UN ITINERARIO DE FE… EL ENCUENTRO ENTRE LA CATEQUESIS Y LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

La ley del Señor es perfecta, consolación del alma el dictamen de Yahve, veraz sabiduría del sencillo. Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre mi. Entonces seré irreprochable, de delito exento. (Salmo 19, versículos 8 y 14)

Desde una invitación… Dentro de la temática elegida para el Seminario Nacional de Catequesis rondaron los conceptos: PRIMER ANUNCIO, INICIACIÓN CRISTIANA, CATEQUESIS PERMANENTE. En los pasos que se propusieron para su desarrollo, aparecen con frecuencia las palabras PROCESO, CONVERSIÓN, MISIÓN y, como una propuesta de argamasa, como rastros, pistas, huellas de experiencia y discernimiento, las palabras OPCIONES, ITINERARIOS, DINAMISMO VITAL. Estas líneas quieren ser una mirada, solamente una mirada, en una época de desconciertos provocadora de reflexiones que aspiran a ser definitivas, no por soberbia, sino sencillamente porque los seres humanos necesitamos de certezas a las que aferrarnos. Es este un momento que me arrastra con fuerza a la contemplación de la iglesia de los primeros tiempos. Necesito abrir mis oídos al ardor del anuncio de Pedro, y con el “corazón compungido”, asumir la conversión personal para llevar a cabo mi misión. Me emociona la audacia de los misioneros, el fervor que transmiten, al punto que provocan críticas y admira-ción, persecución y simpatía, deseos de pertenencia y temores. Sorprende y aterra a los poderes, asombra y contagia al pueblo. Adalbert Hamman, en su libro “La vida cotidiana de los primeros cristianos”, pinta esos tiempos con citas de filósofos, escritores e historiadores. También nos dice que “cuando los apóstoles desaparecen las comunidades en vez de llorarlos los imitan. El patrimonio está ahora confiado a sus manos. La responsabilidad descansa sobre la comunidad entera. Convertirse significa misión, fe significa compartir…..la predicación se extiende ella sola casi por todas partes, por la actividad de gentes desconocidas, sin misión instituida. Los gérmenes de la fe se contagian por las actuaciones libres de voluntades individuales”. La lectura cuidadosa me permite afirmar que las “voluntades individuales”, que actúan desde la vida de todos los días, no pierden los lazos de pertenencia a la Iglesia Madre, sino que en ella se realimentan, en la oración y en la comensalidad eucarística, en el servicio a los pequeños y en el compartir lo poco o lo mucho que se posee. En los casos de los misioneros itinerantes, las comunidades abren sus casas para solventar sus gastos de manutención, respaldados por obispos y líderes reconocidos. Ejercer el compromiso de fe en libertad, no significa actuar solo, sino asumir la propia responsabilidad sin esperar decisiones que no nos corresponden. El asombro que me provocan tanto los Doce como los miles que después siguieron sembrando la Buena Noticia, me urge a seguir buscando más atrás, en la fuente misma de esa palabra que persuade y seduce: la Palabra de Dios. Desde la Palabra… Veo a Jesús en camino y llamando a los que después serían los apóstoles. Ellos están en su trabajo, en sus tareas diarias. ( Mc 1, 16-18 y Mc 2,13-14). En la lectura de Lc 19, 1-6, Jesús, se olvida de las reglas de urbanidad y se invita solo a comer en la casa de Zaqueo. El marco de su conversión es una comida, que suponemos alegre, algo diario, común, que hacemos necesariamente (los que podemos), todos los días. La reacción de Zaqueo es desmesurada, apasionada. ¿Qué sucede en la sobremesa? ¿La risa, puede ser? Porque el invitarse a una comida indica sentido del humor…como aprovechar la oportunidad para dejar la semilla… En Lc 24, 13-31, el relato me transmite la frustración y bronca de los muchachos. Jesús se pone a la par de ellos, pregunta y los deja hablar, y no hay reacción hasta que Jesús toca la vida: come con ellos, y ese compartir desata lo vivido. Hay un REINICIAR, disparado por el hecho simple y cotidiano de partir el pan. ¿Recuerdan “Ratatouille”? Un crítico rígido, intolerante y amargado, a quien probar un simple guiso le desata recuerdos que lo transforman. Miles de veces he leído, como todos, el relato de Jn. 4, 1 y ss. Dolores Aleixandre, en una ponencia en el Congreso Internacional de Vida Consagrada que tituló “Buscadores de pozos y caminos” me fue ampliando la mirada, buscando no solamente esos niveles de espiritualidad a que nos lleva el evangelista sino esa relación con la vida que nos pide una catequesis encarnada. • Jesús está cansado, camino de Judea a Galilea, ya no tiene más fuerzas para seguir adelante. Tiene sed, no tiene cómo sacar el agua, y necesita de otro que se la de. • La mujer que va a sacar agua del pozo, vive una situación de discriminación con respecto a los judíos, y así se lo manifiesta a Jesús. Otra situación de carencia; no tiene marido, y el que tiene, no es su marido. No tiene el estatus judío (aunque sí la misma fe). No tiene el estatus social • Partimos, como estamos viendo, de una situación de carencia • Pero también de transgresión. Por parte de la samaritana, que le echa en cara a Jesús la sub-estima de los judíos a los samaritanos. Y además, se adivina cierta ironía en su respuesta cuando Jesús le habla del “agua viva”. Y por parte de Jesús, que se aparta de las prescripciones de la ley judía, entablando una conversación con una mujer, samaritana, que no sabe guardar la consigna de silencio que deben las mujeres. Pero también se iguala a la samaritana en la situación de carencia. • Ante el reproche, Jesús le dice: “si supieras….” Jesús sigue con un diálogo en el que no impone su presencia ni sus argumentos. Va despacio. Le da tiempo y le habla a dos niveles, el agua de la ley actual y el agua de la ley nueva que da la vida. Me conmueve imaginar el tono de …”¡si supieras…!” • Hasta ahora, el que pedía era Jesús. Va poniendo a la mujer en situación de pedir, ahora ella, esa agua de vida, pero todavía no comprende de qué está hablando Jesús. Y entonces pide ”de esa agua”. • Y es cuando Jesús la lleva a su vida de todos los días. Recién ahí reacciona, se siente tocada, tanto que repite lo dicho al principio, pero le encuentra otro sentido. Ella muestra su fe, como la misma de los judíos y Jesús se le revela. Y el “cuando venga el Mesías sabremos todo”, se convierte en “ya no creemos por las palabras. Porque lo hemos visto y oído”. Volviendo a la Palabra desde la temática del Seminario, puedo afirmar: • Jesús recoge la vida de la samaritana tal como es. La samaritana se convierte en misionera apasionada, sin es-conder lo que era, pero abandonando el cántaro vacío. Es una mujer, apóstol ignorado y que no participó de las estructuras de poder, pero por la cual muchos samaritanos, los transgresores del culto, conocieron al Mesías, no ya por otros, sino por experiencia personal. • Las invitaciones que hace Jesús, tienen sus ritmos, sus esperas, sus métodos, sus palabras, pero nunca ignoran la situación cotidiana de los convocados. • La situación inicial de carencia, vacío, necesidad, transfigurada por Jesús, es un proceso pascual, de muerte y resurrección. Pero está vivido no solo por la samaritana, sino también por Jesús. Siento que, como catequista de catequistas, estoy constantemente identificándome en forma ambivalente tanto con Jesús, en su INICIAR, como con los otros personajes, los INICIADOS. No puedo olvidar que Dios está instalado en los corazones, y que yo solo soy un instrumento tan necesitado como todos, y que experiencia y aprendizaje compartidos crecen hasta lo indecible. Estoy convencida que despojados, como Jesús, de las cargas inútiles de la soberbia, el andar se hace más ligero, y la comunión, más alegre. Por eso elegí, para encabezar este trabajo, los versículos del salmo 19. Desde la experiencia… Esta experiencia que relato ha nacido de la vida. Las afirmaciones que la acompañan son fruto de un largo proceso de “corazones que piensan”, y han servido de base para la concreción de algunos proyectos. Pero no perdamos de vista la temática del Seminario. • El kerigma, el primer anuncio de la novedad de Jesús, tiene su raíz en la vida de todos los días, en la rutina, en lo escondido, en lo que muchas veces nos parece intrascendente. El Señor se hace presente en todas las cosas, en todo momento, y sobre todo en las cosas pequeñas, en el mantel a cuadros limpio y planchado que vuela al ponerlo sobre la mesa, en la semilla de zapallo que mi nieto plantó y mira crecer embelesado, en el llanto de las cosas perdidas, en la recuperación de afectos que se habían alejado, en esa canción, en el aroma de las tostadas recién hechas o en el olor a tierra mojada…. • Pero el anuncio crece, vuela con infinitas alas, sale al mundo laboral, al barrio y sus vecinos y sus necesidades de limpieza, protección, agua, luz. Vuela hacia la escuela y el centro de salud, al pobre que está en la puerta de nuestra casa y no podemos dejar de verlo, a las políticas de los gobiernos que oprimen y excluyen, en la perversa distribución de las riquezas, y nos estremece la diferencia entre lo que creemos y lo que vemos. Los “cielos y tierra nuevos” parecen imposibles. • Mi experiencia de iniciada, ese “entrar en” esa vida nueva, me lleva otra vez a la Palabra, y recuerdo a un Dios que se conduele de la opresión de su pueblo, y cuando uno espera que con un soplo de su poder solucione el problema, llama a Moisés, un hombre de ese mismo pueblo, para que lleve a cabo su misión de liberarlo. Y la Iglesia me llama, a mi, “cristiano liberador” (EN 38), gritándome la necesidad de sostenerme con la Palabra, la presencia de Jesús en la Eucaristía y en los rostros de los hermanos, y también con los saberes de las ciencias humanas. • El kerigma, la iniciación, el itinerario permanente, que fueron las etapas de mi conversión, pasan a ser el entra-mado misterioso que enmarca la misión, un bello ñanduty que yo no sé tejer, ni lo intento, porque lo hace el Señor, y no hay mejor tejedor que Él. Solo pongo los hilos. Desde las prácticas… No voy a caer en la tentación de relatar mi experiencia catequística en los encuentros con adolescentes que siempre dicen que no, ni como formadora de laicos y laicas catequistas. Confieso que he tenido el regalo de ver frutos. Nunca los espero, porque no es por eso que opté por este camino, no el más fácil, por cierto. Sólo quiero compartir un camino hecho de fe y convicciones muy fuertes, pero nunca sola. Todo este proceso de fe y misión, que arranca abarcando la realidad, tiene tal dinamismo vital que supera mis posibilidades y miserias. Esto no me dispensa de prepararme lo mejor posible para volver a esa realidad que se contradice con el Mensaje de Vida, y contribuir a hacerla mejor. Es el momento de las opciones, y es imposible prescindir de la enseñanza que la Iglesia ofrece sobre las cuestiones sociales, y menos todavía, huir de la dimensión social que nos deja el Mensaje de Jesús. Sería como escindir la persona misma del Señor del Camino. La experiencia de participación activa en los ámbitos de la educación, la cultura, los derechos humanos y la política como un servicio de construcción del Reino de Dios en mi lugar, me hizo comprender cada vez más los fuer-tes llamados a la participación y a la acción que hace la Iglesia en este aspecto a todos los fieles. Y aquella intuición que me orientó en la tarea catequística, la encuentro, años más tarde, reflejada fielmente en una expresión del documento de actualización de las líneas pastorales de la Conferencia Episcopal Argentina, Navega Mar Adentro, que en el punto 38 destaca a “la Doctrina Social de la Iglesia como el mejor medio para encarnar los principios evangélicos en la compleja realidad cultural, política, social, ecológica y económica”. Sin embargo, “la tarea educativa de la Iglesia no pudo hacer surgir una patria más justa, porque no ha logrado que los valores evangélicos se traduzcan en compromisos cotidianos”. Esta última afirmación, es lugar de “mea culpa” para las instituciones formadoras. Desde mi Iglesia Madre de humanidad… El gran acontecimiento del Concilio Vaticano II “preocupado por asumir las justas aspiraciones del hombre contemporáneo y todo lo válido de su cultura”, va marcando en todos los documentos romanos, latinoamericanos y argentinos, el reconocimiento de la relación entre nuestra fe y la dignidad del hombre. El documento Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización (15) nos dice: “esta relación no debe ser simplemente proclamada como una verdad más. Debe IMPREGNAR toda la catequesis y DESPLEGARSE a través de los grandes cauces que entendemos fundamentales para esta nueva etapa”. IMPREGNAR…DESPLEGARSE…eran las palabras que necesitaba. Un año después, el Papa Juan Pablo II, en la encíclica Centesimus Annus, nos dice que la Doctrina Social de la Iglesia es un “instrumento de evangelización” y el documento de Aparecida en su totalidad, posibilita constantemente el diálogo entre catequesis y Doctrina Social de la Iglesia. Me siento respaldada por mi Madre Iglesia para aquella tímida e intuitiva opción misional para la que me preparé: impregnar la catequesis del mensaje liberador. Desde la propuesta… La Doctrina Social de la Iglesia, como un sistema de proposiciones doctrinales que mantienen su validez aún ante las situaciones históricas siempre cambiantes resulta, para muchos, árida y utópica, y algunas afirmaciones provocan malestar. La reflexión europea propone no llamarla Doctrina, sino Enseñanza, concepto más flexible y que ayudaría su recepción. Desde Juan XXIII cambia del método deductivo al inductivo, partiendo de las situaciones concretas, pero no pierde el “halo” de ideal, para muchos inalcanzable. Es posible que las mediaciones no hayan sido adecuadas, por eso se insiste, en muchas reflexiones, en la Dimensión Social del Mensaje, que no podemos descuidar, y que es fuente de todo desarrollo teórico sobre los problemas cotidianos del hombre. Abrigar la DSI por la catequesis significa tener en cuenta algunas sugerencias. De tipo pedagógico: • Los principios y afirmaciones de la DSI pueden ser recibidos en la catequesis con niños. Puesto que esta es una enseñanza que pertenece a la moral, a la conducta del hombre, es, sin duda, un aporte muy fuerte al desarrollo de la conciencia. Para un niño no son ajenas las palabras JUSTICIA, BIEN COMÚN, SOLIDARIDAD, etc., pero he presenciado catequesis que circunscriben estos conceptos a la temática doméstica, más bien individualista. • Para los jóvenes, en pleno camino hacia la construcción de un proyecto de vida, la DSI integra y perfecciona vida, fe, proyecto, en un compromiso de raíces profundas, y les ofrece elementos de discernimiento para su participación en la humanización de las estructuras. • Con los adultos, es un insumo que a su vez les permite la producción de nuevas ideas y les facilita sus roles de actores sociales. • Los destinatarios pasan por diversas etapas de la vida, y la DSI es re-propuesta y profundizada de distintas maneras, en líneas de comprensión diversificadas. • Los problemas sentidos como decisivos por la sociedad no son siempre los mismos. Solo un catequista atento a los problemas del hombre contemporáneo puede acompañar el discernimiento desde la fe. • Necesitamos catequistas muy preparados desde la didáctica y los contenidos. No nos capacita un curso sobre DSI, si no reflexionamos en cómo llevarla a la catequesis. De tipo teológico: • Toda cuestión social, ES UN LUGAR TEOLÓGICO. Todo problema de convivencia, de trabajo, de economía, de educación, de cultura, de política, etc., todo conflicto, no es externo a la vida, en consecuencia, a las tareas de la iglesia y de la catequesis, porque está inserto en el tejido de la historia de salvación. Ahí nos habla Dios. • Los contenidos bíblicos y teológicos de la catequesis fundamentan la DSI, y esta aterriza a la realidad humana a aquellos, posibilitando su acercamiento a lo cotidiano, hacia una espiritualidad encarnada. • Sin la particularidad de Encuentro que conlleva la catequesis, sin una experiencia de Cristo Salvador, es muy difícil la aceptación cordial de la DSI. • La aceptación de la DSI en sus principios generales lleva en sí la posibilidad de acercar a la fe a las personas: “instrumento de evangelización”. • Una eclesiología de comunión es el marco necesario para el diálogo mutuamente acogedor entre la catequesis y la enseñanza social de la Iglesia. En cada momento histórico la Iglesia asume lenguajes, términos, que repetimos como un lema. Hoy, una de esas expresiones es “la conversión pastoral”. Cada uno la explica de distinta manera, y todos sentimos que es algo así como una entelequia flotando en la estratósfera. Así también hablamos de la conversión que necesita la catequesis. Tanto la Pastoral, como la Catequesis, son instituciones, agrupan diversos ministerios que no se construyen independientemente de los hombres. Ellos son los que le van dando el ritmo, la calidad, la eficacia, el estilo, abiertos o sordos a la voz del Espíritu, en la comunión de la sencillez o sitiados por los saberes propios. Así seguirá si no cambiamos tanto el corazón como las valoraciones éticas e intelectuales, o seguimos analizando con categorías que ya no dan respuestas reales. Si la conversión personal no llega a lo profundo, las estructuras seguirán languideciendo. De ahí el valor del compromiso de fe que me toca a mi, ahora y en este lugar, pero… Si Yahvé no construye la casa, en vano se afanan los constructores; si Yahvé no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia. Salmo 127, versículo 1 Así es.

Beatriz B. de Carriego