El gran acontecimiento, nuevo en la historia de la Iglesia, y opuesto completamente a toda su tradición, es que nuestros niños llegan a la adolescencia y a la edad adulta sin haber pasado por un catecumenado auténtico. El catecumenado es un período de preparación que debe hacer al discípulo de Cristo capaz de ser fiel a sus compromisos bautismales. Es una iluminación y prueba para la lucha espiritual que el bautizado deberá librar… Cuando los pueblos bárbaros se convirtieron, el bautismo de los niños se generalizó. Desapareció la antigua organización del catecumenado progresivamente. La Iglesia confió a los padres la instrucción y la prueba que constituían la esencia del catecumenado. Esta dejó de ser una disciplina estrictamente eclesiástica, para convertirse en un hecho familiar, llevado a cabo por los padres o los padrinos; y también un hecho social, realizado por la sociedad civil, sociológicamente unida a la sociedad religiosa… ¿Pero qué sucederá cuando los padres, padrinos y la sociedad no estén en condiciones de cumplir las promesas que entonces hicieron, y con las que la Iglesia parece contentarse?… Ahora bien, el drama de nuestra época es que el mundo social se ha ido poco a poco descristianizando; el ambiente familiar, que depende del social como una célula de su cuerpo, constituye muy raramente un ambiente cristiano, formador de «fieles»… Y no obstante continúan bautizándose casi todos los niños. Y así se bautizan los niños sin que se les ofrezca un catecumenado eficaz. Nuestros niños cristianos, quizá en su mayoría no son iluminados; no son verdaderamente exorcizados. ¿Cómo podrán, sin un milagro de la gracia, permanecer fieles?… De hecho, el catecismo, al menos en parte, debería asegurar el catecumenado necesario. No lo hace, y la razón principal es que no ha realizado los cambios de estructura que exige la desaparición de la cristiandad; no se ha adaptado al clima de laicismo, que en nuestro país al menos está llamado a vivir el adulto. Nuestro Catecismo está casi enteramente unido a una situación ya desaparecida; concebido para esa situación, excelente en sí misma, pero que se demuestra casi completamente ineficaz en la situación actual. J. Colombe: Pour un catéchisme efficace. Citado en el Diccionario de Catequética, dirigido por Joseph Gevaert. Editorial CCS, 1987.