Es uno de nuestros problemas típicos: los argentinos no somos capaces de planificar a largo plazo. Hace 20 años –en 1987, una fecha para que los catequistas no olvidemos- tuvimos un hermosísimo Congreso de Catequesis, en Rosario. De ese Congreso se escribió un documento, y allí podemos leer que hubo tres temas importantes: el itinerario catequístico permanente, la catequesis familiar, y una insistencia muy grande en el tema de la comunidad. Pero la entrada de la catequesis familiar, en la praxis catequística argentina, no es el resultado de una voluntad planificadora: la catequesis familiar entró “por asalto” cuando llegaron los libros y esta metodología nueva empezó a contagiarse, y se metió… Del itinerario catequístico permanente, hoy tenemos las manos vacías. Y sobre el tema de la comunidad evangelizadora -que requería de un proyecto pastoral- tampoco hay nada porque después de ese precioso documento nos dormimos en los laureles. Hicimos un lindo congreso, reunimos muchísimos catequistas de toda la Argentina y editamos un hermoso documento. Pero, ¿y después? Otro ejemplo: en 1990 salen las “Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización”, otro excelente documento, que coincide con el Jubileo… ¿Qué pasó, más allá de la gente que decía “ah… ese librito verde”? La indiferencia. Y en 1999 se publica “Navega Mar Adentro” Maravillosos textos, pero poco leídos, y, mucho menos, seguidos… En estos días, gracias a Dios, se ha hecho una comisión que cuida por el seguimiento y de apoyo y está tirando líneas para ir en camino… Ojala que aprendamos la lección porque si nosotros no encontramos los caminos metodológicos para implementar las grandes ideas que tenemos, nos quedamos siempre patinando en la vida. Aún así, yo soy muy optimista en el tema de la renovación de los catequistas. En un seminario de catequesis que conozco presentábamos nuestro proyecto para los catequistas, y de ellos nos dijo: “todo lo que aprendemos acá, yo lo hago en mi parroquia con un grupo de adultos”. Había captado la idea: aprender a transmitir lo que se ha vivido. Fue un momento de identificación entre la teoría y la práctica, entre el pensar y el obrar. Ojala siempre fuera así… ¿Hasta qué punto nosotros podemos hacer un proyecto pastoral? Porque, en definitiva, el proyecto pastoral apunta a una instauración del Reino, y eso no es evaluable, no se puede planificar. Pero se pueden dar pautas para que yo, cura, en mi capilla o en mi parroquia empiece a acentuar ciertas cosas en forma distinta a cómo las hacía antes; por ejemplo, preocuparme más por el proceso de crecimiento en la fe de este feligrés en la fe y no del tema del cumplimiento de este feligrés. Necesitamos en nuestra pastoral una revolución cultural, espiritual, copernicana. Tenemos que buscar la manera de cambiar los paradigmas de nuestra pastoral ordinaria para que sean otros. Ahí está el desafío.