El hecho de estar perdiendo sus miembros hacia otras instituciones religiosas cuestiona a la propia Iglesia. No encontrando en la Iglesia el discurso y las prácticas acordes con su situación, parten hacia otros grupos religiosos. El núcleo de esta problemática está en el divorcio entre las expresiones y las prácticas de fe, por un lado, y las experiencias humanas significativas para nuestros contemporáneos, por otro. La crisis actual del catolicismo procede, en gran parte, de esta ruptura. En la medida que no consigue iluminar, dar sentido y estructurar tales experiencias, el catolicismo pierde en fuerza, en cuanto universo simbólico, y en número, en cuanto organización social”. Es necesario entonces iluminar la vida desde la fe y descubrir la riqueza de los misterios de la fe a partir de la relectura de los mismos desde la vida. Prescindir de la vida para explicitar la fe no sólo nos expone a no decirle nada verdaderamente relevante del punto de vista salvífico al hombre de hoy, sino que nos lleva a comunicar una fe desencarnada, abstracta y sobrenaturalista, es decir, no verdaderamente cristiana. Como la vida cotidiana hoy está sometida a continuas transformaciones y cada vez más aceleradas, de tal modo que la hacen inestable y desconcertante, se hace necesario una constante hermenéutica de la fe, asumida como un hábito pastoral, que nos permita vivir un catolicismo encarnado en este contexto sociocultural y así encontrar un sentido profundo y una orientación vital para nuestra vida. No se trata de hacer una adaptación a las nuevas situaciones que implique diluir la identidad del mensaje evangélico. Se trata más bien de discernir los signos de los tiempos, escuchar las preguntas que están haciéndose oír en la realidad, profundizando en las cuestiones abiertas que vive el hombre de hoy, y animándonos a “sostener” la pregunta, hasta que ella misma nos conduzca a la respuesta de la fe. En el quehacer pastoral será importante evitar la actitud regresiva de “volver atrás” que es hija del temor al cambio. Nuestra confianza en Dios debe ayudarnos a no aferrarnos a lo conocido y a animarnos a investigar, explorar y descubrir caminos pastorales nuevos. No se trata de hacer innovaciones que nos preserven de aburrimientos y nos distraigan con novedades. Se trata de asumir las nuevas situaciones a nivel personal, familiar, eclesial y social, y mediante una apertura de conciencia y una actitud empática hacer un abordaje de estas realidades más acorde con los desafíos que se plantean. En este sentido “crisis” y “creatividad” están estrechamente unidas ya que tienen una dinámica vital semejante: la desestructuración y estructuración nueva. Sin una cierta crisis de nuestros planteos conocidos no podremos avanzar hacia pastorales renovadas.

Pbro. Carlos Avellaneda