En la catequesis que se desarrolla en la mayoría de las comunidades parroquiales es donde se percibe el malestar. ¿Qué es lo que realmente está en crisis? Está en crisis el conjunto de elementos organizados que formaba la institución de la catequesis que lleva funcionando con cambios y retoques a lo largo de la historia (s. XVI XXI). Comenzamos señalando los elementos fundamentales del funcionamiento de la catequesis tradicional. – Un estilo de catequesis. Todo quedaba organizado a partir del Bautismo. Primero se recibía el Bautismo y de él partía la obligación de profundizar la fe recibida, Se aprovechaba para esta profundización sobre todo los momentos de celebración de otros sacramentos, con especial énfasis y suceso entre nosotros, la preparación del sacramento de la Eucaristía y la Penitencia. Seguía en importancia, al menos en las últimas décadas, la Confirmación (cosa que en décadas precedentes a los años setenta del siglo pasado no era así). La preparación al Matrimonio y al compromiso, la petición de bautizar a los hijos siempre estuvieron presentes pero quizás en pocos lugares se tomaron en serio como momentos catequéticos fuertes. De este estilo de catequesis ha quedado una “memoria colectiva” cuyas evocaciones principales son: primera comunión, confirmación, grupo, parroquia, estilo de catequistas, organización, etc. – Un contexto social y eclesial bastante diferente de los actuales. El esquema de catequesis tradicional está pensado para unas coordenadas sociológicas que no se dan ya entre nosotros. En nuestra área cultural, la religión y, sobre todo el catolicismo, no gozan ahora mismo de acogida favorable en un sector importante de la sociedad. No se trata de que vivamos en una situación de paganismo o de indiferencia religiosa. Quizás sea más influyente el hecho de que hay un positivo rechazo y desconfianza de la institución eclesial. Esta barrera objetiva de rechazo es un elemento añadido a la normal dificultad que encuentra la predicación de la Palabra para ser acogida. Es decir, la catequesis tradicional contaba en tiempos pasados con un “humus” envolvente tanto en el ámbito amplio de la sociedad como en el mismo seno de la comunidad cristiana. Algo ha cambiado. – Los protagonistas principales de la catequesis eran: la familia, la escuela. La escuela era elemento clave en la transmisión de la fe. Por la escuela tenían que pasar todos los niños con escolarización obligatoria. El mejor lugar para llegar a todos era estar presentes con la catequesis (en España hasta el año 1979) o con la enseñanza religiosa (a partir de 1979 la formación religiosa deja de ser sinónimo de catequesis en las Iglesias de España). La comunidad cristiana, como tal, no era protagonista directo. Progresivamente se ha ido afianzando la importancia de la parroquia a medida que otras instituciones (familia y escuela) perdían significatividad y protagonismo en la transmisión de la fe. Los adultos parecían, de manera mayoritaria, excluidos de la catequesis. No existía el concepto de formación permanente. El niño que terminaba la escuela o hacía la primera comunión, en principio, ya llevaba encima y sabía” todo lo necesario para salvarse y ser un buen cristiano. La misma sociedad y la participación en la reunión dominical, en las novenas y fiestas completaban o actualizaban y recordaban cuando habían aprendido. De todas formas, el concepto de comunidad cristiana hay que entenderlo. Muchos niños y jóvenes de tiempos recientes han hecho sus dos o tres años de catequesis en los “locales parroquiales” sin tomar contacto con la comunidad cristiana en las celebraciones de la comunidad ni en sus actividades formativas y caritativas. El catequista en los últimos tiempos ha cambiado mucho: se ha pasado de que el catequista fuera una persona institucional (sacerdote, religiosa o religioso) a un seglar, y en muchos casos, los seglares podían ser adultos o jóvenes con pocos años de diferencia con los catequizandos en los lugares donde se introdujo por cuestiones prácticas la costumbre de “pasar automáticamente a ser catequista” al recibir la confirmación. Dándoles a los jóvenes alguna tarea como la catequesis de los pequeños, los “reteníamos” un poco más de tiempo en la comunidad. Estamos acostumbrados a hacer planes de evangelización para otros. Pero no tendremos que preguntarnos si lo primero de todo no será cómo entender y vivir nosotros hoy el Evangelio para poder narrarlo a otros.
P. Álvaro Ginel Revista Catequistas nº 175 (2006)
