{"id":2002,"date":"2022-01-22T14:28:12","date_gmt":"2022-01-22T17:28:12","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=2002"},"modified":"2022-01-22T14:28:16","modified_gmt":"2022-01-22T17:28:16","slug":"hablar-el-mismo-lenguaje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/hablar-el-mismo-lenguaje\/","title":{"rendered":"Hablar el mismo lenguaje"},"content":{"rendered":"\n<p>En las relaciones interpersonales y grupales, el lenguaje tiene lugar privilegiado, como elemento de identidad y de pertenencia. Por el lenguaje el individuo sale de su aislamiento, para relacionarse con los dem\u00e1s, para realizar ellos un encuentro&#8221; Ese encuentro exige algo m\u00e1s que simples palabras. Exige una apertura, una manifestaci\u00f3n, una revelaci\u00f3n del propio ser, del misterio personal. El lenguaje no es simple juego de palabras, sino intercambio de valores, experiencias y convicciones; se hace din\u00e1mico, creativo, vital. En estas condiciones, s\u00f3lo hablamos de lo que hemos vivido, de lo que hemos incorporado en nuestra personalidad, mediante un largo proceso de interiorizaci\u00f3n. Si esto es as\u00ed, el lenguaje expresa nuestra experiencia de vida e interpela la experiencia de nuestro interlocutor. Por otra parte, el lenguaje est\u00e1 al servicio de una aut\u00e9ntica comunicaci\u00f3n; vivir es comunicarse. El hombre es un mensaje, un libro abierto para los dem\u00e1s: comunica con su presencia, con su rostro, su mirada, su manera de ser, de re\u00edr, de guardar silencio\u2026 La comunicaci\u00f3n es para el hombre condici\u00f3n de supervivencia, de crecimiento, de realizaci\u00f3n y liberaci\u00f3n. Esta aptitud para comunicarse est\u00e1 al servicio de la relaci\u00f3n humana, de vivencia con los dem\u00e1s. En el \u00e1mbito de las relaciones interpersonales, el lenguaje es la clave, el conjunto de signos y s\u00edmbolos que sirven para interpretar grupalmente la realidad. El conocimiento y la aceptaci\u00f3n de esa clave, c\u00f3digo, hace que los miembros de un grupo sintonicen determinados juicios de valor, se acepten libremente, sin interferencias ni ambig\u00fcedades. En esta convivencia humana, el lenguaje es elemento de comuni\u00f3n, medio de compartir existencias. Hablar el mismo lenguaje no significa solamente pronunciar las mismas palabras y hacer los mismos gestos; significa buscar la propia identidad, mediante una clave de interpretaci\u00f3n de la realidad, del hombre y de la historia. En el \u00e1mbito de la catequesis, sin entrar en precisiones y clasificaciones propias de la ling\u00fc\u00edstica, podemos hablar de tres clases de lenguaje, que corresponden a tres niveles de profundidad en la comunicaci\u00f3n. A. Lenguaje formalista Es el lenguaje que empleamos a nivel de funciones, del trabajo, de profesi\u00f3n, de los quehaceres del diario vivir. Compromete la zona superficial de nuestra personalidad, aquello que nos cataloga como miembros de una sociedad, como funcionarios, como personajes. Este lenguaje no toca los centros vitales, ni de la fuente ni del perceptor; es elemento de comunicaci\u00f3n a nivel de eficiencia y desempe\u00f1o; m\u00e1s \u00fatil para la transmisi\u00f3n de conceptos, que para el encuentro personal. Con frecuencia cae en el verbalismo, en la rutina y en la demagogia. Si el catequista utiliza esta forma de lenguaje, se presentar\u00e1 como profesor de religi\u00f3n, que ense\u00f1a contenidos, que eval\u00faa el proceso de aprendizaje, que maneja con mayor o menor fortuna un conjunto de habilidades y t\u00e9cnicas, pero que no se interesa ni por la persona ni la vida de sus oyentes. B. El lenguaje cient\u00edfico Se caracteriza por la precisi\u00f3n y rigor de la expresi\u00f3n, al servicio del saber intelectual. Es el lenguaje propio de los ambientes acad\u00e9micos y t\u00e9cnicos, expresi\u00f3n de resultados obtenidos mediante la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y el rigor de la comprobaci\u00f3n. Este lenguaje, de alto valor intelectual, es por otra parte fr\u00edo, ajeno a manifestaciones afectivas y emocionales. Suscita en el oyente, un asentimiento puramente racional. Si el catequista se sirve de este lenguaje, tendr\u00e1 una actitud magistral, verticalista, de quien ense\u00f1a al que no sabe. Har\u00e1 un mon\u00f3logo en que interlocutor se limita a escuchar, aceptar y repetir lo que se le ense\u00f1a. Suscitar\u00e1, quiz\u00e1s, inquietudes de investigaci\u00f3n, pero no motivar\u00e1 actitudes de cambio y compromiso. C. E1 lenguaje existencial Este lenguaje no se limita a expresar simples conocimientos; expresa experiencias vividas por el emisor y suscita respuestas igualmente vivenciales en el perceptor. Este lenguaje afecta los niveles profundos del ser humano, sus valores, las motivaciones profundas de su existencia. No necesita artificios ni persuade con la sola argumentaci\u00f3n l\u00f3gica: convence con la fuerza de los hechos y la convicci\u00f3n de la experiencia. El lenguaje existencial permite a la persona manifestarse tal como es, en plenitud; ella misma es el mensaje. A nivel catequ\u00edstico, este lenguaje es la expresi\u00f3n de una experiencia de fe, de encuentro profundo con el hombre y con Dios. El cristiano convencido habla con su vida, con sus gestos y actitudes\u00ac, m\u00e1s que con sus palabras. Luis Vallejo Bola\u00f1os: \u201cJes\u00fas el maestro: pastoral catequ\u00e9tica\u201d. Universidad Santo Tom\u00e1s. Bogot\u00e1. 1990. P. 183-185<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En las relaciones interpersonales y grupales, el lenguaje tiene lugar privilegiado, como elemento de identidad y de pertenencia. 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