Quizás no lo sepamos, pero el primer paso de nuestras planificaciones ya está hecho. Planificamos sin darnos cuenta. Llevamos adentro nuestro una enorme cantidad de deseos y de anhelos puestos por Dios, confrontados con la realidad, que se convertirán en encuentro catequístico. La planificación es un deseo puesto en palabras y repartido en acciones. Esto significa que, antes de planificar algo, hay que saber desearlo. Quizás el obstáculo más grande que se interpone entre nosotros y la planificación no sea tanto nuestra realidad -tan compleja, tan desafiante- como nuestra ausencia de horizonte. No sabemos bien qué es lo que queremos. Y como no lo sabemos, no lo deseamos. Por eso no planificamos. Y cuando no sabemos lo que queremos, nos limitamos a repetir lo que otros hicieron. Cuando la catequesis, año tras año, se convierte en una mera repetición de programas, esquemas de reuniones, textos y dinámicas, se advierte que lo que faltan son horizontes. Y -repetimos- faltan verdaderos deseos. A veces los deseos y los planes chocan con la realidad. Nuestra lectora, María Cristina Nanni lo cuenta así: “Mi experiencia es escolar y si bien no me resulta un trabajo pesado o tedioso sí complejo, ya que son muchas las cosas a tener en cuenta: además de cómo transmitir el mensaje debemos pensar en la realidad que viven nuestros catequizandos-alumnos. (…) En este contexto se dificulta la planificación ya que, muchas veces, uno sueña con cosas que en la realidad se hacen impracticables”. Estamos acostumbrados a ver a la realidad como la gran antagonista de nuestros deseos. Pero la realidad no es la ejecutora; es la dialogante. El deseo y la realidad, en la planificación, tienen un lugar para encontrarse. Si es verdad que no hay un catequista igual a otro, tampoco debería haber una planificación igual a otra. Planifica una persona concreta para una realidad concreta compuesta por determinados catequizandos. Una buena programación debería ser una oportunidad de creación individual. Una tarea personal de discernimiento, de reconocimiento personal, de encuentro con los propios catequizandos, con Dios y consigo mismo. Mariano Nicolás Donadío
ISCA
El ISCA es un instituto superior nacional de catequética cuya finalidad se inscribe en el ámbito de la investigación y de la formación de formadores. Por eso asume la preparación de los que van a ejercer la responsabilidad de la animación, coordinación, conducción y/o formación en la catequesis a nivel diocesano, regional y nacional, en las casas de formación del clero y en el ámbito de las congregaciones religiosas.
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