Durante el lunes 29 de agosto vamos a reunirnos en los salones del CONSUDEC para conocer las nuevas tecnologías y los nuevos desarrollos que pueden ayudarnos en nuestra catequesis. Uno de los temas que andarán girando ese día es el de la posibilidad de una red de catequistas. Hemos pensado en la Iglesia como en un cuerpo. O un barco. O un pueblo en marcha. Pero, además, la Iglesia es como una red. Lo propone el Evangelio: “El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces” (Mateo 13, 47). Es una invitación nueva: a pensar en la Iglesia como en una red. No una red que atrapa e inmoviliza, sino una red que sostiene y comunica. Esto significa que, como en toda buena red, somos un sistema intercomunicado, una combinación de hilos, nudos y espacios de vacío, capaz de recibir y sujetar a aquellos elementos que necesitan ser sostenidos por ella. Pensar en red significa tener conciencia de la interdependencia. Existen varias redes de catequistas. Para pertenecer a ellas basta con visitar los foros de los tantos sitios catequísticos que hay en la Web. (En este sitio también tenemos un foro. Los invitamos a visitarlo: pueden llegar hasta ahí gracias al enlace que hay aquí debajo, a un clic de distancia). En estos foros se hacen preguntas y se comparten recursos. Son redes cuyos hilos recorren el mundo, de Corrientes a Lima, de Cataluña a Miami. Pero una red no se agota en la circulación de recursos. “Esta es la red de catequistas” nos dijo una vez el director de una escuela de catequesis mientras nos entregaba un diskette con las direcciones de todos los miembros de esa escuela. Pero no era tan sencillo, porque no se teje una red con el simple intercambio de información. Se construye con la presencia de seres humanos, con el intercambio de alegrías y de angustias, de gozos y de esperanzas. El desafío como catequistas en red es el de crecer en la interactividad, un tipo de comunicación más dialógica que expositiva. El catequista que se comunica en red es un catequista de la acogida, más dispuesto a la escucha que al habla. Una red que acepte y promueva la diversidad sin miedo a la fractura. Porque, “a pesar de ser tantos, la red no se rompió”. (Juan 21, 11). Mariano Nicolás Donadío