizador, hagan memoria de su encuentro con Jesucristo \u2013 al modo de los peregrinos de Ema\u00fas-, y profundicen su fe y su compromiso de vida cristiana, por medio de una renovada y sincera conversi\u00f3n, en un ambiente de comunidad cristiana, guiados por un equipo formador en el cual todos son precisamente catequistas. Hemos constatado la riqueza que guarda este proceso catecumenal, el cual renueva la vida de fe posibilitando una mayor vivencia de ella, y a\u00fan la suscita en aquellos catequistas que viven su vida cristiana en forma tibia o mediocre. La experiencia del encuentro con Jesucristo a trav\u00e9s de este itinerario catecumenal es tan fuerte, que motiva y anima a que los mismos catequistas puedan replicar este acontecimiento con sus catec\u00famenos-catequizandos. Este formaci\u00f3n en el proceso de la experiencia catecumenal, se ver\u00e1 enriquecida si los mismos catequistas conocen y aprende la estructura pastoral del Ritual para la Iniciaci\u00f3n Cristiana de Adultos, y lo asumen como un proceso de iniciaci\u00f3n cristiana integral, que comienza desde el anuncio kerygm\u00e1tico y la conversi\u00f3n, y conduce a la vida comunitaria, a la Eucarist\u00eda en la comunidad adulta y a la acci\u00f3n de presencia y transformaci\u00f3n en el mundo . Caminar acompa\u00f1ando personal y comunitariamente Nos dice el P. Esparafita (\u2026) La iniciaci\u00f3n cristiana es una acci\u00f3n simb\u00f3lica eclesial. La Iglesia est\u00e1 toda ella comprometida, involucrada en la iniciaci\u00f3n de aquellos que movidos por el Esp\u00edritu Santo han querido y quieren participar del misterio salv\u00edfico revelado en Jesucristo. Por eso hemos dicho que la Iglesia como madre sol\u00edcita engendra, alumbra, fortalece y nutre a sus hijos con la vida de Dios que le ha sido confiada. Los acompa\u00f1a en su crecimiento y como \u00abel buen samaritano\u00bb cuando los ve heridos, olvidados o maltrechos, los cura y cuida con la misma gracia de Dios con que ella misma es a su vez sostenida. Si bien es cierto que la acci\u00f3n de la gracia vincula al hombre con Dios, es cierto tambi\u00e9n que esta acci\u00f3n esta mediada y sujeta a las condiciones de la misma encarnaci\u00f3n. La Iglesia, depositaria del mandato evangelizador, recibe hist\u00f3ricamente en los ap\u00f3stoles \u2013destinatarios originarios\u2013 aquel mandato pascual de bautizar. El obispo, en cuanto sucesor de los ap\u00f3stoles, es el primer responsable de esta misi\u00f3n en su di\u00f3cesis. Si bien lo hemos abordado de un modo transversal en este trabajo, nos parece oportuno destacar aqu\u00ed la cuesti\u00f3n del ministro de la iniciaci\u00f3n cristiana. Consideramos que su incidencia es tal que afecta notoriamente a la carga simb\u00f3lica de la celebraci\u00f3n sacramental. Por nuestra parte hemos destacado y llamado al obispo como ministro originario de la iniciaci\u00f3n; originario entendido como primario, sucesor de los que recibieron primero aquella misi\u00f3n; como aquel que por su ministerio en la Iglesia la celebre normalmente y, si le resultare imposible, vele porque la completa iniciaci\u00f3n cristiana de quienes lo solicitan no sea negligida. \u00abSu presencia en la comunidad parroquial que, por la pila bautismal y la Mesa eucar\u00edstica, es el ambiente natural y ordinario del camino de la iniciaci\u00f3n cristiana, evoca eficazmente el misterio de Pentecost\u00e9s y se demuestra sumamente \u00fatil para consolidar los v\u00ednculos de comuni\u00f3n eclesial entre el pastor y los fieles\u00bb. Teniendo en cuenta que la magnitud de la tarea pastoral y las dilatadas dimensiones de sus territorios diocesanos conminan a los obispos a delegar muchas veces la celebraci\u00f3n sacramental de la iniciaci\u00f3n cristiana y, asumiendo que los presb\u00edteros, son \u00abnecesarios colaboradores y consejeros\u00bb del obispo, estimamos que, sin detrimento de lo sostenido m\u00e1s arriba, particularmente a los que tienen oficio vinculado a la cura de almas \u2013los p\u00e1rrocos\u2013, podr\u00eda consider\u00e1rselos ministros de la iniciaci\u00f3n cristiana con capacidad ordinaria, pero delegada en virtud del mismo oficio que ejercen, para administrar los tres sacramentos. El calificativo de \u00abdialogal\u00bb con el que consideramos a la acci\u00f3n sacramental de la iniciaci\u00f3n cristiana surge por cuanto \u00e9sta encierra un dinamismo por el que la propuesta de Dios espera siempre una nueva respuesta actualizada por parte del hombre. Este gran sacramento no es un acto cerrado, clausurado en la celebraci\u00f3n de cada rito, sino abierto a sucesivas respuestas, no siempre en el mismo sentido por parte del hombre. De all\u00ed que entendemos la iniciaci\u00f3n cristiana no como un proceso lineal de crecimiento progresivo sino un proceso transformador en el que la garant\u00eda de crecimiento est\u00e1 ofrecida y anticipada gratuitamente por Dios y la eficacia del mismo est\u00e1 en estrecha relaci\u00f3n con la libre respuesta del hombre. Aunque el hombre a lo largo de este di\u00e1logo salv\u00edfico demore su respuesta, responda negativamente o con indiferencia, la propuesta de Dios estar\u00e1 siempre abierta para \u00e9l, expectante, como el \u00abpadre misericordioso\u00bb de la par\u00e1bola narrada en el Evangelio seg\u00fan san Lucas. Podr\u00edamos decir que en cada respuesta \u00abhist\u00f3rica\u00bb del hombre se dinamiza la eficacia de la acci\u00f3n sacramental, esperando la plenitud del eschaton en que nuestra respuesta se identifique con la de Cristo. Teniendo en cuenta que la iniciaci\u00f3n cristiana en cuanto sacramento implica en su celebraci\u00f3n una interacci\u00f3n din\u00e1mica de dos sujetos, entre los cuales intervienen una multiplicidad de mediaciones dedicamos una consideraci\u00f3n especial a lo que llamamos las disposiciones del sujeto refiri\u00e9ndonos de este modo a quien recibe la gracia como don. No hemos abordado la ponderaci\u00f3n de quien se resiste interiormente a recibir la gracia o la de quien finge estar dispuesto a recibirla por cuanto consideramos que no estar\u00eda en directa relaci\u00f3n con el tema abordado. No hemos considerado tampoco la incidencia de aquellas otras mediaciones para la eficacia sacramental, tales como las condiciones en que se celebran los sacramentos, o los recursos catequ\u00edsticos de los que se valen los agentes pastorales, o la calidad de trato de la comunidad en que los interesados son recibidos. S\u00ed nos hemos detenido en la consideraci\u00f3n respecto de la \u00abedad\u00bb de quien sea invitado a participar del gran sacramento de la iniciaci\u00f3n, por entender que es uno de los temas disparadores de las alternativas pastorales algunas de las cuales, seg\u00fan nuestro entender por su distorci\u00f3n en la celebraci\u00f3n secuencial de los sacramentos podr\u00edan afectar la unidad simb\u00f3lica de la iniciaci\u00f3n cristiana. La consideraci\u00f3n de los sacramentos como acciones en las que Dios toma la iniciativa expectante de una respuesta eficaz del hombre, nos exime de volver aqu\u00ed sobre la cuesti\u00f3n de administrar o no a los beb\u00e9s o a las personas sin uso de raz\u00f3n, los sacramentos de la iniciaci\u00f3n ya que no se trata de la entrega hist\u00f3rica de un rito regalado sino de la celebraci\u00f3n de una acci\u00f3n memorial que se abre paso hacia la eternidad. Por eso mismo nos permitimos llamar la atenci\u00f3n sobre una conducta que est\u00e1 en estrecha relaci\u00f3n con la dimensi\u00f3n eclesial de la iniciaci\u00f3n cristiana. (\u2026) La Iglesia al preparar y celebrar los sacramentos, pues, no entrega cosas de las cuales se desentiende una vez repartidas, \u2013no arroja perlas a los chanchos\u2013, sino que a trav\u00e9s del acontecimiento sacramental expresa su realidad m\u00e1s profunda: celebra un misterio por el que quienes intervienen son engendrados o renuevan en s\u00ed mismos por la gratuita iniciativa de Dios una Vida nueva, trascendente, eterna y se establece entre ellos un v\u00ednculo del que la Iglesia misma es responsable y ha de procurar que \u00e9se alcance su mayor eficacia, por el acompa\u00f1amiento, por la reconciliaci\u00f3n, por el crecimiento. Temer o poner \u00f3bices pastorales para la celebraci\u00f3n integral de la iniciaci\u00f3n cristiana, es olvidar que la celebraci\u00f3n de este gran sacramento no es el t\u00e9rmino o punto final de una relaci\u00f3n sino inicio, apertura, disposici\u00f3n para crecer en la comuni\u00f3n con Dios y con los hermanos. La celebraci\u00f3n de los sacramentos no es entrega de trofeos o reparto de premios a los m\u00e9ritos de quienes los reciben sino la administraci\u00f3n de un don que dispone y capacita para actuar meritoriamente en el seguimiento de Jesucristo. Camino de la Iglesia para que la Iglesia camine Nuestros Pastores nos proponen algunas orientaciones: Despu\u00e9s de haber expuesto los lineamientos generales sobre la necesidad de renovar nuestra catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana acentuando su perspectiva kerygm\u00e1tica y catecumenal, presentamos esta 2\u00aa parte, en la cual damos algunas orientaciones pr\u00e1cticas, que ayudar\u00e1n a implementar esta renovaci\u00f3n. Resaltamos lo de orientaci\u00f3n pr\u00e1ctica, lo cual supone que a la hora de planificar la pastoral catequ\u00edstica \u2013a nivel diocesano o parroquial-, todo queda sujeto a la prudencia pastoral y a la decisi\u00f3n de quienes son responsables de esta tarea. Son por lo tanto sugerencias, para ser tenidas en cuenta en el proyecto pastoral, recordando siempre lo que nos dice el documento de Aparecida: \u201cEl proyecto pastoral de la Di\u00f3cesis, camino de pastoral org\u00e1nica, debe ser una respuesta consciente y eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy, con \u2018indicaciones program\u00e1ticas concretas, objetivos y m\u00e9todos de trabajo, de formaci\u00f3n y valorizaci\u00f3n de los agentes y la b\u00fasqueda de los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evang\u00e9licos en la sociedad y en la cultura\u2019. Los laicos deben participar del discernimiento, la toma de decisiones, la planificaci\u00f3n y la ejecuci\u00f3n. Este proyecto diocesano exige un seguimiento constante por parte del obispo, los sacerdotes y los agentes pastorales, con una actitud flexible que les permita mantenerse atentos a los reclamos de la realidad siempre cambiante\u201d . Rezamos lo aprendido Les proponemos mirar los textos 548 y 549 de la Conclusi\u00f3n del documento de Aparecida para renovar nuestro compromiso apost\u00f3lico Esta V Conferencia, recordando el mandato de ir y de hacer disc\u00edpulos (cf. Mt 28, 20), desea despertar la Iglesia en Am\u00e9rica Latina y El Caribe para un gran impulso misionero. No podemos desaprovechar esta hora de gracia. \u00a1Necesitamos un nuevo Pentecost\u00e9s! \u00a1Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de \u201csentido\u201d, de verdad y amor, de alegr\u00eda y de esperanza! No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la \u00faltima palabra, que el amor es m\u00e1s fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Se\u00f1or de la historia, que \u00c9l nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el n\u00famero de sus disc\u00edpulos y misioneros en la construcci\u00f3n de su Reino en nuestro Continente. Somos testigos y misioneros: en las grandes ciudades y campos, en las monta\u00f1as y selvas de nuestra Am\u00e9rica, en todos los ambientes de la convivencia social, en los m\u00e1s diversos \u201care\u00f3pagos\u201d de la vida p\u00fablica de las naciones, en las situaciones extremas de la existencia, asumiendo ad gentes nuestra solicitud por la misi\u00f3n universal de la Iglesia. Para convertirnos en una Iglesia llena de \u00edmpetu y audacia evangelizadora, tenemos que ser de nuevo evangelizados y fieles disc\u00edpulos. Conscientes de nuestra responsabilidad por los bautizados que han dejado esa gracia de participaci\u00f3n en el misterio pascual y de incorporaci\u00f3n en el Cuerpo de Cristo bajo una capa de indiferencia y olvido, se necesita cuidar el tesoro de la religiosidad popular de nuestros pueblos, para que resplandezca cada vez m\u00e1s en ella \u201cla perla preciosa\u201d que es Jesucristo, y sea siempre nuevamente evangelizada en la fe de la Iglesia y por su vida sacramental. Hay que fortalecer la fe \u201cpara afrontar serios retos, pues est\u00e1n en juego el desarrollo arm\u00f3nico de la sociedad y la identidad cat\u00f3lica de sus pueblos\u201d . No hemos de dar nada por presupuesto y descontado. Todos los bautizados estamos llamados a \u201crecomenzar desde Cristo\u201d, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder de afecto, persuasi\u00f3n y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros disc\u00edpulos a las orillas del Jord\u00e1n, hace 2000 a\u00f1os, y con los \u201cJuan Diego\u201d del Nuevo Mundo. S\u00f3lo gracias a ese encuentro y seguimiento, que se convierte en familiaridad y comuni\u00f3n, por desborde de gratitud y alegr\u00eda, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y salimos a comunicar a todos la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos ha sido dado experimentar y gozar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La persona del catequista de iniciaci\u00f3n: vocaci\u00f3n y ministerio singulares Una de las preocupaciones y prioridades m\u00e1s grandes es la formaci\u00f3n de los catequistas. 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