La noticia puede ser breve pero no por eso menos dolorosa: murió la Hna. Beatriz Casiello. La conocí hace más de treinta años cuando comenzaba mi formación como catequista. En ese momento le pregunté ¿qué era ser un catequista? Y con la claridad que la caracterizaba me respondió: «el catequista es quien le anuncia al hermano las maravillas que Dios obra en su vida con la certeza que hace lo mismo en la vida de todos y solo hay que descubrirlo» Así era Beatriz, anunciadora de maravillas, apasionada hasta el extremo, empeñada en construir una Iglesia abierta y acogedora. Hoy sin dudas está cara a cara con el Autor de esas maravillas.
Durante muchos años la Casa de la catequesis en Rosario fue para mi “la casa de la hermana Beatriz” donde pude visitarla. La renovación catequística en Argentina tuvo en ella uno de sus pilares. Los libros que escribió aún hoy siguen aportando en la formación de los futuros catequistas. Una vida dedicada a pensar una catequesis renovada y situada en el contexto. Formadora de catequistas, una tarea que siguió realizando mientras pudo. Esta Semana Santa resonará distinta en todos los que tuvimos el privilegio de conocerla y compartir mucho con ella.
Mantuve el ritual de escribirle para su cumpleaños allá por el mes de junio y el último mail que recibí me decía con su amorosa cercanía: «Espero estés bien y gozando del Ministerio Catequístico que Francisco HA REGALADO A LOS CATEQUISTAS… Después de años…terminó el debate…» Así eras, así lo viviste “como una tarea cumplida”. Este escrito puede ser muy autorreferencial pero sentí la necesidad de compartir las resonancia de su vida en la mía.Doy gracias a Dios por tu vida y tu ministerio en la catequesis y te despido como solías hacer siempre en tus mails: «Un abrazo y mi recuerdo-amigo de siempre.» Hasta siempre Beatriz
Laura de Isla
Comunidad ISCA


