{"id":1986,"date":"2022-01-22T14:15:17","date_gmt":"2022-01-22T17:15:17","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=1986"},"modified":"2022-01-22T14:15:23","modified_gmt":"2022-01-22T17:15:23","slug":"catequistas-los-puntos-debiles-en-su-espiritualidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/catequistas-los-puntos-debiles-en-su-espiritualidad\/","title":{"rendered":"Catequistas: los puntos d\u00e9biles en su espiritualidad"},"content":{"rendered":"\n<p>Desde los catorce hasta los dieciocho a\u00f1os fui catequista de iniciaci\u00f3n. Luego nunca dej\u00e9 de ser catequista. Tambi\u00e9n cuando era p\u00e1rroco, yo mismo daba catequesis a los ni\u00f1os y j\u00f3venes m\u00e1s \u201cdif\u00edciles\u201d, que pod\u00edan obstaculizar la tarea normal de los catequistas. M\u00e1s all\u00e1 de lo cuestionable de esa opci\u00f3n, creo que refleja que no quer\u00eda privarme del gozo de la catequesis. Ahora prefiero ejercer este ministerio en la predicaci\u00f3n, respetando el carisma de los laicos catequistas. Desde esta experiencia personal, m\u00e1s que desde mi funci\u00f3n de te\u00f3logo, quisiera plantearles una cuesti\u00f3n que siempre me ha preocupado y donde me parece que todav\u00eda tenemos que crecer mucho. Lamentablemente, cuando se habla de la espiritualidad del catequista suele decirse lo mismo que podr\u00eda afirmarse de un sacerdote, una religiosa o un monje. Porque se sostiene que la espiritualidad del catequista est\u00e1 integrada por la oraci\u00f3n personal, la lectura de la Biblia, la Eucarist\u00eda, y suele agregarse la Liturgia de las Horas. De este modo no se habla de una espiritualidad espec\u00edfica del catequista, ni siquiera de una espiritualidad, sino s\u00f3lo de algunos medios de espiritualidad. Espiritualidad de la actividad catequ\u00edstica La espiritualidad que caracteriza a un catequista, como cualquier otra espiritualidad cristiana, est\u00e1 marcada por las notas propias de su misi\u00f3n. No se trata de espacios de espiritualidad vividos al margen de esa misi\u00f3n, como si uno hiciera un par\u00e9ntesis \u00edntimo para dedicarse a Dios y la tarea catequ\u00edstica no fuera \u201cespiritual\u201d. Quiz\u00e1s la confusi\u00f3n provenga de lo que llamamos \u201cespiritual\u201d, que no es lo inmaterial, lo escondido, lo oculto, la pura intimidad. Si leemos bien la Biblia podemos advertir que \u201cespiritual\u201d es el impulso del Esp\u00edritu Santo que nos mueve al amor. Ese impulso de amor se vive tanto en la soledad como en el encuentro con el hermano, tanto en el recogimiento como en la actividad. Por eso, cuando el catequista tiene un momento de contemplaci\u00f3n en la oraci\u00f3n, eso que contempla permanece en su coraz\u00f3n cuando va a dar catequesis, y lo vive en la misma actividad catequ\u00edstica. Es m\u00e1s, eso que se contempla en la oraci\u00f3n se hace m\u00e1s maduro cuando se pasa a la acci\u00f3n; se enriquece, se expresa, se aplica, se profundiza, se proyecta y crece en el ejercicio de su ministerio catequ\u00edstico. Como consecuencia, cuando el catequista termina un encuentro catequ\u00edstico y vuelve a tener un momento de recogimiento, ese encuentro solitario con Dios es m\u00e1s rico que el anterior, porque ahora est\u00e1 cargado con la riqueza que le ha dado la vida, y m\u00e1s concretamente, el encuentro catequ\u00edstico que ha vivido. La espiritualidad es el dinamismo del amor que el Esp\u00edritu infunde en nuestros corazones e impregna toda nuestra vida. Pero ese dinamismo del amor est\u00e1 marcado, enriquecido, adornado, embellecido por unas notas distintivas que le vienen de la misi\u00f3n que uno debe realizar, de la tarea concreta que debe desempe\u00f1ar para el bien de los dem\u00e1s. Por eso no ama de la misma manera un catequista que un monje o que un predicador itinerante. \u00bfCu\u00e1les son entonces las caracter\u00edsticas propias de una espiritualidad catequ\u00edstica, es decir, de la actividad catequ\u00edstica con su m\u00edstica propia? 1. Una imagen de Jes\u00fas En primer lugar digamos que la misma imagen de Jes\u00fas que tiene un catequista est\u00e1 marcada por su misi\u00f3n catequ\u00edstica. El Jes\u00fas que se destaca en su oraci\u00f3n y en su meditaci\u00f3n es el Jes\u00fas maestro, el Jes\u00fas catequista, el que distribuye el pan de su Palabra y siembra su vida en los corazones; el que se deten\u00eda a catequizar a la samaritana, a Nicodemo, a Zaqueo. Por eso, cuando el catequista contempla a Jes\u00fas en la oraci\u00f3n, cuando lo adora y dialoga con \u00e9l, en esa misma oraci\u00f3n se siente impulsado a ser catequista como Jes\u00fas, all\u00ed mismo brota el deseo del encuentro catequ\u00edstico. No es que va a la oraci\u00f3n a sacar fuerzas para \u201csoportar\u201d un encuentro catequ\u00edstico, o a descansar en el Se\u00f1or despu\u00e9s de haberse esforzado mucho en la catequesis. Si as\u00ed fuera, su vida espiritual estar\u00eda al margen de su misi\u00f3n. En la oraci\u00f3n personal le brota el deseo (como un fuego que no se puede apagar) de comenzar el encuentro catequ\u00edstico, y al terminar el encuentro vuelve a encontrarse con el divino Maestro para agradecerle que ha podido ser instrumento suyo para llegar a los dem\u00e1s con su Palabra. 2. Palabra para dar Ciertamente la Palabra ocupa un lugar central en la espiritualidad catequ\u00edstica, pero esa centralidad de la Palabra en su espiritualidad se vive tanto en la oraci\u00f3n personal como en el encuentro catequ\u00edstico. Al trasmitir la Palabra a los catequizandos la est\u00e1 gozando, la est\u00e1 escuchando \u00e9l mismo, se est\u00e1 dejando tocar y est\u00e1 agradeciendo el don de la Palabra, expres\u00e1ndole su amor y vivenci\u00e1ndola. Es cierto que su relaci\u00f3n con la Palabra en el encuentro catequ\u00edstico ser\u00e1 m\u00e1s rica y gozosa si previamente la ha contemplado en la oraci\u00f3n solitaria, si la ha rumiado serenamente en su intimidad y la ha aplicado a su propia vida en una prolongada meditaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n es cierto que la oraci\u00f3n del catequista con la Palabra no debe ser intimista. Cuando est\u00e1 orando con la Palabra, all\u00ed mismo debe brotar el inter\u00e9s por preguntarse qu\u00e9 quiere decir Dios a sus catequizandos con esa Palabra. El amor a Dios siempre se convierte inmediatamente en un impulso de amor al pr\u00f3jimo, y por eso la contemplaci\u00f3n de Dios siempre tiende a convertirse en una inclinaci\u00f3n hacia el pr\u00f3jimo. Por eso mismo, en su encuentro con la Palabra, el catequista siente el impulso de incorporar a los catequizandos en su meditaci\u00f3n orante. Por consiguiente, lo normal deber\u00eda ser que el catequista use para su meditaci\u00f3n personal el mismo texto b\u00edblico que deber\u00e1 transmitir a sus catequizandos, y no otro texto que le llevar\u00eda a desarrollar una oraci\u00f3n personal paralela a su actividad y sin relaci\u00f3n directa con ella. Esto hace que el catequista, en su relaci\u00f3n con la Palabra, sea muy sincero, muy abierto, muy sensible. Porque cuando hay algo de esa Palabra que no comprende, que no le dice nada, que no lo motiva, en lugar de escapar de estas dificultades escondi\u00e9ndose en una abstracci\u00f3n o en una explicaci\u00f3n f\u00e1cil y r\u00e1pida, el catequista reacciona pensando en sus catequizandos: \u201cSi esta Palabra no me dice nada \u00bfc\u00f3mo voy a motivarlos a ellos para que la reciban sinceramente\u201d? \u201cSi yo me rebelo frente a esta Palabra \u00bfc\u00f3mo los ayudar\u00e9 a ellos a comprender y aceptar su sentido para sus vidas?\u201d Y entonces comienza a implorar la ayuda de la Gracia, y hace un nuevo esfuerzo personal por dejarse hablar por la Palabra, por dejarse tocar y movilizar personalmente. 3. Ellos en m\u00ed. Juntos en Jes\u00fas En esta misma l\u00ednea, la intercesi\u00f3n ocupa un lugar y una fuerza muy particular en la oraci\u00f3n personal del catequista y en su encuentro con la Eucarist\u00eda. Es cierto que esto vale para todos los cristianos; pero en la intercesi\u00f3n del catequista no est\u00e1 presente gen\u00e9ricamente el mundo entero, sino que predominan unos pocos rostros, los de sus catequizandos, con sus historias muy concretas y personal\u00edsimas. Y cuando va a Misa y se acerca a comulgar, no vive un encuentro con Cristo meramente intimista. Al mismo tiempo que dirige intensos actos de amor a Jes\u00fas, no puede evitar incorporar a sus catequizandos en ese encuentro, le brota espont\u00e1neamente la actitud de entregarlos al Se\u00f1or, de pedirle por sus necesidades, de ofrecer su comuni\u00f3n por ellos, de ofrecerse como instrumento para que esa vida de la Gracia llegue a ellos. Si la Eucarist\u00eda es fuente y cumbre de la vida de la Iglesia, tambi\u00e9n es fuente y cumbre de la actividad catequ\u00edstica. 4. Pastor, padre y madre Una clave para entender la espiritualidad propia del sacerdote es la \u201ccaridad pastoral\u201d. Pero en realidad deber\u00edamos decir lo mismo de la espiritualidad del catequista, que tambi\u00e9n es \u201cpastor\u201dde sus catequizandos, aunque de distinta manera. El sacerdote es pastor desde sus funciones espec\u00edficas e indelegables, que son celebrar la Eucarist\u00eda e impartir la absoluci\u00f3n sacramental. Es decir, en cuanto es instrumento de la donaci\u00f3n de la Gracia santificante, que se derrama sobre todo en esos Sacramentos. De esa manera \u00e9l da vida a las ovejas y las cura. Pero tambi\u00e9n lo hace el catequista desde el ministerio de la Palabra: lleva a sus catequizandos a los verdes prados y a las fuentes del agua sobrenatural que restaura (Sal 23, 2-3), y as\u00ed los cura (Ez 34, 4.16). Por eso mismo, el catequista ejerce la funci\u00f3n de padre y madre para con sus catequizandos. El Concilio nos ense\u00f1\u00f3 que toda la comunidad es madre \u201ca trav\u00e9s de la caridad, la oraci\u00f3n, el ejemplo y las obras de penitencia\u201d (PO 6). Pero cada uno ejerce esa maternidad de la comunidad de un modo m\u00e1s directo con los que le han sido encomendados particularmente. Por eso el catequista es de una manera especial padre y madre de sus catequizandos (1 Tes 2, 7-8.11-12); gesta para Dios y acompa\u00f1a en el camino a sus hijos espirituales. Y en cuanto a la cercan\u00eda y el conocimiento \u00edntimo que el pastor tiene de sus ovejas (Jn 10, 14), el catequista es m\u00e1s pastor y m\u00e1s padre-madre que el sacerdote, porque su trato es ciertamente m\u00e1s frecuente y m\u00e1s cercano. Pero la espiritualidad del catequista implica la convicci\u00f3n profunda de ser instrumento y reflejo de Cristo, en quien los catequizandos deben encontrar a su Pastor, y donde deben encontrar el amor firme y orientador de un padre y la ternura de una madre. Por eso el afecto del catequista es sincero y c\u00e1lido, pero al mismo tiempo desprendido y oblativo, porque en primer lugar le interesa el bien de los catequizandos y su encuentro con Cristo. Por eso Jes\u00fas dijo a Pedro: \u201cApacienta mis ovejas\u201d (Jn 21, 17). La catequesis no existe en primer lugar para que los catequizandos se hagan amigos del catequista y guarden de \u00e9l un buen recuerdo, sino para que, a trav\u00e9s de \u00e9l, encuentren vida, fortaleza y alegr\u00eda en el Se\u00f1or. All\u00ed est\u00e1 el gozo m\u00e1s profundo de la fecundidad del catequista.Y su sano orgullo no ser\u00e1 decir que los catequizandos nunca se han olvidado de \u00e9l, sino que viven el Evangelio y se dejan guiar por el Esp\u00edritu: \u201cUstedes son mi carta, escrita en sus corazones\u2026 no con tinta, sino con el Esp\u00edritu de Dios vivo\u201d (2 Cor 3, 2-3). Invitaci\u00f3n Creo que estas son las notas principales de la espiritualidad de la catequesis y del catequista, una espiritualidad totalizante, que se vive tanto en la intimidad como en la acci\u00f3n, tanto en el silencio como en la palabra, tanto en la soledad como en el encuentro catequ\u00edstico. La espiritualidad del catequista es un modo espec\u00edfico de amar, y por lo tanto su propia manera de ser \u201cespiritual\u201d. Quisiera que estas breves p\u00e1ginas sean un est\u00edmulo para que, juntos, sigamos reflexionando sobre la espiritualidad de la actividad catequ\u00edstica. Ciertamente habr\u00eda que incorporar aqu\u00ed algunas consideraciones sobre Mar\u00eda en la funci\u00f3n materna del catequista, o sobre la integraci\u00f3n de cada uno en la comunidad fraterna de catequistas, y otros aspectos muy ricos que pueden completar lo que acabo de exponer. Los invito a seguir aportando para el bien de todos. V\u00edctor Manuel Fern\u00e1ndez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde los catorce hasta los dieciocho a\u00f1os fui catequista de iniciaci\u00f3n. Luego nunca dej\u00e9 de ser catequista. 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