{"id":2076,"date":"2022-01-22T15:21:49","date_gmt":"2022-01-22T18:21:49","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=2076"},"modified":"2022-01-22T15:21:54","modified_gmt":"2022-01-22T18:21:54","slug":"jesus-en-nuestra-realidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/jesus-en-nuestra-realidad\/","title":{"rendered":"Jes\u00fas en nuestra realidad"},"content":{"rendered":"\n<p>Continuamos con la lectura del documento preparatorio a la V\u00aa Conferencia del Episcopado de Am\u00e9rica Latina. Hoy hablaremos de los supuestos teol\u00f3gicos que se desprenden de la lectura de este texto: La antropolog\u00eda El cambio antropol\u00f3gico operado por la modernidad en el Concilio Vaticano II signific\u00f3 sobre todo un di\u00e1logo con el ser humano ateo, con el \u2018no-creyente\u2019. En Medell\u00edn se puso en evidencia lo que en el Vaticano II hab\u00eda permanecido inconcluso: \u2018una Iglesia de los pobres para ser la Iglesia de todos\u2019 (Juan XXIII). El Documento de Participaci\u00f3n pone como punto de partida al \u2018hombre-sin sentido\u2019, o de modo m\u00e1s concreto, en b\u00fasqueda de la felicidad (n. 1). La felicidad es realmente una cuesti\u00f3n relevante para el ser humano actual. Solo que es muy diferente lo que entienden por felicidad un rico y un pobre, por ejemplo. Da la impresi\u00f3n que el ser humano del Documento es un sujeto rico, cansado y vac\u00edo, absorbido por la tecnolog\u00eda y el consumismo, en crisis de sentido, en crisis existencial (n. 2). Para los pobres, en cambio, la crisis es de sobrevivencia o supervivencia, no de existencia. Puebla hab\u00eda visto al ser humano latinoamericano y caribe\u00f1o con rostros muy concretos, en particular rostros de pobres (DP 31-39). El Documento de Participaci\u00f3n habla de un ser humano sin rostro, como si fuese una categor\u00eda, una esencia, m\u00e1s all\u00e1 de la contingencia de una historia que hace lo cotidiano de la vida. El ser humano del Documento, en tanto no tiene rostro concreto de ind\u00edgena, negro, mujer, trabajador, desempleado, sin tierra y sin techo, ni\u00f1o\/a, etc. y su deseo de felicidad, en tanto no tiene objetivo palpable como pan, casa, educaci\u00f3n, trabajo, salud, acogida, etc., permanece m\u00e1s en la esencia que en la existencia. Para los pobres, hasta la experiencia religiosa en cuanto salvaci\u00f3n tiene que pasar por la plenitud de la vida, incluida la vida material. De lo contrario, va a afiliarse a movimientos religiosos aut\u00f3nomos, en especial el neopentecostalismo, donde la salvaci\u00f3n se confunde con prosperidad material, salud f\u00edsica y psicoafectiva. La cristolog\u00eda El Cristo del Documento es el Resucitado, Rey, Vivo, Camino, Verdad y Vida. Sin embargo, el Salvador del pueblo excluido es el Jes\u00fas Sufriente, no el Jes\u00fas Muerto del viernes santo. No es que se dude del resucitado, o de que est\u00e9 vivo, pero si Jes\u00fas es solidario con su dolor, \u00c9l tambi\u00e9n debe estar sufriendo. Es imposible que todo sea gloria para un Dios cuyos hijos est\u00e1n aplastados por la opresi\u00f3n y la injusticia. El riesgo m\u00e1s grande en la cristolog\u00eda no es un Jes\u00fas sin Cristo, cuanto un Cristo sin Jes\u00fas. Es aqu\u00ed donde se localiza el d\u00e9ficit cristol\u00f3gico del Documento. Se trata de buscar situar la obra salvadora de Jes\u00fas en el hoy de la realidad latinoamericana y caribe\u00f1a, de relacionar su mensaje con las contradicciones que vivimos en nuestro contexto y no simplemente afirmar la acci\u00f3n redentora en s\u00ed misma. Siguiendo el dinamismo del misterio de la Encarnaci\u00f3n, no se puede dejar de relacionar a Cristo con Jes\u00fas que prolonga su pasi\u00f3n en la historia, estampada en tantos rostros desfigurados. La perspectiva de Mateo 25,31-46 ayuda a acoger, vivir y servir a Jesucristo, no como una realidad meramente transhist\u00f3rica, sino en lo cotidiano de la vida. El Evangelio contextualizado en nuestra realidad es Buena Noticia de un Jes\u00fas profeta en favor de la justicia y la fraternidad, que vivi\u00f3 la solidaridad con las v\u00edctimas hasta el fin y cuya consecuencia ser\u00e1 la muerte en cruz. La cruz no es un medio, es la consecuencia de dar la vida por todos pues el sufrimiento nunca puede ser justificado por s\u00ed mismo. Afirmar que Cristo \u2018sacia la sed de sentido y de felicidad\u2019 (n. 5), es decir poco y lo hace muy distante La eclesiolog\u00eda Despu\u00e9s del Concilio Vaticano II no se puede comprender a la Iglesia fuera del trinomio Iglesia-Reino-Mundo, en tanto que son tres realidades que se interpenetran. La eclesiolog\u00eda del Documento, adem\u00e1s de no hacer referencia al Reino de Dios, no ve a la Iglesia dentro del mundo, siendo parte de \u00e9l, existiendo para \u00e9l. De igual modo, como ya vimos, el mundo es visto despu\u00e9s de haber visto a la Iglesia, pues es punto de llegada, lugar de aterrizaje de una ortodoxia previamente definida. No es fuente creadora de ideas, locus theologicus, lugar de interpelaciones de Dios (signos de los tiempos), sino escenario de una salvaci\u00f3n meta-hist\u00f3rica. En el Documento, dos aspectos marcan la lectura de la realidad del mundo de hoy: la transici\u00f3n hacia una nueva \u00e9poca (nn. 94-111) y el fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n (nn. 112-123). Hay una buena lectura de estos fen\u00f3menos, sin que de ellos, sin embargo, se saquen las consecuencias para la misi\u00f3n. Esto revela que ellos no inciden sobre la misi\u00f3n. Es esta la que deber\u00e1 incidir sobre ellos. El primero nos lleva a no ver todo claro y seguro, a no poseer todas las respuestas. El segundo nos coloca en una actitud de servicio, b\u00fasqueda y di\u00e1logo en el seno de la sociedad pluralista, en la que los principios del Evangelio, sobre los cuales debe de estar asentada una sociedad plenamente humana, necesitan de mediaciones hist\u00f3ricas para volverse realidad concreta. No son suficientemente tomados en cuenta otros dos fen\u00f3menos importantes: el pluralismo y la nueva racionalidad emergente. En cuanto a la transici\u00f3n de \u00e9poca y la globalizaci\u00f3n, tienden a ser vistos como una amenaza para la Iglesia (n. 147); ahora bien, aunque lo sean, no son solo eso. De ah\u00ed deriva una postura hostil, apolog\u00e9tica, sobre todo frente a la mentalidad laicista y relativista. El laicismo precisa ser erradicado (n. 146). La globalizaci\u00f3n puede ser mejorada (n. 114). Para enfrentar ese mundo son recordados los m\u00e1rtires de \u2018final del siglo XIX y comienzos del siglo XX\u2019 (n. 28), justamente aquellos que se enfrentaron con Estados modernos, laicos y racionalistas. Se mira con preocupaci\u00f3n el avance del relativismo \u00e9tico, que lleva hacia una sociedad poscristiana. Se ve poco margen para el dialogo, la interacci\u00f3n, el servicio, la b\u00fasqueda con todas las personas de buena voluntad de nuevas respuestas a los nuevos problemas. Da la impresi\u00f3n de que la Iglesia ya posee todas las respuestas y que podr\u00e1, sola, transformar ese mundo, en especial si se trata, en gran medida, de hacerlo cristiano. En este particular, la gran novedad del Vaticano II fue la aceptaci\u00f3n de la historia en su radical ambig\u00fcedad, lugar de interpelaci\u00f3n de Dios por medio de los \u2018signos de los tiempos\u2019. El mundo es creaci\u00f3n de Dios. El plano de la redenci\u00f3n no aboli\u00f3 el plano de la creaci\u00f3n, sino que lo recapitul\u00f3, en un lenguaje paulino (Ef 1,10), desarrollado con amplitud por Ireneo de Lyon. La misi\u00f3n, en esta perspectiva, corre el riesgo de concebir la salvaci\u00f3n como un \u2018separar del mundo\u2019 en lugar de insertarse en \u00e9l y recrearlo desde adentro, siguiendo el misterio de la Encarnaci\u00f3n. El mundo no tiene autonom\u00eda leg\u00edtima: o se integra y es absorbido por la Iglesia, o est\u00e1 perdido, en una mentalidad t\u00edpica de cristiandad en que lo sagrado no se inserta en lo profano, a no ser que este deje de existir, dej\u00e1ndose absorber por aquel. A modo de conclusi\u00f3n La Va. Conferencia del Episcopado de Am\u00e9rica Latina y el Caribe se inserta en la tradici\u00f3n de las cuatro anteriores conferencias: Rio de Janeiro (1955), Medell\u00edn (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992). La primera estuvo todav\u00eda marcada por el contexto de neocristiandad, o sea, de apolog\u00eda frente al mundo moderno y de una acci\u00f3n de reconquista para la fe cat\u00f3lica, tributaria del eclesiocentrismo a\u00fan reinante. Medell\u00edn situ\u00f3 a la Iglesia del subcontinente en la perspectiva del Vaticano II, elaborando una \u2018recepci\u00f3n creativa\u2019 que significaba hacer del Concilio un punto de partida m\u00e1s que un punto de llegada. Puebla, sin embargo, fue ya un freno a la entonces reciente originalidad de una \u2018tradici\u00f3n latinoamericana y caribe\u00f1a\u2019, y mucho m\u00e1s lo fue Santo Domingo. Era el reflejo del gradual proceso de lo que se denomin\u00f3 \u2018involuci\u00f3n eclesial\u2019 en el seno de una modernidad en crisis. La opci\u00f3n por los pobres y la perspectiva liberadora, que se reivindican en el esp\u00edritu del Concilio, tender\u00e1n a ser vistos m\u00e1s como ideologizaci\u00f3n marxista que como expresiones concretas e hist\u00f3ricas del evangelio social de Jes\u00fas de Nazaret. El enfoque del Documento de Participaci\u00f3n, en vista de la Conferencia de Aparecida, se inserta en este gradual distanciamiento de la leg\u00edtima y original tradici\u00f3n latinoamericana y caribe\u00f1a inaugurada en Medell\u00edn, o lo que equivale a decir, en \u00faltima instancia, distanciamiento de las intuiciones y los ejes teol\u00f3gicos centrales del Concilio Vaticano II. Es necesario recuperar las intuiciones y los ejes teol\u00f3gicos centrales del Vaticano II, y con ellos la rica \u2018tradici\u00f3n latinoamericana y caribe\u00f1a\u2019. De ah\u00ed la relevancia de este tiempo de preparaci\u00f3n de la V\u00aa Conferencia, a trav\u00e9s del proceso de las comunidades eclesiales, en el enriquecimiento de la propuesta del Documento de Participaci\u00f3n. Cinco puntos principales podr\u00edan servir de norte en este esfuerzo: 1. Colocar la realidad como punto de llegada y no como punto de partida, para que lo temporal no pierda su autonom\u00eda y especificidad, en especial la peculiaridad latinoamericana y caribe\u00f1a. 2. Explicitar la relaci\u00f3n intr\u00ednseca de la fe con la praxis liberadora, para que la religi\u00f3n no est\u00e9 predestinada a continuar relegada en la esfera privada de una espiritualidad intimista. 3. Testimoniar una religi\u00f3n transformadora, lo que implica una Iglesia viva y prof\u00e9tica que tiene en las Cebs un nuevo modo de ser Iglesia, pues son un modo privilegiado de articulaci\u00f3n en el seno de la sociedad, entre fe y vida, entre cristianismo y ciudadan\u00eda. 4. Reavivar la opci\u00f3n preferencial por los pobres, que no los ve como objetos sino como sujetos de una nueva sociedad, que no es simplemente un trabajo prioritario entre otros tantos sino una \u00f3ptica desde donde se mira a todos de forma prof\u00e9tica. 5. En cuanto la salvaci\u00f3n siempre se da en la historia y existe una \u00fanica historia, concebir la liberaci\u00f3n no como un mero sin\u00f3nimo de desarrollo o promoci\u00f3n humana sino como salvaci\u00f3n concebida en la perspectiva de Medell\u00edn: \u2018pasaje de situaciones menos humanas a m\u00e1s humanas\u2019. <\/p>\n\n\n\n<p>Agenor Brighenti<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuamos con la lectura del documento preparatorio a la V\u00aa Conferencia del Episcopado de Am\u00e9rica Latina. 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