Comunicar quiere decir hacer común. El origen etimológico de este vocablo, del latín communis , nos plantea de entrada un interrogante sobre el sentido de su uso actual. (…) Cualquier intento de definición de la “comunicación” es preciso hacerlo teniendo en cuenta la tensión entre el “ser” y el “deber ser”. Desde el punto de vista del “ser”, tanto en el lenguaje corriente como en el científico suele usarse el vocablo “comunicación” para describir procesos de emisión, conducción y percepción de mensajes mediante el uso de canales y de signos. Hasta aquí el concepto de “comunicación” aparece vinculado a los de transmisión de datos (información) y “producción de signos” (significación). No pocos comunicólogos parecen quedarse en estos dos niveles al proponer sus propias definiciones de “comunicación”. Pero hay otro nivel, que es el que corresponde al “deber ser”: el de la “participación dialógica” (comunicación propiamente tal), a la luz de la cual es preciso enfatizar el carácter de personas de los sujetos que intervienen en los procesos anteriormente mencionados. Sujetos conscientes y libres que intercambian mensajes, no reduciéndose a ser uno un “emisor” y otro “receptor”, tampoco limitándose este a dar respuestas como reacción a los estímulos generados o promovidos por aquel, sino compartiéndose ambos activa, autónoma y creativa y críticamente la develación y la construcción del sentido de la realidad a partir del intercambio de información y de la expresión recíproca de ideas y sentimientos. Tal forma de interrelación humana es la que corresponde a una situación de “comunidad” o de “comunión”, en el sentido originario de estos términos (communitas, communnio). Este nivel de la participación dialógica es más bien un ideal en el horizonte de las relaciones sociales del hombre de hoy y de todos los tiempos. Por eso, más que reducirse a “describir” la “comunicación”, lo que hay que hacer es ir descubriendo y creando las posiciones de posibilidad de ese estado ideal, de tal manera que, aún en medio de las limitaciones que nos impiden realizarlo plenamente, logremos aproximarnos siquiera un poco a la utopía. Siguiendo a G. Gusdorf, podemos sostener entonces que, si bien el lenguaje constituido define un campo de comprensión, la comunicación es la relación de dos o más sujetos situados en ese campo, que les proporciona una referencia común, un horizonte con relación al cual sobresale su relación momentánea. El horizonte cultural no agota las condiciones de la comunicación; por el contrario, se encuentra envuelto por el horizonte antropológico, humano, personal, del cual es una concreción particular. Por ello la relación más simple abre nuevas e indefinidas perspectivas. Toda comunicación está unida a una toma de conciencia. Todo encuentro con el otro me conduce al reencuentro conmigo mismo. Por eso la comunicación posee una virtud creadora. Proporciona a cada uno su propia revelación en la reciprocidad con el otro. Las palabras, los gestos anuncian una intención. A la eficacia propia de las palabras se agrega la magia de la presencia como una carga suplementaria que conlleva la convicción personal. El contacto humano siempre apunta hacia una totalidad, se simpatía o antipatía, de consentimiento o de rechazo. “La gracia de la comunicación, donde damos recibiendo y donde recibimos dando, es el descubrimiento del semejante, del prójimo -del otro mí mismo- en la amistad o en el amor, más valido que yo porque se identifica con el valor que el encuentro me ha permitido descubrir”.(1) La comunidad humana se basa en la intersubjetividad espontánea y no tanto en el descubrimiento de una idea. La comunidad se constituye por la significación compartida, mediante una comunicación no meramente lingüística sino de bienes, de normas, de valoraciones, y compromisos. “La comunicación supone una comunidad constituida y recíprocamente, la comunidad se constituye y se perfecciona por la comunicación” (2). Al referirnos a la comunicación hay que distinguir entre el “ser” (la comunicación como proceso de emisión, conducción y/o percepción de mensajes, mediante signos y a través de canales) y el “deber ser” (la comunicación como proceso de diálogo entre personas, hacia la comunidad).
Gabriel Jaime Pérez, S.J. Luis Ignacio Sierra 1 GUSDORF, Georges. La parole. Ed. PUF., Paris, 10ª ed., 1988, pág 67. 2 LONERGAN, Bernard. Método en Teología. Sígueme, Salamanca, 1988. TRad. Gerardo Remolina, S.J., pág. 348. Departamento de comunicación social – DECOS / CELAM: Comunicación, misión y desafío. Manual de Comunicación para la Pastoral. Colección Documentos CELAM Nª 7. Bogotá, 1997. Págs. 25-28
