Afirmamos que es necesario evaluar en catequesis, pero digamos de entrada que la evaluación, como procedimiento pedagógico o recurso pastoral, debiera estar “al servicio” de esta expresión del Ministerio de la Palabra, que es la Catequesis. En catequesis siempre ha preocupado el modo de identificar la evolución del proceso y de los actores de la Catequesis. Se han encontrado propuestas muy creativas, y otras muy lamentables en materia de evaluación. Está superado tanto el tiempo de la catequesis de preguntas y respuestas, como aquel de la catequesis puramente vivencial. Válidas cada una en su tiempo y en su contexto, en tanto que obedecieron a otros tantos esfuerzos por adecuar el anuncia a las realidades concretas y a los criterios de enseñanza y aprendizaje vigentes en su momento. En catequesis la evaluación no puede ser de utilidad en sí misma, no se evalúa para evaluar, se evalúa para tener una visión más clara, de cómo se está desarrollando el proceso de fe de personas y comunidades. Se trata de evaluar un ministerio de la iglesia, donde el contenido es precisamente el anuncio de Jesucristo, donde se procura que en la vida de los creyentes, tenga su espacio la presencia del Señor. ¿Será posible evaluar el conjunto que la catequesis significa e implica? Recordemos que evaluar significa “fijar o establecer, con determinados recursos técnicos, el valor de algo”. Recursos técnicos adecuados para medir un valor, utilizando la medida adecuada al valor que se busca. Con una balanza no puedo medir cuántos metros cúbicos de agua tengo, porque la balanza es un instrumento adecuado para determinar otro valor, no el valor cuantitativo del líquido. Evaluamos fundamentalmente, para ver cómo seguir marchando, y no solo para verificar resultados. Con esta afirmación, la evaluación es un proceso de recolección de información para tomar decisiones respecto a lo que queda por hacer, respecto al porvenir, ya nos estamos planteando que evaluar no es un término, sino una acción que forma parte de un proceso. Debemos preguntarnos ¿Cómo hay que ubicar la evaluación? ¿Cuáles son los instrumentos para el caso? ¿Cómo se van a vincular los procedimientos evaluativos, con el resto del proceso de aprendizaje? La evaluación es un instrumento para llegar al máximo de rendimiento de los objetivos trazados en un proyecto. Permite rectificar en la marcha el trazado mismo de un proyecto en función de los objetivos, porque a veces, lo que se pensó teóricamente en el punto cae partida, durante su desarrollo necesita modificaciones importantes. Importa recordar que en la catequesis, hay una acción del Espíritu Santo, tener presente que al tratarse de la fe, nos acercamos al misterio del otro. Y esto ¿es posible de evaluar? ¿la acción del Espíritu? ¿el crecimiento interior de las personas? Sin embargo, la catequesis, es una acción plenamente humana y como tal, es susceptible de ser medida, y tanto en aquel que la ejerce como ministerio, como en aquel que la recibe como acción de la Iglesia como para con él; tanto en su dimensión personal de entrega y de recepción, como en su dimensión comunitaria. Hay muchos aspectos de la acción catequística, que no son posibles de medir, pero muchos otros, seguramente sí, porque se trata de acciones humanas, que como tales, son siempre pasibles de ser valoradas. Evaluar lo alcanzado, revalorizar aspectos, descubrir insuficiencias o carencias, todo esto es mensurable. A esta altura vale la pena adelantar que no consideramos evaluación, como sinónimo de clasificación con notas. Nos desprendemos de esta concepción particular de la evaluación, para intentar acercarnos a conceptos como descubrir valores, valorar y dimensionar potencialidades, capacidades, eficacia espiritual o interior… En esta perspectiva tenemos que plantearnos nuestra búsqueda de cómo evaluar en catequesis. Pbro. Víctor S. Acha Tomado de “Evaluación en proceso: cómo evaluar en catequesis” – Cuadernos ISCA – Serie “Estudios catequéticos” Nº 4