1- Llamar a las cosas por su nombre: Los Obispos de la Argentina, en el documento “La Patria requiere algo inédito” atribuyen a la actual cultura la denominación de comunicacional, señalando que ella -más allá de su servicio en la tarea informativa- consiste en una propuesta frívola que transmite la caricatura del hombre y no… su dignidad, la grandeza de su vocación, la belleza del amor, el sentido del sacrificio, y la alegría de sus logros. Motivados por los alcances de la denominación, sus implicancias y consecuencias, hoy nos proponemos indagar en esta cultura, intentando una aproximación al sujeto de la Catequesis en la cultura comunicacional e intuyendo, además, alguna prospectiva posible. De la denominación a la caracterización: En la cultura comunicacional, los medios de comunicación hegemonizan todo el espacio cultural, constituyéndose en fuerzas directoras y en espacios de producción casi únicos de las iniciativas culturales. En la Argentina, durante la década del 40, los medios de comunicación comenzaron ese proceso. Pero la educación no había iniciado aún su devastador camino de empobrecimiento. Entre los años 40 y 50, todavía la escuela tenía algo que decir y no había conflictos entre la educación y los medios. Más bien podemos hablar de una mutua colaboración entre ellos. Pero a partir de ahí, la progresiva sustracción de la escuela y el avance de los medios confluyeron en un conflicto que se reduplicaron en otros: la familia y los medios, la Iglesia y los medios, las otras instituciones sociales y los medios… Del conflicto a la crisis: No sólo en la Argentina nos enfrentamos a estos conflictos: se trata de un fenómeno global que afecta aun a los países más poderosos y desarrollados. En encuestas realizadas acerca de la cultura juvenil, los índices de credibilidad en la escuela son bajísimos, mientras que los que se refieren a los medios de comunicación son altísimos. La escuela, la Iglesia y tantas otras instituciones sociales, en estado de crisis… Algunos llegan a afirmar que se hallan en estado de decadencia… Cuando decimos cultura comunicacional estamos tocando el corazón de la cultura posmoderna con su indiscutible rasgo de cultura en crisis. Crisis en las instituciones incapaces de superar los conflictos a los que han quedado expuestas. Crisis que se traduce en otras crisis… Crisis de autoridad, Crisis de identidad, Crisis de subjetividad fundada en la crisis de identidad. 2- Luces y sombras de la cultura comunicacional. Pero no todo es malo en la cultura comunicacional. Una mirada demasiado pesimista podría conducirnos a la pasividad o a la indiferencia que nos encierra en el absurdo del “a mí no me pasa”… Otro rasgo determinante de la cultura comunicacional es su fragmentación. En nuestras prácticas y conversaciones nos referimos constantemente al zapping, los bits, los mensajes de texto y los mails, que abrevian palabras y se niegan a reconocer las formas más elementales de sintaxis. Nos hemos quedado en una morfología sin palabra ni logos. Y entonces ocurre la paradoja: el momento de comunicación termina siendo un momento de soledad y de incomunicación. Todo esto contribuye a la fragmentación del lenguaje y del pensamiento y, por ende, de la cultura… Sin embargo, la cultura comunicacional tiene elementos maravillosos que, en la mayoría de los casos, no hemos sabido descubrir agazapados en ciertas actitudes defensivas. Queremos conocer los medios, poseerlos, dominarlos, diagnosticar su incidencia en los valores y en la cultura toda… Pero sería prudente preguntarnos si, detrás de estas acciones, no se esconde un cierto temor, lo que alguna vez alguien llamó “la demonización de los medios”. Y, entre los elementos maravillosos de la cultura comunicacional, nos permitimos nombrar la actitud de perplejidad en la que ella nos deja. No conocemos al sujeto de la Catequesis inserto en esta cultura. Es necesario profundizar en sus aspiraciones, ideales, necesidades, dolores, en su configuración espiritual, psicosocial y moral. Y esto, indefectiblemente nos deja perplejos o indiferentes. Entre ambas actitudes es bueno quedarnos con la primera porque en ella está encerrada, a punto de despuntar, nada más y nada menos que la novedad. Aquello que nunca se ha hecho todavía. La perplejidad puede invitarnos, en la búsqueda de la novedad, a saltar la aporía, a escapar del círculo en el que nos encierran la pasividad, la indiferencia o el temor… Por otro lado, la cultura comunicacional nos ofrece medios capaces de crear comunión. Nos acerca al extranjero, al que piensa distinto, al diferente. Ellos entran a nuestra casa “en simultáneo”, invitándonos permanentemente a la hospitalidad y al discernimiento. Especialmente, los medios visuales pueden recrear la presencia del otro y no sólo su palabra. La palabra, a veces, es precisamente la del ausente y no alcanza porque podemos malinterpretar al otro o resignificar lo que dice desde nuestro propio horizonte cultural. En este sentido la cultura comunicacional contribuye al relativismo que hace difícil el acercamiento a Cristo como Camino, Verdad y Vida. 3- El encuentro como condición para salir de la crisis En esta etapa de aproximación al conocimiento del sujeto de la Catequesis en la cultura comunicacional alcanzan a vislumbrarse, entre otros rasgos, su increíble soledad, su nostalgia de los valores, su necesidad de arraigo en la realidad consistente, su incertidumbre, el quiebre de identidades, la prevalencia de ciertos subjetivismos sobre las verdaderas subjetividades… Proponemos el encuentro como condición para superar las crisis. Encuentro entre hermanos caracterizado por… • La hospitalidad de nuestros ministerios. Una hospitalidad que casi merecería ser considerada sacramento de la presencia de Dios en las comunidades. Hospitalidad que se hace capaz de recibir a nuestros catequizandos y catecúmenos con la paciencia que sabe respetar sus procesos y sus diferencias. • La capacidad y el hábito del discernimiento porque el sujeto de la Catequesis está confundido y no acierta a descubrir quién es él realmente y cuál es su lugar en la Creación. • La capacidad para generar o regenerar nuevos espacios de integración y de reconocimiento de lo humano, en medio de una cultura que presenta graves síntomas de deshumanización. 4- Salir de la crisis… Más allá de cualquier relativismo imperante, más allá de los nuevos lenguajes, Jesús es contemporáneo siempre. Y su Espíritu “renueva la faz de la tierra”. A lo largo de la historia el cristianismo pasó por diversas crisis y la Iglesia se hizo siempre fecunda en la perplejidad acertando en la novedad que el Espíritu Santo le fue inspirando. El “invento” de las parroquias, de las congregaciones religiosas, la catequesis familiar en su momento y tantas otras respuestas creativas ante las crisis. La fe en Jesucristo constituye sujetos, los hace renacer “del agua y del Espíritu” y los libera de toda crisis de identidad y de subjetividad. Hoy hay comunidades cristianas que, inspiradas por Dios, van dando respuestas nuevas, han descubierto otros modos de vivir los diversos ministerios. Pero esta vida nueva aún no se ha hecho discurso. En este sentido podría decirse que hay “una Iglesia pensada” y “una Iglesia vivida” que va por delante de la “Iglesia pensada”. Los catequistas, en muchos casos, somos miembros de esa “Iglesia vivida”, pero todavía no tenemos una reflexión sólida acerca de nuestras praxis, no las hemos hecho discurso. Un camino posible podría ser la creación de un Observatorio Catequístico como método para la continuidad del tema propuesto para estas Jornadas. De este modo podría entablarse un diálogo entre la Catequesis y la Teología, dado que la primera podría aportar lo observado a través de sus praxis y la segunda podría elaborar el discurso hoy ausente. Muchas veces los catequistas, embretados en las diversas problemáticas propias de las crisis mencionadas, no hemos descubierto que, en realidad, se trata de auténticos fenómenos eclesiales y generalizados en distintos grados y expresiones en cada comunidad. Salir de la crisis implica asumir este tiempo como tiempo de oración, estudio, reflexión, acción y espera, porque el Espíritu Santo obrará la novedad… Pbro. José Luís Quijano Este texto es una síntesis elaborada a partir de exposiciones de la Prof. Beatriz Sarlo, del Pbro. Dr. Marcelo González y de Mons. Juan Carlos Maccarone. También se han incluido algunos aportes prospectivos y una referencia a las experiencias desarrolladas en el ISCA.
ISCA
El ISCA es un instituto superior nacional de catequética cuya finalidad se inscribe en el ámbito de la investigación y de la formación de formadores. Por eso asume la preparación de los que van a ejercer la responsabilidad de la animación, coordinación, conducción y/o formación en la catequesis a nivel diocesano, regional y nacional, en las casas de formación del clero y en el ámbito de las congregaciones religiosas.
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