Planificar es soñar con los ojos abiertos. Cuando un equipo planifica pone su mirada en la realidad, pero también sabe entrecerrar sus ojos para vislumbrar aquello que está por revelarse. Es una lástima que la planificación se nos represente como un trabajo tan arduo y aburrido. Como dice Luis M. Benavides, “en muchos ambientes escolares ‘planificación’ equivale a trabajo tedioso y engorroso, a palabras difíciles que nadie entiende, a verbos y objetivos especialmente elegidos para ‘torturar’ a las mentes más sagaces”. Cuando la planificación en equipo tiene que ver, sobre todo, con reconocer lo que es e imaginar lo que podría ser. Con reunir realidad y utopía para que jueguen, confronten, acuerden y produzcan algo que no es ni la suma ni la resta de las dos. Con observar lo existente y saber soñarle un destino. “Nunca existen vientos favorables para quien no sabe a dónde va.”, dice un proverbio fenicio. La planificación también tiene que ver con el deseo. Planificamos porque queremos llegar a algo; sin un objetivo y una esperanza que nos mueva hacia este objetivo, la catequesis se convierte en un mero estar ahí. Planificar significa, entonces, reconocer aquello que se quiere y buscar los medios para alcanzarlo. ¿Cuál es el eje de la planificación? ¿El evangelio? ¿Las necesidades de la realidad de nuestro contexto? En nuestro FORO, durante marzo podemos aportar nuestras opiniones. La solución no descansa exclusivamente en uno de los dos puntos. En Gaudium et Spes leemos: “Para cumplir esta tarea corres­ponde a la Iglesia el deber permanen­te de escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio, de forma que, acomodada a cada generación, pueda res­ponder a los frecuentes interrogantes de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la rela­ción mutua entre ambas. Es necesario, por tanto, conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus expectativas, sus aspiraciones y su índole muchas veces dramática” (GS 4). El diálogo entre el evangelio y los signos de los tiempos es el que debería orientar cualquier planificación catequística. Cada uno de nosotros vive su experiencia de planificación en su comunidad. ¿Cómo es la tuya? ¿Qué pasa con nosotros después de haber planificado? ¿Por qué cuesta tanto? ¿Será que este contexto tan cambiante de los argentinos desalienta cualquier acción que tenga que ver con pensar el futuro? ¿Vemos que nuestros catequizandos sean capaces de pensar en términos de plan, proyecto, utopía? Son muchas preguntas. Te invito a contar tus experiencias con la planificación en el CORREO DE LECTORES de esta Aula Abierta. Escribinos a la dirección que vas a encontrar al pie de esta nota; tu aporte va a ser publicado en esta misma sección. Hasta entonces. Mariano Nicolás Donadío