Vamos a hablar de la INCULTURACIÓN. ¿Qué significa esta palabra?

Sin entrar en los detalles sobre la historia del término, su progresiva clarificación y su gradual adopción en la reflexión actual, sí debe recordarse que ha llegado a ser una feliz expresión de carácter humano-cristiano para designar un proceso marcado por la igualdad, la diversidad y la reciprocidad entre dos sujetos colectivos: el evangelio propuesto por la comunidad creyente como proyecto de Dios y las diversas culturas nacidas del espíritu creador del hombre como proyectos al interior de la historia. En palabras del Documento de Santo Domingo la inculturación del Evangelio se describe “como un proceso que supone reconocimiento de los valores evangélicos que se han mantenido más o menos puros en la cultura y el reconocimiento de nuevos valores que coinciden con el mensaje de Cristo. Mediante ella se busca que la sociedad descubra el carácter cristiano de esos valores, los aprecie y los mantenga como tales. Además, intenta la incorporación de valores evangélicos ausentes de la cultura, o porque se han oscurecido o porque han llegado a desparecer”. Se trata, pues, de un ingreso del Evangelio en el corazón de las culturas y de una entrada de las culturas en la vida de la Iglesia, asumiendo todo lo que implica de fecundación recíproca. Hay un párrafo, en el número 167, que dice textualmente: “en el proceso de la catequesis, el destinatario ha de tener la posibilidad de manifestarse activa, consciente y corresponsablemente y no como simple receptor silencioso y pasivo”. Es interesante, por otra parte, destacar los principios teológicos que el mismo documento plantea como fundamento de un acertada inculturación: “es necesario inculturar el Evangelio a la luz de los tres grandes misterios de la salvación: la Navidad que muestra el camino de la encarnación y mueve al evangelizador a compartir su vida con el evangelizado; la Pascua, que conduce a través del sufrimiento a la purificación de los pecados para que sean redimidos; y Pentecostés, que por la fuerza del Espíritu posibilita a todos a entender en su propia lengua las maravillas de Dios”. La catequesis es ministerio con significación a un tiempo cristiana y cultural. Esto quiere decir que si tiene alguna fuerza de salvación es porque se encuentra profundamente enraizado en el ethos cultural del pueblo. Para ser un verdadero ministerio profético, la catequesis ha de emplear un lenguaje que sea realmente significativo tanto para quien lo pronuncia como para quien lo acoge. Lenguaje significativo es el lenguaje vital, creíble, actual, inteligible, cercano y persuasivo. El que da sentido a la vida y a las cosas, a las personas junto con sus búsquedas, sufrimientos, frustraciones y esperanzas… La pastoral en general y la catequesis en particular son actos de comunicación pública. Los pastores, evangelizadores y catequistas son comunicadores públicos como los profetas, como los apóstoles y como Jesús. Necesitan, por tanto, ser expertos en el difícil arte de la comunicación. Finalmente es oportuno recordar la sabia palabra de Pablo VI: “puestos al servicio del Evangelio, los medios modernos de comunicación ofrecen la posibilidad de extender casi sin límites el campo de la audición de la Palabra de Dios, haciendo llega la Buena Nueva a millones de personas. La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez mas…” No se puede olvidar, finalmente, que la catequesis no se dirige a destinatarios y receptores pasivos, sino principalmente a interlocutores dotados de libertad y capaces de reaccionar.