{"id":2012,"date":"2022-01-22T14:35:31","date_gmt":"2022-01-22T17:35:31","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=2012"},"modified":"2022-01-22T14:35:41","modified_gmt":"2022-01-22T17:35:41","slug":"partir-del-otro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/partir-del-otro\/","title":{"rendered":"Partir del otro"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando desconocemos, o no conocemos en forma suficiente, la cultura de nuestros destinatarios, nos arriesgamos a atropellarlos. Pero todo el pueblo de como destinatario de la comunicaci\u00f3n eclesial, es un grupo inmanejable a la hora de planificar nuestro trabajo, puesto que la Iglesia cuenta con una inmensa diversidad de ellos, desde los definidos por razones geogr\u00e1ficas (parroquia, vicar\u00eda, di\u00f3cesis) hasta los determinados por sus caracter\u00edsticas (j\u00f3venes, mujeres, ni\u00f1as y ni\u00f1os, familias, seminaristas, religiosos, religiosas). Por eso, en condiciones concretas de trabajo necesitamos procesos y recursos de comunicaci\u00f3n, as\u00ed como una manera de comprender la comunicaci\u00f3n, que la vincule con la cultura y la educaci\u00f3n. De lo contrario, atados al modelo de transmisi\u00f3n y de medios t\u00e9cnicos, ninguna comunicaci\u00f3n eclesial servir\u00e1 efectivamente a la Nueva Evangelizaci\u00f3n. De ah\u00ed que hagamos una propuesta de comunicaci\u00f3n educativa eclesial. En el momento de acercarnos a diferentes propuestas que se consideran educativas, podemos encontrar, tambi\u00e9n, diversas maneras para definir lo educativo. Una forma clara de ver estas diferencias es preguntar por la relaci\u00f3n que se establece con el destinatario. Podr\u00edamos reconocer tres opciones principales con las que diversas propuestas crean ese v\u00ednculo: 1. El destinatario no sabe nada, lo importante es el mensaje. 2. El destinatario lo sabe todo, lo importante es el proceso. 3. El destinatario sabe y no sabe, lo importante son el proceso y el mensaje (Prieto y Cort\u00e9s, 1990). En la primera opci\u00f3n se encuentra gran parte de las propuestas que consideran todo el trabajo educativo como una simple extensi\u00f3n, como una transferencia o una transmisi\u00f3n a seres sin conocimientos y sin cultura (el otro como ignorante o inculto). En la segunda caen ciertos excesos de algunos defensores de la comunicaci\u00f3n popular: nada hay que agregarle a la sabidur\u00eda de la gente, nuestra tarea consiste en ayudar a encontrar lo que ya se tiene, sin llevar informaci\u00f3n y soluciones a las cuales no haya llegado la comunidad por s\u00ed sola. En la tercera, se parte de la cultura de los destinatarios, pero tambi\u00e9n del reconocimiento de que toda cultura se compone de aciertos y errores, toda, la nuestra y la de cualquiera. La idea de lo que es educativo var\u00eda en cada caso. En la primera opci\u00f3n, el polo emisor es rey; el mensaje traer\u00e1 la conciencia o el cambio de conducta. En la segunda, el destinatario todo lo sabe, \u00e9l nos educa a nosotros, nada tiene que aprender de nuestros mensajes. En la tercera, la educaci\u00f3n se constituye en un acompa\u00f1amiento, en un intercambio de experiencias y conocimientos dentro del cual adquieren sentido los mensajes. Es la opci\u00f3n que consideramos m\u00e1s s\u00f3lida para los prop\u00f3sitos educativos de una comunicaci\u00f3n eclesial que busca la inculturaci\u00f3n del Evangelio. La podemos sintetizar en esta premisa: partir siempre del otro. Pero no de manera ingenua, de una idealizaci\u00f3n, sino, a la vez, desde la siguiente pregunta: \u00bfqu\u00e9 sabe y qu\u00e9 ignora el otro? A la luz de las necesidades de inculturaci\u00f3n del Evangelio, la tarea de una comunicaci\u00f3n educativa la concebimos como misi\u00f3n de servicio. Ella no busca, entonces, una relaci\u00f3n con los destinatarios marcada por modelos que se dirigen a bombardearlos con mensajes para \u201cimpactar\u201d un \u201cgrupo blanco\u201d (target), ni a hacer explicaciones torpes o lograr cambios de actitudes de conducta con amenazas o mentiras. En una comunicaci\u00f3n camino de comuni\u00f3n, comprendida como manifestaci\u00f3n de interioridad y de creer en el otro, no posible manifestar esta interioridad sin una libre decisi\u00f3n. El contexto institucional de la Iglesia no es comparable al de una empresa. No estamos aqu\u00ed para \u201celaborar\u201d productos y buscar las maneras de \u201cmercadearlos\u201d. Por eso, llevado al terreno de la pastoral, nuestra comunicaci\u00f3n no puede resolverse con unos modelos imitadores de procesos t\u00e9cnicos, ni con estrategias para vender valores o salvaci\u00f3n en vez de autos, chocolates, ropa o cigarrillos. Dej\u00e9mosle los trucos persuasivos a los tele-evangelistas de la \u201ciglesia electr\u00f3nica\u201d, y recordemos que \u201cejerciendo una presi\u00f3n sobre la opini\u00f3n p\u00fablica se contribuye a la clarificaci\u00f3n de los problemas doctrinales y se sirve a la verdad\u201d (Aetatis Novae, 10) No puede considerarse como servicio a la comunicaci\u00f3n todo lo que se opone al encuentro obsequioso como personas (manipulaci\u00f3n, mentira, violencia, pornograf\u00eda) como tampoco es servicio a la comunicaci\u00f3n lo que produce aislamiento, indiferencia, desesperaci\u00f3n. La convivencia, la comunidad, es una tarea nunca terminada. Es tarea de todos los d\u00edas. El camino es la comunicaci\u00f3n. Ojal\u00e1 nos ayudemos todos a superar los obst\u00e1culos para la comunicaci\u00f3n. Son muchos. Unos est\u00e1n dentro y otros fuera, pero es necesario caminar por este camino (Ysern). Podr\u00eda decirse que hay una nueva Babel en este mundo globalizado, donde el modelo de transmisi\u00f3n y sus resortes tecnol\u00f3gicos enmascaran la necesidad de restar la comuni\u00f3n y ocultan la gravedad del generalizado y profundo individualismo productor de insolidaridad. Cada uno \u201cva a la suya\u201d. Cada uno habla su idioma. La convivencia se ha convertido en Torre de Babel. El lugar de la convivencia armoniosa se ha llenado de tensiones y ha entrarlo el esc\u00e1ndalo de la violencia y de la pobreza. Dentro de este ambiente, Dios persiste en su proyecto de alianza que se hace plan de salvaci\u00f3n (Ysern). Y esta Alianza, en la Nueva Evangelizaci\u00f3n inculturada, exige que nuestra comunicaci\u00f3n educativa se base en unificaciones cuidadosas de nuestra acci\u00f3n: (\u2026) es urgente responder con generosidad e imaginaci\u00f3n a los retos que enfrenta hoy y enfrentar\u00e1 en el futuro la Iglesia de Am\u00e9rica Latina. Estas nuevas formas de acci\u00f3n educativa no pueden ser fruto de la veleidad o la improvisaci\u00f3n sino que requieren suficiente capacitaci\u00f3n en sus agentes y basarse en diagn\u00f3sticos objetivos de las necesidades, as\u00ed como en el inventario y la evaluaci\u00f3n de sus propios recursos. Ser\u00eda aconsejable el empleo de m\u00e9todos participativos (Puebla, 1046). Con esos criterios ya tenemos una base para lo que ser\u00eda una propuesta de comunicaci\u00f3n educativa eclesial, cuya prioridad es la relaci\u00f3n que establece con los destinatarios, no el tipo de medios o de mensajes que utiliza. Es decir, una propuesta en la cual lo educativo no se resuelve en transmitir datos o en asumir al destinatario como si fuera un recipiente vac\u00edo, que se llena con nuestros mensajes; ni, mucho menos, se resuelve en un intento de persuasi\u00f3n a cualquier precio, como si lo comunicacional dependiera de cambiar conductas ajenas (Prieto). A partir de esas consideraciones, podr\u00edamos entender entonces, la comunicaci\u00f3n educativa eclesial como aquella que: &#8211; reconoce un papel protag\u00f3nico a sus destinatario &#8211; parte de la cultura, de las experiencias y de la situaci\u00f3n social e hist\u00f3rica de \u00e9stos, con el fin de en y para el amor; &#8211; parte, por tanto, de sus conocimientos, percepciones y relaciones, tanto en lo cultural como en l\u00f3gico; &#8211; ofrece instrumentos para localizar, procesar, interpretar e intercambiar informaci\u00f3n; &#8211; acompa\u00f1a procesos de organizaci\u00f3n y desarrollo de las comunidades; &#8211; facilita la expresi\u00f3n de estas comunidades a trav\u00e9s de distintos medios; &#8211; permite la sistematizaci\u00f3n y la divulgaci\u00f3n de experiencias mediante recursos apropiados a diferentes situaciones; &#8211; articula las relaciones internas y externas de la Iglesia. Esta opci\u00f3n apunta a una mayor integraci\u00f3n de todos sectores y las acciones de la Iglesia, con la finalidad que las comunicaciones que se hagan en ella y por ella se pongan al servicio de: \u2022 las personas y las culturas \u2022 el di\u00e1logo con el mundo actual; \u2022 la comunidad humana y el progreso social; la comuni\u00f3n eclesial y la Nueva Evangelizaci\u00f3n (Aetatis Novae, 7-11). Estamos, pues, ante un programa ambicioso y enorme, que ninguno de nosotros podr\u00eda cubrir como individuo. Es por eso que, desde las labores concretas de la propuesta de comunicaci\u00f3n educativa eclesial -previo proceso de planificaci\u00f3n que aclare, en primer las necesidades a las que vamos a ofrecer soluci\u00f3n-, podr\u00edamos definir acciones, jerarquizarlas y desarrollar procedimientos para llevarlas a cabo. Por supuesto, nos coloca ante un dilema: \u00bfsi lo comunicacional es un proceso tan complejo, tiene sentido lo que hacemos? \u00a1Claro que tiene sentido! Pero eso significa que sea imposible replantearlo, aclararlo, perfeccionarlo. Para eso est\u00e1 la posibilidad de planificar nuestra propia labor. Pero hay m\u00e1s de una manera planificar la comunicaci\u00f3n, dependiendo de c\u00f3mo damos esa comunicaci\u00f3n. Le estamos proponiendo una opci\u00f3n de \u201cmarco te\u00f3rico\u201d para entender la comunicaci\u00f3n educativa eclesial. Pero es una opci\u00f3n entre otras, y por eso es conveniente sustentarla con algunos conceptos, aunque tengamos que limitarnos a la superficialidad de un vuelo de reconocimiento. <\/p>\n\n\n\n<p>Gabriel Jaime P\u00e9rez, S.J. Lu\u00eds Ignacio Sierra <\/p>\n\n\n\n<p>DEPARTAMENTO DE COMUNICACI\u00d3N SOCIAL &#8211; DECOS \/ CELAM. Comunicaci\u00f3n, misi\u00f3n y desaf\u00edo. Manual de Comunicaci\u00f3n para la Pastoral. <\/p>\n\n\n\n<p>Colecci\u00f3n Documentos CELAM N\u00ba 7. Bogot\u00e1, 1997. P\u00e1gs. 300-305<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando desconocemos, o no conocemos en forma suficiente, la cultura de nuestros destinatarios, nos arriesgamos a atropellarlos. 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