{"id":1990,"date":"2022-01-22T14:19:23","date_gmt":"2022-01-22T17:19:23","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=1990"},"modified":"2022-01-22T14:19:28","modified_gmt":"2022-01-22T17:19:28","slug":"iniciacion-avanzar-sin-cesar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/iniciacion-avanzar-sin-cesar\/","title":{"rendered":"Iniciaci\u00f3n: avanzar sin cesar"},"content":{"rendered":"\n<p>La iniciaci\u00f3n es \u201csino el m\u00e1s importante, al menos el m\u00e1s rico y el m\u00e1s significativo de todos los ritos, tanto ello es as\u00ed (es verdad) que lo individual y lo social, lo profano y lo sacro, lo real y lo imaginario se entremezclan \u00edntimamente\u201d. (L.V. Thomas \u2013 R. Luneau, La tierra africana y sus religiones, Larousse 1975, p.214) La iniciaci\u00f3n de los j\u00f3venes, en el momento de su pubertad social (que puede no coincidir exactamente con la pubertad psicol\u00f3gica) es una pr\u00e1ctica inmemorial conocida m\u00e1s o menos por todas las sociedades tradicionales. Naturalmente no todas la practican de la misma manera: los modelos son tan diversos cuanto lo son las culturas. Por tanto, bajo esta variedad de formas, podemos reconocer una trama com\u00fan que conlleva tres tiempos principales. a) el momento de la separaci\u00f3n de su pueblo de los j\u00f3venes a ser iniciados, especialmente del mundo de la \u201cinfancia\u201d. b) un tiempo de \u201cretiro\u201d en el \u201cbosque sacro\u201d, fuera del pueblo (de manera m\u00e1s frecuente por algunos d\u00edas, a veces m\u00e1s de un mes); c) un tiempo de reintegraci\u00f3n al pueblo, en el que los nuevos iniciados \u201cmuertos\u201d a su \u201cni\u00f1ez\u201d regresan \u201cregenerados\u201d por su experiencia: helos aqu\u00ed y en adelante miembros de manera completa de su \u201ctribu\u201d, \u201cadultos\u201d de alguna forma. El simbolismo que atraviesa toda la iniciaci\u00f3n es el de la muerte\/renacimiento. La iniciaci\u00f3n es una prueba de nuevo nacimiento. Seg\u00fan A. T. Sanon (Enraizar el Evangelio. Iniciaci\u00f3n africanas y pedagog\u00eda de la fe, Cerf 1982, 2\u00ba parte), este renacimiento se efect\u00faa en un triple nivel: &#8211; a nivel de la comunidad del pueblo, en la medida en que lo que es inculcado a los iniciados es su tradici\u00f3n fundadora, y por lo tanto todo su sistema cultural; ella es como el vientre materno sin el cual ninguna iniciaci\u00f3n ser\u00eda posible. &#8211; a nivel del grupo de iniciados como grupo, en la medida en que el hecho de estar juntos es esencial para la iniciaci\u00f3n. No son individuos uno al lado del otro los que son iniciados, sino m\u00e1s bien un \u201ccuerpo comunitario\u201d &#8211; a nivel de cada iniciado por \u00faltimo, en la medida en que es en su cuerpo mismo en el que cada uno siega lo que es transmitido por los jefes iniciadores en nombre de la comunidad. El cuerpo es el \u201cterreno donde la palabra iniciaci\u00f3n es sembrada a golpe de gestos, de actitudes, de ritmos y, si fuera necesario, de flagelaciones\u201d. Es el lugar mismo donde se efect\u00faa, en el (con) dolor, el parto de s\u00ed mismo a una nueva identidad. La iniciaci\u00f3n, como vemos, no est\u00e1 en el orden de un saber intelectual. La tradici\u00f3n se transmite por una pedagog\u00eda \u201ca vida misma\u201d. Lo que uno aprende all\u00ed es llevado a cabo simb\u00f3licamente unos con otros. Es haciendo como uno aprende. Se aprende la solidaridad vivi\u00e9ndola intensamente en el \u201ccuerpo a cuerpo\u201d de iniciaci\u00f3n; se aprende el respeto de los ancianos y de las tradiciones someti\u00e9ndose a los iniciadores: se aprende a venerar a los dioses y a tratar con ellos viviendo constantemente en su compa\u00f1\u00eda, etc. El saber transmitido en la iniciaci\u00f3n es un saber- hacer y un saber-vivir. Reside en un ajuste de s\u00ed mismo a los otros, a los ancestros, a los dioses, al mundo. Se aprende de esta manera a encontrar su lugar situando el resto en su lugar. Ser iniciado, es aprender la verdad, no en el sentido de exactitud intelectual, sino en el sentido de precisi\u00f3n pr\u00e1ctica transmitida por sabidur\u00eda. El iniciado, es aquel que ha plasmado tanto en su ser-cuerpo los valores fundadores del grupo, que sabe en adelante situarse con precisi\u00f3n con respecto a los diversos elementos del universo, a los diferentes estatus y funciones que rigen la organizaci\u00f3n social de su tribu y de su clan, como con respecto a los \u201cancestros\u201d, \u201cesp\u00edritus\u201d o dioses con los cuales ha aprendido a \u201cnegociar\u201d. \u201cSer iniciado\u201d, es verdaderamente, como escribe A.T. Sanon, \u201centrar en humanidad\u201d. Como toda iniciaci\u00f3n, la iniciaci\u00f3n cristiana no puede ser eficaz sino en la medida en que ella es un proceso global. Esta \u201cglobalidad\u201d debe comprenderse a dos niveles. &#8211; A nivel personal, primero: la iniciaci\u00f3n se dirige no solamente al \u201ccerebro\u201d, sino tambi\u00e9n al \u201ccoraz\u00f3n\u201d, a la \u201cmemoria\u201d y al \u201ccuerpo\u201d. Naturalmente, en una sociedad \u201ccr\u00edtica\u201d y \u201cpluralista\u201d como la nuestra no se puede prescindir, en este asunto, de la comprensi\u00f3n intelectual y de la verificaci\u00f3n cr\u00edtica. No es menos cierto que ser\u00eda un error comprender la iniciaci\u00f3n cristiana, a\u00fan hoy, como el fruto de un \u201ctr\u00e1mite intelectual\u201d por el que se hubiera por fin comprendido todo. En este campo no hemos acertado a comprender sino en la medida en que uno mismo es captado interiormente, pre -ocupado. No existe otra manera de entrar en el \u201cmisterio del Cristo\u201d que dejarse tomar en \u00e9l. Ser iniciado, no es haber aprendido \u201cverdades a creer\u201d sino haber \u201crecibido\u201d una tradici\u00f3n &#8211; Es precisamente por ello que, en un segundo nivel, la iniciaci\u00f3n cristiana requiere ser vivida en una \u00f3smosis constante entre tres \u201ccuerpos\u201d \u2022 El gran cuerpo-Iglesia, en primer lugar, de ayer y de hoy, que \u201ctransmite\u201d la tradici\u00f3n que ella \u201cha recibido del Se\u00f1or\u201d (1 Cor. 15, 3-11). Esto supone que los iniciadores (catequistas u otros) relaten la historia fundadora de nuestros or\u00edgenes cristianos (el Antiguo Testamento, \u201cllevado a su cumplimiento\u201d en el Nuevo), as\u00ed como la historia de los grandes testigos de la fe, que, en los siglos pasados, han contribuido a fabricar diversos rostros de la Iglesia de Jes\u00fas. En este campo la invocaci\u00f3n a la memoria de ese pasado es totalmente esencial, y a\u00fan \u2013 \u00a1 si ! &#8211; a la memorizaci\u00f3n de un m\u00ednimo de vocabulario o de f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n de las pasadas generaciones. La libertad creadora podr\u00e1 tanto mejor ejercitarse en la medida en que se haya llevado a cabo la estructuraci\u00f3n de la identidad cristiana habiendo recurrido a esa Tradici\u00f3n. \u2022 El cuerpo comunitario de los iniciados, seguidamente. Los miembros de ese grupo se inician y evangelizan unos con otros y a\u00fan tambi\u00e9n unos por otros. El grupo progresa pues solidariamente; y constituye, con los iniciadores adultos, el primer lugar de experiencia eclesial. Si bien por un lado es indispensable, en raz\u00f3n de la libertad evang\u00e9lica y de la cultura actual (sospecha cr\u00edtica, pluralismo), respetar y a\u00fan promover la libertad de cada uno en relaci\u00f3n al conjunto del grupo (no se retornar\u00e1 por tanto a la pr\u00e1ctica de la comuni\u00f3n sistem\u00e1tica por clasificaci\u00f3n de edad), por el otro, el querer bajo ese pretexto, disociar a los ni\u00f1os o a los j\u00f3venes del ritmo de progreso del grupo como tal ser\u00eda probablemente ilusorio. Este \u00faltimo debe tener el sentimiento de progresar y de superar \u201cetapas\u201d como grupo. Todo proceso de iniciaci\u00f3n requiere ser marcado por etapas que los j\u00f3venes franquean juntos. Las evidentes ambig\u00fcedades de esta din\u00e1mica en el cristianismo invitan a la vigilancia, no al desprecio. \u2022 El cuerpo de cada uno, por \u00faltimo. Es en efecto mediante el ejercicio de un m\u00ednimo de memorizaci\u00f3n y por la repetici\u00f3n de un cierto n\u00famero de gestos y posturas lit\u00fargicas el modo como los puntos de referencia de identidad cristiana se inscriben simb\u00f3licamente en el cuerpo del ni\u00f1o o del joven y tienen de esta manera oportunidades de poder inscribirse en la vida misma. La dificultad particular de la iniciaci\u00f3n cristiana, es que ella est\u00e1 desplegada entre varias paradojas: a) Si bien ella consiste muy esencialmente en la transmisi\u00f3n de una tradici\u00f3n; \u00e9sta \u00faltima por su parte, no estar\u00eda cristianamente revisada sino en la medida en que medie una apropiaci\u00f3n personal la cual requiere a su vez la libertad de adhesi\u00f3n o de rechazo, a diferencia de las iniciaciones tradicionales que no sabr\u00edan tolerar una tal posibilidad cr\u00edtica. b) Si bien por un lado la iniciaci\u00f3n identifica por medio de distintivos de pertenencia a la Iglesia (confesi\u00f3n de fe, referencia a las Escrituras, sacramentos, criterios evang\u00e9licos de comportamiento \u00e9tico\u2026) ella requiere por el otro simult\u00e1neamente, para ser cristiana, que uno aprenda a abrirse a lo universal de un Reino que desborda la Iglesia y de un Esp\u00edritu que \u201csopla\u201d donde quiere. Por la iniciaci\u00f3n, el cristiano se convierte no en miembro de un clan, sino hermano de todos en Cristo. c) Por \u00faltimo, si bien por un lado la iniciaci\u00f3n cristiana es un proceso que, como toda iniciaci\u00f3n, termina en un momento dado, ella requiere no obstante por el otro que se aprenda a no terminar nunca de volverse cristiano. La iniciaci\u00f3n tradicional sit\u00faa a cada uno en su lugar y para toda la vida, en cambio la iniciaci\u00f3n cristiana inicia a \u201cavanzar sin cesar\u201d y a arriesgarse sobre los caminos de libertad abiertos por el Evangelio. Es decir que la iniciaci\u00f3n no es verdaderamente cristiana sino en la medida en que ella se mantiene en una inconfortable tensi\u00f3n entre los dos polos de esta serie de paradojas: \u201cel que atesta\u201d y el \u201ccontestatario\u201d. En el caso en que ella privilegie el cuerpo en primer lugar, ella se limitar\u00e1, como sucede en las sociedades tradicionales, a la reproducci\u00f3n de un sistema de valores al alcance de la instituci\u00f3n, inversamente, si ella privilegia unilateralmente el polo \u201ccontestatario\u201d, en nombre del esp\u00edritu y de la sospecha cr\u00edtica, ella se arriesgar\u00e1 a convertirse en imposible a causa de la falta de puntos de referencia y de soportes o apoyos institucionales suficientes. Esta tensi\u00f3n es constitutiva de la identidad cristiana. Ella es evidentemente inc\u00f3moda. Pero esta incomodidad, en la medida en que es respetada y experimentada como tal, \u00bfno ser\u00eda el signo de una buena salud cristiana? Louis Marie Chauvet Traducci\u00f3n de Cristina Kopytynski<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La iniciaci\u00f3n es \u201csino el m\u00e1s importante, al menos el m\u00e1s rico y el m\u00e1s significativo de todos los ritos, tanto ello es as\u00ed (es verdad) que lo individual y lo social, lo profano y lo sacro, lo real y&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"footnotes":""},"categories":[12],"tags":[21,93],"class_list":["post-1990","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-aula-abierta","tag-catequesis","tag-iniciacion-cristiana"],"gutentor_comment":0,"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1990","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1990"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1990\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1991,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1990\/revisions\/1991"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1990"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1990"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1990"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}