{"id":499,"date":"2018-08-08T02:00:57","date_gmt":"2018-08-08T05:00:57","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=499"},"modified":"2021-11-09T12:08:52","modified_gmt":"2021-11-09T15:08:52","slug":"dejense-reconciliar-por-dios-y-perdonen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/dejense-reconciliar-por-dios-y-perdonen\/","title":{"rendered":"\u00a1D\u00e9jense reconciliar por Dios! y \u00a1Perdonen!"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-justify\">Jes\u00fas ha pedido el perd\u00f3n y ha entregado su vida al Padre. La com\u00adpasi\u00f3n omnipotente del Padre lo ha resucitado, respondiendo as\u00ed a la en\u00adtrega y a la s\u00faplica. Desde entonces la historia ha recibido un don que, co\u00admo todo otro don, requiere ser acogido y correspondido a modo de don: ser perdonado y perdonar. Con esto entramos en la relaci\u00f3n entre el per\u00add\u00f3n divino y el perd\u00f3n humano.<br>Los textos b\u00edblicos impiden establecer esta relaci\u00f3n indisoluble en un sentido \u00fanico; la realidad es compleja y diferenciada. Ya el AT propo\u00adne una pedagog\u00eda del perd\u00f3n que implica la primac\u00eda de los v\u00ednculos per\u00adsonales y el fundamento teol\u00f3gico de la misma relaci\u00f3n en la pertenencia com\u00fan al Padre.[1] La preocupaci\u00f3n es el perd\u00f3n entre los miembros del pueblo, que es una condici\u00f3n para que Dios conceda el perd\u00f3n (cf. Si 28, 1-9) y un requisito que tambi\u00e9n Jes\u00fas pone a sus disc\u00edpulos en varias oca\u00adsiones (cf. Mt 6, 14-15; Mc 11, 25; Mt 18, 35). Esta exigencia es sostenida y desarrollada en el juda\u00edsmo posterior. Pero &#8220;nunca aparece el tema del perd\u00f3n de Dios como acontecimiento primario que funda el deber del perd\u00f3n&#8221;.[2] En cambio, esta ense\u00f1anza de Jes\u00fas (cf. las par\u00e1bolas de Mt 18, 23-34 y de Lc 7, 41-42), ligada al amor misericordioso del Padre que \u00e9l manifiesta, es original suya. M\u00e1s a\u00fan, esto &#8220;es espec\u00edfico del perd\u00f3n \u00abcris\u00adtiano\u00bb y se enra\u00edza en el acontecimiento singular de Cristo, sea en el Je\u00ads\u00fas hist\u00f3rico, sea en Cristo muerto y resucitado \u00abpara la remisi\u00f3n de los pecados\u00bb&#8221;.[3] Se impone una primera conclusi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&#8220;El perd\u00f3n \u00abcristiano\u00bb es \u00fanico porque hace entrar en \u00e9l a Dios, y en primer lugar, y lo hace entrar para salvar. Quien ha experimentado este perd\u00f3n, no puede sino perdonar del mismo modo y con la misma finalidad [&#8230;] No es, por lo tanto, un hecho puramente moral, sino eminentemente teol\u00f3gico-cristol\u00f3gico&#8221;.[4]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Este perd\u00f3n se da, en el doble sentido: existe y est\u00e1 dado, su ser es un ser-donado. Y se da para todos, tanto para la v\u00edctima como para el vic\u00adtimario.<br>En primer lugar para la v\u00edctima. &#8220;Perdonar&#8221; significa no encerrarse de modo irreversible en el propio sufrimiento, salir de la l\u00f3gica de la ven\u00adganza, no dejarse definir por el mal que se ha padecido. El perd\u00f3n le reve\u00adla entonces la hondura insondable del ser humano, es decir, una relaci\u00f3n de amor, una capacidad de amar que el victimario no ha tenido el poder de destruir ni reducir en ella. No se satisface al verse finalmente libre de un pasado terrible, sino que se arriesga a la recreaci\u00f3n de una relaci\u00f3n, que se\u00adr\u00e1 completamente nueva. Jes\u00fas, que en la cruz ama a sus enemigos, ofrece a cada uno la posibilidad de hacer lo mismo. Es la paradoja -milagro se\u00adg\u00fan Arendt- que distingue a los &#8220;hijos del Alt\u00edsimo&#8221; (cf. Lc 6, 35).[5]<br>Pero tambi\u00e9n para el victimario, para que pueda salir de la l\u00f3gica de la violencia. &#8220;Pedir perd\u00f3n&#8221; verdaderamente significa que la persona no s\u00f3lo reconoce el mal que ha cometido, sino que se disocia radicalmente de \u00e9l, padece por el padecimiento que ha provocado con su culpa e inicia un camino nuevo. El perd\u00f3n le revela tambi\u00e9n a \u00e9l su propia hondura, una capacidad de amar que puede recuperar para volver a vivir con dignidad y restituir con mayor amor el da\u00f1o provocado. El arrepentimiento de un culpable es una revelaci\u00f3n del milagro del poder recreador del perd\u00f3n. En t\u00e9rminos de Ricoeur, &#8220;se da menos como un \u00abretornar\u00bb que como un ges\u00adto inaugural&#8221;.[6]<br>Con Jes\u00fas el perd\u00f3n se da, no s\u00f3lo como desatar nudos, desvinculan\u00addo al agente de su acto, sino como un proceso de recreaci\u00f3n del v\u00ednculo de humanidad destruido entre el victimario y la v\u00edctima, entre el ofensor y el ofendido. Superando la enemistad y la indiferencia -que son las dos for\u00admas de extra\u00f1amiento que se instauran entre ellos a partir del mal-, aco\u00adgiendo el don del perd\u00f3n, ambos pueden reencontrarse en una amistad y una fraternidad nuevas, m\u00e1s all\u00e1 de todo lo padecido. A ambos, y por su intermedio a muchos otros, el perd\u00f3n les revela que el ser humano, cada uno, realiza su identidad profunda s\u00f3lo en la relaci\u00f3n con el otro, para la cual ha sido creado y dotado con un poder de amar indestructible.[7]<br>Y sin embargo, todo esto, a\u00fan testimoniado y reflexionado, \u00bfno pa\u00adrece demasiado lejano, demasiado ideal, excepci\u00f3n loable pero siempre ajena&#8230;? \u00bfQui\u00e9n puede trazar en medio de las ambig\u00fcedades de nuestra historia la l\u00ednea exacta, indispensable, que separa la v\u00edctima del victima- rio?[8] \u00bfAcaso no nos tiembla el pulso?, \u00bfno hemos sufrido bastante ya? o tal vez han sufrido siempre otros, los que no pudieron siquiera darse cuenta.<br>El perd\u00f3n de Dios que la pascua de Jes\u00fas ha inaugurado no s\u00f3lo al\u00adcanza las figuras n\u00edtidas del ofensor y el ofendido, sino que es un don so\u00adbre todo para todas las situaciones an\u00f3nimas y cotidianas en las que esta nitidez se disuelve en una atm\u00f3sfera contaminada, donde cada uno es a la vez v\u00edctima y victimario, en un entretejido de conflictos y controversias inextricables, insuperables. S\u00f3lo el perd\u00f3n puede obrar entonces como factor de reconciliaci\u00f3n, si cada uno, m\u00e1s all\u00e1 de cualquier contabilidad o relato de los da\u00f1os y las razones, se siente unido al otro y sufre porque lo ha hecho sufrir, si no por culpa propia, s\u00ed por causa propia. Lo humano encuentra as\u00ed una plenitud recreada en Cristo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&#8220;Poder recreador de lo humano, por esto el perd\u00f3n es el nuevo principio de lo hu\u00admano. Y por esto Jes\u00fas, que es el donante del perd\u00f3n es, para la tradici\u00f3n cristia\u00adna, el redentor por definici\u00f3n y el nuevo Ad\u00e1n&#8221;.[9]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">[1]&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cf. N. Gatti, &#8220;..perch\u00e9 ilpiccolo diventi fratello. La pedagogia del dialogo nel cap. 18 di Matteo&#8221;, Tesi Gregoriana Serie Teologia 146, Roma, Editrice Pontificia Universita Gregoriana, 2007, 212-215.<br>[2]&nbsp;&nbsp;&nbsp; G. Segalla, &#8220;Perdono cristiano e correzione fraterna in Mt&#8221;, Studia Patavina 38 (1991) 499-518 (514).<br>[3]&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ibid.<br>[4]&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es la conclusi\u00f3n de G. Segalla, Ibid., 518.<br>[5]&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cf. C. di Sante, La passione, 150-152.<br>[6]&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cf. P. Ricoeur, La m\u00e9moire, 638 n. 46. El autor, que ha introducido la \u00faltima y necesaria distinci\u00f3n para justificar la confianza en un sujeto moral como digno de ser perdonado, recono\u00adce certeramente en este car\u00e1cter inaugural del arrepentimiento cristiano una diferencia con la concepci\u00f3n del AT y la tradici\u00f3n jud\u00eda, que lo entienden como un &#8220;retornar&#8221; a Dios y a su Ley.<br>[7]&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cf. C. di Sante, La passione, 154-155, donde el autor completa desde el dato b\u00edblico la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica de base kantiana con la cual Ricreur justifica la confianza fundamental nece\u00adsaria para el perd\u00f3n dif\u00edcil (cf. P. Ricoeur, La m\u00e9moire, 639-642).<br>[8]&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Primo Levi usa una met\u00e1fora espacial sugestiva: &#8220;&#8230; parece que ha llegado el tiempo de explorar el espacio que separa (\u00a1no s\u00f3lo en los Lager nazis!) las v\u00edctimas de los perseguidores [&#8230;]; s\u00f3lo una ret\u00f3rica esquem\u00e1tica puede sostener que ese espacio est\u00e9 vac\u00edo; jam\u00e1s lo est\u00e1, est\u00e1 constelado de figuras torpes o pat\u00e9ticas, que es indispensable conocer si queremos conocer la especie humana&#8221; (I sommersi e isalvati, Torino, 1986, 27-28, citado en C. di Sante, La passione, 156 n. 55).<br>[9]&nbsp;&nbsp;&nbsp; C. di Sante, La passione, 158 (cursivas nuestras).<\/p>\n\n\n\n<p>Soding, Gerardo Jos\u00e9, &#8220;Padre, perd\u00f3nalos&#8221;&#8230; El perd\u00f3n &#8220;dif\u00edcil&#8221; y la novedad de Jes\u00fas [en l\u00ednea], Teolog\u00eda, 100 (2009)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/bibliotecadigital.uca.edu.ar\/revistas\/padre-perdonalos.pdf\">http:\/\/bibliotecadigital.uca.edu.ar\/revistas\/padre-perdonalos.pdf<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas ha pedido el perd\u00f3n y ha entregado su vida al Padre. 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