{"id":501,"date":"2018-08-08T03:04:30","date_gmt":"2018-08-08T06:04:30","guid":{"rendered":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/?p=501"},"modified":"2021-11-09T12:08:44","modified_gmt":"2021-11-09T15:08:44","slug":"la-evangelizacion-un-anuncio-con-gracia1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/la-evangelizacion-un-anuncio-con-gracia1\/","title":{"rendered":"La evangelizaci\u00f3n, un anuncio con gracia\u201d[1]"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Algunas disposiciones espirituales para un anuncio amable<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Conmovido por la amable bondad de vuestra presencia y por la iniciativa excepcional de este coloquio que acab\u00e1is de ofrecerme, heme aqu\u00ed enfrentado a una tarea dif\u00edcil: intentar hacer un discurso acorde a estas circunstancias. Los organizadores me pidieron un mensaje, no una disertaci\u00f3n. Yo quisiera simplemente compartir con ustedes algunas convicciones que me interesan mucho sobre el tema que nos re\u00fane: la evangelizaci\u00f3n, un anuncio amable. No hablar\u00e9 aqu\u00ed de planes y estrategias, aunque es necesario hacerlo, sino de esp\u00edritu. De ah\u00ed el t\u00edtulo de este discurso: algunas disposiciones espirituales para un anuncio hecho con amabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Para abrir la reflexi\u00f3n, quisiera partir de una frase de Paulo VI en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica&nbsp;<em>Evangelii Nuntiandi<\/em>&nbsp;(1975). He aqu\u00ed lo que dice justo al final: \u201cNo ser\u00eda in\u00fatil que cada cristiano y cada evangelizador examinasen en profundidad, a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n, este pensamiento: los hombres podr\u00e1n salvarse (en lat\u00edn: podr\u00e1n ser salvados) por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio\u201d (\u00a780). Esta frase relativiza radicalmente la necesidad del anuncio evang\u00e9lico para la salvaci\u00f3n. Pero le sigue inmediatamente otra frase que subraya, a la inversa, el imperativo absoluto del anuncio. \u201cPero, \u00bfpodremos nosotros salvarnos (\u2026) si omitimos anunciarlo?\u201d. La no necesidad del anuncio por un lado, imperativo absoluto por el otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Observemos que el pensamiento mencionado est\u00e1 formulado por Paulo VI no solamente para ser profundizado intelectualmente, sino tambi\u00e9n para ser rezado e interiorizado. Es decir que ese pensamiento est\u00e1 llamado a penetrar en el cuerpo para insuflarle una manera de ser, de actuar y de hablar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Entonces, es efectivamente la espiritualidad la que est\u00e1 en juego aqu\u00ed. Quisiera analizar algunos aspectos que desarrollar\u00e9 en cinco puntos ligados estrecha y l\u00f3gicamente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1. Un feliz desapoderamiento<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">\u201cLos hombres podr\u00e1n salvarse si nosotros no les anunciamos el Evangelio\u201d. Lo que debemos interiorizar es que, trat\u00e1ndose de la salvaci\u00f3n, nosotros somos, retomando una expresi\u00f3n evang\u00e9lica, \u201csiervos in\u00fatiles\u201d. S\u00f3lo Dios salva, \u00c9l salva sin nosotros, antes que nosotros, independientemente de nosotros. De alguna manera, estamos aqu\u00ed para nada. Como dice Paulo VI en el mismo p\u00e1rrafo: \u201cEsta salvaci\u00f3n viene realizada por Dios en quien El lo desea, y por caminos extraordinarios que s\u00f3lo \u00c9l conoce\u201d (<em>Evangelii<\/em>\u00a0<em>Nuntiandi<\/em>, \u00a780) \u201c\u00bfQui\u00e9n era yo, como podemos leer en los Hechos, para poner obst\u00e1culos a Dios?\u201d (Hch 11, 17). Dios, por el poder de Cristo, puede salvar por v\u00edas diferentes a la pertenencia al cristianismo. Gracias a Dios, solamente habr\u00e1 cristianos en el Reino de Dios. Es lo que afirma claramente la Constituci\u00f3n Pastoral\u00a0<em>Gaudium et Spes<\/em>\u00a0y el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: \u201cCristo muri\u00f3 por todos, y la vocaci\u00f3n suprema del hombre es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Esp\u00edritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de s\u00f3lo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual[3]\u201d. Estas perspectivas, en lo referente a la salvaci\u00f3n, nos conducen a un feliz\u00a0 desapoderamiento. La Iglesia, a menudo se ha comportado como si fuera la administradora de la salvaci\u00f3n en el mundo. La encontramos ahora ubicada en un lugar de mayor humildad y realismo. No es su funci\u00f3n ni est\u00e1 en su poder el medir la extensi\u00f3n de la salvaci\u00f3n. De este modo, concretamente, estamos liberados de la fantas\u00eda de un poder que nos har\u00eda sentir superiores, o que depositar\u00eda sobre nuestros hombros la pesada carga de ser responsables de la salvaci\u00f3n del mundo. Dejar de ser los due\u00f1os de la salvaci\u00f3n nos libera del activismo, de la obligaci\u00f3n de obtener resultados o, m\u00e1s a\u00fan, de la angustia de no hacer jam\u00e1s lo suficiente. Nos hace siempre libres para ejercer la creatividad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2. Abandonar toda desesperanza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Este misterio de la salvaci\u00f3n por gracia de Dios tiene por efecto instalarnos y reinstalarnos sin cesar en una inquebrantable esperanza de cara a la muerte y al mal, especialmente frente a lo irreparable de las muertes prematuras, accidentales o violentas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Quiz\u00e1s hayan visto hace poco las im\u00e1genes de un video que muestran a un hombre que enciende una mecha para quemar a otro hombre, su semejante, empapado en combustible, encerrado en una jaula. La escena es espeluznante; nos congela de horror. Y sin embargo, la contemplaci\u00f3n de Cristo en la cruz, nos vuelve a colocar en la esperanza de la salvaci\u00f3n para la victima al igual que para su verdugo. \u201cPadre, perd\u00f3nalos porque no saben lo que hacen\u201d. \u201cL\u00edbranos del mal\u201d, dice el Padrenuestro. El mal absoluto ser\u00eda la desesperanza frente a la muerte y a lo irreparable. L\u00edbranos de la desesperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">El misterio de la cruz de Cristo nos lleva hasta all\u00ed: reavivar la esperanza, para todos, para los buenos as\u00ed como para los malos. Hacer entrar a los buenos y a los malos en el sal\u00f3n de bodas de la par\u00e1bola, tal es el designio de Dios. No hay diferencias, no hay un filtro a la entrada, no se exige previamente llevar vestiduras blancas; &nbsp;solamente se requiere tener la necesidad de dejarse revestir por el blanco manto nupcial. Este blanco manto nupcial, es el manto de la misericordia el cual consiste en dejarse revestir de la mirada de Dios sobre nosotros. Ello entra\u00f1a una purificaci\u00f3n de nuestra propia mirada, un ajuste a la bondad sin medida. Ciertamente estamos en el \u00e1mbito de la desmesura, del exceso, de lo irrazonable m\u00e1s que de lo razonable. Pero esta desmesura es la sustancia misma del mensaje evang\u00e9lico. \u201cSabiendo que la hora de volver al Padre hab\u00eda llegado, los am\u00f3 hasta el extremo\u201d. \u201cDios es bueno para los ingratos y los malos\u201d. \u201cAh\u00ed donde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u201d. \u201c\u00bfQui\u00e9n nos podr\u00e1 separar del amor de Dios?\u201d Absolutamente nada, ni siquiera el pecado. Liberaci\u00f3n de la desesperanza, pues.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Nosotros somos testigos de esta esperanza en un mundo que, siendo consciente de que la muerte es su inexorable destino, sin embargo se muestra altruista y busca llevar la felicidad para todos. \u201cHay que amar m\u00e1s y esperar menos\u201d dice Andr\u00e9 Comte Sponville en su libro \u201cEl esp\u00edritu del ate\u00edsmo. Introducci\u00f3n a una espiritualidad sin Dios<a href=\"http:\/\/www.isca.org.ar\/observatorio-catequistico.php?id_nota=180#_ftn4\">[4]<\/a>\u201d. El cristianismo lo invita asimismo a amar m\u00e1s pero tambi\u00e9n a esperar m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero avancemos en nuestra meditaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3. La Iglesia, un cuerpo de caridad, \u201cordenado\u201d al amor del mundo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">El misterio de la cruz es la manifestaci\u00f3n del amor divino hasta el extremo, sin medida. Demanda una respuesta: amar tanto como podamos con ese amor con el que somos amados. Por lo menos, desear hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Nutrida as\u00ed de la contemplaci\u00f3n del amor divino, la misi\u00f3n de la evangelizar toma cuerpo, forzosa y prioritariamente, en el amor, la caridad, el \u00e1gape. A menudo pensamos que evangelizar es presentar un mensaje al intelecto del otro para provocar su adhesi\u00f3n a dicho mensaje. Esto es olvidar que la evangelizaci\u00f3n toca en primer lugar el cuerpo. La evangelizaci\u00f3n comienza por los sentidos. El amor se experimenta, se siente. Toca y se puede tocar. El amor sana, eleva, levanta, endereza, restaura, hace crecer. En este sentido, como dice el papa Francisco, la evangelizaci\u00f3n es \u201cun constante cuerpo a cuerpo\u201d. \u00a1Si no tengo caridad, no soy m\u00e1s que un c\u00edmbalo que reti\u00f1e! Efectivamente, qu\u00e9 ser\u00eda el mensaje evang\u00e9lico si no estuviera precedido, llevado, animado, por el amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Es decir que la vocaci\u00f3n primera del Pueblo cristiano, antes que todo anuncio, es ser un cuerpo de caridad \u2013el cuerpo de Cristo- en la carne del mundo. Por supuesto que la Iglesia no es la \u00fanica depositaria del amor pero, en todo caso, est\u00e1 llamada a ser ese cuerpo de caridad en el nombre de Cristo, particularmente en relaci\u00f3n con los m\u00e1s pobres y los que sufren. La Iglesia, en este sentido, est\u00e1 prioritaria y primariamente \u201cordenada\u201d, en el sentido sacramental del t\u00e9rmino, a la diacon\u00eda, al servicio del mundo, al amor del mundo. La caridad de Cristo nos apremia (2Cor 5,14).\u00a0<em>\u00a1Caritas Christi urget nos!<\/em>\u00a0Naturalmente, los cristianos no tienen el monopolio de la caridad, pero el Evangelio les impone \u201cun deber m\u00e1s apremiante[5]\u201d. Siendo nosotros deudores de un amor tan grande, con mayor motivo estamos invitados a vivir la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4. El anuncio evang\u00e9lico, un deber de caridad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">La Iglesia, como cuerpo de caridad, es tambi\u00e9n un cuerpo que habla, que anuncia. El anuncio del Evangelio es \u00e9l mismo un acto de caridad. M\u00e1s arriba, nos pregunt\u00e1bamos por qu\u00e9 anunciar el Evangelio si los hombres pueden salvarse sin necesidad de este anuncio. \u00bfPor qu\u00e9? Por caridad, por deber de caridad. Es la caridad, en efecto, la que nos urge a anunciar el Evangelio, no para que el mundo se salve, sino porque el mundo ya est\u00e1 salvado y porque es bueno agradecerlo sintiendo as\u00ed la alegr\u00eda de estar salvado. Lo sepa o no, el mundo est\u00e1 en v\u00edas de ser salvado y de ser conducido a la vida en abundancia por la fuerza creadora de Dios que instaura y restaura. La salvaci\u00f3n est\u00e1 en germen en la creaci\u00f3n. Y esta es una primera gracia. Saberlo, agradecerlo, es una gracia suplementaria, no necesaria para la salvaci\u00f3n, pero infinitamente preciosa y salv\u00edfica por todo lo que nos permite vivir y celebrar juntos en el gozo. El Evangelio, en efecto, est\u00e1 a favor de la alegr\u00eda \u2013Evangelii Gaudium- y de esa nueva comuni\u00f3n que se abre al reconocer la salvaci\u00f3n tal como lo expresa San Juan en su primera carta: \u201cLo que hemos o\u00eddo, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos, (\u2026) se lo anunciamos tambi\u00e9n a ustedes, para que vivan en comuni\u00f3n con nosotros. Y nuestra comuni\u00f3n es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos esto para que nuestra (vuestra) alegr\u00eda sea completa\u201d (1Jn, 1-4).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Resumiendo, la caridad nos apremia a anunciar la Buena Nueva por el gozo que ella brinda y por el regalo que nos hace de experimentar una nueva comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5. Un estilo amable<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Finalmente, si el anuncio es un acto de caridad, si revela el misterio de la caridad, entonces es necesario que sea formulado, hasta en su elocuci\u00f3n, de manera caritativa, amable. En su primera carta el ap\u00f3stol Pedro defini\u00f3 el estilo que deb\u00eda poseer el anuncio asign\u00e1ndole al menos dos rasgos: el rigor y la dulzura. \u201cEst\u00e9n siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida raz\u00f3n de la esperanza que ustedes tienen. Pero h\u00e1ganlo con delicadeza y respeto\u201d (1Pe 3, 15-16). El rigor, ante todo. La exigencia espiritual, en este sentido, es consentir un trabajo de la raz\u00f3n que se esfuerce en hacer la fe audible, inteligible, plausible para el hombre contempor\u00e1neo en su lenguaje. Todo hombre tiene derecho a o\u00edr la Buena Nueva. Y este derecho debe ser honrado de modo riguroso, pero siempre con dulzura y respeto puesto que, interpelando a la raz\u00f3n, la fe solamente puede ser ofrecida como propuesta. La fe no coacciona ni estar\u00e1 jam\u00e1s al cabo de un razonamiento que imponga una obligaci\u00f3n; ella \u201cda a pensar\u201d. La fe se halla en el orden de los dones, como un manto all\u00ed dejado que podemos ponernos o abandonarlo, como un tesoro que podemos aprovechar o no. El anuncio de la fe se desarrolla entonces en el doble espacio libre de lo admisible para la inteligencia y de lo deseable para la voluntad. La fe al\u00eda gravedad y ligereza: gravedad por las preguntas que se plantea y ligereza por la libertad que ella da.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Aqu\u00ed termino. Muchas gracias por la amable atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>[1]\u00a0Mensaje de Andr\u00e9 Fossion tras el coloquio realizado en Namur, el 14 de marzo de 2016 sobre el tema.<br>[2]\u00a0Un cristianismo infinitamente precioso. Compilaciones de teolog\u00eda pr\u00e1ctica ofrecidas al padre A.F.<br>[3]\u00a0Gaudium et Spes, \u00a722; ver tambi\u00e9n Lumen Gentium \u00a716;\u00a0 Ad Gentes \u00a77 7; Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica \u00a71260.<br>[4]\u00a0Albin Michel, Paris, 2006, p. 75.<br>[5]\u00a0Cf. Gaudium et Spes, \u00a743.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>en ocasi\u00f3n de la entrega de\u00a0 un libro de homenaje bajo la direcci\u00f3n de Henri Derroite, Jean-Paul Laurent y Gilles Routhier (Dir.),\u00a0<em>Un christianisme infiniment pr\u00e9cieux<\/em>.\u00a0<em>M\u00e9langes de th\u00e9ologie pratique offerts au P\u00e8re Andr\u00e9 Fossion<a href=\"http:\/\/www.isca.org.ar\/observatorio-catequistico.php?id_nota=180#_ftn2\"><strong>[2]<\/strong><\/a><\/em>, Collection \u201cTh\u00e9ologies pratiques\u201d, Lumen Vitae, Novalis, Namur, Montr\u00e9al, 2015, 402 p.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>PARTICIPARON DE ESTE COLOQUIO MONS. JOZEF DE KESEL, ARZOBISPO DE MALINAS-BRUSELAS, ENZO BIEMMI, STIJN VAN DEN BOSSCHE, ALBERTINE ILUNGA, HENRI DERROITE Y ANDR\u00c9 FOSSION.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunas disposiciones espirituales para un anuncio amable Conmovido por la amable bondad de vuestra presencia y por la iniciativa excepcional de este coloquio que acab\u00e1is de ofrecerme, heme aqu\u00ed enfrentado a una tarea dif\u00edcil: intentar hacer un discurso acorde a&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[30,23],"class_list":["post-501","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-observatorio-catequistico","tag-evangelizacion","tag-evangelizar"],"gutentor_comment":0,"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/501","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=501"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/501\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":504,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/501\/revisions\/504"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=501"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=501"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/isca.org.ar\/home\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=501"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}