Cuando nos proponemos acercar a los adolescentes a una experiencia religiosa, a la vida de la fe, es necesario ubicarnos previamente en el contexto. Asistimos a un tiempo de profundos cambios, de nuevos desafíos. Cuando hablamos de adolescentes tenemos que considerar la caracterización que nos aporta la psicología sobre esta etapa evolutiva. Expresado de manera muy sintética podemos decir que es un período en el que se inician y desarrollan tres duelos fundamentales: duelo por el cuerpo infantil, por la identidad y el rol de niño y por la pérdida de las relaciones con los padres de la infancia. La adolescencia, caracterizada por la crisis necesaria para la construcción de la propia identidad, se presenta como un período complejo para los padres, los educadores y fundamentalmente para los mismos adolescentes. Aparece con frecuencia la rebeldía y enfrentamiento con lo instituido, lo establecido, la norma, como búsqueda de distancia en la relación con los padres que les posibilita fortalecer su propio yo. ¿Quién soy? es la pregunta central del adolescente, aunque no llegue nunca a expresarlo con palabras. Lo pone de manifiesto con gestos, actos, opciones y estados de ánimo. Cambios corporales, despertar sexual, sensibilidad exacerbada, necesidad de aprobación por parte de sus pares. La autodefinición y el propio reconocimiento le implicará al adolescente una dura tarea. En nuestro tiempo, nombrado por algunos pensadores como “postmodernidad”, este proceso se hace aún más complejo por las características del entorno. Es necesario descubrir que entre los autores que hablan de postmodernidad o postmodernismo hay diversas posturas y líneas interpretativas, pero de modo muy sintético y generalizado podemos decir que “no entenderíamos la postmodernidad si no percibiéramos que está hecha de desencanto”. Desencanto que no se limita al consumo de lo material, toca al arte, a la fe y a la razón. Gilles Lipovetsky dice… “únicamente queda la búsqueda del ego y del propio interés, el éxtasis de la liberación personal, la obsesión por el cuerpo y el sexo… desmotivación generalizada, repliegue autártico ilustrado por la pasión de consumir pero también por la moda del psicoanálisis y de las técnicas relacionales. Cuando lo social está abandonado, el deseo, el placer, la comunicación se convierten en los únicos valores.” En relación a la fe, en general manifiestan indiferencia más que ateísmo. Muchos creen pero no tienen práctica religiosa. La fe y la vida parecen ser dos ámbitos totalmente diferenciados. No hay un vínculo personal con Jesús y los valores del Evangelio no parecen tener peso en sus vidas. Sin embargo buscan ¿qué buscan? Queda abierto nuestro espacio de taller para la reflexión y el intercambio de experiencias. Lic. María Estela Guita (Lili) meguita@sion.com