Los años ochenta fueron años de una gran actividad catequética en las comunidades cristianas de nuestra Iglesia en España. Los Obispos españoles escribían: “Durante estos años, la catequesis ha dado pruebas de ser campo realmente privilegiado de la renovación eclesial, en que han destacado con mucho las luces, aunque no hayan estado ausentes las sombras. Por todas partes en España, un gran número de sacerdotes, religiosos y seglares se han consagrado con entusiasmo y constancia a la comunicación y educación de la fe en el ámbito de la catequesis. Y ha sido admirable el número de iniciativas brotadas en este terreno” . Mirando hacia atrás advertimos una progresiva y lenta disminución de grupos de adolescentes y jóvenes en catequesis. Los grupos de adultos siempre fueron menos numerosos, pues la catequesis estaba volcada en las primeras edades. Los niños, sobre todo los que se preparan para la primera comunión, da aún cifras elevadas en catequesis, cifras que descienden bruscamente tras la celebración de la llamada primera comunión. Habría que recorrer los archivos parroquiales y cuantificar el número de primeras comuniones y de confirmaciones de ayer y de hoy. Una simple comparación con la actualidad arrojaría datos interesantes. El dato más obvio posiblemente sea el descenso de inscritos en la catequesis. Pero no nos podemos quedar en ese dato, para el que hay muchas lecturas; una muy sencilla es la disminución de la población infantil y juvenil. Nuestra pregunta tiene que ir más allá. ¿Qué está pasando hoy en la catequesis? Se trata de una pregunta que se plantean muchos en el momento presente. La formulamos mirando explícitamente a la catequesis en acción, es decir, a las catequesis que funcionan en las parroquias y comunidades cristianas. No partimos de encuestas, sino de observación personal. Ahí está el límite de la reflexión que sigue. El objetivo de estas líneas no es una descripción exhaustiva, sino unas pinceladas para “dar que pensar”. 1. Dónde estamos a) Realidad muy plural Lo primero de todo es confesar que no contamos con encuestas fiables sobre lo que es y hace la catequesis en el seno de la comunidad cristiana. Es difícil hablar de porcentajes. Pero existe un conocimiento de la realidad que se realiza por observación directa, por informaciones que provienen de catequistas y de encargados de la catequesis. Yo me sitúo en esta última fuente de información. En segundo lugar hay que señalar la realidad plural. Ni todas las iglesias particulares ni todas las comunidades cristianas que convocan a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para la catequesis lo hacen con los mismos objetivos, con la misma pedagogía, con la misma organización. Damos por hecho que todos tienen como finalidad última: el anuncio del Evangelio. Pero la forma de realizarlo es muy diversa. Por ejemplo, mientras en unas comunidades cristianas se encomienda la acción catequética a cristianos adultos, en otras comunidades esta acción se pone en manos de los recién confirmados “porque así, teniendo algo que hacer en la comunidad, se quedan, se sienten útiles ya que de lo contrario se van y no les volvemos a ver”. Mientras en unas comunidades se cuida muy mucho la formación de los catequistas y se les exige un mínimo de edad, de cursillos básicos y de profundización, en otras, se anuncia al inicio de curso: “Se necesitan catequistas, ¿quiénes se apuntan?”. A los que se apuntan, se les da un cursillo de tres tardes (6 horas) y ahí se para prácticamente toda la formación de los catequistas. Otra pista que nos habla de la realidad plural que existe se constata en el “consumo” de materiales de catequesis. El método usado señala una orientación, una opción, una manera de concebir el hacer catequético. Hoy encontramos un abanico amplio y diverso de métodos: unos métodos son impuestos desde los Secretariados de Catequesis o desde la parroquia, en otros casos se funciona sin “libro editado”, y son los catequistas y el encargado de la catequesis quienes van confeccionando su propio método, síntesis más o menos bien hecha de otros muchos, hecha a base de cortar y pegar… La realidad es plural también por la forma de concebir la animación de la comunidad cristiana. Hay veces que la animación observable en comunidades de periferia no tiene nada que ver con la de las comunidades del centro de la ciudad, por poner un ejemplo; o la de las zonas rurales con la capital de provincia. b) Crisis o desconfianza Creo que podemos hablar hoy de una crisis o desconfianza respecto a lo que se hace con los que van a catequesis, o respecto a la catequesis que ofrecen no pocas comunidades parroquiales. “¿Qué le puede enseñar ese niñato a mi hijo en catequesis si yo sé muy bien lo que es?”. “¿Cómo quieres que vaya a la reunión de padres para escuchar las bobadas que nos cuentan?”. Así se expresan, a veces, padres que, conociendo a los catequistas, ya desconfían de la catequesis que hacen. Otra vertiente de la desconfianza se traduce en estos términos: los niños, adolescentes y jóvenes que en la escuela tienen como profesores a personas “tituladas”, con un expediente académico que avala su preparación para la tarea que realizan, en la catequesis nos encontramos con “personas de buena voluntad”. Ciertamente que muchas de estas personas están dando lo mejor de sí y lo mejor de su fe. Ciertamente que la catequesis tiene una dimensión que escapa a toda posibilidad de evaluación, pues interviene el Espíritu. Ciertamente que los catequistas están haciendo una labor que en muchos casos ni quieren ni pueden hacer los presbíteros que la comunidad tiene. Ciertamente que gracias a la fe de catequistas sencillos muchos hombres y mujeres han entrado en diálogo con el Dios de Jesús. Todo esto es cierto. Y más. Pero también es verdad que el Espíritu nos pide en toda ocasión hacer el esfuerzo de responder con valentía, ciencia y preparación a las necesidades del momento para acoger la realidad del sujeto que demanda iniciarse en el seguimiento de Jesús de Nazaret. Tanto el tiempo que se dedica a la catequesis, como los métodos, las personas que la realizan, el proyecto catequético comunitario dentro de la acción global de la comunidad, las respuestas que se ponen en marcha, etc. ilusionan poco hoy a los destinatarios y a los progenitores de los destinatarios; aún con riesgo de equivocarme, creo que esta constatación vale para la catequesis de niños, adolescentes, jóvenes y adultos. De ahí la crisis o desconfianza. En ocasiones, la falta de preparación específica puede estancar la catequesis en una rutina o repetición sin abrirla a respuestas pensadas, a apuestas nuevas, a horizontes críticos para avanzar hacia propuestas pastorales más acordes con la realidad de nuestro hoy.
Álvaro Ginel Vielba SDB
