Una teología de la comunicación tiene su punto de origen y culminación en el misterio mismo de la Trinidad divina. Es en la vivencia íntima de Dios, donde en último término, la comunidad humana tiene su máxima realización, la razón más profunda su existencia, la cual, teológicamente expresada, no es otra cosa que la aspiración a una vivencia plena, profunda, eterna, de comunicación con Dios. Una reflexión teológica sobre la comunicación resulta pertinente en la medida que sea una reflexión sobre la comunicación humana hecha “a la luz de la revelación divina”. Y en ese sentido, la teología cristiana no sólo tiene la posibilidad sino que está calificada para pronunciar una palabra acerca de la comunicación basada en el hecho de que esa es el discurso de sentido absoluto y último de todas las cosas, esto es, el Dios que se nos ha revelado en Jesucristo. Así pues, reflexionar o intentar una teología de la comunicación, equivale, en el fondo, a plantearnos la realidad que siempre ha gobernado y gobernará la historia de todos los tiempos, expresada en estos términos por el maestro Eckhart: “si Dios es realmente Dios, entonces él es lo más comunicable de todo”. El verbo encarnado de Dios nos manifiesta toda la significación divina del lenguaje, como palabra de Dios que llama y convoca el mundo a la existencia. En tal sentido la Encarnación del verbo de Dios en la norma de cualquier acción o expresión que pretenda ser significativa para los hombres. Según la fe cristiana, el acercamiento y la comunión entre los hombres es el fin primero de toda comunicación, que tiene su origen y modelo supremo en el misterio del estado la comunión divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que existen en una misma vida divina. Es precisamente “a la luz de” ese misterio de intercomunicación trinitaria como podemos iluminar desde la fe todos los procesos comunicacionales de la humanidad. Es “a la luz de” ese infinito misterio de comunicación encarnada como podremos insertarnos en un proceso de auténtica evangelización inculturada. No hay otro camino de acceso al misterio de la Trinidad más que la revelación histórica. El hombre nunca hubiera llegado a descubrir la intimidad con Dios si éste no se hubiera manifestado (comunicado) y revelado en la historia humana. Porque es al interior de la dinámica vida trinitaria, de comunión y comunicación vivificante, fuente y vida de toda comunicación humanamente posible, como podemos entender la teología misma de la comunicación. La comunicación así, desde su vertiente más genuina, es decir, la vertiente trinitaria, hasta la expresión humana más banal y corriente, resulta ser lugar teológico de manifestación y revelación de la voluntad sacrifica de Dios para toda la humanidad. Éste lugar teológico se cristaliza en cada una de las culturas nuestras de cada día, en los diferentes procesos de significación y mediación de construcción de sentido del devenir humano. De ahí que una teología de la cultura sea ante todo una teología de la comunicación, y una reflexión teológica sobre la comunicación no sea otra cosa que la reflexión sobre el misterio de comunión (comunicación) cedió con la humanidad, hecho cotidianidad expresiva en cada cultura. El documento de trabajo preparatorio de la conferencia de Santo Domingo, nos ilustra perfectamente al respecto: Dios es el primer comunicador, el comunicador por excelencia, y su buena noticia, así como la inculturación de la fe, son impensables sin la comunicación. La evangelización es un proceso de comunicación y la cultura es el fruto de la comunicación entre las personas. Uno de los nuevos espacios para evangelizar es el de los agentes de los medios de comunicación social, así como una de las tareas imprescindibles es la de inculturar la fe en el mensaje de estos medios. Resumiendo, se hace teología de la comunicación considerando la comunicación humana como lugar teológico en el que se revela el rostro trinitario de Dios, su proyecto salvífico liberador.

Gabriel Jaime Pérez, S.J. Luís Ignacio Sierra

DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN SOCIAL – DECOS / CELAM. Comunicación, misión y desafío. Manual de Comunicación para la Pastoral. Colección Documentos CELAM Nº 7. Bogotá, 1997. Págs. 101-ss.