Esta sección ha mostrado durante el presente curso las dificultades de la catequesis tradicional hoy en la comunidad cristiana y ha insistido en la necesidad de una etapa previa a la catequesis. No se trata de sanear la catequesis añadiendo un año más, sino de hacer algo diferente previo a la catequesis propiamente dicha. De hecho, muchos catequistas se ven obligados a hacerlo en la práctica. El inconveniente de esta praxis es que lo hacen «con mala conciencia» (¡valga la expresión!). Ellos saben que tienen que «dar un programa” y se ven en contradicción entre lo que tienen que «dar» (lo mandado y exigido) y lo que realmente pueden dar. Al final, algunos catequistas sienten una especie de atropello o intranquilidad porque «han hecho lo que han podido, pero no lo que pensaban que tenían que hacer». Una consecuencia palpable es la prisa (¿superficialidad?) con la que se tratan los temas. El consuelo es siempre el. mismo: «hemos hecho lo que hemos podido; que Dios haga el resto porque también él está interesado en esta tarea». La pregunta que surge es muy lógica: saber si Dios no nos pedirá que no le dejemos tanta tarea a él. Nos llamó al campo de la catequesis para que fuéramos responsables y creativos. Nueva etapa Tenemos que aceptar que hoy estamos ante una nueva etapa de la catequesis. Como en toda etapa de transición, no es posible delimitar las fronteras ni decir de manera clara el futuro. Se va construyendo a medida que vamos analizando el presente y sacando consecuencias. La nueva etapa no es una realidad que nos inventemos “en el papel”, sino una realidad que surge de dos elementos fundamentales: la reflexión sobre la acción catequética que estamos haciendo y la respuesta que intuimos como posible, comparada y confrontada con la mejor tradición catequética de la Iglesia. No es tiempo de “sacarnos novedades de la manga”. Aquí no hay sesiones de magia, sí mucho deseo de fidelidad a Dios y al sujeto que quiere formar parte de la comunidad eclesial. La práctica diaria de la catequesis nos dice que hay algo que no funciona. Continuidad, no ruptura No se tata de dar un salto en el vacío o de no querer saber nada con el pasado. El problema de partida no es un enfrentamiento: pasado contra futuro. El punto de partida está en la responsabilidad de la comunidad cristiana de cómo hacer para aceptar en su seno a las nuevas generaciones. Tenemos que hablar de continuidad y no de ruptura, de potenciar y desarrollar elementos que ya están presentes y dejar caer otros que no sirven tanto en las presentes circunstancias. Hay que recordar que a diferencia de otros movimientos catequéticos lo que hoy llama a la puerta no es la implantación de un modelo de pedagogía religiosa en sustitución de otro. Es más que todo eso. Se trata de plasmar en la realidad pastoral práctica una concepción de la catequesis globalmente entendida. El método es un elemento más y no el más importante. Estamos funcionando, en grandes líneas, con el esquema de catequesis que fue tomando cuerpo a partir del concilio de Trento. La Iglesia está inmersa en una sociedad y realidad bien diferente a la de entonces. Nuevos focos de interés a) Los adultos Sin abandonar la catequesis de niños y adolescentes, que ha sido el núcleo central de destinatarios hasta ahora en vistas a la recepción de un sacramento, poco a poco se irá abriendo camino la catequesis de adultos; una catequesis no enfocada a la preparación de los sacramentos. Esto es un cambio muy fuerte y radical en la mentalidad eclesial. Es cierto que muchos documentos hace tiempo insistían ya en este aspecto, pero no entendíamos su alcance. Así, en 1983, el documento “La Catequesis de la comunidad” decía: “Los sacramentos de la iniciación cristiana se sitúan, pues, como elementos esenciales, interiores dentro de un proceso formativo en el que intervienen acciones educativas diversas, más que como meta final del mismo” (CC 104). b) El cambio de sitio de la catequesis Con esta expresión me refiero a que el sitio de la catequesis que tenemos “interiorizado” actualmente de manera generalizada es una acción pastoral previa a un sacramento. El nuevo sitio de la catequesis no tiene por qué ser ése. Más bien la catequesis la tendremos que colocar de manera habitual no como un momento concreto sino como una realidad que reviene a lo largo de toda la vida. “Cada etapa de la vida está expuesta al desafío de la descristianización” (DGC 171). En esta dialéctica de la vida, la finalidad de la catequesis es hacer “madurar la conversión inicial hasta hacer de ella una viva, explícita y operativa confesión de fe” {DGC 82) sobretodo en los pasos y acontecimientos más significativos del desarrollo de la persona. El cambio de sitio consistirá en concebir a la catequesis no como la puerta para llegar a un sacramento, sino como una acción eclesial por la cual el creyente, a lo largo de toda su vida, pueda madurar y profundizar la respuesta y conversión a Dios y al Evangelio de Jesús. c) Ruptura de la catequesis por edades Asistimos en estos momentos a formas de catequesis en las que los adultos adquieren un protagonismo especial: la llamada catequesis familiar. Se potencian a la vez los nuevos destinatarios y una forma nueva de hacer. Desaparece así la organización de la catequesis casi exclusivamente por edades. Se inicia un tipo de catequesis más global; es lo que muchos llaman la catequesis intergeneracional. Es decir, un acto catequético en el que estén más mezcladas las generaciones, como lo están en la familia. Hemos acentuado excesivamente en la catequesis el elemento edad. La edad nos valía para hacer convocatorias y grupos. Pero con esa división los adolescentes, jóvenes y niños estaban privados de la experiencia cristiana de los adultos. Al apuntar este nuevo horizonte no se quiere decir que no sean necesarios encuentros y reuniones específicas por edades, sino que estos tienen que ser combinados con encuentros y celebraciones conjuntas intergeneracionales. Todo un mundo por explorar. d) La naturaleza misma de la catequesis La actividad catequética que hoy funciona responde a una manera de definir y entender la catequesis. En una síntesis rápida, hay dos caminos o dos acentuaciones que están funcionando entre nosotros: * La catequesis que acentúa lo que hay que saber y el saber hacer para llegar a ser buenos cristianos. Es la catequesis que tenemos “concentrada”en los “métodos de catequesis” que se ponen (e imponen) para la acción catequetlca. Hay que reconocer su validez y su eficacia durante muchos siglos. Esta catequesis tiene como positivo: los resúmenes, formulaciones, síntesis de lo esencial de la vida cristiana tanto desde el punto de vista de los conocimientos como de la oración, celebración y de los comportamientos. “Saber” la fe y “saber lo que hay que hacer” siempre será una exigencia innegable de la catequesis. Sin saber formular la fe y sus exigencias podremos dudar de que haya existido una buena catequesis, Pero esto es lo que hoy funciona, pero “no marcha”, no da los resultados que pretendíamos * La catequesis que acentúa la iniciación. La palabra iniciación se usa mucho y no se entiende de igual manera por todos. No es una palabra más que se añade a la palabra catequesis. Se trata de una palabra que determina una manera de hacer catequesis avalada por la tradición de la iglesia. Para entender mejor y de manera analógica lo que se quiere decir pongo un ejemplo: el taller de un artesano. El maestro artesano es portador de una sabiduría que ha aprendido con la práctica, personalizando lo recibido de otros y aportando la propia reflexión y originalidad a lo recibido, de manera que se puede hablar de que “tiene sus trucos”, “sus propias recetas secretas”. El maestro artesano pone a disposición del aprendiz que llega a él, poco a poco, todo ese saber. Lo hace dosificando las “entregas” del saber que él posee, transfiriendo información y poniendo al otro ante la dificu1tad de ejercicios en la medida en que el otro madura y supera etapas. Para aprender, el aprendiz tiene que abrir bien lo ojos, seguir los consejos, prepararse con ejercicios sencillos, algunos de ellos hasta le pueden resultar un poco extraños o sin sentido, retener nociones y fórmulas (“¡No te olvides jamás de esto”!). La presencia del maestro es esencial y va disminuyendo en la medida en que el otro progresa adecuadamente; en un momento es posible que no se sepa “quién enseña a quién”. Se trata de una presencia cercana y permeable que guía, aprueba, corrige, propone, valora, potencia, da consejos oportunos, “deja caer” sabiduría cuyo sentido no es inteligible a primera vista, recibe información del otro… Si es cierto que el maestro artesano tiene un itinerario (qué es primero, qué es lo fácil, qué es lo elemental para construir después un buen edificio…), también es verdad que “sobre la marcha” aparecen cosas y elementos que se saltan todo el programa. La formación iniciática no se puede describir sin más con una línea recta. Es mejor representarla por una línea espiral. El maestro da respuesta a lo que acontece sin esperar a mañana, aunque habrá cosas que se hacen hoy y se entenderán mañana. La catequesis de iniciación tiene que “inspirarse en lo que desde siempre se ha entendido por iniciación” y que quedad escrito más arriba. Lo resumimos de manera más conceptual: * La Iniciación es un proceso de formación que aúna a la vez la autonomía personal y la socialización del individuo. * La iniciación. hace a la persona más sujeto y más protagonista. * La iniciación afecta a la persona entera y le abre a una realidad nueva, a una manera nueva de realizar su existencia. * La iniciación es un proceso que exige la presencia de personas que entienden de aquello en lo que inician y lo viven; personas que introducen en aquello que ellas mismas asumieron. * La iniciación es un proceso con etapas cuya mejor manera de reflejarlas es la línea espiral. e) Los contenidos De ordinario, los temas de catequesis se inspiraban en la identidad del sacramento que se iba a recibir. Un posible camino que se perfila rico en .iniciativas es la fe celebrada en la liturgia. Lo celebrado se puede convertir en referencia para profundizarlo y saber dar razón de ello. La lógica de la celebración no es lógica de psicología del conocimiento: qué es capaz de entender una persona según la edad que tiene. Otras formas de organizar los contenidos de la fe están por explorar. Ventana abierta * Se puede hablar de un complejo mistagógico. Si la liturgia ofrece a la Palabra de Dios un espacio privilegiado, la hace efectivamente presente, la liturgia es premisa, detonador, terreno de cultivo y meta de la catequesis. La liturgia permite la revelación del misterio dentro de la celebración del mismo misterio,,, La inmersión en1a vida de la Iglesia y en su liturgia debería ser la mediación en acto de la revelación del designio de salvación de Dios para nuestro hoy. * Para que la liturgia asuma una auténtica fuerza energética, debe ocurrir que pueda hacerlo ver y gustar. Sin embargo, para muchos cristianos hoy la liturgia es la misa. La sienten como aburrida, sin vitalidad, soporífera. Se echan de menos liturgias vivas, vibrantes, que le hablen… Si la liturgia es lugar que puede favorecer el contacto con el misterio, es fundamental otorgar una grande atención al arte de celebrarla. La iniciación al misterio de la fe cristiana a través de la inmersión en el baño litúrgico pide el tiempo de la misa como acto de lenguaje y el tiempo de la explicación.
Denis Villepelet: La catechesi come cammino di iniziazione, en “Evangelizzare”, marzo 2004, 391-393
