No puede elaborarse una verdadera teología de la comunicación sin la referencia explícita a su núcleo y centro de sentido: la encarnación de Jesucristo, palabra e icono de Dios Padre. Solamente en la persona de Jesús, Cristo, se concentran y unifican todo los fundamentos teológicos de la comunicación cónica. Porque él es la expresión visible del misterio escondido en Dios, una sacramentalización radicalmente nueva del mismo. Ese misterio y la actividad misma como principio iluminador y referente principal de nuestra acción comunicativa. Los documentos pontificios sobre medios de comunicación social atribuyen, con insistencia, este título a Cristo: el “perfecto comunicador”, el “comunicador por antonomasia”, el “comunicador del Padre”. Porque representa la plenitud de la comunicación y comunión con Dios y con los hombres. En tal sentido, el anuncio de Jesucristo, al cual somos convocados todos sus seguidores, debe ser en el uso de la plenitud de sus facultades comunicativas, es decir, como palabra e imagen de Dios Padre. Es claro que el prólogo del Evangelio de San Juan presenta al Logos, palabra personalizada en Dios: “y la palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios” (Jn 1,1) como el comienzo de todo. Sólo esa palabra que Jesús nos ha revelado plenamente el rostro de Dios. Pero también es claro que se trata específicamente de una palabra que se ha personalizado, encarnado, por tanto, hecho imagen de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios enviado al mundo: “y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como hijo único, lleno de gracia y verdad” (Jn 1,14). La teología contemporánea redimensiona la función y naturaleza comunicativa de Dios Padre en la presentación de Jesús. Que es comunicador del padre, no sólo como palabra, sino como imagen o íconos de Dios. Palabra e imagen en Cristo, dos dimensiones claves, mutuamente constitutivas de una misma realidad de comunicación dinámica de Dios padre a su hijo. Todos concordamos en afirmar la actual importancia de la imagen para la comunicación. De ahí que presentar a Cristo como la imagen de Dios invisible, su mediación corporal, visual, tenga enorme significación para fundamentar una teología de la comunicación y dar un valor antropológico a la comprensión y visualización de su mensaje. La encarnación de Jesús es el punto de contacto entre Dios invisible y el ser humano. Sólo puede haber comunicación cuando hay un universo común, un mínimo horizontal referencial conocido por ambas partes. Sabemos que no es posible la comunicación o el diálogo si no se utiliza el mismo lenguaje, si el locutor no se coloca en el lugar del interlocutor y asume todas sus circunstancias y limitaciones históricas. Por ello, la “inculturación” es un presupuesto de la comunicación. Y se constituye en un gran desafío para la Iglesia a la hora de poner al Evangelio en diálogo con las diversas y sucesivas culturas. Este es el ejemplo que recibimos de Jesús, comunicador del Padre, que entra en el mundo de las personas y a partir de esta relación, las libera. Él habló la lengua del pueblo de su tiempo. Se hizo entender con todo los recursos del lenguaje. Entra en la cotidianidad de las personas, sin separar lo sagrado y lo profano, venciendo muchos prejuicios. Teniendo siempre como objetivo comunicacional: “quien me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14,7) y mostrar y ser el camino para el Padre: “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Sin la encarnación de Jesús, que posibilita la aproximación de Dios a los seres humanos, ¿cómo se podría hablar de comunicación? Jesucristo constituye, en la vida humana, además del signo auténtico, el modelo coherente del perfecto comunicador por sus palabras y actuaciones (DP 191). Jesús es el perfecto comunicador: 1. Jesús manifiesta la importancia de las actitudes vitales profundas para propiciar la comunicación. 2. Él recuerda que su mensaje se destina preferentemente a los pobres. 3. Al relacionarse con las personas, Jesús adopta actitud respetuosa y suscita la libertad. 4. Jesús es un modelo de audacia y valentía en la proclamación de su mensaje. 5. Jesús sabe seleccionar y utilizar los medios y modos de comunicación más adecuados para cada circunstancia. 6. Jesús realiza la meta de toda comunicación: conducir a la comunión.
Gabriel Jaime Pérez, S.J. Luís Ignacio Sierra
DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN SOCIAL – DECOS / CELAM. Comunicación, misión y desafío. Manual de Comunicación para la Pastoral. Colección Documentos CELAM Nº 7. Bogotá, 1997. Págs. 126-133
