Una nueva época necesita una nueva catequesis Odres nuevos para tiempos nuevos Según Álvaro Ginel “estamos en un momento de refundación de la catequesis, un momento de reajuste epocal”. En toda la Iglesia se percibe un debilitamiento del cristianismo, hay una progresiva disminución de la práctica religiosa y de la catequesis. Este tiempo puede ser vivido como una crisis en sentido negativo o como un momento de cambio, como un tiempo favorable, de Gracia; como un tiempo de Dios y de anuncio del Evangelio. Como Iglesia tenemos hermosos documentos que nos hablan de la catequesis y de su renovación; el horizonte y el desafío del presente es pasar de la teoría a la praxis, de los documentos a la acción, de las ideas a una concreción en la práctica. A la hora de ver los problemas por los que atraviesa la catequesis buscamos retoques para que vuelva a funcionar lo que hasta ahora funcionó, ponemos resistencia a los cambios profundos, nos dan miedo. La catequesis actual esta centrada en los Sacramentos como principal objetivo, una de las consecuencias de concebir la catequesis de esta manera es el abandono posterior a la recepción del sacramento ya que se cumplió el fundamento por el que se desarrollaba la misma; darle un nuevo sentido a la misma es uno de los retos más decisivos de este tiempo. Es toda una revolución eclesial ver los Sacramentos como puntos celebrativos, de crecimiento y muy importantes dentro de la catequesis y no como metas de la misma. “El principal objetivo de la catequesis es madurar la conversión inicial hasta hacer de ella una viva, explícita y operativa confesión de fe” (DGC 82) Son necesarias nuevas respuestas catequéticas para nuevas situaciones. El llamado método de catecismo que comenzó en los siglos XV y XVI y duró hasta nuestros días con varios retoques y muchos frutos respondía a un contexto cultural de sociedad de cristiandad que ya no existe hoy. Proponer cambios tiene sus complicaciones, riesgos y miedos, pensar y transitar por caminos nuevos no es fácil, pero estamos invitados a hacerlo para ser renovados.. Algunos grupos van proponiendo caminos nuevos a esta realidad, son grupos que parten de la realidad que viven y rezan e intentan responder con sencillez a los problemas concretos de la vida del hombre en lo cotidiano, su finalidad es construir y edificar la comunidad desde el Evangelio, desde la fidelidad a Jesús, desde la búsqueda por responder a la realidad de los hombres de hoy; todo esto en un clima de oración, de escucha de la Palabra de Dios y de la realidad misma. La Iglesia esta llamada a discernir los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, es necesario conocer y comprender el mundo en el que vivimos, sus esperanzas y sus aspiraciones. Estamos cambiando de sociedad, un estilo de sociedad esta desapareciendo y otro esta emergiendo, estamos ante una metamorfosis social y cultural. La religión ha dejado de ser referencia central y vital en nuestra sociedad, tanto en la vida personal como en el ambiente social. Muchos autores describen las características de la sociedad actual, todas ellas orientadas hacia la centralidad del consumo por el consumo mismo, una sociedad veloz y voraz, una sociedad que exige no parar y no pensar. La mayoría de las descripciones también afirman que el hombre de hoy esta sediento de interioridad, de sentido, de trascendencia, de Dios. Nuestra vocación de catequistas nos invita a pensar y poner en marcha nuevas maneras de anunciar la Buena Nueva de acuerdo a la situación que vive la comunidad cristiana y la realidad de los hombres de hoy. En este contexto es que se remarca el carácter iniciático de la catequesis, según el DGC en el número 63 expresa que “el momento de la catequesis es el que corresponde al período en que se estructura la conversión a Jesucristo. Los convertidos, mediante una enseñanza y aprendizaje, convenientemente prolongado de toda la vida cristiana, son iniciados en el misterio de salvación y en el estilo de vida propio del Evangelio. Se trata en efecto de iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana”. Es prioridad unificar el saber con la experiencia, no basta saber qué es orar, sino que hay que hacer experiencia de oración; no basta saber que es la liturgia, sino que hay que adentrarse en ella… lo propio de la iniciación es la unificación de saberes y del ejercicio práctico de estos. La dimensión catecumenal de la catequesis es la que acentúa la gradualidad de la iniciación, una gradualidad necesaria para la asimilación e interiorización de la vida del Evangelio y del mensaje de Jesús. El centro de la catequesis es el anuncio de la salvación de Dios para con el hombre, el DGC expresa: “ese gran don de Dios que es la liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo, liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El” (101) La acción catequística y misionera más eficaz será generar el encuentro personal del catequizando o catecúmeno con el Señor. Una catequesis significativa para la persona humana será aquella que la sitúe ante su realidad más profunda. Según Ginel estamos atravesando un Kairós en la catequesis, un tiempo oportuno para renovar desde dentro la acción catequética y la comunidad. Un nuevo catequista esta surgiendo… Este tiempo necesita también nuevos catequistas, nos dice el DGC “cualquier actividad pastoral que no cuente para su realización con personas verdaderamente formadas y preparadas, pone en peligro su calidad…” (234) La necesidad principal de este tiempo será formar catequistas iniciadores. La formación del catequista debe ayudarlo a madurar como persona, como creyente y como apóstol (DGC 238). La fe anunciada humaniza al anunciador y lo hace más creyente. Un catequista iniciador es un creyente con cimientos en Aquel en quien cree, la inteligencia de su saber sobre Dios va al unísono con su vida personal: vive lo que sabe y sabe lo que vive; predica lo que cree, cree en lo que predica. La formación del catequista iniciador lo introduce en el estilo de la vida de Jesús, en el estilo de una comunidad de creyentes viva por la fuerza del Espíritu. La catequesis de iniciación envuelve a toda la persona y por lo tanto a todo el catequista, manteniéndolo en un estado permanente de conversión y kerygmatización. Estar formado será estar capacitado para recorrer un camino de maduración personal, la primera catequesis que imparte el catequista será él mismo como testimonio vivo de lo que predica. El catequista deberá ser una persona del hoy, con los pies en la realidad, porque a la realidad del presente es enviado por la Iglesia; será necesario conocer la realidad del momento en que vivimos y lo concreto de las personas a las que acompañamos. El catequista es ante todo un comunicador del Evangelio y por lo tanto un testigo del mismo. Según el DGC el catequista debe ser un maestro, un educador y un testigo (237). Es cierto que estamos en un proceso de cambio en la catequesis, estamos pasando de una catequesis de la doctrina cristiana a una catequesis para la vida cristiana y de ésta a una catequesis de la propuesta o del primer anuncio, según la manera en que definamos la naturaleza de la catequesis será como entendamos la formación de los catequistas. La catequesis es una acción esencialmente eclesial (DGC 78), cuyo fin es poner a la persona es contacto y en comunión de intimidad con Jesucristo (DGC 80). Un cambio en la catequesis implicará un cambio en la comunidad, ya que la misma es la responsable primera de la catequesis. Por lo tanto la formación de los catequistas deberá ser una formación en comunidad, y debería ser formado de la misma manera en la que se lo invita a formar a otros. Estamos ante un desafío propositivo, se nos presenta un escenario en el cual trabajar y poner todo lo que hemos recibido de Aquel que nos llamo y nos dio la vocación de catequistas testigos anunciadores de la Palabra de Dios. Todo lo que se describe anteriormente lo decimos una y otra vez, de distintas maneras, citando varios autores, es tiempo de pedir la Gracia al Señor de pasar a la praxis del cambio; seguramente mucho se podrá escribir sobre el cambio, cuándo, cómo y porqué hacerlo, pero intentemos que la palabra sea acción, será preferible escribir luego de dar pasos, para poder evaluar, analizar, volver a proponer y recalcular el camino por donde transitar, ya que la vida siempre se abre camino delante del hombre ya que el Espíritu nos impulsa a no quedarnos instalados sino a donar la vida para que sea fecunda. En Alianza de oración y servicio.

Juan Manuel Romero Diócesis de Avellaneda Lanús Movimiento de la Palabra de Dios Proceso Comunitario para la Confirmación

Bibliografía de consulta: Ginel, Álvaro. Ser Catequista, Hacer Catequesis. Ed. Claretiana. 2008 Ginel, Álvaro. Repensar la Catequesis. Ed. Claretiana. 2010 Ginel, Álvaro. Repensar la Formación de Catequistas. Ed. Claretiana. 2010