¿Qué es un catequista? La respuesta parece obvia. Sin embargo, casi siempre lo que decimos de un catequista podría decirse de cualquier cristiano, o de un profesor, o quizás de una madre, o de un misionero. La pregunta por la identidad toca un tema que se relaciona con otros. Por ejemplo con respecto al discernimiento vocacional, si no se tiene claro qué es y para qué de una vocación determinada, ¿cómo se va a sentir atraída la persona hacia esa misión? Y con respecto al catequista ¿que distingue específicamente a un catequista? Es importante aclarar la identidad porque eso nos ayuda a valorar mejor este ministerio y a orientar un discernimiento adecuado. De ese modo se asume una misión que conforma el propio ser. Es necesario llegar a distinguir lo propio para que el otro viva ese ministerio con alegría y como algo que lo configura personalmente. En la misión del catequista hay algunas notas distintivas, que son propias de su tarea. ¿Qué importancia tiene descubrir mejor qué es lo que distingue a un catequista de los demás? Qué es lo propio de su misión. Queremos ir al núcleo porque eso permite apasionarse más con la misión que Dios ha regalado, porque ayuda a descubrir cómo la propia vida es transformada por esa misión. A su vez, ayuda a determinar cuál es la espiritualidad propia de un catequista, ya que es la misión la que determina las características de la propia espiritualidad, y no al revés. De esa misión surge la espiritualidad adecuada a esa misión. A lo largo de estas notas vamos a ir conversando acerca de las notas distintivas que alimentan la identidad del catequista. El primer nivel de esta identidad, está en el amar a Dios y ser amado por Él. Es cierto que antes de la identidad catequística está la identidad cristiana. Alguien es catequista porque es cristiano. Por eso, podemos decir en primer lugar que un catequista es alguien que ama a Dios, como cualquier otro cristiano. Conviene decirlo, porque Dios es el sentido último de nuestras vidas. No podemos ignorar que hay catequistas que no están muy convencidos del amor que Dios les tiene, o que escapan de su presencia. Les gusta la tarea, son profesionales, manejan la metodología pero viven todo eso al margen de su relación con Dios. Es necesario reconocer el llamado permanente a una mayor y más profunda amistad con Dios. En el cultivo de mi identidad debo revisar siempre cómo va mi relación con Dios. Este testimonio atraerá a otros. Es importante revisar este aspecto, aunque parezca obvio, porque muchas personas, muchos catequistas no tienen la experiencia de ser amado por Dios y esto es tan problema para la misión. Pbro. Víctor Manuel Fernández Este texto forma parte del folleto “La identidad específica del catequista”, subsidio temático Nª 1 de la colección “Hacia el encuentro nacional de catequistas – ENAC 2005” editado por la Junta Nacional de Catequesis.